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viernes, 28 de noviembre de 2014

GONZALO BULNES: PERMANENTE BÚSQUEDA DEL PERÚ


                  Vallejo en el mar de Barranco



Cuando muere un querido amigo escritor con evidente calidad humana y cultura literaria, también se pierde para siempre, una parte esencial de uno mismo. Cuando todos quienes lo conocieron, coinciden en decir que era un peruano excepcional, su ausencia es mucho más dolorosa. Gonzalo Bulnes Mallea, periodista, investigador y hombre culto,  nació en Puerto Maldonado pero se afincó en Barranco y nadie como él conocía tanto la historia de ese distrito. Nadie tampoco como Gonzalo para trabajar en archivos públicos y particulares, para exhumar datos esenciales en antiguos diarios, hallar fotografías y textos desconocidos.
    En la revista literaria “Barranco, La ciudad de los molinos”, desarrolló una intensa labor de difusión en referencia a José Carlos Mariátegui, Manuel González Prada, Marga Portal, Catalina Recavarren, Juan Ríos. Fernando de Szyszlo, Raúl Porras Barrenechea, Chabuca Granda, José María Eguren, entre otros personajes. Solía contar que cuando terminó su libro sobre Chabuca Granda y, estaba listo para la impresión, se lo llevó a la autora del vals “La flor de la canela” y ella le contestó que no le tomara fotos porque estaba muy gorda y su semblante no daba para esos detalles. Chabuca Granda viajó para hacerse curar, pero falleció. Gonzalo Bulnes no tuvo más que terminar de escribir el texto con gran tristeza.
    Cada uno de los textos de “Barranco, La ciudad de los molinos”, tiene una gran riqueza e información, no solo fotografías inhallables y documentos valiosos, sino  resulta indispensable su legado para escribir biografías de escritores, pintores, músicos y periodistas peruanos. Así, Gonzalo se dedicaba a trabajar su revista con una pasión infinita y una vez editada, recorría todas las oficinas públicas de Lima para recuperar su capital. Llegaba puntual con las ediciones de “Barranco”, pero hablar con él era aprender mucho, porque no solo se aprende leyendo o viajando, sino también escuchando como cuando un amigo como Gonzalo Bulnes, que conocía a tantos intelectuales peruanos y latinoamericanos, contaba acerca de sus viajes por los cinco continentes, tenía mucho que contar.
     En 1996, Gonzalo dedicó un número especial de su revista “Barranco” a César Vallejo y demostró que el poeta, antes de viajar a Europa visitó las playas de  Barranco. En efecto, Vallejo aparece en una extraña fotografía con las mangas remangadas así como el pantalón hasta las canillas y es, sin duda, la última que se le tomó en el Perú antes que viajara a Europa. Quienes han escrito acerca de esa fotografía y los últimos días de Vallejo en el Perú, han tenido como fuente de información el texto que aparece en la página 82, y que en una parte Gonzalo dice:
    “Es cuando los amigos que acompañaron  a Vallejo por la playa, sin lugar a dudas estaba Juan Espejo, pero nos hubiera gustado saber quiénes eran los otros con los que entró a almorzar  a los Baños de Barranco. Precisamente en el verano de 1919 que fue la etapa por la que Vallejo pasaba difícil situación económica, en que frecuentó la amistad íntima de los hermanos More (Carlos, Gonzalo y Ernesto). Los Zuleta, los León Guzmán, de Adán Felipe Mejía (‘El Corregidor’), César Alzamora, Augusto Aguirre Morales, Carlos Parra del Riego, Abraham Valdelomar, Fabio Camacho y Junio Castilla, entre otros. También el verano de 1920, Vallejo y sus amigos visitaban además de Barranco, las playas de La Punta y Magdalena”.
    En cuanto a la famosa fotografía, Gonzalo Bulnes escribió: “También se desconoce quién le tomó la fotografía a Vallejo en la playa de Barranco en el verano de 1919. Presumiblemente haya sido uno de sus acompañantes cuando paseaban por el litoral  admirando y disfrutando la brisa y cerúleo mar barranquino. En la foto apreciamos a Vallejo descalzo con los pantalones remangados y con camisa: en típica actitud  del provinciano  que por primera vez toma contacto con el mar. Como quien con cierta timidez y miedo, pero al mismo tiempo desafiante enfrenta a las olas que van diluidas y convertidas en espuma, acarician y refrescan sus cansados pies. Me imagino que esa ocasión los compañeros de la clásica picardía limeña del limeño o provinciano alimemeñado, le harían chacota ante tan inusitada escena”.
   La imagen de Vallejo en las playas de Barranco ha sido siempre un enigma hasta que Gonzalo Bulnes proporcionó  una información completa con la ayuda de Juan Espejo. El amigo de Vallejo le hizo saber además que habiendo almorzado en Barranco, Vallejo demostró “comer bien y bien beber”. Curiosamente, esa expresión aparece como metáfora  en el poema  LXX de Trilce. Espejo no supo en realidad quién fue la persona que tomó esa fotografía a Vallejo. Durante mucho tiempo se aseveró que era trucada, como se dice, montada.  Pero no, después de comprobarse su autenticidad, la imagen se convirtió en una estampilla de colección, hoy seguramente los coleccionistas de sellos postales o quienes la tenga, puede pedir el monto que les venga en gana.                                         
    En el mismo texto en referencia a Vallejo es posible leer gracias a Gonzalo: “Además apreciamos otras fotografías donde Vallejo está con su ‘sarita’, corbata y terno completo, acompañado por Abraham Valdelomar y Julio Gamboa, donde da la impresión de que estuviera en la bajada lateral conocida como ‘Oroya’, y que desemboca precisamente en la Bajada de los Baños. En la leyenda de la foto que publica Espejo en su libro César Vallejo, itinerario del hombre, dice simplemente, además de los nombres ‘Av. Costanera, Lima 1918”. Es decir, dos años antes que el poeta fuera acusado de incendiario a raíz de los sucesos de Santiago de Chuco. Luego de ser excarcelado partió hacia Europa en junio de 1923, debido a la generosidad de su amigo el “Chino” Julio Gálvez Orrego, quien murió fusilado en la Guerra Civil Española, al haber luchado por la causa republicana. Vallejo entonces tenía en el bolsillo una moneda de 500 soles peruanos y así llegó a París el viernes 13 de julio.
