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lunes, 23 de junio de 2014

JOSÉ GABREL TÚPAC AMARAU II Y LA UTOPÍA DEL SIGLO XXI




Uno de los personajes importantes en la historia de la humanidad es sin duda José Gabriel Túpac Amaru II. No se trata solo de un precursor de la Independencia de América y del Perú, sino que su sacrificio y vocación libertaria, lo sitúa entre los luchadores, líderes que al fin y al cabo, salvó a millones de seres humanos de la esclavitud, la expoliación y del dolor humano. Sin embargo, en gran parte depende de los instrumentos de análisis que se maneje, como de la filiación ideológica del  historiador o persona, que diseñe su paradigmática personalidad. Significa entonces, que nadie está fuera de las influencias del estamento social que representa y modas académicas, como es el caso de la llamada historia conceptual. Pero siendo el tema  tan amplio, conviene situar a los diversos tupacamaristas, de acuerdo a los conceptos que emiten, discursos epistemológicos, ideas centrales que suscriben, la forma como entienden el significado del proceso histórico y desarrollo de las mentalidades. 
    La bibliografía sobre José Gabriel Túpac Amaru ahora es frondosa, más aun si se tiene acceso a documentos originales que fueron incautados luego que fuera asesinado. La Colección Documental de la Independencia del Perú,  1 a cargo de la Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia del Perú en 1971, ha sido valiosa como determinante. Esos libros ahora facilitan el acceso a fuentes documentales, eficientemente transcritas. Así, la historiografía viene a ser el registro escrito de la historia, el catastro de  la memoria a través de textos para mantener la visión  y  curso del pasado. La historiografía peruana del siglo XX, estuvo muy marcada por conceptos provenientes de la Escuela de los Annales, fundada por Lucien Febvre y Marc Bloch en 1929, cuando eran docentes en la Universidad de Strasburgo.
    Esta corriente permitió registrar una distinta historia que tomó en cuenta la geografía, la economía y cosmovisión de las distintas sociedades humanas. Marcó el desarrollo para el análisis de los estudios de las ciencias sociales y abrió espacios a otros factores para la creación de nuevas investigaciones. Bloch, miembro de la Resistencia francesa y judío, fue torturado y asesinado por  la Gestapo, pero Febvre continuó con la publicación de los Annales. Años después, Fernand Braudel, se convirtió en uno de los impulsadores de esta escuela. Los trabajos del historiador francés  conocidos como la “segunda generación”, influyó en la formación de Pablo Macera y sus discípulos de la UNMSM. Braudel renovó el concepto de historia al teorizar en el análisis de los hechos históricos, las llamadas "duraciones de la historia" que son: la corta, mediana y larga duración.
     Entonces, hay varias clases de tupacamaristas tanto en el Perú como en Bolivia, donde la presencia de Túpac Catari, ha sido revalorada debido al proceso histórico boliviano. No escapan a este esquema tentativo de clasificación teniendo en cuenta las mentalidades, los historiadores extranjeros desde Boleslao Lewin hasta Jan Szeminski. Cuando decimos mentalidades, es el mismo concepto que ha sido usado desde principios del siglo XX, para definir las estructuras sociales como expresión de la cultura. Su estudio está relacionado a la historiografía moderna o denomina "historia de la sensibilidad". Tiene en cuenta las experiencias de vida diaria y sirve de complemento en el  estudio de la macro-historia. La historia de las mentalidades ha servido para escribir la historia cultural, pero sobre todo para reconstruir los imaginarios sociales.
    Así entonces, quienes han trabajado el tema de Túpac Amaru II, pueden ser clasificados como:   
Tupacamaristas promonárquicos.
Tupacamaristas del orden.
Tupacamaristas reformistas.
Tupacamaristas de la rebelión 
Tupacamaristas anticriollos
Tupacamaristas legalistas
Tupacamaristas ideologizados
Tupacamaristas independentistas
Tupacamaristas académicos
Tupacamaristas radicales
Tupacamaristas libertarios
Tupacamaristas utópicos
Tupacamaristas desideologizados
Tupacamaristas descolonizantes
Tupacamaristas y la utopía del siglo XXI.    
