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miércoles, 26 de octubre de 2016

CARLOS MORE, AMIGO DE CÉSAR VALLEJO.

                                                         
César Vallejo y Carlos More
                                      
    Los hermanos Federico, Ernesto, Gonzalo y Carlos More Barrionuevo, todavía no tienen un biógrafo común para conocer mejor lo que hicieron a lo largo de sus existencias llenas de magia, poesía, música, periodismo, política y bohemia. Sin embargo, estuvieron dotados para ser grandes escritores, periodistas, artistas y personas vinculadas a la política. Ninguno quiso convertirse en  hacendado y hacerse cargo de la administración de los fundos de la madre. Hasta que finalmente, la Reforma Agraria devolvió a los campesinas miles de hectáreas que desde siempre fueron de ellos.
    Ninguno tampoco optó por ser un profesional e insertarse en la vida civil, acumular dinero y propiedades. La economía familiar permitía que estudiaran ya sea en universidades del Perú o el extranjero. Cuando los padres se sintieron ancianos y sin fuerzas para seguir explotando las haciendas ubicadas en Lampa, llamaron a sus hijos y ninguno regresó para ser un gamonal. Prefirieron una vida llena de aventuras, poesía, viajes, música y asistir a la Bohemia de Montparnasse del París (siglo XX). Ernesto y Carlos se fueron a París y luego llegó Gonzalo para quedarse hasta la muerte juntamente con su esposa, la bailarina Helba Huara.
     Ernesto regresó a Lima y dedicó al periodismo y política. Carlos se fue a trabajar a Vilquechico para hacerse cargo del Centro Textil Indígena. Federico desarrolló una intensa actividad periodística. En cambio Gonzalo prefirió la bohemia, la acción política, ser un militante de la República Española, un marxista emocional y gozar del intenso amor y sexo con Anaís Nin. Leer a Anaís Nin es llegar al orgasmo o siquiera alguna vez haber tenido una aventura con una mujer como ella. Voluptuosa, rica, multiorgásmica, sensual al ciento por ciento, provocativa, siempre lista para un combate personal, no le importaba la censura ni lo que dijeran de ella. Leer La casa del incesto, es francamente alucinante el desarrollo de las acciones sexuales con su padre, el músico cubano Joaquín Nin.        
    Juan Domingo Córdoba Vargas, era muy joven cuando llegó a París y conoció a los hermanos Ernesto y Carlos More. A través de ellos llegó al círculo de César Vallejo y se hicieron muy amigos. Hasta que finalmente, después de haber trabajado muchos años como magistrado en el Poder Judicial, decidió escribir un libro lleno de testimonios acerca de su amigo el poeta nacido en Santiago de Chuco. Cuando en 1995 apareció el libro César Vallejo del Perú profundo y sacrificado, fue también posible conocer varios hechos en referencia Carlos More, aunque el personaje central es César Vallejo. En determinado momento, Juan Domingo Córdova Vargas, cuenta:          
    “Una tarde fueron al hotel a visitarle los hermanos Carlos y Ernesto More y a la salida pasaron por mí, encaminándonos al café ‘Royal’ y, luego de unas cervecitas; Carlos se puso a rasgar su charango acompañando nuestros cantares; más tarde tomamos un taxi descubierto a Montparnasse y al cruzar el Sena por el puente del Carrousel, Vallejo se puso de pie y en actitud de niño engreído, altanero, golpeando el piso con su bastón y mirando desafiante a todas partes lanzó a los vientos un ‘Granputas’, ¡cabrones!, quedando a la expectativa en espera de una reacción, pero como no hubo ninguna volvió a la carga: ‘Granputas’, ¡cabrones!, pegándose un sentón al desviarse el taxi para seguir por la rue de Saintes Péres. En tanto la foule discurría sin percatarse de la existencia del terrible desfacedor de entuertos, que siguió enfurruñado el resto del trayecto a ‘La Rotonde’, de donde después de una charla con lagunas y suspensos propios de su estado,  parándose en firme a la salida se puso de declamar, con energía, los versos de Manuel Acuña:

     Pues bien yo necesito / decirte que te adoro /  decirte que te quiero / con todo el corazón / que es mucho lo que sufro /  y es mucho lo que lloro / que ya no puedo tanto  / y al grito que te imploro /  te imploro y te hablo en nombre / de mi última ilusión.
  