      Gonzalo Bulnes anota finalmente: “Es importante enfatizar que la primera vinculación de Vallejo con Barranco fue cuando el siempre recordado don Alfredo Muñoz Arana, director de ‘Balnearios’ con pupila de descubridor de grandes valores literarios, avizorando la valía de Vallejo, dio cabida en su periódico al ahora conocidísimo poema ‘Aldeana’, publicado en la cuarta página del Nº 240, edición dominical del 9 de enero de 1926. Vallejo en ese entonces era casi un desconocido”.
      Hace dos meses, cuando visité a Gonzalo Bulnes Mallea en su casa, por encargo de Ricardo Melgar Bao, para verificar una información sobre Vallejo, lo encontré enfermo pero estaba optimista. Me proporcionó una foto de Helba Huara y se alegró que trabajara sobre Desirée Lieven, a quien estando en París no pudo conocer. “Eso sí que es imperdonable que tú no hayas conocido a Desirée, sabiendo quién era”, le dije.  “Mira cholo –respondió-, no había a quién acudir. ¿Cómo no ir a su casa? Ernesto More me contó muchas anécdotas de su hermano Gonzalo, Vallejo, Carpentier  y Desirée. Pero no había quién me lleve. No importa, esperaré tu libro, yo te conozco cholo, seguramente será un gran libro”.
    Siempre generoso, bien informado, gran lector, un intelectual al día, crítico y decepcionado del tiempo histórico que nos tocó vivir. ¿Qué será ahora de su archivo tan nutrido? Nunca se negó a proporcionar un dato, una fotocopia de revistas ni copias de cartas. Dilecto, fino, inteligente, la diabetes sin embargo fue minando su cuerpo mas no su espíritu. Pero la muerte de Gonzalo Bulnes Mallea, no ha sido un suceso doloroso para el poder mediático en una República capturada por la cleptocracia. Habrá que esperar que alguien escriba su biografía de peruano ejemplar. Gonzalo Bulnes Mallea, sin embargo no morirá, vivirá en sus textos que serán siempre consultados.           

martes, 28 de octubre de 2014

CÉSAR VALLEJO: SABIDURÍA, UNA NOVELA TRUNCA E INCONCLUSA.



José Carlos Mariátegui acogió con especial atención y entusiasmo, un texto de ficción enviado desde París por su amigo César Vallejo. Debido al prestigio del poeta nacido en Santiago de Chuco, Mariátegui lo publicó en la revista Amauta Nº 8, correspondiente al mes de abril de 1927 en las páginas 17-18.  Se trata del texto titulado Sabiduría y al pie de la página 18, apareció una advertencia que indicaba: “Capítulo de una novela inédita”. Lo que indujo a pensar tanto a Mariátegui como a los lectores de Amauta, que se trataba de un adelanto referente a una novela en plena elaboración o de un nuevo libro de narración, que habiendo sido concluido, era posible tener después acceso a su corpus total.
    En ese entonces, no había editoras transnacionales como ahora que imponían una industria destinada al consumo masivo de la literatura, de acuerdo a los cánones de la globalización, cultura oficial y coloniedad. Era usual que los novelistas publicaran capítulos tras capítulos sus novelas y que, se coleccionaran sus textos hasta la aparición del libro en una editora mayor. Se hacía ese trabajo para suscitar interés, entregar el desarrollo del texto parte por parte y, después editar el libro completo con la debida publicidad. Muchas veces los novelistas escribían por partes sus textos, de acuerdo a la acogida de los lectores o decisión de las revistas literarias. Había revistas especializadas en publicar variados temas de distintos novelistas, en algunas varios de ellos llegaron escribir hasta cincuenta libros, sin embargo, han quedado pocos en el registro de la novelística del siglo XX.
    Mariátegui no se extrañó que César Vallejo escribiera una novela, teniendo como antecedente que el poeta, entonces refugiado en París, había publicado en 1923 en Lima, Escalas Melografiadas, que tiene doce relatos, a su vez distribuidos en dos secciones: seis estampas narrativas alimentadas por la fina lírica vallejiana (Cuneiformes), más seis textos de carácter sicopatológicos (Coro de vientos). Es posible que por entonces, Vallejo hubiera leído algunos textos vanguardistas, pero que debido a su talento, esa corriente literaria apareció en su relato, como original y propio.  
    Otro libro fue Fabla salvaje, publicado también en 1923, se trata en realidad de una novela corta, que indaga las profundidades abismales y sorprendentes de la psicología humana. Entre ficción y fantasía, Vallejo presentó el drama de un campesino atrapado en las garras de la locura y el delirio. También en 1923, publicó el cuento Más allá de la vida y de la muerte. Entonces, que Vallejo escribiera una novela de largo aliento sí era una novedad grata, así lo entendió especialmente Mariátegui y lectores de su revista. Hasta entonces, Vallejo no se había dedicado a escribir concretamente una novela sino poesía y prosa menor. Pero bastó el hecho que se anunciara una novela suya para esperar con impaciencia, que algún día llegara al Perú un texto de ficción de proyección mayor, escrito por un importante poeta peruano.
      Sabiduría durante mucho tiempo también fue tomado como si se tratara de un cuento, aunque no tuviera las características técnicas ni académicas para ser tal. Esta aparente confusión se debió en parte a la insurgencia de la literatura vanguardista. Había entonces, un marcado deseo de romper los géneros, desobedecer las normas y reglas literarias establecidas para instaurar otras. Es de suponer que ese  criterio debió haber sido también con el que Alberto Tauro del Pino (Tauro 1979: 39) y otros críticos literarios, haya clasificado a Sabiduría como si se tratara de un cuento.