    Pero más allá de este esquema conceptual para entender mejor a quienes se han ocupado de José Gabriel Túpac Amaru, asistimos ahora a la necesidad de revalorar la gesta iniciada por tan importante precursor americano, frente a los festejos oficiales del Bicentenario de la Independencia. Todos sabemos que la intención de conmemorar esa fecha, tiene como propósito mantener y perpetuar una visión parcial, particularmente antitucamarista y antibolivariana de la historia. De dividir, parcelar y tergiversar la memoria social, de manipular el imaginario colectivo a través del poder mediático y uso de los poderes fácticos. Se dirá otra vez que el Perú es libre e independiente, gracias a la generosidad del general José de San Martín, Argentina y Chile, que desde el 28 de julio de 1821 el Perú es un país soberano. Tanto José Gabriel Túpac Amaru como Simón Bolívar, no ocuparán el lugar que les corresponde, cuando se refieran a una historia construida a la medida de una clase política, que ha nos llevado al hartazgo social, a la desesperanza y al límite del desencanto.                  
    Lo primero que habría que hacer es leer, comparar y analizar dos documentos históricos: El Bando de Túpac Amaru II que se refiere a la abolición de la esclavitud  que empieza diciendo: Don José Gabriel Túpac Amaru, indio de sangre real de los Incas y tronco principal. Leído en el Santuario de Tungasuca, provincia de Tinta, el 16 de noviembre de 1780, 2 con el que inicia la gran rebelión de Túpac Amaru.  Y el texto suscrito por el general José de San Martín, que fuera leído desde el balcón del cabildo de Lima: Desde este momento el Perú es libre e independiente. Pero resulta que como dice Heraclio Bonilla: “Con todo, la declaración de 1821 tuvo más un efecto simbólico que consecuencias prácticas visibles y durables. No solo porque las tropas realistas continuaron en el espacio peruano que inclusive permitiéronse ocupar Lima, sino que la clase política con posibilidad de asumir el control del Estado nacional no pudo terminar de resolver la incertidumbre nacida en su arraigada vocación colonial y su inesperado pero problemático destino como dirigente de una nación independiente. Por eso fue necesaria la presencia de Bolívar y las tropas coloniales quienes con las armas en la mano en Junín y Ayacucho de 1824, impondrían un hecho consumado  y terminarían con las vacilaciones”. 3
     Con todos los defectos y consecuencias históricas, el Perú liberado de España, pasó a depender de la influencia británica, debido a que nunca tuvimos una clase política con vocación libertaria. Por eso, la pregunta de Alberto Flores Galindo es aleccionadora: “¿Fue inevitable que el Perú pasara de la órbita española a la hegemonía británica? Hace algunos años, los historiadores influidos por la llamada ‘teoría de la dependencia’, acostumbrados a periodificar la historia peruana desde la metrópoli, no habrían dudado en responder afirmativamente. Se razonaba el pasado como un proceso único en el que la forma como se desenvolverían los acontecimientos, resultaba  necesariamente inevitable. Pero ahora,  dejando atrás determinismos, nos sentimos inclinados a pensar que en el pasado como en el presente, siempre hay más que una alternativa y que los desenlaces son el resultado de combinaciones, siempre específicas, entre determinaciones estructurales y voluntades tanto individuales como colectivas. En la historia está en juego las aspiraciones y los proyectos de los hombres”. 4     
  Entonces, la pregunta que llega desde el fondo de los siglos es: ¿Qué hacer ahora frente a la distinta y alucinante realidad peruana? La respuesta es: Refundar el Perú. Refundar la política,  tal como lo propusiera Javier Diez Canseco 5 en una entrevista que ahora significa una obligación y un deber. Refundar la inmarcesible esperanza colectiva. Y ¿qué significa refundar?, según el Diccionario de Real Academia (2010), refundar es  “Volver a fundar algo. Revisar la marcha de una entidad o institución, para hacerla volver a sus principios originales o adaptar éstos a los nuevos tiempos”. En otras palabras, significa reedificar, reconstruir, reestructurar, recuperar lo esencial, volver a las raíces, remontar río arriba para llegar a los manantiales prístinos, regresar al embrión, a los orígenes para hacer del Perú una patria donde impere una auténtica democracia, la plenitud de la justicia social,  el irrestricto ejercicio de los Derechos del hombre y del ciudadano así como los Derechos humanos.       
