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domingo, 30 de octubre de 2016

AURELIO MARTÍNEZ, POETA MILITANTE Y AMIGO

                                                                                                                            
                              


    Aurelio Martínez Escobar, es el poeta puneño menos estudiado debido que no  cuenta con una biografía, crítica literaria y menos con una edición que recoja el conjunto de su gran producción literaria. Lo que ha sucedido es que no se preocupó por editar libro alguno y menos una antología de sus artículos literarios. De modo que mientras no se tenga un texto amplio de su poesía crónicas, tampoco será posible situarlo en el lugar que le corresponde. Todo lo que sabe es lo me consta, tenía 15 cuadernos de poesía escritos en español, aymara y quechua. ¿Qué ha sucedido con ellos? Precisamente de trata de rescatarlos para publicarlos con el auspicio la Universidad Nacional del Altiplano.      
     Ahora los escritores puneños del siglo XX, tienen un espacio propio en la Literatura Peruana y Latinoamericana. Bien podía entonces aplicarse la sentencia del dramaturgo y poeta español José Zorrilla: Los muertos de vos matáis, gozan de buena salud. 1 Y gozan de buena salud debido a la contribución de las ciencias sociales, particularmente de los estudios interdisplinarios y de la cosmopercepción andina. 2 La historia, especialmente la lingüística y una diferente crítica literaria social, han contribuido de modo sistemático para que algunos narradores y poetas puneños, hayan sido finalmente revalorados. Así, ha terminado al fin y al cabo, el largo destierro que sufrieron en su propia patria, el menosprecio de una crítica literaria que ahora es  un lastre, pero no falta quienes repiten reprochables conceptos del pasado. El caso de Gamaliel Churata, es el más emblemático de una historia literaria escrita con criterio racista, limeño-centrista, discriminatorio y atentatorio contra el concepto de Nación Peruana, cultura nacional e identidad plural para forjar la unidad en la diversidad.
    Gamaliel Churata después de haber sido desterrado y maltratado como escritor “indigenista”, ha pasado a ser ahora, uno de los más importantes creadores de la Literatura Latinoamericana. Afirmo una vez más que la denominación indigenismo, les hizo mucho daño a escritores peruanos que se identificaron con las grandes mayorías quechuas, aymaras y ciudadanos de la Amazonía Peruana. Ser indigenista significaba ser un intelectual que se ocupaba de la tragedia social del indio. La palabra indio era sinónimo de bestia de carga, sin derechos de ninguna naturaleza, un subhumano, habitante ignorante de los Andes, sin memoria, tradiciones, cultura ni historia. Menos mal que esos juicios han sido en parte superados, pero no falta quienes todavía usen esta palabreja para clasificar a escritores que han esperado muchos años, para ser entendidos y finalmente incorporados a lo que ahora se llama pluriculturalidad. 
    Es preciso tener en cuenta los antecedentes de hechos que muy poco se analiza. ¿Cómo surgió la literatura vanguardista puneña del siglo XX? Es preciso establecer algunas coordenadas históricas para ubicar mejor la eclosión de una expresión cultural vanguardista. Sí, vanguardista y no indigenista. Se trata de tres corredores históricos por los cuales hubo un flujo de corrientes ideológicas bien marcadas. La primera se estableció con el impulso de las corrientes libertarias contra la opresión de España y liberación de las colonias. Los barcos que llegaban de Europa a América no solo trajeron noticias sino ideas revolucionarias. Fue así que en 1780 estalló la rebelión

1.- José Zorilla. Nació en Valladolid en 1817, falleció en Madrid en 1893. Escritor español, En 1833 ingresó en la Universidad de Toledo como estudiante de leyes, y en 1835 pasó a la Universidad de Valladolid. Poeta y dramaturgo, autor de la célebre frase tan citada, aunque es atribuida a otros escritores con ligera variación textual.   
2.- José Luis Ayala. Diccionario de la cosmopercepción andina. Editorial Arteidea. 2005. Lima.