      Pero ahora que se conocen todos textos en prosa de César Vallejo, es posible decir contundentemente que Sabiduría no era ni es cuento. Se trató sin duda de un capítulo de una novela que escribió antes de abril de 1927. Sabiduría, no es ni podía ser el comienzo ni el final, porque carece de las peculiaridades inherentes. No tenía los dones de un primer capítulo destinado a presentar a los personajes, a la sociedad, al tiempo histórico-literario, la geografía y mucho menos a un drama humano por desarrollar. No era tampoco un capítulo de la parte final de una novela. Sabiduría en síntesis describe y desarrolla la desesperación de un personaje atrapado entre la conciencia cristiana, la culpabilidad y autocrítica destructiva. En consecuencia, pudo haber sido un capítulo del proyecto efectivamente de una novela.   
     En ese entonces, las novelas clásicas más leídas con grades tirajes, tenían tres partes: Presentación, se llamaba así a la primera estación, cuando el novelista presentaba o hacía conocer a los personajes literarios, remarcando desde la entrada, tanto sus grandezas y miserias humanas. La segunda se llamaba nudo, cuando se desarrollaba el drama propiamente dicho, haciendo que el lector quedara atrapado en medio de catástrofes, guerras, pestes, golpes de Estado, traiciones, amores imposibles, maremotos, terremotos y otras desgracias humanas increíbles e imprevistas. La tercera se llamaba desenlace, cuando cada personaje cumplía un destino fatal o feliz, irremediablemente.              
       A la luz de esta tradición novelística muy arraigada en el siglo pasado, Sabiduría resultaba sin embargo, un texto suelto, flotante, inubicable, raro, francamente inexplicable en referencia a un personaje llamado Benites que trabaja en la mina Mining Societed y que delira enloquecido por una fiebre destructora, frente a la imagen de Jesús de Nazaret. Pero el anuncio de una novela de Vallejo alegró a Mariátegui como a la audiencia de sus lectores. El texto de hecho era cautivante por el estilo del poeta, escrito con un lenguaje proveniente de su lírica y conscientemente desgranado de su poesía metafísica. Era el Vallejo, que sin embargo estaba comprometido en plena lectura de textos marxistas y empezaba su militancia política en París.
     Pero un poeta como Vallejo, no podía ser ajeno ni sustraerse a su condición humana, a sus circunstancias personales, su vida afectiva y mucho menos de la imposibilidad de tener un trabajo que le permitiera ganar una remuneración y vivir con dignidad. Esos son hechos que es preciso tener en cuenta para explicar y ubicar adecuadamente la creación de Sabiduría. Aunque según Georgette, Vallejo tenía un antiguo proyecto desde 1921 para escribir una novela ubicada en una mina del Perú y que fue desarrollándola a salto de mata, entre enfermedades, hambres, amores y penurias económicas. Pero es imposible dejar de afirmar que durante los años 1926 y 1927, Vallejo se interesó por textos y libros de Carlos Marx, los leyó con fervor y alejó de sus amigos que desarrollaban una intensa como infecunda bohemia, especialmente en los cafés y bistrós de Montparnasse. Esta aseveración es posible constatar a través de las crónicas que escribe desde París, en referencia a temas concretos: ideología y literatura, cultura y política, surrealismo y marxismo, publicados a través de sus colaboraciones remuneradas, aunque con poco monto y pagadas siempre con tardanza.            
    Pero al leer Sabiduría, los lectores de Amauta sin duda asociaron el estilo y lenguaje propio de Vallejo a sus poemas provenientes de su libro Los heraldos negros, publicado en Lima, en 1919. El registro poético es el mismo, así como los recursos semánticos y fuerte acento metafísico. Por ejemplo: “Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé! / Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, /  la resaca de todo lo sufrido / se empozara en el alma... ¡Yo no sé! / Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras / en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. /  Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas; / o los heraldos negros que nos manda la Muerte”. (Los heraldos negros) (Vallejo1970: 7). Como también: “Amada, esta noche tú te has crucificado / sobre los maderos curvos de mi beso; y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado, / y que hay un viernes santo más dulce que ese beso”. (El poeta a su amada) (Vallejo 1970: 16-17). Pero además en otras metáforas más significativas: “Dios mío, estoy llorando el ser que vivo; / me pesa haber tomado tu pan; / pero este pobre barro pensativo / no es costra fermentada en tu costado: / ¡tú no tienes Marías que se van!” (Los dados eternos).  (Vallejo 1970: 53).
      En el entendido que Vallejo, como toda persona tenía que conseguir un trabajo para vivir y tener cierta comodidad para escribir, como es sabido, no pudo conseguir una forma de trabajar para dedicarse a escribir cómodamente. Desde que llegó a París acompañado por el “Chino” Julio Gálvez Orrego, sobrino de Antenor Orrego, el 13 de abril de 1923, empezó su calvario que no terminó hasta ser crucificado por el dolor, la pobreza y víctima de paludismo, el 15 de abril de 1938. En un principio colaboró con la revista España de Madrid y vivió en el bulevar Raspail 207 (Hotel Carlton) en el Barrio Latino o de los intelectuales. En 1924 soportó un hambre terrible y una infinita pobreza. Fue entonces que le escribió a Pablo Abril de Vivero, el 26 de mayo de ese año y dijo: “Yo no tengo, en verdad oficio, profesión ni nada. Sin embargo, tengo afán de trabajar y de vivir mi vida con dignidad, Pablo. Yo no soy bohemio, a mí me duele mucho la miseria, y ella no es una fiesta para mí, como lo es para otros. Usted ha visto mi situación en París. ¿Es que no quiero trabajar? A las usinas he ido muchas veces. ¿Será que he nacido desarmado del todo para luchar con el mundo? Pueda ser”. (Vallejo. 2002:72) Como consecuencia de una situación económica terrible y deterioro de su salud, el 4 de octubre de ese año fue internado en el hospital de la Clarité, habiendo salido de alta el día 21. Pero el 26 nuevamente fue internado de emergencia y salió el 28. Fue entonces que Henriette Maisse lo trasladó a una casa de campo, cerca de Versalles, donde Vallejo recuperó su salud.