    Agregando con exaltación: ‘Así se canta, así se abre el pecho a la mujer amada, cara a cara, rotundamente’.
    Nos sorprendía la pasividad y tolerancia con que en estas circunstancias nos trataban los taxistas, tan celosos guardianes del correcto comportamiento  que debía observarse en sus vehículos, que al menor desmán de sus pasajeros los hacían descender sin contemplaciones y en caso necesario con ayuda de la policía, lo mismo que nos ocurría con el personal y parroquianos del café ‘Royal’ que soportaban sin llamarnos la atención ni alterarse por el alboroto que armaba Vallejo y su conjunto de voces destempladas y el rasgar infantil y disonante del charango de Carlos More, siendo como era un establecimiento en pleno centro de París, diferente a los barrios de clientela bohemia o turística, nada atentos a la rigidez de las costumbres observadas de acuerdo al espíritu severo e intolerante del francés, Celoso guardián del prestigio ciudadano de París.
    ……
    Y venían las evocaciones típicamente vallejianas, de resabios pueblerinos, melancólicos, tristes, de llanto y clamores desolados, y cantares tiernos e ingenuos, interrumpidos de rato en rato para fijar la mirada en el firmamento en la noche cerrada o en la naciente claridad del amanecer, quedándose en actitud contemplativa  para volver a su llanto de niño abandonado y perplejo.

    Al río de la Huanchaca  /  me voy a mandar echar / cosa que ni sufra ni sienta
ni sepa lo que es amar, / cosa que ni sufra ni sienta / ni sepa lo que es querer.
   Un corazón de madera / me voy mandar hacer / cosa que ni sufra ni sienta / ni sepa lo que esa amar / cosa que ni sufra ni sienta / ni sepa lo que es querer.
    Un corazón de madera / me voy a mandar hacer / cosa que ni sufre ni sienta / ni sepa lo que es amar / cosa que ni sufra ni sienta / ni sepa lo que es querer.
    Tú me enseñaste a querer /  y también a aborrecer. / No me enseñes a olvidar / porque eso no he de aprender.
    No se puede, no se puede /  olvidar a quien se quiere /  porque el amor verdadero / al pie de la tumba muere.
    ¡Ay! Tú no llorarás, / mañana cuando me vaya /  ya no tendré quine me llore / sino una triste campana.
    ¿Quién toca la puerta? / ¡Señora, soy yo! / ¡Vengo por las cartas / mañana me voy!
    Arbolito, ¿qué haces en la playa?/ préstame tu sombra / antes que me vaya.      

        Ya rendido por el agotamiento volvía a sus clamores  por la madre y el hogar  imposible de Santiago de Chuco. ‘!Yo quiero ir a mi casa! ¡Llévenme a mi casa! ¡Yo me voy a mi casa! Y se echaba a caminar rezongando no sé qué cosas. A veces en una reacción violenta se detenía gritando, beligerante: ‘Cómanselo todo, no me dejen nada. Yo no quiero nada’, y lloraba zapateando sobre un solo pie, apoyado en el brazo de Henriette o en el mío”. 1  
    Pocos biógrafos de Vallejo señalan la amistad de Henriette Masse con Carlos More. Pero Henriette amó intensamente a Vallejo y no lo abandonó cuando cayó enfermo. En varias cartas de Vallejo a su amigo Pablo Abril de Vivero, nacido en Lima el 28 de octubre de 1892 y fallecido en Montevideo el 11 de abril de 1987, hermano del poeta Xavier, se queja de su pobreza. Pero al mismo tiempo reconoce la generosidad de Henriette. Córdova dice: “En Vallejo el sentimiento de amistad procedía del ancestro y de las arraigadas costumbres lugareñas, que establecían una unidad familiar, de afecto, respeto y consideración en el arraigo con el amigo y este sentimiento es el que primaba en el mundo vallejiano en París, en el que solo reservaba sus confidencias sobre lo más íntimo y entrañable, para el amigo que sentía más cerca.  Ese amigo era yo, serrano de sus serranías andinas, compañero inseparable. Sus reuniones se desenvolvían, por lo general, en grato ambiente nativo, animado por las maneras y dichos de Vallejo, sin que faltaran las celebraciones con los brindis de estilo como el de la ‘la vida es una …. ¡Bebámosla!’
    El mundo vallejiano estaba constituido por Julo Gálvez Orrego, Osmán del Barco, José Varela Arias, Armando Bazán, Macedonio de la Torre, los hermanos Ernesto y Carlos More, Raúl de Verneuil, Alfonso de Silva, Jorge Seoane, Demetrio Tello, Manuel Chávez Lazo, José Macedo Mendoza, Xavier  Abril  en sus ocasionales  visitas a París y Juan Luis Velásquez. Unos integraban el núcleo y otros giraban por la periferia, pero todos unidos en el afecto  y admiración a Vallejo.  Se destacaba en el grupo con caracteres propios de su alta calidad personal e intelectual, el escritor y poeta Juan Larrea, el amigo que lo lanzó a la fama, colocándolo en el lugar que corresponde a su gloria poética” 2 

1.- Juan Domingo Córdoba Vargas. César Vallejo del Perú profundo y sacrificado. Págs. 127-128. Jaime Campodónico editor. 1995. Lima.   
2.- Juan Domingo Córdoba Vargas. César Vallejo del Perú profundo y sacrificado. Págs. 177. Jaime Campodónico editor. 1995. Lima.   





martes, 25 de octubre de 2016

       CREAR UN PERÚ NUEVO DENTRO DEL MUNDO NUEVO

                                        
                                       