liderada por José Gabriel Túpac Amaru II y el corredor ideológico se conformó desde Buenos Aires hasta  Cusco. Puno se convirtió en el eje de la resistencia colonial, en un campo de batalla hasta la derrota y asesinato de Pedro Vilca Apasa.
    El segundo corredor se formó con ocasión de la guerra por la Independencia Americana desde Buenos Aires hasta Cusco. Así, 16 de julio de 1809, se instaló la Junta Tuitiva de los Derechos del rey y del pueblo como consecuencia de la revolución del 25 de mayo en Chuquisaca. Fue José Manuel de Goyeneche que después de formar un gran ejército español en Puno, derrotó a los patriotas en Chacaltaya. Luego ordenó el asesinato del presidente de la Junta, Pedro Domingo Murillo, como de Melchor León de la Barra, José Antonio Medina, Juan Manuel Mercado, Antonio Ávila, Gregorio García Lanza, Juan de la Cruz Monje y Ortega. El Dr. Juan Basilio Catacora Heredia, 3 nació en Ácora, fue miembro de la Junta Tuitiva. Hasta ahora en el Perú y menos en Puno, no se le ha rendido el homenaje que le corresponde  y menos reclamado sus restos humanos para que reposen en Puno.
    El tercer corredor se estableció también desde Buenos Aires hasta Cusco, se trata del flujo de ideas en relación a la vanguardia del siglo XX referente al arte y literatura. El surgimiento de los ismos y necesidad de renovar el modernismo que había cumplido su ciclo vital, hizo que las revistas literarias trajeran manifiestos, proclamas y textos  con nuevos conceptos del arte y cultura. Con la llegada del tren a Puno en 1905 e instalación del servicio de vapores por el Titicaca, Puno se convirtió en un puerto cultural donde era posible encontrar revistas y libros, que en Lima no se podía conseguir. Desde Madrid a Buenos Aires, de allí a Puno, Arequipa y Cusco, ese era el trayecto de libros y revistas literarias vanguardistas.

    De modo que en Puno los jóvenes tuvieron muy temprano acceso al cubismo de Picasso y Braque (1907), al futurismo de Marinetti (1909), a la música atonal dodecafónica  de  Stravinski (1909), al dadaísmo de Tristán Tzara (1916), al imaginismo de Erza Pound (1912), al cubismo literario de Guillaume Apolinaire (1914), así como a los primeros manifiestos del surrealismo suscritos por André Breton (1924). Pero además podían leer revistas literarias como Grecia y Cervantes. Arturo Peralta dijo que después de leer varios manifiestos y proclamas, decidieron escribir desde Puno hacia el mundo, pero creando una corriente propia que tradujera una realidad mágica, alucinante, humana y trágica a la vez. En otras palabras, escribir desde la vanguardia para expresar un universo único que no se parezca a ninguno.
    Fue en este contexto histórico cultural que Aurelio Martínez Escobar, nació en Puno el 13 de julio de 1894 y falleció en Arequipa de 8 de mayo de 1976.  Hijo de Fabián Martínez Casquino, nacido en Arequipa afincado en Puno como funcionario, quien  casó con Rafaela Escobar Solano, oriunda de Ácora. Se trata de una antigua familia descendiente de funcionarios españoles y no de una campesina, como se ha dicho. Debido a la estrechez de la economía familiar y ausencia del padre, se vio obligado a trabajar cuando todavía no había dejado de ser un niño, cuando era un

3.- José Luis Ayala. El Dr. Juan Basilio Catacora Heredia. Protomártir de la Independencia Americana. Editorial Derrama magisterial. 2009. Lima.  
púber, ingresó como ayudante en los tallares del diario “El siglo”, cuyo director era el Dr. Carlos Belisario Oquendo Álvarez, que habiéndose casado con la dama moheña Zoraida de Amat Machicao, tuvo un hijo llamado Carlos Oquendo de Amat, autor de los “5 metros de poemas”.
    Fue en “El siglo” donde Aurelio Martínez aprendió el arte de la tipografía. En el  libro  “Carlos Oquendo de Amat”, 4  aparece un detallado texto en el que Aurelio Martínez cuenta cómo se funcionaba  “El siglo”, tan pronto como el médico llegó a Puno, después de haber estudiado medicina humana en la Universidad de la Sorbona. El Dr. Oquendo se ocupaba de traducir las noticias del extranjero y redactar la columna política. Masón, anticlerical, profesor en el Colegio San Carlos, médico y político liberal, formado en la escuela filosófica racional de Augusto Comte, pronto se llenó de enemigos. La iglesia católica, los hacendados, los políticos locales oportunistas y medievales, hicieron un frente hasta finalmente conseguir que el médico saliera de Puno para morir en Pomabamba.