    Vallejo le escribió a Abril de Vivero en los siguientes términos, texto que asevera lo anteriormente dicho: “Abril, 19 de octubre 1924. Parece que la suerte sigue empecinándose en herirme. Esta carta le escribo desde el hospital de la Clarité, Sala Boyer, cama 22, donde acabo se ser operado de una hemorragia intestinal. He sufrido  mi querido amigo, 20 días de horribles dolores físicos y abatimientos espirituales increíbles. Hoy, querido Pablo, lo es de negrura negra y cerrada a todo consuelo. Hay horas más, acaso, mucho más siniestras y tremendas que la propia tumba”. (Vallejo. 2002:87).
   Luego escribió varios poemas en prosa que se publicaron al final de Poemas Humanos. El 5 de noviembre de 1924 volvió a escribirle a Abril: “Mi querido Pablo: Mi enfermedad se ha alargado más y más. Ayer hizo un mes que estoy en cama. Después de la operación, me vino una nueva hemorragia, por poco carga conmigo. La noche de mayo 27, pudo haber sido fatal. ¡Horrible! Pero hoy estoy otra vez mejor. Ya estoy desde el martes, en mi cuarto, pero siempre en cama. El médico me ha dicho que guarde cama todavía y que me cuide... Cornejo, viendo mi situación desesperada, por fin ha pedido un pasaje de regreso al Perú. Con fecha 30 de octubre marchó la gestión por correo. Yo le he mandado a decir que sí, que volveré al Perú”.
   En efecto, Vallejo frente a una permanente depresión, pobreza y sentirse mal de salud, decidió regresar al Perú en calidad de repatriado. Por esa razón presentó una solicitud que fue atendida por Mariano Cornejo Centeno, abogado, diplomático e ideólogo del régimen de Augusto B. Leguía, autor del texto “Patria nueva”. En 1925 trabajó como secretario de los Grandes Periódicos Iberoamericanos ubicados en la Avenida La ópera, por ese entonces concurría al atelier de la calle Vercingetorix, cerca de Montparnasse.  Vivió en el Hotel Richeliu y trabajó como traductor de las ediciones de Pierre Roger, afrontó una grave crisis económica y su salud se deterioró aceleradamente. Viajó por primera vez a España para cobrar el monto de una beca. No asistía a la universidad para estudiar Derecho, como exigían los cursos, por lo que dos años después renunció, además no estaba de acuerdo con la dictadura del general Primo de Rivera.
    Según el testimonio de Georgette de Vallejo: “En el Café de la Régence, frente a la Comedia Francesa, conoce a Henriette Maisse, quien viene a vivir con él y de la que se separará en octubre del 28, en víspera de su primer viaje a la Unión Soviética. En julio aparece el primer número de Favorables pequeña revista que emprende y financia Juan Larrea que muere en su segundo número. Vallejo colabora con esta empresa con la más buena voluntad que real entusiasmo. Obvio, es de agregar que más de 25 años después, y hasta hoy Juan Larrea se felicita de haber, una vez más, ayudado a Vallejo, abriéndole las páginas de su mínima revista”. (Georgette. 1978: 24). De modo que con su contribución es posible aseverar que durante ese tiempo, Vallejo efectivamente convivió con una mujer generosa como fue Henriette, de oficio costurera, quien lo salvó de una muerte segura. Como dice Luis Monguio: “En este mismo año de mil novecientos veintiséis  y en París -  días en que Vallejo tenía por compañera a una joven Henriette, el escritor publicó junto con el poeta español Juan Larrea dos números de una revista literaria Favorables París Poema, el número uno en julio y el número dos y último en octubre”. (Monguio: 1957.  61-62).  Sus  amigos entre ellos Gonzalo y Carlos More se reunían en el café de la Régence, frente a la Comedie Francaise, pero Vallejo asistió pocas veces.
    En 1927 renunció a los Grandes Periódicos Latinoamericanos y viajó a España, después de terminar con Henriette, empezó a vivir con Georgette Philippard Traves. De modo que es válido suponer que Henriette vio a Vallejo escribir Sabiduría porque durante ese tiempo vivía con él. Ahora, es una ocasión para decir que Henriette Maisse ha sido y es injustamente maltratada por varios biógrafos de Vallejo, quizá porque Vallejo no la menciona y nunca le dedicó algunas líneas o un poema como debió haber sido. Ya sea como homenaje o agradecimiento.      
      Pero, ¿qué tiene que ver Henriette Maisse con la biografía, producción literaria y el texto Sabiduría de Vallejo? Mucho, sino veamos. Lo salvó de una muerte segura y ayudó a recuperar su salud, hizo que regresara a París sano, le dio por tanto comodidad, tranquilidad y alimentos por varias semanas, haciendo un gran esfuerzo, trabajando denodadamente para cubrir tanto los gastos de la enfermedad como su retorno a una modesta habitación del Mary Hotel, número 32 de la rue Saint Ana, en la que vivían. Henriette se portó demostrando un amor infinito a Vallejo en el momento más crítico y decisivo de su existencia. Hay una pregunta que se han formulado muchos estudiosos de la biografía del poeta: ¿Hubo ingratitud de parte del poeta con Henriette? Ese es un tema muy delicado porque, tal como afirman quienes conocieron este hecho de cerca, aseguran que Henriette se sintió desplazada por la llegada de una “pequeña burguesita parisina”, descendiente de tradicionales familias francesas acomodadas. Siendo Henriette una trabajadora manual, una proletaria aunque muy agraciada y dotada de un encanto especial de su clase social, pero sin mayor preparación intelectual. Se ha dicho también que no hubiera cumplido el rol que tuvo Georgette, en relación a los originales y defensa de Vallejo después de su muerte.
