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sábado, 30 de mayo de 2015

EL ESCENARIO CONTINENTAL Y EL BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA





   Cuando en 1923 José Carlos Mariátegui regresó al Perú, trajo concebido un histórico plan de trabajo de largo aliento. Por eso se puso a trabajar metódicamente, a realizar acciones concretas en función a su ideología revolucionaria que había optado en Europa. Quienes conocen su biografía, saben que en veinte años hizo el más grande esfuerzo humano, no solo para crear una obra personal, sino para dotarle al Perú de una orientación histórica distinta y una  personalidad plural. Su corta pero fecunda vida, fue suficiente para realizar la más importante  cruzada social y hacer posible trascedentes proezas históricas. Sin José Carlos Mariátegui, el Perú no hubiera tenido esa antorcha que guía a nuestro  pueblo hacia la conquista de sus derechos inmanentes, a través del tiempo.   
    Su hijo, el siquiatra Javier Mariátegui Chiappe, en referencia a la biografía de su padre ha escrito: “A su regreso de Europa a fines de 1923, se dedicó al periodismo – que mantuvo desde el Viejo Mundo a través de sus Cartas de Italia -,  examinando las ‘figuras y aspectos de la vida mundial’. Participó en la actividad de la Universidad Popular, dictando un curso de ‘Historia de la crisis mundial’, con una exposición desde sus principales escenarios y en cercanía de sus protagonistas.
     En 1924 hace crisis su vieja enfermedad y se salva de la muerte a costa de la amputación de la pierna derecha. Repuesto rápidamente de esta experiencia mutilante, vuelve con más ímpetu a la tarea programada, distribuyendo su tiempo estrictamente, ante la intuición certera de una vida corta.
    Se instala en Lima la Imprenta Editorial Minerva y se dedica José Carlos en su convalecencia a la selección del material gráfico y a la presentación de la revista Amauta. En 1925 aparece La escena contemporánea, compilación de sus artículos publicados en la revista Variedades sobre la situación mundial”. 1 
    La escena contemporánea que este año cumple 90 años de editado, sin embargo mantiene la frescura y trascendencia histórica de los hechos mundiales ocurridos después de la Segunda Guerra Mundial. Mariátegui no solo se refirió a los acontecimientos que corresponden a Europa, sino también a América y el Oriente. Además abarcó la Revolución china, los sucesos referentes a Turquía y la India. Con Mariátegui empieza en el Perú y América, la solidaridad con los movimientos  revolucionarios de los pueblos colonizados. Se ocupó de personajes como Gabriele D’Annunzio, Gandhi, Henri Barbusse, Anatole France, Gheroge Grosz, Máximo Gorki, Filipo Marinetti y el futurismo. 
     Aníbal Ísmodes Cairo en un acertado prólogo dijo: “Es sorprendente la información de que dispuso Mariátegui. Pero no lo supongamos inclinado sobre los libros a manera de rata erudita. Su capacidad genial aprovechaba por todos los poros de su espíritu.  Personaje hubo que supuso a Mariátegui meramente libresco y sin sentido hominal. Después de la experiencia de la charla apareció otra convicción. Es que de los viajeros que cruzaban por entonces el mar océano, Mariátegui fue de los pocos que supo aprender sin frivolidad pero sin acerva densidad. Su erudición no comprendía el recurso de una búsqueda inútil y majadera de viejos infolios”.  2
   Se ha dicho con propiedad que si Mariátegui normalmente hubiera cursado la primaria hasta la universidad, el Perú y América Latina hubieran perdido a un gran escritor, ideólogo y ensayista. Hay muchos trabajos que han tratado de responder a la pregunta ¿cómo se formó Mariátegui? Casi todos coinciden en señalar la voluntad como fuerza de vida frente a la adversidad y el sistemático análisis para entender y explicar la realidad.           
    Aníbal Ísmodes hizo bien en afirmar: “Mariátegui tenía la erudición de la vida diaria y por ello fue el símbolo más real y vigoroso de la inteligencia en el Perú. Parece imposible pensar que en América Latina haya existido un hombre como Mariátegui, a la vez inteligencia, corazón y acción. Por lo mismo, La escena contemporánea, fruto singular de la mentalidad más brillante del siglo en América, nos llega hoy como otrora con la misma esperanza y la misma nerviosa belleza de un estilo sin paralelo en páginas de actualidad inquietante” 3 
     Guiado por sus ideales y compromiso con el Perú, el Amauta se preocupó en desarrollar sistemáticamente un esquema dialéctico de trabajo, que respondiera a su convicción de ensayista e ideólogo. Así se formó el libro La escena contemporánea, aunque al momento de conformar su corpus literario, desechara algunos textos. Por eso en la presentación de su libro dijo: “Sé muy bien que mi visión de la época no es bastante objetiva ni bastante anastigmática. No soy un espectador indiferente del drama humano. Soy, por el contrario, un hombre con una filiación y una fe. Este libro no tiene más valor que el de ser un documento leal del espíritu y la sensibilidad de mi generación. Lo dedico, por esto, a los hombres nuevos, a los hombres jóvenes de la América indo-íbera”. 4 