    A comienzos del siglo XX, en Puno juntamente con El Siglo, circulaba El Eco de Puno (1899), La Región y Los Andes (1928). En Azángaro: El Sur, Korilazo, El Indio, La voz de Azángaro, etc.; en Cabanillas, Noticias y La Voz del Pueblo. Al mismo tiempo que se podía leer diarios de Buenos Aires: La Nación y La Prensa, aunque llegaran con cuatro días de retraso. La revista Ondina, La Voz del Obrero, La Tea y el Boletín Titikaka, eran la expresión de una sociedad que leía y pensaba. Nicolás Oquendo tenía un café en la llamada Casa de piedra, que ahora ocupa la sede del Gobierno Regional, ponía a disposición de sus clientes el diario Le Monde de París, allí se reunía generalmente la masonería puneña anticlerical y liberal, cuya cabeza visible era Isaac Deza. En la otra casa de piedra ubicada en el Parque Pino, se reunía la clase media para leer diarios de Lima.      , 
   Fue en ese ambiente de lucha contra una mentalidad colonial que aún subsiste, en el que Aurelio Martínez se formó y aprendió que el escritor tiene una tarea política  irrenunciable  en la sociedad que vive. Así como otros jóvenes que trabajaron con el Dr. Oquendo, llegada la madurez intelectual decidieron intervenir en la lucha política.  Churata de joven visitaba con su padre Demetrio Peralta, la Sociedad Fraternal de Artesanos, fue allí donde recibió las primeras lecciones de anarquismo. En cambio, Aurelio Martínez se dedicó a leer libros de carácter marxista. Por eso es que cuando se formó “Bohemia andina”, era un esclarecido izquierdista  no así sus compañeros de bohemia. ¿Cómo se incorporó a la izquierda puneña? Todo se debe a la visita proselitista de Sergio Caller Iberico, quien junto con José “Chaflú” Díaz y Demetrio Peralta, fundaron el Partido Comunista en Puno.
    Obrero linotipista adolescente, influido por el ejemplo del Dr. Oquendo en la lucha contra el gamonalismo y una mentalidad colonial, además del poder político clerical insoportable, al empezar la adolescencia fue matriculado en el Centro Escolar N° 881.Allí  recibió otras lecciones de tipografía en los talleres instalados por orden de



4.- José Luis Ayala. Carlos Oquendo de Amat. Editorial Horizonte. 1998. Lima. Se trata de un texto permanente saqueado y negado. Sin embargo,  los datos de internet pertenecen a ese libro.    

José Antonio Encinas, cuando recordó a Aurelio Martínez dijo: "José Sierra, Luis Rivarola y Aurelio Martínez se dan la mano con la extrema izquierda del Centro (los Peralta). Los tres son escritores, el último un audaz y valiente panfletario, cuyo temperamento se esboza desde el aula, él y Rivarola son más del centro”. 5
    Es importante advertir que Encinas dice: “José Sierra, Luis Rivarola y Aurelio Martínez se dan la mano con la extrema izquierda del Centro (los Peralta)”. Lo que significa que Encinas sabía que el poeta Martínez estaba ideologizado mucho más que todos sus compañeros.  En un principio se adhirió a las ideas del aprismo, pero cuando se presentaron las primeras manifestaciones contradictorias, se decidió por el marxismo. En la generación Orqopata, Aurelio Martínez fue el único militante izquierdista convicto y confeso, ocultar este hecho sería traicionarlo, los demás escritores fueron solo simpatizantes izquierdistas. Hasta que la dictadura de Sánchez Cerro y luego de Benavides, ahogaron con sangre, prisiones y destierro  a los más esclarecidos intelectuales peruanos. Aurelio Martínez como muchos escritores, optó por el ostracismo y el silencio como medio de defensa y subsistencia, ante el horror y espanto de dictaduras que retrasaron los cambios sociales.          
    El poeta no culminó sus estudios primarios debido a la ausencia de Encinas y porque  atenazado por la necesidad de subsistir, trató de vivir como obrero impresor, pero el salario no le alcanzaba para ayudar a su progenitora. Fue entonces que trabajó como rematista del Mercado Municipal de Abastos de Puno, durante muchos años. Hasta el Dr. José Antonio Encinas, logró que ingresara como bibliotecario en el Colegio Nacional San Carlos. Se desempeño también como periodista y corresponsal de "La Crónica" de Lima y "Noticias" de Arequipa.
   Pero, ¿a qué se debe el interés de críticos y especialmente docentes universitarios del Perú y el extranjero por la literatura vanguardista puneña? Aunque algunos  siguen usando el mote “indigenista” o “indigenismo” debido a un evidente lastre academicista, lo importante es que algunos críticos han logrado revalorar los aportes de la literatura vanguardista puneña, desde de distintas disciplinas, tesis y estudios analíticos. Una característica marcada es sin duda, el hecho de revalorar a escritores puneños que estuvieron condenados a permanecer en el último círculo del infierno de Dante y, desprecio de la crítica literaria oficial limeña.      
    Así, se han ocupado de la literatura vanguardista puneña docentes y escritores como Elizabeth Monasterios, Maya Aguiluz Ibargüen, Riccardo Badini, Marco Thomas Boshard, Eugenio Chang Rodríguez, Dorian Espezúa Salmón, Guissela Gonzales Fernández, Miguel Ángel Huamán, César Toro  Montalvo, Jorge Floréz-Áybar, Efraín Kristal,  Mauro Mamani Macedo, Ricardo González Vigil, Manuel
Velásquez Rojas, Feliciano Padilla Chalco, Manuel Pantigoso, José Luis Rénique, Cynthia Vich, Arturo Vilchez Cedillo, Antonio Melis, Yasmín López Lenci, Silvia Rivera Cusicanqui, Helena Usandizaga y José Luis Velásquez Garambel. Todos coinciden en que la literatura puneña del siglo XX, es una de la más genuina y