José Carlos Mariátegui 

     La creación de la revista Amauta tuvo un génesis de largo aliento, un proceso de análisis previo, conocimiento y reflexión en referencia a la nueva realidad y, necesidad de dotar al Perú, de una revista histórica. José Carlos Mariátegui lo primero que hizo a su regreso de Europa, fue analizar las expresiones literarias que se publicaban entonces. Entendió que era necesario, reunir todas las voces para darles un cauce dialéctico y renovador. Las revistas que le llegaban constantemente, no tenían una identidad manifiesta, carecían de una ideología definida. Entonces, el hecho que Amauta naciera con una genuina vocación peruanista y amplia cobertura latinoamericana como europea, fue el resultado de una decisión inteligente después de conocer la realidad cultural de entonces.
    Mariátegui viajó a Europa convencido que debía aprender, leer, asimilar  y adquirir nuevos instrumentos de análisis. En efecto, así lo hizo, se dedicó a conocer en el propio terreno los hechos y acontecimientos históricos más importantes. Sus lecturas le permitieron adquirir una sólida convicción dialéctica. Su convicción determinante fue haber sido antes un periodista hispano criollo y luego convertirse en un intelectual marxista. Su clara inteligencia, cultura literaria, vocación humanista y convicción política, hizo posible que la palabra Amauta, otra vez volviera a significar una actitud pedagógica. Por eso y con razón se llama a Mariátegui  Amauta, porque no solo le dio un contenido visionario a su revista, sino que la dotó de una doctrina, identidad, pluralidad y fe en el futuro.
    Sin la capacidad de creación, inteligencia, análisis y convicción de Mariátegui, no sería posible hablar del Perú como lo hacemos ahora. Su aporte para reconocernos como una sociedad en formación y además sus claras reflexiones, ha sido determinantes y lo seguirán siendo, mientras no se haga realidad la utopía. En otras palabras, pese a los cambios sociales que se han dado, somos todavía la nación que Mariátegui conoció y analizó para darnos una visión de futuro. Entonces, ¿cuánto ha cambiado el Perú desde 1926? Para tener una respuesta y visión de la historia reciente, habría que empezar leyendo la revista Amauta y los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana.
    La experiencia europea de Mariátegui marcó profundamente su vocación política y conducta de intelectual dialéctico, para desarrollar después una permanente actividad de creación heroica. En efecto, el 17 de marzo de 1923 retornó al Perú casado con Anna Chiapee y acompañado de su hijo mayor. Conocedor de la Primera Guerra Mundial, dictó conferencias en la Universidad Popular Manuel González Prada. A fin tener una empresa propia, en 1925 fundó con su hermano Julio César la Editorial Minerva. El primer libro que publicó en 1925 fue La escena contemporánea. Pero al mismo tiempo para sostener a su familia escribía para los semanarios Variedades y Mundial.
    Después de varios meses de preparación y envío de cartas de invitación a futuros colaboradores, tanto del Perú como del extranjero, finalmente en el mes de setiembre de 1926, apareció el primer número de la revista Amauta. Aunque su circulación ya era conocida por un grupo de periodistas y amigos, sin embargo, cuando fue leída causó un impacto no solo innovador, sino se convirtió en un hecho sin precedentes. Sus páginas tradujeron la visión histórica y genio de Mariátegui. De hecho la editorial diseñó la futura ruta definida y convicción de una generación, destinada a cambiar el curso de la historia cultural del Perú. Pero además de la convicción y conducta doctrinaria, Amauta sería después una fuente de información y reflexión respecto a hechos históricos peruanos, latinoamericanos y mundiales más importantes.
    Por eso Mariátegui escribió: “Esta revista en el campo intelectual, no representa un grupo. Representa, más bien, un movimiento, un espíritu. En el Perú se siente desde hace algún tiempo una corriente, cada día más vigorosa y definida de renovación. A los fautores de esta renovación se les llama vanguardistas, socialistas, revolucionarios, etc. La historia no los ha bautizado definitivamente todavía. Existen entre ellos algunas discrepancias formales, algunas diferencias psicológicas”.
    En el primer número de Amauta, después de una determinación dialéctica y diseñar  una visión de lo que sería después la revista, Mariátegui, decidió publicar Tempestad en los Andes de Luis E. Valcárcel, textos de Carlos Sánchez Viamonte, José María Eguren, Antenor Orrego, Sigmud Freud. Alberto Hidalgo, Carlos Roe. Carta a los maestros del Perú de Guillermo Mercado, un artículo de Panait Strati. Poemas de Armando Bazán, Alejandro Peralta y Alcides Spelucín. Un hecho importante fue publicar Lo que ha significado la Pro-Indígena de Dora Mayer de Zulen. También textos de George Grosz, de Ramiro Pérez Reynoso y César Falcón. Incluyó la sección Libros y revistas.     