ESCENARIO CONTINENTAL    
    Al cumplirse 90 años de la edición de ese libro, es preciso preguntase: ¿cómo es ahora la escena continental que nos ha tocado vivir?
    La respuesta es que vivimos un tiempo histórico en que la coloniedad tiene una gran fuerza proveniente del sistema de acumulación de capital, la globalización y renuncia de algunos Estados a su soberanía. El siglo XXI está marcado en parte por las reflexiones de Oswaldo de Rivero, expresadas en su libro El mito del desarrollo. Las economías no viables del siglo 21. En efecto este ilustre analista  ha señalado que: “Muchos creen hoy que el crecimiento del PNB (Producto Nacional Bruto) del Perú, es la señal de que la economía ha entrado en un ciclo virtuoso que lleva al desarrollo. Crecer no es desarrollo, crecer en base a productos primarios mineros lo es menos. El Perú siempre ha exportado productos mineros y nunca ha logrado convertirse en un país desarrollado. ¿Por qué ahora muchos creen que esta bonanza cíclica de los precios de los minerales nos llevará al desarrollo? 5
    Sin embargo, la escena continental es alentadora si se trata de instituciones destinadas a realizar una interacción humana inteligente, para defender intereses mutuos. Por ejemplo:   
    UNASUR.  Se trata de un organismo de carácter internacional “que tiene como objetivos construir una identidad y ciudadanía suramericanas, al igual que desarrollar un espacio regional integrado. Está formada por los doce Estados de Suramérica, cuya población conjunta con más de 400 millones de habitantes representa el 68 % de la población de América Latina.
    La VII Cumbre de las Américas, incluyó la participación de Cuba y el sorprendente nuevo rumbo histórico de las relaciones hemisféricas en el Continente. Sin embargo, no faltaron las opiniones críticas al gobierno de los Estados Unidos, por el “intervencionismo” que ejerce a veces directamente en gobiernos que no se alinean con sus intereses. Los gobiernos de América Latina y el Caribe, unánimemente pidieron que en el futuro se establezca una nueva forma de diplomacia, de modo que el entendimiento entre La habana y Washington, se realice en el marco del respeto al derecho internacional y el principio de no injerencia en los asuntos internos.

BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA
    Todos los países de América han conmemorado la fecha del Centenario de su Independencia, menos el Perú. Este hecho se debe a que en muchos países se celebra la fecha del inicio de la guerra independentista, las primeras acciones para derrotar al yugo español y recordar a sus héroes y heroínas. Pero sobre todo para rememorar la participación política de sus pueblos en la conquista de la libertad y derechos ciudadanos. En el Perú no es así, de modo que José Gabriel Túpac Amaru II, padre de la libertad del Perú y América queda relegado, postergado, ignorado. El Perú oficial conmemora, la proclamación de la independencia por el Protector José de San Martín, realizada el 28 de julio de 1821. Pero no recuerda la batalla de Ayacucho del 9 de diciembre de 1824, que significó la derrota militar del ejército español. Históricamente, sin los triunfos militares de Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, el Perú seguramente que hubiera seguido siendo una colonia.               
    Un historiador como José Tamayo Herrera, ha hecho una importante observación: “¿Son sinónimos los conceptos de emancipación e independencia? Generalmente son usados en forma indistinta, pero conviene precisar un significado más preciso, pues en nuestra opinión, no podemos hablar de una independencia total del Perú, de un rescate pleno de su autonomía, porque al separarse de España, el Perú pese a su esfuerzo emancipador, seguirá sometido a los grandes centros de poder mundial, en este caso al imperio informal comercial inglés, de modo que la dependencia, periodo que se inicia en 1532, con la conquista española, no terminó con las guerras de liberación del siglo XIX, sino que continúa hasta nuestros días.
    Lo que puede afirmarse es que el Perú se emancipó del poder político y militar de  España,  se separó de la metrópoli, adquirió cierto poder de decisión sobre la vida política y militar, pero económicamente siguió siendo una sociedad dependiente, sujeta a grandes centros de poder  económico y político mundial”. 6
    José Matos Mar, debido a que el Perú no pudo consolidarse como una República soberana, poderosa y libre de la influencia externa, lo ha comparado benevolentemente como un archipiélago. Pero es ineludible preguntarse: ¿cuáles han sido las causas políticas para que no hayamos sido capaces de refundar el Perú? ¿Por qué teniendo un vasto territorio tan rico hay cada vez más pobres? ¿Cuáles son las causas de la violencia social por la que hay más muertos obreros y campesinos? ¿Es imposible cerrar los abismos sociales que separan a millones de ciudadanos peruanos? ¿Cuánto tiempo más tienen que esperar los niños que nunca recibieron el pan que les corresponde? ¿Por qué no tenemos objetivos históricos que se deben cumplirse en determinado plazo? Una pregunta más: ¿Quién sabe hacia dónde va el Perú en pleno siglo XXI?         
    José Luis Rénique ha dicho a este respecto: “La derrota con Chile aparece como un hito fundamental en esta historia de incertidumbres. Bajo su sombra se produce un cambio cualitativo en la naturaleza del debate sobre la nación: trasciende los marcos institucionales, comienza a incorporar complejas dimensiones socioculturales e identitarias; reaparecen, con vigor inesperado, temas vinculados a nuestro ‘pasado inmemorial’ ¿Era la conquista hispana nuestro pecado original o el inicio real de la peruanidad? Y el legado pre-hispano, ¿recurso u obstáculo para la forja de una nación integrada? ¿Refundación o continuidad, cuál era la vía idónea frente al reto de la modernidad?  La construcción de una voluntad colectiva se convierte, a partir de entonces en tema de angustiante relevancia. De la ‘sociedad enferma’ de Manuel González Prada al ‘resurgimiento andino’ de Luis Valcárcel, entre la depresión y la euforia oscila la búsqueda de nación”. 7  
    Para mirar el horizonte histórico con optimismo, tener esperanzas en el futuro y en la capacidad de los cambios sociales que generan los movimientos sociales, es preciso tener una idea cabal de lo que ha sucedido durante estos últimos años, hacer un balance para avizorar el futuro. Julio Cotler ha señalado: “En conclusión, a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado, la relación entre el capitalismo y democracia, entre acumulación privada y participación política, han dado, lugar a insalvables conflictos debido al carácter antagónico de los actores y la débil autonomía estatal para conciliar diferentes intereses, determinando la consecución  de sucesivas crisis que han abarcado al conjunto del orden social  8 
    La pregunta de fondo es entonces: ¿Qué hacer frente a la dolorosa realidad que no ha cambiado desde la colonia ni durante la República? La respuesta histórica es:   