5.- José Antonio Encinas. Un ensayo de escuela nueva en el Perú. Pág. XXX. 1959. Lima.
original. Sin embargo, hay quienes como Gerardo Leibner, cuestionan al indigenismo como al propio Mariátegui, para afirmar que el indigenismo es un mito y que los “Siete ensayos” de Mariátegui han dejado de tener vigencia. En fin, habrá que analizar a los analizadores enemigos de Mariátegui.
    En efecto, Gerardo Leibner afirma: En la segunda mitad de los 20 Mariátegui hizo grandes esfuerzos para interpretar la realidad peruana y presentar un proyecto socialista revolucionario que responda a inquietud de la ‘nueva generación’ por formar un Perú moderno e integral. El intento de interpretación tuvo su mayor expresión en los ‘Siete ensayos’. El proyecto alternativo propuesto recién comenzó a ser formulado en forma parcial en las tesis enviadas a la Conferencia Comunista Latinoamericana reunida en Buenos Aires. Su redacción  debería ser complementada
en el libro perdido o jamás escrito por Mariátegui. Las presiones políticas por parte del APRA, del Comintern a partir de 1929 y del régimen de Leguía, lo apuraban a definir su proyecto nacional. Finalmente su enfermedad lo venció antes de concluir su elaboración”. 6
    Aurelio Martínez fue amigo desde la infancia de Gamaliel Churata, que era talabartero; Dante Nava, carpintero, Mateo Jaika, peletero; Inocencio Mamani, pastor de ovejas; Aurelio Martínez, tipógrafo; Emilio Vásquez, soldado; Alejandro Peralta, zapatero. A todos los animó para formar un grupo de amigos y comentar lecturas de libros en su casa ubicada en un promontorio llamado Orqopata (sobre el cerro en quechua). Churata era además director de la Biblioteca Municipal Pública de Puno y Aurelio Martínez tenía en ese entonces, una gran experiencia como trabajador en “La voz del obrero”. Lo que significa que Martínez desde niño tuvo una clara conciencia de clase y el rol que tiene el escritor en sociedades como la nuestra.  
    Veamos ahora una de las críticas más injustas contra los escritores peruanos y por extensión en referencia a intelectuales puneños vanguardistas del siglo XX. Se trata de la tesis esgrimida por Mario Vargas Llosa, la que  es posible resumir así: los indigenistas se irrogaron el derecho a hablar en nombre de los demás, cuando debieron tratar los temas que eran inherentes a su clase social, a su problemática y no a una ajena y distinta. Es decir, no debieron hablar en nombre del indio sino de ellos mismos. Los indios tienen sus propios problemas y ellos no han tratado el problema de los mestizos, ni delegaron para que hablen en nombre de ellos. En consecuencia, la utopía arcaica que tiene su máxima expresión en José María Arguedas, resulta una impostación literaria que carece de autenticidad y vigencia. Más claro no canta ni canta claro. 
        Durante mucho tiempo esta deleznable como inaceptable afirmación, ha sido repetida en la academia como en ensayos que no vale la pena mencionar. Para nosotros, se trata de una afirmación destinada a destruir a Arguedas, así como a  escritores andinos con ideología descolonizante. Pero el marqués de Vargas Llosa, escritor endogámico e ideólogo del ultraliberalismo inhumano, no conseguirá que el