    Ricardo Arbulú Vargas, funcionario y docente durante muchos años de la Biblioteca Nacional, contaba que Jorge Basadre visitaba a Mariátegui por las tardes. En una ocasión Basadre vio que Mariátegui tenía sobre su mesa de trabajo varias revistas editadas en distintas ciudades del Perú y el extranjero. Basadre preguntó: “¿Cómo hace para recibir tanta información?”  Mariátegui respondió: “He invitado a varios escritores para fundar una revista, como por ejemplo a usted”. Luego Mariátegui dijo: “Esta revista sí que es una novedad, el Boletín Titikaka. ¿Sabe usted quien es Gamaliel Churata?” Basadre respondió: “Es un amauta”. Arbulú decía que Basadre se sorprendió gratamente cuando recibió la revista de Mariátegui con ese nombre.             
    Las revistas de la época eran disímiles, carecían de una evidente orientación y visión política definida. Por eso, Mariátegui se propuso canalizar las convicciones y propuestas señalando: “Pero por encima de lo que los diferencia, todos estos espíritus ponen lo que los aproxima y mancomuna: su voluntad de crear un Perú nuevo dentro del mundo nuevo. La inteligencia, la coordinación de los más volitivos de estos elementos, progresan gradualmente. El movimiento—intelectual y espiritual—adquiere poco a poco organicidad. Con la aparición de Amauta entra en una fase de definición”.
    Lamentablemente Mariátegui luego de su regreso de Europa, cayó enfermo como consecuencia de una antigua enfermedad mal curada, por lo que debió ser operado. El doctor Enrique Encinas, (hermano de José Antonio Encinas Franco), solía decir que operó a Mariátegui en una época en que la medicina no tenía las propiedades que después adquirió. Enrique Encinas que durante muchos años protegió a Martín Adán en el Hospital Víctor Largo Herrera, decía que no había otra forma de salvar a Mariátegui, quien era absolutamente consciente que la amputación de una pierna era la única forma que siguiera con vida.           
    Ese hecho retrasó la aparición de su revista, por eso Mariátegui afirmó: “Amauta ha tenido un proceso normal de gestación. No nace de súbito por determinación exclusivamente mía. Yo vine de Europa con el propósito de fundar una revista. Dolorosas vicisitudes personales no me permitieron cumplirlo. Pero este tiempo no ha transcurrido en balde. Mi esfuerzo se ha vinculado con el de otros intelectuales y artistas que piensan y sienten parecidamente a mí. Hace dos años, esta revista habría sido una voz un tanto personal. Ahora es la voz de un movimiento y de una generación”.
    En concordancia con su pensamiento renovador, en Amauta se tradujo lo que había afirmado antes en el artículo La Unidad de la América Indo-Española, publicado en Variedades (6 de diciembre de 1924). Entonces dijo: “La identidad del hombre hispano-americano encuentra una expresión en la vida intelectual. Las mismas ideas, los mismos sentimientos circulan por toda la América indo-española. Toda fuerte personalidad intelectual influye en la cultura continental. Sarmiento, Martí, Montalvo, no pertenecen exclusivamente a sus respectivas patrias; pertenecen a Hispano-América. Lo mismo que de estos pensadores se puede decir de Darío, Lugones, Silva, Nervo, Chocano y otros poetas. Rubén Darío está presente en toda la literatura hispanoamericana. Actualmente, el pensamiento de Vasconcelos y de Ingenieros son los maestros de una entera generación de nuestra América. Son dos directores de su mentalidad”.
    Mariátegui admonitoriamente usó la palabra cribar que es sinónimo de limpiar, diferenciar, seleccionar, separar, tamizar, elegir, escoger, etc. Es decir, publicar solo textos trascendentes después de una atenta lectura. Esta reflexión corresponde a una lectura de la Correspondencia de Mariátegui preparada por Antonio Melis, quien lamentablemente murió en La Paz (Bolivia), durante el desarrollo de Jalla 2016. Entonces, además de que nada de lo humano le era ajeno, era un exigente crítico, pero al mismo tiempo un fraterno intelectual marxista.           
    Es importante conocer cómo pensaba Mariátegui antes de publicar Amauta, es decir si se trata de rastrear el génesis cultural de su revista, es conveniente citar lo que dos meses antes le dijo a Ángela Ramos. (Mundial. Lima, 23 de julio de 1926. Entrevista a José Carlos Mariátegui).  La admirada periodista le preguntó:
     -¿Cómo cambiaron sus rumbos y aspiraciones literarias y se definieron en la forma que hoy se han definido?