    Ninguna Constitución Política, ha sido capaz de reflejar la realidad nacional cambiante, que en casi 200 años, dialécticamente hablando ha cambiado mucho pero sigue siendo la misma. Todas fueron redactadas a espaldas del pueblo peruano que soporta el peso de una República secuestrada, como dijo Jorge Basadre. Pero el Perú oficial se propone celebrar 200 años de dolorosa existencia, como si hubiera logrado alcanzar siquiera en parte las propuestas del Primer Congreso Constituyente de 1822, siendo el general José de San Martín, Protector del Perú. Cuando en verdad no hay mucho que conmemorar, menos festejar si se hace balance y liquidación severo, un análisis histórico crítico y se llega a la conclusión que durante este tiempo, el Perú ha hecho un viaje a la miseria, a la soledad social, a la exclusión, al exterminio de muchos pueblos vulnerables, especialmente de la Amazonía peruana.
     Será un tiempo perdido de asistencia a tedeums, a muchas misas, a espectar desfiles, escuchar discursos, concesión de condecoraciones, colocación de primeras piedras, repartija de medallas, nombramiento de comisiones, inauguraciones de obras inexistentes, inconclusas o cambios de placas para hacer ver que se hacen muchas obras en beneficio del pueblo. Cuando debería ser más bien un tiempo de la reflexión y análisis, de hacer una revisión de la historia oficial, de participar de una convocatoria amplia para saber de dónde venimos y hacia dónde vamos. De allí la necesidad de rescribir la historia desde el punto de vista dialéctico, desde una nueva visión para revisar cuanto se ha escrito para volver a tener fe y esperanzas en el futuro.   
    No tiene sentido repetir una historia llena de falsedades e imposturas, de mentiras y escrita aceptando el encargo de quienes nunca debieron haber gobernado el Perú, todo para justificar la pobreza, la violencia social y abandono de las grandes mayorías. Necesitamos una nueva versión de la historia del Perú, una historia que reconstruya el imaginario social, una historia que no tema a la verdad de los hechos, una historia que nos devuelva la memoria plural violentamente conculcada. Eso no quiere decir tampoco que toda la historia del Perú, haya sido discutiblemente escrita, hay honorables ejemplos como Alberto Flores Galindo, Edmundo Guillén Guillén, Virgilio Roel Pineda y Alfonso W. Quiroz, que han dejado los cimientos de lo que debería ser una nueva historia del Perú.                
     Ninguna Constitución Política del Perú, tampoco consideró ni consignó los históricos e irrenunciables objetivos nacionales, que debieron haberse considerado pero sobre todo logrado en determinado plazo. Hablando en estricto sensu, una  nueva Constitución Política del Perú, viene a ser un proyecto histórico y esa es la razón en parte, por lo que no hemos sido capaces de ser lo que deberíamos haber sido. Por eso, el Perú ha sido y sigue siendo una nave que carece de orientación histórica y brújula de navegación hacia el futuro. Las grandes mayorías desencantadas, no saben hacia dónde van, qué será del Perú en el siglo XXI, si alguna vez será abolido el dolor humano, la pobreza que roe las entrañas de los niños, la miseria que todos los días se sienta al borde la mesa campesina y obrera, pero el pan familiar es cada vez más pequeño y escaso.