    No ha faltado un gratuito exégeta de Vallejo que haya inventado un hecho que ofende tanto la dignidad de Georgette como de Henriette. Ha afirmado que Georgette buscó a Henriette para decirle que se alejara de Vallejo, que lo dejara porque había empezado con él un romance. Henriette sorprendida  por la noticia y petición formal, pidió que fuera el propio Vallejo quien se lo dijera y no una mujer. La leyenda negra dice que Georgette le entregó una fuerte suma de francos para que dejara a Vallejo y solo así Henriette aceptó retirarse sin decir nada de la habitación del Mary Hotel. Eso significa que Georgette compró a Vallejo, que Henriette lo vendió como si se tratara de una mercancía de amor y que Henriette se habría ido contenta. Nadie podría aceptar esta versión porque si bien Henriette era una obrera, era sin embargo una mujer digna y jamás hubiera vendido a un hombre que amaba y así lo demostró por cuanto hizo por Vallejo. De ser cierta esta versión, el poeta no hubiera podido vivir tranquilo, debido a su conciencia política y altura moral. La idea es inventar un cargo inaceptable a Henriette, como si al vender a Vallejo hubiera vivido después tranquila. Nadie vende a un hombre o a una mujer que ama, nunca. Se trata de una patraña para causarle a Henriette un daño moral ante la inusitada llegada de Georgette en la vida de Vallejo. Seguramente que tampoco Georgette hubiera vivido con la conciencia tranquila, si es que hubiera procedido a tratar a Vallejo como una mercancía amorosa, conociendo su carácter, esa oscura anécdota inventada, no soporta el menor análisis. Vallejo nunca se expresó mal de Henriette, estaba agradecido. Sin embargo, en referencia a sus dos mujeres de entonces, le escribió a Juan Larrea, el 5 de de mayo de 1927 diciéndole. “En cuanto a zorrillas, peleé con Georgette y le he hecho volver a Henriette. Así son las cosas de inesperadas. En todo caso, estoy más tranquilo, porque, además, me he vuelto al hotel Garibaldi, para evitarme complicaciones mujeriles”.  (Vallejo 2002: 234) 
     Una prueba de lealtad, humanismo y amor a Vallejo de parte de Henriette, fue que haciendo un gran sacrificio, lo trasladó a una casa de campo que alquiló para que recuperara allí la salud. La carta de Vallejo a Pablo Abril de Vivero del 8 de setiembre de 1928, es un testimonio formidable: “Voy a continuar, pues, en el campo el mayor tiempo posible. No sabe usted el beneficio que me ha hecho el aire campesino. He ganado en un mes cinco kilos. Mi espíritu se ha fortalecido y, hoy más que nunca, advierto lo mal que he estado en París. Fue una crisis terrible y muy grave. Hoy me siento como un resucitado. Los meses de junio y mayo han sido verdaderamente trágicos para mí y para la pobre chica que me acompaña y que, dicho sea de paso, se ha portado con mucha nobleza en este trance”. (Vallejo 2002: 299).
    “La chica” es Henriette, pero quien ha dejado una versión fidedigna de la relación a ella, Georgette y Vallejo, es Juan Domingo Córdova Vargas. Córdova afirma que Vallejo le dijo: “Hemos acordado con la chiquilla de la que te estuve hablando y que se llama Georgette, unirnos y vivir en su departamento, aquí a la vuelta del rue Golbert, siendo Henriette el único obstáculo que tenemos que salvar y, la persona que nos puede ayudar eres tú porque ustedes se llevan bien, se quieren y se estiman, y te escuchará para separarnos amigablemente, ella comprenderá. Tú puedes ayudarme”. Me negué – escribe – Córdova. “Precisamente por la razones de amistad con Henriette, que acabas de recalcar, justificaría mi intervención para unirlos pero no para separarlos, sin herir la consideración que me merece”. (Vallejo) se retiró sin insistir. “Bueno pues, qué vamos a hacer, ¡veré cómo me las arreglo”. Cuando nos volvimos a ver, me puso al tanto que cómo había llegado a la separación. “En vista de tu negativa a intervenir, Georgette habló con Henriette y lo arregló todo”. Me preguntó si Henriette se había despedido de mí al retirare del hotel, le respondí que no. Siendo tan femenina y delicada, es natural que se sintiera cohibida para un adiós por súbita separación que rozó su sensibilidad”. (Córdova: 1994: 213-214). Nosotros tratamos de indagar más acerca de la relación entre Vallejo con Henriette, pero esta no es ocasión para repetir lo que ya escrito (Ayala: 1994: Ver separata). 
    Cuando Vallejo le envió Sabiduría a Mariátegui, al mismo tiempo escribía textos con evidente contenido ideológico, cercanos a una franca propaganda ideológica y desafío político a los demás escritores de su época. Así lo demuestra el texto titulado Los artistas ante la política, fechado en París, en noviembre de 1927 y publicado en la revista Mundial, N° 394, del 31de diciembre de 1927. “El artista – dice - es inevitablemente, un sujeto político. Su neutralidad, su carencia de sensibilidad política, probaría chatura espiritual, mediocridad humana, inferioridad estética. Pero ¿en qué esfera deberá actuar políticamente el artista? Su campo de acción política es múltiple: puede votar, adherirse o protestar, como cualquier ciudadano; capitanear un grupo de voluntades cívicas, como cualquier estadista de barrio; dirigir un movimiento doctrinario nacional, continental, racial o universal, a lo Rolland. De todas estas maneras, puede, sin duda, militar en política el artista; pero ninguna de ellas responde a los poderes de creación política, peculiares a su naturaleza y personalidad propias”. (Vallejo 1987: 253-254)
    Vallejo se convirtió en un militante marxista, se sintió convencido que la literatura y al arte en general, deberían servir para contribuir al cambio social. Asume entonces una función pedagógica abierta, discute, analiza y predica la necesidad de que los artistas asuman un rol activo y no pasivo como lo hacían la mayoría de intelectuales neutros. “La sensibilidad política del artista se produce, - escribió - de preferencia y en su máxima autenticidad, creando inquietudes y nebulosas políticas, más vastas que cualquier catecismo o colección de ideas expresas y, por lo mismo, limitadas, de un momento político cualquiera, y más puras que cualquier cuestionario de preocupaciones o ideales periódicos de política nacionalista o universalista. El artista no ha de reducirse tampoco a orientar un voto electoral de las multitudes o a reforzar una revolución económica, sino que debe, ante todo, suscitar nueva sensibilidad política en el hombre, una nueva materia prima política en la naturaleza humana”. (Vallejo 1987: 254)
    Este texto traduce no solo la disciplinada militancia de Vallejo, sino que además es posible apreciar hasta qué punto creía que era posible crear otra clase de cultura política y tener una distinta visión del mundo a través del marxismo: “El artista debe, antes que gritar en las calles, - decía- o hacerse encarcelar, crear, dentro de un heroísmo tácito y silencioso, los profundos y grandes acueductos políticos de la humanidad, que solo con los siglos se hacen visibles y fructifican, precisamente, en esos idearios y fenómenos sociales que más tarde sueñan en la boca de los hombres de acción o en la de los apóstoles y conductores de opinión, de que hemos hablado más adelante. Si el artista renunciase a crear lo que podríamos llamar las nebulosas políticas en la naturaleza humana, reduciéndose al rol, secundario y esporádico, de la propaganda o de la propia barricada, ¿a quién le tocaría aquella gran taumaturgia del espíritu?” (Vallejo 1987: 255)
    Entonces, cuando Vallejo tenía una definida formación marxista y además se convirtió en un sacrificado militante, escribió la novela titulada  El Tungsteno en tres semanas, porque ya tenía el guión y la edición comprometida. Se adscribió conscientemente a la corriente llamada “Realismo socialista”, y empezó a escribir con un compromiso confeso, a fin de denunciar la explotación, abusos y sufrimientos de campesinos y trabajadores en una mina de tungsteno ubicada en el Perú. El mensaje y contenido político fue muy claro, advirtió la forma de penetración del capitalismo norteamericano en el Perú, con la complicidad de un régimen corrupto, en una República políticamente convertida en una moderna colonia política y económica.   