6.- Gerardo Leibner. El mito del socialismo indígena de Mariátegui. Conclusiones. Pontificia  Universidad Católica del Perú. Fondo editorial. Pág. 227. 1999. Lima.
Perú deje de admirar y amar a Garcilaso de la Vega, Huaman Poma de Ayala, José María Arguedas, Ciro Alegría, Manuel Scorza, César Vallejo y menos a Gamaliel Churata.
Según el Diccionario de la Real Academia de Lengua Española, indigenismo es:
“Estudio de los pueblos indios iberoamericanos que hoy forman parte de naciones en las que predomina la civilización europea.Doctrina y partido que propugna reivindicaciones políticas, sociales yeconómicas para los indios y mestizos en las Repúblicas iberoamericanas.Exaltación del tema indígena americano en la literatura y el arte.Vocablo, giro, rasgo fonético, gramatical o semántico que pertenece a alguna lengua indígena de América o proviene de ella”.
     Estos conceptos son absolutamente equivocados y además obsoletos. Lo correcto es usar la palabra vanguardismo para denominar a esta clase de literatura. Se trata de una literatura  que se desarrolló de acuerdo a los cánones del término avant-garde, que significa situarse en la vanguardia. Hugo Verani, tiene razón al afirmar: “El advenimiento de una generación ávida de cambios no se manifiesta únicamente  en los grandes centros de actividad cultural. Por el contrario, los ecos vanguardistas se dejan sentir en casi todos los países latinoamericanos,  en varios focos simultáneos y sin mayor conexión entre sí. Pero acusando, como dicen los redactores de la revista Proa de Buenos Aires, ‘la más perfecta coincidencia  de sensibilidad y anhelos’. Vicente Huidobro narra el nacimiento de una poesía radicalmente distinta en el mundo hispano, con El espejo de agua (1916) especialmente Ecuatorial y Poemas árticos, publicados en Madrid en 1918 promueve la renovación de la poseía hispana dos mundos.
    En el continente latinoamericano los límites temporales de los vanguardismos son, aproximadamente, 1916 y 1935. Las inquietudes renovadoras canalizan hacia 1922 –año clave de la eclosión vanguardista latinoamericana—en la acelerada sucesión de manifiestos, polémicas, exposiciones y movimientos encaminados por propósitos distintos, pero contagiados de la ‘furia de la novedad’ de que habla Jorge Manach en su ensayo ‘Vanguardismo”. 7
       Ulises Juan Zevallos Aguilar, autor del ensayo “Indigenismo y nación”, es un ejemplo de intelectual académico, que en cierta manera repite la tesis de Vargas Llosa, aunque el lenguaje que usa sea mucho más directo: “En la elaboración del constructo de la cultura indígena – dice Zevallos-- se encuentran varias operaciones
epistemológicas que constituyeron al indígena como un otro. En primer lugar, los intelectuales constituyeron a la cultura indígena como objeto de estudio usando la noción  ‘cultura (que) que es la principal herramienta para hacer otro’ (Abu-Lughod 1992: 123), y ordenaron y calificaron las prácticas culturales en un sistema coherente en el que todas estaban relacionadas y cumplían funciones estructurales, dejando de lado las contracciones y conflictos.