   Sin embargo, hubo esfuerzos encomiables pero no se tomaron en cuenta como el trabajo realizado en el Centro Altos Estudios Militares en el Curso de Defensa Nacional en 1986, siendo director el general Sinecio Jarama Dávila. Redactó el Proyecto Nacional del Perú: Teoría, metodología y aplicación 1986-2005, siendo redactor principal e informante Alfonso Klauer Gutiérrez. Pablo Macera hizo aportes importantes acerca de conceptos básicos de un proyecto nacional, sustentados en la historia del Perú. Jarama ni Macera fueron escuchados, quienes redactaron la Constitución actual del Perú, seguramente que ni siquiera los leyeron.
   No se necesita hacer un gran esfuerzo intelectual para resumir todo cuanto se ha discutido hasta la náusea, como decía Jean Paúl Sartre. Bastaría conseguir se consignaran ocho objetivos nacionales concretos, teniendo en cuenta la nueva realidad nacional, en tiempos de la práctica compulsiva de un neoliberalismo visceral, cuando según el ideólogo de la exterminación humana, Francis Fukuyama, todas ideologías han muerto y no habrá pueblos capaces de cambiar el rumbo de la historia. Pero ahora Kukuyama, sus auspiciadores y seguidores, están preocupado porque un fantasma recorre el mundo: la descolonización de la política, de la memoria social, de la educación, de la cultura y de la idea dominante. Tampoco previeron  que casi al final del siglo XX, Mario Bunge, dijera: “La filosofía no ha muerto pero está gravemente enferma” y luego agregara: “Richard Rorty y otros han afirmado que la filosofía está muerta. Yo creo que sigue viva, aunque gravemente enferma. En efecto, la mayoría de los filósofos se limitan a comentar ideas de otros, o a hacer especulaciones estériles: no abordan problemas nuevos, no se enteran de lo que pasa en las ciencias y las técnicas, ni se ocupan de los principales problemas que afronta la humanidad”. 6
     Así entonces, los objetivos nacionales para el siglo XXI podrían ser:
1.- Abolición absoluta de la pobreza en forma gradual en un plazo no mayor de diez años, así como erradicación de la inequitativa distribución del ingreso.           
2.- Fortalecimiento del régimen democrático con representación étnica en el Congreso Nacional y el ejercicio del nuevo Estado de Derecho.
3.- Democratización de la vida política nacional en base a una política cultural, que haga posible un sistema educativo con identidad, pluriculturalidad y conciencia descolonizante.
4.- Industrialización de las materias primas y conversión de las mismas en recursos con valor agregado.
5.- Erradicación las causas objetivas de la violencia social y creación de una doctrina política para la seguridad ciudadana.
6.- Conseguir la descentralización política, económica, administrativa y cultural del Estado Peruano,  para  promover la integración permanente y sostenida del Perú.
7.- Fortalecimiento de un sistema de justicia y lucha contra la corrupción, para evitar la impunidad y los abusos en la aplicación de la Ley.
8.- Respeto y cumplimiento de la Declaración Universal de los Derechos del hombre y el ciudadano, así como de los Derechos humanos.
   Una nueva Constitución Política planteada en estos términos es verdad que resulta, significa referirse a una utopía social para el siglo XXI. Es que no hay otra respuesta histórica. Todas las Constituciones han servido para convertir al Perú, en una geografía rica en minerales y petróleo, libre para el sistemático saqueo a cargo del capital apátrida con la complicidad de la oligarquía peruana y, líderes políticos deshonestos que siempre se ha escudado en pactos vergonzosos y el Poder Judicial.  Luego ha venido la invasión de tierras de cultivo y ahora no es extraño, que las aguas del Amazonas y el Titicaca, sean codiciadas por países que en poco tiempo carecerán de agua para  la expansión de sus cultivos y calmar la sed de las grandes ciudades. No hay por qué temer cuando se hace un análisis histórico y se menciona a la palabra utopía. Una utopía es un proyecto posible, es una idea elaborada desde la realidad, es un plan ideal de gobierno.