    Mariátegui respondió: “He madurado más que cambiado. Lo que existe en mí ahora, existía embrionaria y larvadamente cuando yo tenía veinte años y escribía disparates de los cuales no sé por qué la gente se acuerda todavía. En mi camino, he encontrado una fe. He ahí todo. Pero la he encontrado porque mi alma había partido desde muy temprano en busca de Dios. Soy un alma agónica como diría Unamuno. (Agonía, como Unamuno con tanta razón lo remarca, no es muerte sino lucha. Agoniza el que combate.) Hace algunos años yo habría escrito que no ambicionaba sino realizar mi personalidad. Ahora, prefiero decir que no ambiciono sino cumplir mi destino. En verdad, es decir la misma cosa. Lo que siempre me habría aterrado es traicionarme a mí mismo. Mi sinceridad es la única cosa a la que no he renunciado nunca. A todo lo demás he renunciado y renunciaré siempre sin arrepentirme. ¿Es por esto por lo que se dice que mis rumbos y aspiraciones han cambiado?”
Es decir, antes de viajar a Europa, Mariátegui tenía la firme convicción de convertirse en un iluminado, en un líder capaz de aglutinar a escritores contemporáneos para realizar una gesta histórica. Lo que sucedió entonces fue que no solo alcanzó la madurez personal, sino que además asimiló una cultura de cambio. Europa hizo que descubriera el Perú real y a la vez maravilloso, el Perú esencial, el Perú trágico y de la esperanza. Pero sobre todo se convenció que podía luchar mejor  con el apoyo de intelectuales y escritores del continente americano.         
Por esa razón escribió: “El primer resultado que los escritores de Amauta nos proponemos obtener es el de acordarnos y conocernos mejor nosotros mismos. El trabajo de la revista nos solidariza más. Al mismo tiempo que atraerá a otros buenos elementos, alejará a algunos fluctuantes y desganados que por ahora coquetean con el vanguardismo, pero que apenas éste les demande un sacrificio, se apresurarán a dejarlo. Amauta cribará a los hombres de la vanguardia—militantes y simpatizantes—hasta separar la paja del grano. Producirá o precipitará un fenómeno de polarización y concentración”.
Otra palabra con una específica carga semántica que usó Mariátegui es agnósticos. Si bien es cierto que este término se refiere a la existencia o no de Dios, así como a temas religiosos y metafísicos, para Mariátegui no es un asunto referido a la existencia o no de un ser supremo creador. Se refirió a quienes carecen de una evidente convicción política, en cuanto actores y creadores de una cultura viva. Es decir, Amauta se no nacía como una tribuna de libre pensamiento, sino como el eje articulador de una convicción crítica, destinada a formar un nuevo concepto de la realidad social, política, económica sobre todo cultural.           
Así entonces afirma: “No hace falta declarar expresamente que Amauta no es una tribuna libre, abierta a todos los vientos del espíritu. Los que fundamos esta revista no concebimos una cultura y un arte agnósticos. Nos sentimos una fuerza beligerante, polémica. No le hacemos ninguna concesión al criterio generalmente falaz de la tolerancia de las ideas. Para nosotros hay ideas buenas e ideas malas. En el prólogo de mi libro La escena contemporánea, escribí que soy un hombre con una filiación y una fe. Lo mismo puedo decir de esta revista, que rechaza todo lo que es contrario a su ideología así como todo lo que no traduce ideología alguna”.
    En efecto, Amauta no se explica sin el prólogo que escribió Mariátegui para el libro La escena contemporánea, publicado en 1925, precisamente un año antes de la aparición de la más importante revista literaria del siglo XX en el Perú. En otras palabras, para conocer y hablar con fundamentos fehacientes, es preciso tener como  antecedente los textos que escribió antes de 1926. En efecto, en el citado libro dice:           “Pienso que no es posible aprehender en una teoría el entero panorama del mundo contemporáneo. Que no es posible, sobre todo, fijar en una teoría su movimiento. Tenemos que explorarlo y conocerlo, episodio por episodio, faceta por faceta. Nuestro juicio y nuestra imaginación se sentirán siempre en retardo respecto de la totalidad del fenómeno. Por consiguiente, el mejor método para explicar y traducir nuestro tiempo es, tal vez, un método un poco periodístico y un poco cinematográfico. He ahí otra de las razones que me animan a dar a la imprenta estos artículos. Casi todos se han publicado en Variedades. Sólo cinco de esta serie han aparecido en Mundial. Al revisarlos y corregirlos no he tocado su sustancia”.