    En 1931, cuando Vallejo publicó El Tungsteno en la colección La novela proletaria en la histórica Editorial Cénit (Madrid), junto a otras novelas de carácter social y político como El don apacible de Mijail Sholojov y 100 por 100 de Upton Sinclair, apareció en plena depresión económica mundial y se produjo un avance de las ideologías marxistas. Por lo que tuvo una gran aceptación especialmente entre los jóvenes escritores de entonces. Así sucedió con Ciro Alegría quien recibió el impacto literario e ideológico, como también según la afirmación hecha por José María Arguedas, quienes tomaron conciencia del rol que debían tener frente a la realidad de la que procedían y vivían. Los pocos ejemplares que llegaron al Perú, fueron leídos especialmente en los sindicatos de trabajadores y algunos periodistas de Lima.     
    César Vallejo en vista de su pobreza y dificultades para vivir en París, decidió regresar al Perú, habiendo efectivamente gestionado y recibido el dinero para ese hecho. Pero no fue así porque Vallejo usó ese monto para viajar a Rusia, tal como lo asevera su viuda. “Pronto muy seriamente enfermo, - dice - tiene que retirarse a los alrededores inmediatos de París (Ris Orangis), a fines de junio (1928), para poder restablecerse, físicamente, al menos.
    Transcurre el verano. Más o menos está repuesto en vísperas del otoño.
    Ha recibido cincuenta libras, suma que otorga el Perú a todo peruano deseoso de regresar a su país. Provisto de un mínimo de conocimientos marxistas, Vallejo viaja de frente a la Unión soviética (octubre 1928), guardando la secreta esperanza de fijarse en Moscú.
    Es necesario aclarar aquí,  de paso,  que Vallejo – contrariamente a ciertas aserciones – no tiene intención del volver al Perú; pero, ya leninista, no vacila en pedir su pasaje de regreso, lo que le representa cincuenta libras que nos recuerda al tren blindado de Lenin.
   El 19 de octubre, día de su partida, escribe a Pablo Abril: ‘Me doy cuenta que mi rol en la vida no más éste ni aquél y que aún no he hallado mi camino… Quizás en Rusia lo halle ya que en este otro lado del mundo donde vivo, se mueven por resortes más o menos semejantes a las enmohecidas tuercas de América’. Y el 29, de Moscú mismo: ‘No creo que podré quedarme en Moscú. Lo del idioma es terrible. Volveré a París dentro de pocos días y de allí le escribiré”. (Georgette: 1978: 26).
   Entonces, ¿el texto Sabiduría era parte de una novela trunca o inconclusa? Ocurrió que Vallejo decidió fundir ese texto en la novela Tungsteno, para la publicación en 1931, de modo que ahora sí se puede aseverar que en 1927 tenía varios folios avanzados de una novela que trababa sobre el impacto del desarrollo del capitalismo y un moderno colonialismo económico en el Perú. Ocurrió que  entonces decidió publicar un capítulo precisamente como un avance de un texto de largo aliento. Al encontrarse en Madrid, propuso a la Editorial Cénit escribir una novela proletaria, como expresión de una literatura comprometida, destinada a formar una evidente conciencia política izquierdista en la clase trabajadora y los intelectuales.     
Así, Sabiduría se convirtió en Tungsteno.

Ayala, José Luis.
1994.      El cholo Vallejo. Editorial Fimart S.A. Lima
Córdova Vargas, Juan Domingo.  
1995      César Vallejo del Perú profundo y sacrificado. Jaime Campodónico. Lima.
Monguio, Luis.
1952.       César Vallejo, vida y obra. Editorial Perú Nuevo. Lima.
Tauro del Pino, Alberto.
1997        Amauta y su influencia. Talleres Gráficos de la Librería Editorial Minerva. Lima.
Vallejo, César.
2002       Correspondencia completa. Pontificia Universidad Católica del Perú. Talleres
               Gráficos de Editorial e Imprenta Desa S.A. Lima.
Vallejo, de Georgette.
1978      Allá ellos. Allá ellos. Allá ellos. Editorial Zalvac. Lima.
Vallejo, César.
1987       Desde Europa. Crónicas y artículos. Recopilación, prólogo, notas y documentación de Jorge Puccinelli. (1923-1938). Ediciones Fuente de Cultura Peruana. Editorial Gráfica Labor. Lima.
Vallejo, César.
1970      Obra completa. Casa de la Américas. Colección Literatura Latinoamericana. Instituto del libro. Publicado por Casa de la Américas, La Habana.

domingo, 27 de julio de 2014

GARCÍA: DOCTOR POR BAMBAS UNIVERSITÉ



    
 Generalmente se decía doctor a todo docente de educción secundaria, aunque en realidad nunca hubiera estudiado pedagogía y solo era profesor de tercera categoría. Todos eran doctores menos el portero debido a su modesta indumentaria, extracción de clase y estudios de primaria. Pero donde más abundaban los doctores era en las universidades, pobre del alumno que se atreviera a desconocer esa sagrada categoría. Pero habían contados  profesores universitarios que sí ostentaban ese título, debido a que efectivamente realizaban estudios de doctorado, pero eran pocos.   