REFUNDAR EL PERÚ
   Fue José Carlos Mariátegui el primer escritor en advertir que la República del Perú fue fundada de espaldas a la realidad nacional. Pero ahora frente a la abundante bibliografía que señala los males, defectos y vicisitudes de la vida republicana, parecería que todo ha sido analizado a tal punto que las palabras sobraran. Ante la realidad de un masivo desencanto social, de un manifiesto hartazgo de las grandes mayorías atrapadas en la miseria, después de esperar tantos  años lo que tanto se les debe. Es evidente que se ha perdido la esperanza de vivir en una sociedad mejor, porque no se ha cumplido con la promesa de construir una cultura en la que se pueda vivir sin miedo a la pobreza, a la violencia y a la soledad.
    De allí la histórica necesidad de refundar el Perú, es decir de volver a fundar la República, la Nación y el Estado Peruano. Según el Diccionario de la Real Academia, Refundar es “revisar la marcha de una entidad o institución, para hacerla volver a sus principios originales o para adaptar estos a los nuevos tiempos”. Jorge Basadre decía que: “La independencia terminó siendo una revolución no cumplida”. Y Pablo Macera dijo: “Secuestrada,… en gran parte por los enemigos de la revolución, que se convierten (algunos de ellos) en gobernantes de la República”. 9   
    Este es el desafío del tiempo histórico que no ha tocado vivir. Para refundar el Perú es necesario la convocatoria a una Asamblea Constituyente que promulgue una nueva Constitución Política del Perú. Este hecho no será concedido graciosamente por las fuerzas dominantes y comprometidas con el status quo. Tendrá que ser realizado por grandes movimientos regionales ideologizados y organizados para cambiar de rumbo la historia del Perú. A las grandes mayorías descalzas no les gusta la pobreza, están cansadas de ser estropeadas y recibir dádivas a base de programas sociales coyunturales. Sin embargo, todo indica que las clases dominantes no han aprendido las lecciones de la historia ni les interesa el futuro y están seguras que nada extraordinario sucederá, pero no es verdad. No se trata de alentar la violencia social sino el inicio de un histórico proceso de decolonización sistemática.
    Sin embargo, con ocasión del Bicentenario es oportuno propiciar la construcción de un monumento en la ciudad del Cusco, para reunir los diseminados restos humanos de José Gabriel Túpac Amaru II. Lo acompañen Micaela Bastidas, sean repatriados los restos de Fernandito Túpac Amaru, que reposan en una fosa común de Madrid. Como también reciba el Perú los restos de Juan Bautista Túpac Amaru Monjarrás, hermano de José Gabriel, que permanecen en el Cementerio de La Recoleta de Buenos Aires. Sin olvidar recuperar los que corresponden a Juan Basilio Catacora Heredia que están en el templo de La Merced, fue miembro de la Junta Tuitiva de La Paz, (Alto Perú), que en 1809 proclamó la Independencia de América. Son actos mínimos que el Perú debería realizar para honrar la memoria de quienes se inmolaron y tengamos una patria mágica, maravillosa y trágica.
                                                                                                      (2015)
1.- Javier Mariátegui Chiappe. José Carlos Mariátegui: Formación, contexto e influencia de un Pensamiento. Universidad Ricardo Palma. Editorial Universitaria. Imprentas Wari. Pág.33.  2012. Lima.
2.- Aníbal Ísmodes Cairo. En José Carlos Mariátegui. La escena contemporánea. Empresa Editora Amauta. Pág. 9. 1985. Lima
3.- Ibíd. Pág. 10.
4.- José Carlos Mariátegui. La escena contemporánea. Empresa Editora Amauta. Pág. 12. 1985. Lima
5.- www.voltarie net. Org/artide 150065.html. El Perú envuelto en el mito del desarrollo. Oswaldo de Rivero, 17 de julio del 2007.
6.- José Tamayo Herrera. Nuevo compendio de Historia del Perú. Editorial Universitaria. Universidad Ricardo Palma. Pág. 111-112. Imprenta Wari, 2010. Lima.
7.-  Luis Pásara, editor. Perú ente los desafíos del siglo XXI. José Luis Rénique: Esperanza y fracaso en la historia del Perú. Pág.457. Fondo Editorial de la Universidad Católica del Perú. 2011, Lima,
8.- Luis Pásara, editor. Perú ente los desafíos del siglo XXI. Julio Cotler. Capitalismo y democracia en el Perú. Pág.519. Fondo Editorial de la Universidad Católica del Perú. 2011, Lima,
9.- Pablo Macera. Conversaciones con Basadre. Pág. 137. Mosca azul editores. Industrial Gráfica S.A. 1969. Lima,

jueves, 7 de mayo de 2015

AMIEL CAYO: DANZANTE DE FUEGO Y TERNURA





    Roland Forgues, el insigne peruanista francés, no solo ha estudiado la literatura peruana, sino que sistemáticamente ha reconstruido nuestra personalidad colectiva mágica y el subconsciente común  cosmogónico. En otras palabras, lo que ha realizado es forjar un renovado concepto del Perú, que debería servirnos para una nueva reflexión, respecto a un histórico destino que no hemos sido capaces de proponernos.  Al referirse a la función ontológica de la crítica en comparación a la danza de las tijeras ha escrito: “Siempre he pensado que la crítica literaria es una danza de tijeras es un baile de duendes, donde crítico y escritor se retan para dilucidar el misterio de la creación literaria, en el caso del crítico, o, al contrario, para preservarlo, en el caso del escritor. Lo que los unen es ciertamente la imaginación creadora, emblematizada en la tijera, que además de instrumento musical es también una pose erótica que conduce al orgasmo de la creación”.  1
     Lo que ha realizado Amiel Cayo es precisamente incidir en lo que Forgues llama la imaginación creadora; es decir, la continuidad y renovación respecto a la existencia de un personaje mítico, no solo en la literatura peruana, sino en la música, la ficción literaria y cosmopercepción andina. En efecto, como él mismo señala: no pretende hacer un trabajo de antropología ni narrar desde una vertiente que pertenece solo a la música, la poesía y la narración. El libro referente a Willka Nina, es un personaje que viene a ser el hijo del Wamani, en una narración que se refiere a la vida de Atoq Sayku, discípulo del maestro Rasu Ñiti, personaje de un cuento de José María Arguedas. 2
   Atoq Sayku, heredero de los secretos de la magia de la danza de las tijeras, se convierte, debido a la creación de Amiel Cayo, en el mentor de Willka Nina,  quien en la vida ficcional es el pequeño Josué, hijo del Wamani. Willka Nina traducido al español quiere decir El fuego que danza. El libro titulado “Willka Nina. El hijo del Wamani”, 3  es un relato que se refiere precisamente al niño Josué, quien debido a los poderes de los seres tutelares cosmogónicos, siente el llamado para convertirse en danzante de tijeras. Es un niño que al quedar huérfano de padre y madre, huye de la crueldad de una persona que lo maltrata, para convertirse en un prodigioso danzante de tijeras.
      Tal vez Amiel Cayo, no se haya propuesto conscientemente, crear un personaje que continué y prolongue el relato de Arguedas. Es decir, que al morir Rasu Ñiti, se encarne después de muchos años en el niño Willka Nina. Muchas veces el escritor no advierte lo que la crítica sí puede, como dice Roland Forgues, ambos danzan con sus propias tijeras, un ritmo único y a la vez distinto. En efecto, José María Arguedas empieza narrando:       
   