   La escena contemporánea, fue un libro publicado en la pequeña editora llamada Minerva, formada juntamente con su hermano Julio César, la máquina fue comprada él en 1925 en Italia. Pesaba cerca de cuatro toneladas. Para la época resultaba moderna, ágil, capaz de imprimir libros con gran calidad y magníficas  ilustraciones. En Minerva se publicaron textos de vanguardia como Una esperanza y el mar de Magda Portal (1927), Cinco metros de poemas de Carlos Oquendo de Amat (1927), Tempestad en los Andes de Luis E. Valcárcel (1927), 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana de José Carlos Mariátegui (1928) y otros textos importantes.   
    Mariátegui vio la necesidad de hacer algunos ajustes referentes a fechas, pero no tocó el contenido de lo antes publicado. Como él mismo señala: “Me he limitado a algunas enmiendas formales, como la supresión de los puntos de referencia inmediatos del instante en que fueron escritos. Para facilitar y ordenar su lectura los he asociado y ensamblado según el tema. Sé muy bien que mi visión de la época no es bastante objetiva ni bastante anastigmática. No soy un espectador indiferente del drama humano. Soy, por el contrario, un hombre con una filiación y una fe. Este libro no tiene más valor que el de ser un documento leal del espíritu y la sensibilidad de mi generación. Lo dedico, por esto, a los hombres nuevos, a los hombres jóvenes de la América indo-íbera”
     Estamos hablando de 1925, un año antes que apareciera Amauta, sin embargo es importante anotar que Mariátegui tenía diseñada ya una ruta, el itinerario que debía seguir la revista. Se trató de una propuesta política, de un diseño cultural ideológico, que se realizaría en la medida que concurrieran nuevos intelectuales. Por eso, desde el principio contó con el concurso de poetas, narradores, críticos y artistas que provenían de distintas vertientes, tanto del Perú como del extranjero. Y no se equivocó al acoger en las páginas de Amauta a jóvenes escritores, que ahora constituyen las más esclarecidas voces del siglo XX.  
     Nada de pomposidad, ampulosidad, alambicamiento ni grandilocuencia era válido para Mariátegui, sino la limpidez, la idea clara y convicción más que mil palabras vacías. Fue así que con el transcurso del tiempo, se formó en torno a la revista Amauta, una generación de escritores comprometidos. El más claro ejemplo de su influencia se dio en la vocación política de Carlos Oquendo de Amat. El autor de 5 metros de poemas era un poeta esencialmente vanguardista, pero debido a la amistad y pedagogía de Mariátegui, se convirtió en un poeta marxista. Por ese hecho y haber sido elegido secretario general del Partido Comunista Peruano en Arequipa, fue detenido, torturado, enviado al Frontón y de allí desterrado a Panamá para que fuera encarcelado y muera. Pero rescatado por Diógenes de la Rosa de la Cárcel Central de Panamá, llegó a París muy enfermo para después pasar a Madrid. Murió a consecuencia de una tuberculosis terminal en el Hospital de Navacerrada (Guadarrama, España), el 6 de marzo de 1936.
    Con la convicción que proviene de una decisión política determinante, Mariátegui escribió: “Para presentar Amauta, están demás las palabras solemnes. Quiero proscribir de esta revista la retórica. Me parecen absolutamente inútiles los programas. El Perú es un país de rótulos y etiquetas. Hagamos al fin alguna cosa con contenido, vale decir con espíritu. Amauta por otra parte no tiene necesidad de un programa; tiene necesidad tan sólo de un destino, de un objeto”.
    La extraordinaria vocación de Mariátegui de ser a la vez líder y creador de un histórico movimiento cultural y político, tuvo su cauce y expresión en Amauta. En otros términos, Amauta fue una creación genial de Mariátegui. Solo Mariátegui era capaz de crear a la revista como Amauta. Es que no solo se trata de una publicación trascendente, sino que a través de sus páginas, formó una generación de escritores comprometidos. José María Arguedas dijo que leyendo Amauta no solo consolidó su vocación literaria, sino su convicción y convencimiento que un escritor no puede traicionar a la realidad social en que vive. Así nacieron sus grandes novelas debido a la pedagogía de Mariátegui, a su ejemplo y convicción revolucionaria.  
    “El título preocupará probablemente a algunos – escribió Marriátegui --. Esto se deberá a la importancia excesiva, fundamental, que tiene entre nosotros el rótulo. No se mire en este caso a la acepción estricta de la palabra. El título no traduce sino nuestra adhesión a la raza, no refleja sino nuestro homenaje al incaísmo. Pero específicamente la palabra Amauta adquiere con esta revista una nueva acepción. La vamos a crear otra vez”.