   Los magistrados del Poder Judicial y Fueros Privativos, abogados y auxiliares, también eran doctores. Todos tenían ese título gratuito debido a una mentalidad sumisa y colonial. No obstante, había también quienes alcanzaron ese rango  académico. Pero los doctores pertenecían a las clases dominantes locales, solo podían alcanzar ese grado los hijos de terratenientes, comerciantes, banqueros y herederos de las ventajas de pertenecer a élites regionales o a la oligarquía nacional. Un abogado de hecho era doctor y ocupaba un alto puesto en la jerarquía intelectual, aunque nunca escribiera un folleto o un libro.           
   Mas hablando en estricto sensu, se llama doctor a la persona que ha conseguido el último grado académico en una universidad. ¿Qué pasa cuando una persona se hace llamar doctor y no lo es? ¿Qué ocurre si alguien usa el título de doctor sin haber concluido los estudios académicos? ¿Qué sucede cuando una universidad otorga ese título de modo fraudulento en nombre de la Nación? ¿Cuántas universidades entregaron grados y títulos falsos a personas que  ejercen algunas  profesiones? ¿Cuántos títulos han sido anulados luego de las denuncias públicas? ¿Cuántos doctores marca “América Bamba Université” hay en todas las especialidades? Nadie sabe.   
    Quien usa el título de doctor y no lo es, lo primero que es preciso señalar es que se trata de una impostura, de un acto reñido con la moral pública y ética personal. De modo que más allá de la prohibición del uso de títulos fraguados, inventados o comprados, si una persona usa ese documento sin que lo sea ni le corresponda, comete un delito. Pero, ¿cuántos doctores bamba hay en el Perú? Quien usa en sus tarjetas, correspondencia, placas,  documentos personales como oficiales la palabra doctor y no lo es, resulta un falsario, un atracador peligroso, mentiroso, falaz, falso, simulador, suplantador y trafero. Todo acto que comete significa una tergiversación de la verdad porque engaña y simula. ¿Qué sucede cuando un abogado acepta que lo llamen doctor y se convierte en político? La magnitud de la impostura es mayor. ¿Y si llega a  ser dos veces Presidente del Perú? Ahí sí que ya no hay palabras para calificar el hecho, habrá que inventar una expresión que reúna toda la significación posible: Celebérrimo cogotero ilustrado del siglo XX, puede ser.
     A propósito, Juan Mejía Baca solía decir que hay personas en el Perú que no tienen hoja de vida sino prontuario, al referirse a Javier Alva Orlandini, que ordenó la quema de libros pero llegó a ser presidente del Tribunal Constitucional. Ese rotundo concepto se puede usar para definir la conducta de Alan García Pérez, pues no solo se escabulló para  no ser juzgado por tribunales del Perú, alegando después prescripción y que ya pasó el tiempo de sentarlo en el banquillo de los acusados. Si García se hubiera sometido a ser procesado normalmente, seguro que hubiera sido sentenciado debido a las pruebas irrefutables y contundentes, así lo demuestran los expedientes judiciales. Ojalá que alguna vez se publique el contenido de los procesos y sirvan de fuentes de estudio para los futuros abogados. Sería un valioso repertorio sobre procedimientos judiciales, pero sobre todo la documentación para una correcta formación de  nuevos magistrados, políticos y hombres de Estado.        
    Muchos son los expedientes judiciales para conocer mejor a Alan García, de modo que cuando usa el título de doctor sin serlo, resulta un chiste de menor cuantía. Es un pecado venial, que si se confesara ante Juan Luis Cipriani, seguramente le diría: “Déjese de cojudeces” y se reía detrás del confesionario,  ahora acudido por unas cuantas cucufatas. Basta con referirse a un solo expediente de los muchos sobre acusaciones judiciales contra García. Por ejemplo al N°001-95, que contiene caso del tren eléctrico, Canal 13 y dólares MUC. Sucedió que en diciembre de 1995 la Fiscal Supremo Nelly Calderón en su dictamen 1750-95 concluyó que: “Se encuentran debidamente acreditadas la comisión de los delitos de cohecho pasivo y enriquecimiento ilícitos previsto y sancionado por los Arts. 349° y 361-A del Código Penal de 1924, en calidad de autor y como instigador en la comisión de los delitos de colusión ilegal y negociación incompatible, previsto y sancionado en los Arts. 344° y 345° del Código Penal de 1924, respectivamente, así como la responsabilidad penal del procesado Alan Gabriel Ludwig García Pérez”.
     Pero además en el informe final de la instrucción abierta por Hugo Sivina Hurtado, Vocal Supremo Instructor, de marzo de 1996 contra Alan García Pérez, concluyó que: “se encuentran acreditados los hechos delictivos imputados al procesado, opinando por su responsabilidad penal, como instigador en la comisión de los delitos de colusión ilegal y negociación incompatible y, como autor de los delitos de cohecho pasivo y de enriquecimiento ilícito, en agravio del Estado Peruano. Nelly Calderón, Fiscal Supremo en lo Contencioso Administrativo Dictamen 1750-95 dirigido al Señor Vocal Instructor expediente N°001-95”. Además el 12 de diciembre de 1995 señaló: “Esta instrucción se inicia a mérito de la denuncia penal formulada por la señorita Fiscal de la Nación ante el Presidente de la Corte Suprema de Justicia… y habiendo el Congreso Constituyente Democrático aprobado por unanimidad… el 28 de abril de l995… ‘Haber lugar a formación de causa’ contra el ex Presidente constitucional de la República Doctor Alan García por el mérito al dictamen acusatorio de la Comisión de Fiscalización del CCD de fecha 04 de enero de 1995, al haber incurrido en la presunta comisión de delitos de colusión ilegal, negociación incompatible, cohecho pasivo y enriquecimiento ilícito, hechos delictuosos que se encuentran previstos y penados… sustentándose en los siguientes hechos:”
    En los expedientes que ojalá no se pierdan, es posible apreciar que los magistrados llaman “doctor” a Alan García. ¿Por qué no le pidieron que acreditara sus correspondientes estudios? Alan García sorprendió al Jurado Nacional de Elecciones al recibir sus credenciales cuando fue electo diputado, así como  resultó ser Presidente del Perú. Mintió en la Fiscalía de la Nación y en el Poder Judicial, pero además son miles los documentos oficiales firmados durante los años de sus dos gobiernos. ¿Todos ellos incluyendo las resoluciones de los narcoindultos, Agua para todos, las estafas de los colegios nacionales están firmados por el doctor? Sí, ¿tienen validez? Habrá que ver.     