     Estaba tendido en el suelo, sobre una cama de pellejos. Un cuero de vaca colgaba de uno de los maderos del techo. Por la única ventana que tenía la habitación, cerca del mojinete, entraba la luz grande del sol; daba contra el cuero y su sombra caía a un lado de la cama del bailarín. La otra sombra, la del resto de la habitación, era uniforme. No podía afirmarse que fuera oscuridad; era posible distinguir las ollas, los sacos de papas, los copos de lana; los cuyes, cuando salían algo espantados de sus huecos y exploraban en el silencio. La habitación era ancha para ser vivienda de un indio.
     Tenía un troje. Un altillo que ocupaba no todo el espacio de la pieza, sino un ángulo. Una escalera de palo de lambras servía para subir al troje. La luz del sol alumbraba fuerte. Podía verse cómo varias hormigas negras subían sobre la corteza del lambras que aún exhalaba perfume.
     —El corazón está listo. El mundo avisa. Estoy oyendo la cascada de Saño. ¡Estoy listo! Dijo el dansak’Rasu-Ñiti. .
     Se levantó y pudo llegar hasta la petaca de cuero en que guardaba su traje de dansak y sus tijeras de acero. Se puso el guante en la mano derecha y empezó a tocar las tijeras.
     Los pájaros que se espulgaban tranquilos sobre el árbol de molle, en el pequeño corral de la casa, se sobresaltaron.
     La mujer del bailarín y sus dos hijas que desgranaban maíz en el corredor, dudaron.
     —  Madre ¿has oído? ¿Es mi padre, o sale ese canto de dentro de la montaña? —preguntó la mayor.
     — ¡Es tu padre! —dijo la mujer.