    Otra palabra clave en el lenguaje de Mariátegui es “interpretación”. De toda la información que recibía era importante analizar el contenido de los textos, no se detenía en el dato, sino que iba más allá. Sin duda recibía toda clase de revistas y libros, pero se quedaba con la sustancia, con lo trascendente. Es fácil deducir este hecho teniendo en cuenta su correspondencia, le escribían muchas personas enviándole colaboraciones y casi no publicaba todo cuanto recibía. Algunas personas afirmaban que Mariátegui recibía información de países socialistas, pero en una ocasión que Ángela Ramos (Mundial. Lima, 23 de julio de 1926. Entrevista a José Carlos Mariátegui) le preguntó:
   -¿Cómo hace usted para vivir al corriente de la actualidad internacional y referírnosla sin engañarse y sin engañarnos?
   Mariátegui respondió: “Trabajar, estudiar, meditar. Alguien me ha atribuido la lectura de revistas checoeslavas y yugoeslavas. Puede usted creerme si le afirmo que mis fuentes de información son menos exóticas y que no conozco lenguas eslavas. Recibo libros, revistas, periódicos de muchas partes, no tantos como quisiera. Pero el dato no es sino dato. Yo no me fío demasiado del dato. Lo empleo como material. Me esfuerzo por llegar a la interpretación”.
    La decisión de publicar Amauta llegó cuando Mariátegui se convenció que había llegado el momento decisivo como histórico. Ni un día más ni un día menos, todas las corrientes y voluntades de hombres y mujeres libres, confluyeron para que naciera una voz que uniera todas las voces dispersas. Había que empezar una labor intelectual con una evidente proyección para contribuir con la construcción del socialismo peruano. No era una tarea fácil. Menos teniendo en cuenta que el gobierno de Leguía, ejercía una constante presión para acabar cuanto antes la circulación de Amauta.
     Sin embargo, Amauta nació para conocer mejor el Perú del siglo XX. “El objeto de esta revista – escribió Mariátegui -- es el de plantear, esclarecer y conocer los problemas peruanos desde puntos de vista doctrinarios y científicos. Pero consideraremos siempre al Perú dentro del panorama del mundo. Estudiaremos todos los grandes movimientos de renovación políticos, filosóficos, artísticos, literarios, científicos. Todo lo humano es nuestro. Esta revista vinculará a los hombres nuevos del Perú, primero con los de los otros pueblos de América, enseguida con los de los otros pueblos del mundo”.
     Una pregunta que se formulan quienes escriben acerca de Mariátegui es ¿cómo hacía para tener una permanente información del Perú y extranjero? Sobre todo para leer libros de mayor trascendencia teniendo en cuenta su estado de salud y precaria economía. Lo que sucedía es que Mariátegui era absolutamente selectivo y rigurosamente crítico. Dueño entonces de una visión zahorí, Ángela Ramos le preguntó: (Mundial. Lima, 23 de julio de 1926. Entrevista a José Carlos Mariátegui).
    -¿Tiene usted comunicación directa con centros, periódicos o personas empeñadas en la labor de justicia social que preocupa a la humanidad en la hora presente?
    Mariátegui respondió: “Pero naturalmente vivo en espontánea relación con algunas gentes del extranjero. Con núcleos y revistas de Hispanoamérica sobre todo. También con algunas gentes de Estados Unidos y Europa. Los últimos correos me han traído algunas cartas interesantes. Waldo Frank, el gran norteamericano, agradece, en un artículo mío publicado en el Boletín Bibliográfico de la Universidad de Lima, un saludo de Sudamérica. Henri Barbusse me escribe: ‘Más que nunca nos ocupamos de agrupar las fuerzas intelectuales internacionales. Buscamos la fórmula amplia y humana que nos permitirá apoyarnos los unos en los otros y suscitar, entre los trabaja­dores del espíritu, defensores del porvenir. Para esto me pondré sin duda algún día en relación con usted, pues yo pienso que usted representa en su país los elementos osados y lúcidos que hay que llegar a unir en bloque”.
    Con el tiempo las proféticas palabras de Mariátegui se convirtieron en una realidad al haber cumplido con el proyecto de editar una revista que tradujera las pulsaciones históricas de la época. Aglutinó a la inteligencia más esclarecida, a escritores, intelectuales y artistas decididos a cambiar el curso de la historia cultural. A pesar de todas las dificultades económicas y abusos de la insoportable dictadura de Guillermo B. Leguía y odio a la inteligencia de parte de la derecha hispana-criolla, supo imponer su voluntad y esperanza para contribuir con un destino superior para el Perú.
    “Nada más agregaré – escribió--. Habrá que ser muy poco perspicaz para no darse cuenta de que al Perú le nace en este momento una revista histórica”.
                                                                                             (2016)