    Se trata entonces de un caso que bien podría señalarse como emblemático. Está probado que no obtuvo el título de doctor, pero usó esa categoría académica oficialmente mientras fue dos veces Presidente del Perú  (1985 a 1990 y del 2006 al 2011). Pero ahora esa mentira le traerá graves consecuencias legales, académicas y sobre todo políticas. Es verdad que García ha superado peores situaciones y está acostumbrado a salir airoso de cargos mucho más graves. Bien podría aseverarse que frente a gravísimos cargos y acusaciones que ha afrontado, este hecho resulta una anécdota, pero seguramente no faltarán quienes lo ayuden y en el menor tiempo, es posible se gradué de doctor, no sería nada sorprendente.
    Todo empezó cuando el abogado y escritor Jorge Rendón Vásquez, el 14 de julio, publicó en las redes sociales un demoledor texto titulado: “Alan García. ¿Otro doctor bamba?” El distinguido narrador arequipeño fue profesor en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Alan García, de modo que todo cuanto dijo sirvió para rastrear la falsa trayectoria académica del defensor de Francisco Pizarro en su empresa de atacar, traicionar, matar y saquear al Perú, administrado por los incas. Jorge Rendón Vásquez, escribió:
     En 1967, Alan García ingresó a la Universidad Católica y en 1971 se trasladó a la Universidad de San Marcos. Por entonces, en la Facultad de Derecho de esta Universidad, yo tenía a mi cargo los cursos Derecho del Trabajo Individual y Colectivo y Derecho de la Seguridad Social en el turno de la noche que empezaba a las seis de la tarde. Alan García Pérez figuraba entre mis alumnos. Casi nunca asistió a mis clases y no dio los exámenes parciales ni el final, lo que hice constar en las actas. Años después me enteré que Alan García Pérez tenía nota en mis cursos. Averigüé. Se había hecho tomar indebidamente los exámenes con un profesor de simpatías apristas que dictaba en las mañanas. ¿Dio, en realidad, los exámenes? Ese profesor ha fallecido hace muchos años. Siempre he sido un profesor muy exigente y, por eso, no era muy popular entre los alumnos, aunque luego de recibirse muchos me lo agradecían cuando me encontraba con ellos. ¿Se recibió Alan García de abogado? En ese tiempo era obligatoria la tesis de bachillerato. ¿La hizo y la sustentó? El legajo personal de Alan García en los archivos de la Universidad de San Marcos desapareció en 1985, poco después de haber sido elegido Presidente de la República”.
     Además: “Las biografías de Alan García dicen que en setiembre de 1972 fue a la Universidad Complutense de Madrid y que obtuvo el doctorado en Ciencias Políticas. Esto tiene que haber sido entre ese mes y junio de 1973, último mes del año académico, porque en 1973, como se afirma, comenzó a estudiar en la Sorbona, donde el ciclo académico se iniciaba en octubre. Según la normativa de la Universidad Complutense, los estudios doctorales comprendían en ese tiempo, dos años de estudios comprensivos presenciales y la elaboración de una tesis para la cual se requería un mínimo de dos años, al término de los cuales si el director de tesis estimaba que el trabajo reunía los requisitos de originalidad y suficiencia como investigación la administración académica le permitía al doctorando pasar a la sustentación ante un jurado de no menos de tres profesores. A Alan García no le sale la cuenta. Si llegó a Madrid en setiembre de 1972, la sustentación de su tesis, si la hubiera hecho, debería haber tenido lugar en junio de 1976, el plazo más breve. ¿Siguió realmente los estudios doctorales en Madrid? Todo indica que no. Tampoco su nombre aparece en la relación de doctores recibidos en la Universidad Complutense, ni en aquellos años ni posteriormente (portal en internet de esta Universidad). Había en ella cursos de asistencia voluntaria en determinadas asignaturas que podían durar hasta un año académico y permitían obtener un certificado de asistencia, que, obviamente no era un diploma de maestría y menos de doctorado”.
    Esta vez no podrá acudir a sus compañeros apristas sembrados en el Poder Judicial ni en las fiscalías, lo único que le queda es matricularse en la universidad de su socio y exministro de educación. No tiene otra salida. Aunque no ha faltado un grafómano incurable que ha pretendido defenderlo desde sus aburridos textos de “La República” que nadie lee. En “su” universidad podrá conseguir todos los títulos que se le pida, nadie le exigirá que asista puntualmente, cumpla con la obligación de entregar trabajos de investigación. No le tomarán exámenes. Tampoco sustentará una tesis para el grado de doctor porque sería humillar a un escritor que ha ganado una fortuna vendiendo su libro  “El rey de baraja”.
    Unamuno decía con razón: “honrar, honra”. ¿Qué dirán ahora quienes fueron distinguidos con medallas, títulos  y diplomas por Alan García? ¿Se puede recibir honra de una persona que carece de la menor noción de este un valor intransferible? ¿Qué honra puede dar quien no la tiene? Seguramente que nunca dirán que fueron distinguidos por Alan García y refundirán sus medallas al fondo de un caja destinado a desaparecer con el tiempo. ¿Devolverán las  condecoraciones quienes ahora se sienten defraudados? Imposible, difícil, porque sería doble vergüenza. Entonces, bien podríamos terminar diciendo: “Dime quien te ha distinguido para decirte cuanto te has desprestigiado”, como también: “Dime si Alan García te ha condecorado porque por toda la vida te has jodido”.     
                                                                               
                                                                                 (2014)