      Una vez muerto Rasu Ñiti, según el cuento de Arguedas, no dejó herederos; es decir, quién recibiera sus dones mágicos, capacidad de danzante, agilidad, pasos intrincados, saltos, quiebres, redobles de pies, ni magia para hacer sonar las tijeras. Hasta que Amiel Cayo concibió la idea de crear a Willka Nina. Así, ahora estamos ante un libro que significa la continuidad ficcional debido a un artista multifacético, actor singular, dramaturgo y danzante de la palabra que congrega fuego y ternura. Pero no se puede hablar de la danza de las tijeras sino se tiene en cuenta esa música singular interpretada con violín. Aquí es preciso pregustarse qué pensaba Arguedas acerca de la música andina.         
    William Rowe en su libro: Ensayos arguedianos, señala que: “Por conveniencia, se puede dividir la reflexión de Arguedas sobre la música en cuatro momentos. El primero abarca a los años 1936 a 1942 e incluye la novela Yawar fiesta y una serie de ensayos sobre la canción mestiza; el segundo coincide con la composición de Los ríos profundos y la investigación de las propiedades onomatopéyicas del quechua; el tercer momento está marcado por   una mirada histórica sobre las variedades del canto andino; el momento final es de El Zorro de arriba y el zorro de abajo, en el que la música deviene en un campo múltiple de objetos vibrantes”. 4   
    Debido sobre todo a los movimientos sociales, necesarios cambios ocurridos por la movilización, acción migratoria, desplazamientos masivos y crisis del actual sistema colonial republicano, muchos conceptos han cambiado. Asistimos a un indetenible proceso de decolonización cultural paulatina, de modo que la idea dominante ya no es la misma. Ahora es discutible, debido a la mundialización de la cultura, el poder de los medios de incomunicación que determinan, qué es cultura y qué ignorar la gran mayoría de ciudadanos. Para escritores como Mario Vargas Llosa, la cultura andina es un lastre, una fatal herencia que debería desaparecer. En cambio, no pensaban así José Carlos Mariátegui, Luis E. Valcárcel, Jorge Basadre, Edmundo Guillén Guillén, Alberto Flores Galindo y Carlos Iván Degrégori;  menos ahora Roland Forgues, Antonio Melis, Ricardo Badini, Hernán Amat Olazábal, Ricardo Melgar Bao y Edgar Montiel, la cultura andina es inherente al pasado y futuro del Perú.      
     Para recordar el pasado Willian Rowe en 1996 decía: “La música, más que cualquier otra práctica cultural andina, modelaba la visión de Arguedas, no solo sobre el Perú sino también sobre el quehacer literario. Pero él no podía llegar a esa concepción sin enfrentar el desprecio de las prácticas culturales indígenas y mestizas.  Ese desprecio se expresaba en la negativa a considerar esas prácticas dentro de la misma categoría que las que gozaba – por semejanza -  del prestigio de lo europeo. ‘Idolatría’ y ‘superstición’ forman parte de esta especie de ghetto clasificatorio y semántico que amurallaba esa cultura no-occidentalizada e impedía pensarla en el mismo plano que la otra.  El término folklore por eso servía para contrarrestar el dualismo discriminatorio, al prestar la dignidad de un campo de estudio académico, inventado en Europa.  Otro término clave en la batalla semántica era la palabra ‘arte’, que se reservaba para las actividades de una minoría ‘educada”. 5    
    Es que si no tenemos memoria social, será imposible Refundar el Perú para que sea posible la concurrencia de todas las culturas, se hagan realidad todos los derechos y sobre todo se rescate y reivindique la condición humana de todos los peruanos. Pero volvamos a Roland Forgues, que en su libro “La danza de los duendes”, estudia a Flora Tristán, Vallejo, Mariátegui, Martín Adán, Arguedas, Scorza y Vargas Llosa. Se trata en realidad de un libro que abarca todos sus trabajos de crítica interdisciplinaria a los más importantes escritores peruanos. Lo sorprendente y maravilloso de sus conceptos, es que la danza de las tijeras es comparada con un juego lúcido y verbal de esgrima literaria. El escritor, el crítico y el lector danzan la misma música pero en distintos compases, espacios  y tiempo. Así se completa la magia de la creación compartida: Forgues dice: “Proyectando en la lectura sus propios fantasmas, para que enriquezcan el texto con nuevas posibilidades interpretativas, a este baile de duendes, se invita también al lector como bailarín clandestino. Así, al reunirse en esa fiesta de la palabra y de la vida de la sagrada trinidad escritor-crítico-lector, la obra de arte adquiere su verdadera ejemplaridad como totalidad encarnada en la fusión de los danzantes. Iluminados por la chispa luciferina de la fantasía creadora, de esta fiesta de Eros y de la Vida somos todos somos felices y partícipes”. 6
   Leamos ahora a Amiel Cayo, para danzar con Willka Nina en medio del universo con la secreta música que emiten las palabras. Todos no convertiremos en danzantes de tijeras para olvidar que la vida es breve y, soñar que es posible vivir sin pensar en la muerte.       

1.- Roland Forgues. La danza de los duendes. Pág. 7. Editorial San Marcos, Lima, 2013.  
2.- José María Arguedas. La agonía de Rasu Ñiti. Taller Gráfico Ícaro. Pág.5. Lima, 1962.
3.- Amiel Cayo. Willka Nina. El hijo del Wamani. Editorial San Marcos, Lima, 2015.
4.- William Rowe. Ensayos arguedianos. SUR. Pág. 36-37. Lima, 1996.
5.- Ibíd. Pág. 41. Lima, 1996.
6.- Roland Forgues. La danza de los duendes. Pág. 8. Editorial San Marcos, Lima, 2013.

domingo, 3 de mayo de 2015

ÚLTIMA ENTREVISTA A CARLOS CALDERÓN FAJARDO



       