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viernes, 9 de septiembre de 2016

EL PLAGIO Y EL PODER JUDICIAL



    


 ¿Cuántas personas purgan condena por delito de plagio en el Perú e indemnizado al agraviado de acuerdo a la legislación? No hay nadie que haya sido ejemplarme sentenciado, encarcelado ni cumplido con pagar la reparación civil por el delito cometido. Jamás el Poder Judicial impuso una sentencia para que nunca más nadie   vulnere los derechos intelectuales ajenos. Sin embargo, hay numerosos juicios que han quedado en nada o las sentencias fueron benevolentes, frágiles y hasta irrisorias. Así, el plagio se ha convertido en un hábito académico normal, en un censurable acto intelectual, en un hecho que deforma el sentido de la educación, en una franquicia adquirida por el hecho de apropiarse parte de una obra de creación. No pasa nada.
    La Ley sobre Derechos de Autor fue establecida por el Decreto legislativo No. 822 y data de 1996. Es un texto coherente y sencillo, pero desgraciadamente no se cumple como muchas que son “letra muerta”. Sin embargo, contiene en la parte final un texto llamado Disposiciones transitorias, conceptos redundantes que sin duda no se han aplicado: “Los derechos sobre las obras y demás producciones protegidas de conformidad con la ley anterior, gozarán de los plazos de protección más extensos reconocidos en esta Ley. Segunda.- Los títulos de los diarios, revistas, programas, espacios radiales y televisuales, noticieros cinematográficos y, en general, de cualquier otra forma de publicación o difusión a que hacía referencia el inciso c) del artículo 60 de la Ley No. 13714, al haber sido excluidos del ámbito de la presente ley, seguirán gozando de protección por el término de un año contado a partir de la entrada en vigencia de esta ley. Tercera.- Las sociedades de gestión colectiva que vengan funcionando de conformidad con el artículo 146 y siguiente de la presente ley, se adecuarán a lo dispuesto en la presente norma, en un plazo no mayor de tres meses, contados a partir de la entrada en vigencia de esta ley. Cuarta.- Las normas de procedimientos contenidas en el presente Decreto Legislativo serán de aplicación a los procedimientos iniciados”.
   No hay necesidad de comentar esta ley, pero resulta indispensable hacerse una pregunta grave: ¿Cuántas tesis han sido plagios de plagios y servido para obtener grados académicos en las universidades del Perú? ¿Qué pasaría si se estableciera un proceso de revisión de las tesis presentadas en las universidades nacionales, privadas, universidades a distancia, institutos superiores tecnológicos, academias y otras instituciones donde se forman la mayoría de profesionales peruanos? Seguramente que la gran mayoría de graduados tendría que devolver el título si se comprobara que contienen plagios. Ahora es muy tarde y sería una tarea francamente complicada. Sin embargo, no es posible generalizar, hay quienes después de trabajar adecuadamente una tesis, convirtieron sus textos en libros singulares. Generalmente ocurre eso cuando el autor hace una investigación extraordinaria del tema tratado.  
    ¿Cuál es el origen para que no haya rigor de investigación científica en las universidades e institutos superiores? Se trata de una deficiente formación académica de los docentes. Ese es el origen de la vigencia e impunidad al plagio, pero no se quiere aceptar. Si no hay un riguroso proceso de investigación, difícilmente los alumnos podrán adquirir instrumentos de análisis por su propia cuenta. Todos recurren a internet, profesores y alumnos y sin duda ayuda mucho, pero no es un medio de comunicación masivo infalible, el plagio es una acción permanente. Sin embargo, se ha convertido en una fuente indispensable.
    Durante los últimos quince años se han creado en el Perú “universidades como cancha”, cuyos dueños no son precisamente filósofos, pedagogos, intelectuales, escritores y mucho menos investigadores sociales. En su mayoría son comerciantes, personas vinculadas a la política criolla, oportunistas, tránsfugas y lobistas criollos. Ellos como propietarios designan rectores y docentes, deciden la orientación del sistema educativo desvinculado a la realidad nacional. ¿Entenderán ese término? No. Esa es la razón de la paupérrima calidad educativa.  El Perú es uno de los países con más número de universidades en Sudamérica después de Brasil con una población de 205’ 716,89 habitantes y tiene 197 universidades. En el Perú con una población aproximada de 30 millones de habitantes hay 140 universidades.
    La mayoría de universidades peruanas tienen pésima formación académica probada. 76 poseen autorización oficial y las demás funcionan en condición provisoria. ¿Qué entidad autorizó la proliferación de tantas universidades mediocres? Un anodino ente llamado Consejo de Evaluación, Acreditación y Certificación de la Calidad de la Educación Superior Universitaria (CONEAU). ¿Hasta cuándo aparecerán más universidades como hongos en la selva? Varias de ellas funcionan provisoriamente y prometen a los alumnos “regularizar  lo más antes posible”.   
     Pero, ¿qué es un plagio? En síntesis es un delito probado contra los derechos de autor como contra los derechos morales. No es solo un acto penado, pero sucede que en el Perú las leyes no se cumplen. Según el Diccionario de la lengua española, plagiar es “copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias”. Bien podríamos decir que el verbo plagiar funciona impunemente todos los días. Entonces, tú plagias, él plagia, nosotros plagiamos, ellos plagian, vosotros plagiais, etc., etc.
    Leo en internet, como en revistas, textos de crítica, manuales de Historia de Literatura Peruana, acerca de la biografía de Oquendo y compruebo que hay evidentes plagios de mi libro: “Carlos Oquendo de Amat. Cien metros de biografía, crítica y poesía de un poeta vanguardista itinerante. De la subversión semántica a la utopía  social”.  (Editorial Horizonte, Lima, 1998. UNA, Puno, 2016). Este libro me ha dado mucho honor y ha sido citado por críticos y escritores que han reconocido su valor histórico, Carlos Germán Belli, Ricardo González Vigil, Ricardo Silva Santisteban, Manuel Pantigoso, Arturo Corcuera, Winston Orrillo, Antonio Melis,  Riccardo Badini, Justo Jorge Padrón, Dasso Salvívar (biógrafo de Gabo), etc., etc.
    No hablaré de Alberto Mostajo, poeta vanguardista que finalmente regresó del olvido y fondo del averno. Todo plagio corroe la moral pero no es una razón para dejar de escribir. Entonces, habrá que decir, a más plagio y envidia, la respuesta es escribir más y mejor, no solo para tener el efímero honor de ser plagiado.