 El siglo XXI significa un desafío crucial y más aún el 28 de julio del 2014. La alternativa histórica entonces es Refundamos el Perú o seguir siendo una República dependiente de corte colonial. Es que nunca como ahora el Perú, se vio en medio de una encrucijada histórica tan grave, nunca se llegó a un hartazgo tan hondo y visceral. Nunca tampoco la política criolla de la impunidad y judicializada se vio tan desacreditada.  Nunca se llegó a este estado de deslegitimización del poder, nunca el pueblo peruano se sintió tan desilusionado, jamás habíamos llegado a un punto de desencanto y quiebre en el curso de la historia.
 Refundamos el Perú o sucumbimos en un remolino de violencia social, cuya experiencia ha sido nefasta y ojalá nunca más se repitan tantos hechos dolorosos, crueles como inhumanos, cuyas heridas todavía no han cicatrizado. Pero la clase política de la dominación y claudicación, no ha aprendido la lección y eso es grave. Refundamos la política o la impostura, la falta de ética y moral pública, nos llevará al caos y a sucesivos gobiernos de la cleptocracia, del latrocinio, de la impunidad legal, del saqueo de la riquezas nacionales y sistemático empobrecimiento con manipulación de cifras estadísticas.
Antes de año 2014, el Perú en consecuencia, debería tener una nueva Constitución Política y declarar que es una República soberana, pluricultural y multiétnica, inmersa en un proceso de descolonización política y ha dejado de ser para siempre, una República dependiente y de corte colonial.     

          
    
1.- Colección Documental de la Independencia del Perú. Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia del Perú. Talleres gráficos “Cecil”, Lima, 1971.
2.- Bando de Túpac Amaru II.  Don José Gabriel Túpac Amaru, indio de sangre real de los Incas y tronco principal. Bando de 16 de Nvbre. de 1780 para el Cusco para que desamparen  los chapetones  ofreciendo  libertad a los esclavos.
    Hago saber por este a los peruanos vecinos estantes  y habitantes de la ciudad del Cusco, paisanaje de españoles y mestizos, religiosos de todas las que contiene dicha ciudad, clérigos y demás personas distinguidas que hayan contraído amistad con la gente peruana concurren en la distinguida empresa que hago favorable al bien común de este reino por constarme las hostilidades y vejámenes que se experimenta de toda gente europea, quienes sin temor a la majestad divina ni menos obedecer las Reales Cédulas de número, natural Señor, enteramente han preparado los límites de la paz y quietud de nuestras tierras haciendo vejámenes y agravios, aprovechándose del bien común dejando aun perecer a sus nativos. Y como cada de por sí tiene experimentado el riguroso trato europeo, en esta virtud han de concurrir sin excepción de penas a fortalecer la mía, desamparando totalmente a los chapetones y aunque sean esclavos a sus amos con aditamento de que quedarán libres de la servidumbre y esclavitud en que estaban y faltando a la ejecución de lo que aquí se promulga, experimentarán los contraventores el rigor más severo a causa de su desidia, indefectiblemente sean clérigos, frailes o de otra cualquier calidad y carácter. Y para que ninguno alegue ignorancia, mando se fijen estos carteles en los lugares públicos de dicha ciudad. Es fecho en el Santuario de Tungasuca, provincia de Tinta en 16 de noviembre de 1780. José Tupa Amaru Inca
3.-  Alberto Flores Galindo. Compilador. Tomo II. Independencia y revolución (1780-1840). Heraclio Bonilla. Independencia y revolución. Pág. 271. Instituto Nacional de Cultura. El libro popular. 1987, Lima.
4.-  Alberto Flores Galindo. Compilador. Tomo I. Independencia y revolución (1780-1840). La crisis de la independencia: El Perú y Latinoamérica. Pág. 15. Instituto Nacional de Cultura. El libro popular. 1987, Lima.      
5.- Javier Diez Canseco. Refundar la política. La República. Lunes, 14 de septiembre de 2009. 
6.- Mario Bunge. La filosofía está herida, no ha muerto. Tendencias. Entrevista 21. Sábado 26 de abril del 2003.  Internet.