      Abril ha sido un mes terrible para cultura y literatura puneña, ha fallecido el notable poeta Efraín Miranda Luján. Desde Caracas me escribe Petra Idielia Hernández de Salazar, para decirme que su esposo, Edgar Salazar Cano, docente de la Universidad de la Sorbona de París, ha muerto. Ha dejado de existir el narrador Carlos Calderón Fajardo. Son tres puneños insignes que supieron desarrollar cada uno su propio destino y admirable trayectoria intelectual. A Edgar Salazar Cano, lo conocí en París en 1972, era un calificado docente en la Universidad de la Sorbona, hijo de Segundo Salazar, gran músico puneño y ciudadano honorable. A Edgar alguna vez le dedicaré una crónica extensa, fue gran amigo y protegió al cantante puneño Wilfredo Melo, más tarde llamado Huáscar Amaru, a quien aconsejaba crear sus propias canciones. Tuvo una trágica.
     Carlos Calderón Fajado llegó a París en 1963, cuando tenía 18 años. Julio Ramón Ribeyro lo acogió y luego lo llevó a casa de Desirée Lieven. La princesa rusa libertaria, prácticamente lo adoptó como a un hijo y protegió de la soledad, nostalgia sideral y el hambre. Esta es solo una parte de una extensa entrevista para un libro que trabajo y que se refiere a la bohemia de los años 30 del siglo XX en París. Es decir a Desirée Lieven y sus amigos que vivieron una intensa experiencia vanguardista literaria y política. Entre ellos Antonín Artaud, André Malraux, César Vallejo, Anaís Nin, Henry Miller, Helba Huara, Félix Pita Rodríguez, Alejo Carpentier, Pablo Neruda, Nicolás Guillén; Gonzalo, Carlos y Ernesto More, Juan Larrea, Emile Savitry, Jules Supervielle, Roger Klein, etc., etc. El texto tiene más de ocho páginas que revelan su formación literaria y experiencia parisina.  En realidad viene a ser la última entrevista que concedió el consagrado escritor puneño Carlos Calderón Fajardo, autor de la novela La noche humana.             

-El encuentro con Desirée te sirvió de mucho.     
- Claro, claro, eso es verdad. Con Desirée vi una cosa bien interesante que influyó en algunos intelectuales peruanos, inclusive en Vargas Llosa con toda la distancia del caso. Mira, nosotros podemos tener grandes preocupaciones de orden nacional, vinculadas a la identidad, a la nación, a la cuestión racial y todos los demás, pero no teníamos por qué descuidarnos del mundo. Mientras Mariátegui estaba escribiendo los 7 ensayos de la realidad peruana, también estaba escribiendo La escena contemporánea, estaba describiendo lo que estaba pasando en el mundo entero. Eso viene ya después con los escritores del 50, con la generación de Vargas Llosa, Carlos Eduardo Zavaleta y Julio Ramón Ribeyro. Un escritor con gran sensibilidad social y al mismo tiempo muy abierto a lo que está pasando en el mundo ¿no? Estuvimos muy cerrados en el mundo andino. Esa preocupación de ser al mismo tiempo peruano y universal, estaba muy presente en la casa de Desirée, más que latinoamericano por lo peruano.
-¿De dónde viene ese cariño de Desirée al Perú?    
-Vallejo, no es Helba Huara. Es Vallejo. Es que Vallejo era el líder espiritual de toda esa mancha.
- A pesar de que no hablaba.
- No, no, no, hablaba en las reuniones.
- Pero Desirée dice que nunca hablaba o hablaba poco.
- No, no, eso no es verdad. Hay toda una visión mitologizada de Vallejo, primero que era muy chistoso, hacía chistes a cada rato. Era un picador excepcional o sea que te sacaba plata sin que te des cuenta en un par de minutos, te sacaba las medias sin sacarte los zapatos. Pero al mismo tiempo era muy generoso, cuando ganaba plata se la gastaba en una semana con los amigos y ya no tenía para el resto del mes. Pero al mismo tiempo era un hombre muy vital, no era triste. Es como Ribeyro que tiene una pinta de ser un hombre introvertido. Era un hombre chistoso también con un humor negro terrible.
- ¿Qué sabes de la relación política entre Vargas Llosa y Desireé?, aunque  nunca haya ido a su casa.
- No la conozco. Cuando yo llegué en el año 63, Vargas Llosa todavía no había ganado el Premio Seix Barral de novela, entonces era prácticamente un desconocido. Creo que estaba por el Barrio Latino, por Saint Michel de Prés, en casa de Desirée no se hablaba de Vargas Llosa. Mira, ese es un acercamiento de Julio Ramón a la izquierda porque a la casa de Desirée no iba la gente de derecha, era la gente de izquierda. Entonces, ¿qué cosa hubiera sido Ribeyro si vivía en otra época? ¿Cómo eran los intelectuales de izquierda? No tenían militancia en un partido pero tenían el corazón en el lado izquierdo ¿no? Si iba a la casa de Desirée, si era amigo de ella era porque era simpatizante de la izquierda. Si hubiera sido un hombre de derecha, Desirée no lo hubiera recibido ni de vainas. Tampoco le hubiera dado de comer.
-Entonces estamos hablando de los personajes de tu novela.  
-Sí, sí, es verdad. Esa es la primera parte de la novela, la segunda parte de los años 60 está más vinculada a una vida personal, yo tenía una compañera por esa ápoca, era una francesa que era una bailarina de ballet. Pero la tercera parte vuelve a la parte peruana de los 70, que es Ribeyro, Scorza, Eduardo González Viaña, Hinostroza, Alfredo Bryce. Creo que todos ellos iban a la casa de Desirée, no sé, no estoy seguro.
En los 60 la casa de Desirée estaba más abierta al diálogo, a la conversación plural, pero en los 70 ya no, estaba copada por un grupo. En los años 70 se convirtió en una célula de Patria Roja, así nomás no se podía entrar, tenía una guardia roja que dejaba entrar. Desirée ya estaba más mayorcita.
Ahora, toda la vida prometió, en todas las reuniones prometía su venida al Perú.
-Eso sí es verdad, me había olvidado.
-Era el proyecto eterno ¿no? Sus maletas estaban listas, pero nunca vino al Perú, siempre prometió hacerlo, pero no vino. Acá hubiera sido bien recibida porque como tú sabes nos dio de comer a generaciones enteras de intelectuales que vivíamos en París ¿no? Era una mujer muy generosa, vivía haciendo collarcitos y con eso hacía comer a un montón de gente que iba a comer a su casa. En la época que yo estuve, la puerta siempre estaba abierta para los peruanos, era muy cariñosa con el Perú. No sé, pero siempre hubo la idea de darle algún tipo de condecoración, de distinguirla, seguramente que a Vallejo también le dio de comer y todos los intelectuales, son varias generaciones de escritores y políticos peruanos que Desirée dio de comer, no solo se comía rico sino sabroso.
Desirée debió haber sido condecorada por el Perú, hubiera sido un acierto. En su casa respirabas el Perú, había cuadros de pintura, fotos, su casa estaba llena de Perú. En realidad era la casa de los peruanos. Nosotros no teníamos a nadie sino a Desirée, éramos la última rueda del coche, no existíamos, pero en la casa de Desirée sí existíamos, teníamos casa, comida, se cantaba canciones peruanas, Quintanilla cantaba en quechua, se tocaba la guitarra, los peruanos nos reuníamos solamente el fin de semana.
Desirée hacía de madre y hermana mayor de los peruanos, daba consejos, ayudaba, como había vivido muchos años en Francia, conocía a mucha gente. A veces recibía en las mañanas pero era un hecho excepcional.
-Bueno, ahora sí una cuestión referida a un testimonio de parte. ¿Dónde naciste? ¿Te sientes puneño? ¿De dónde eres en realidad?
- Mira, yo nací en Puno.   
-Naciste en la ciudad de Puno.
-No, no, no. Yo no soy de una familia puneña. No he vivido en Puno, no escribo sobre Puno y esa razón no escribo sobre porque no tengo vivencias.
Bueno, mi padre estaba acantonado en el cuartel del Batallón de Infantería Nº 21 de Huancané. Era médico militar y la mejor clínica que había en la zona, era la Clínica Evangelista de Juliaca.   
Mi familia estaba en Huancané y allí donde me gestan, llevan a mi madre para el parto a esa clínica, es allí donde nazco y me regresan a Huancané. En Huancané es donde aprendo a caminar y hablar, tengo una haya que es aymara, tengo fotos con ella, una mujer con un sombrero típico. Entonces, mis primeras experiencias del mundo son de Huancané. Si Sigmund Freud tiene razón y dice que todo se forma  en los tres primeros años de vida y se decide lo que será tu vida posterior, esos primeros años de vida los pasé en Huancané.
-Has ido alguna vez a Huancané.       
-No, no, nunca. Una vez me dieron un premio en Lampa y quería ir a Huancané pero no pude. Tengo fotos de niño en Huancané, estoy en la villa militar haciendo equilibrios para aprender a caminar. Entonces, si bien yo no soy puneño como eres tú o los escritores puneños, tengo un enorme cariño a Puno, especialmente a Huancané.
-De modo que te sientes huancaneño, puneño. 
-Claro que sí pero sobre todo, siento un gran cariño. Nunca lo he negado, al contrario he dicho que soy puneño, por ejemplo en la Feria de Bogotá, aparecí como escritor puneño.