7.- Hugo J. Verani. Las vanguardias literarias en Hispanoamérica. Tierra firme. Pág.10. 1995. México.  
En segundo lugar, adoptaron la posición de sujetos de conocimiento que describían y explicaban la cultura indígena. Pero al constituirse en intérpretes de esta cultura, por un  lado paralizaron a su objeto de estudio negándole  dinamismo y por otro silenciaron a los grupos humanos que describían. En tercer lugar, el hecho de calificar de ‘indígena’ a la cultura andina puneña significó establecer una diferencia entre ella  y las culturas mestiza y occidental”. 8
     ¿Qué clase de formación literaria tenían los escritores vanguardistas puneños?  José Antonio Encinas inculcó a sus discípulos la necesidad de ser autodidactas en vista de que en Puno no había universidad y porque muchos de ellos, tampoco llegarían a estudiar al Colegio Nacional San Carlos. Al rememorar a sus alumnos, menciona a Juan González, Flavio Núñez, Remigio Cabala, Enrique Encinas, Carlos Ávila, Manuel Morales, Gustavo Bello, José Alejandro Cabrera, José Costa, Emilio Armaza, Alberto Mostajo, Jorge Castro, José Manuel Sierra, Aurelio Martínez, Ricardo Deza, Emilio Romero, Juan Jiménez, Carlos Ferrari, José Salguero, Néstor Ponce y Rocha, Honorio Ponce, Washington Cano, Ricardo Vásquez, Leonardo Zevillanos, Joaquín Chávez, Pedro Bermejo, Santiago Velásquez, Pedro Barrios, Ricardo Ávila, Francisco Martínez, Neptalí Cano, José Ayala Valdez, Cirilo Pari, Pastor Sosa Miranda, Anselmo Garnica, Emilio Vásquez, Vicente Molina. Adrián Dávila, Moisés Vera, Humberto Suárez, Cecilio Martínez, Juan Huanca, Juan Vistula, Nicomedes Laguna, Marcos Cornejo, Roberto Cárdenas, Samuel Perea, Tomás Alcocer, Daniel Portugal, Máximo Vásquez, Carlos García, Octavio Peñaranda, Eduardo Aramayo, Víctor Masías, Carlos P. Cáceres, Gerardo del Mar,
     Alejandro Tavera y Humberto Ortiz.  Completan la lista: Arturo y Alejandro Peralta; Luis y Emilio Rodríguez; Víctor y Enrique Villar; José y Alfonso Torres Luna; Segundo y Jorge Núñez Valdivia; Florencio y José Díaz Bedregal; Lorenzo y Arturo Camacho Ávila; Miguel, César y José Garcés; Daniel, Alberto y Augusto Pérez Carpio; Gustavo, Héctor, Raúl y Ricardo Rubina. Además, Amadeo Landaeta, Guillermo Garnica, José A. Dávila, Emilio Vera, Isaac Meneses y Mateo Terroba. Víctor Masías, Manuel Armaza, José San Román, Ricardo Deza, Juan Oquendo, Sebastián Rodríguez, L. Metas, Máximo Luján, Carlos Ferrari, José Torres, Luis Rivarola, José Sierra, Adrián Dávila y Francisco Martínez.  Carlos Dante Nava y José Catacora Solórzano. 9
    Es verdad que Encinas conoció a Manuel  Z. Camacho como a Telésforo Catacora y haya tenido en cuenta la experiencia pedagógica de ambos, razón por la que Elizabeth Monasterios diga que: “Sin duda el intelectual mestizo más próximo a Telésforo Catacora y uno de los indigenistas que más decididamente apoyó las 9
   
8.- Ulises Juan Zevallos Aguilar. Indigenismo y nación. Los retos de representación de la subalternidad aymara y quechua en el Boletín Titikaka. Pág. 191. (1926-1930). Puno.
9.- José Luis Ayala. Alberto Mostajo. Delirio y tragedia de un poeta vanguardista y filosofante. Arteidea. Grupo Editorial. Pág. 109. 2009. Lima. A la lista del libro citado se ha aumentado algunos nombres más.     


reivindicaciones indígenas, José Antonio Encinas le dio continuidad al proyecto de una educación enraizada en la cultura nativa. Esa continuidad, sin embargo, se produjo desde un espacio de construcción nacional vinculado a políticas indigenistas
civilizatorias desentendidas  de un diálogo orgánico con las demandas indígenas de Catacora y Allqa Camacho. Institucionalmente, Encinas formó parte de la primera promoción de normalistas egresados de la Escuela Normal de Varones y nunca se cansó de ponderar el carácter laico, provinciano y libertario de los primeros normalistas peruanos”. 10
   Aurelio Martínez  militó también en el grupo cultural Bohemia Andina conformado por Alejandro Peralta, Gamaliel Churata, Emilio Romero, Alejandro Franco, Emilio Armaza, Víctor Villar Chamorro y Ezequiel Urviola. Esta generación tuvo el acierto de publicar la revista La Tea, de la que circularon doce números desde julio de 1917 hasta noviembre de 1919. Era una revista de ideas y literatura con un tiraje de 200 ejemplares, tomó el nombre de una revista que se publicaba en Arequipa entre 1907 y 1908. Fue una experiencia importante de jóvenes que buscaban situarse en el panorama de la literatura peruana. Era una edición “solo para los elegidos”, es decir una edición de carácter elitista y lejos de ser la expresión de un movimiento literario popular. Sin embargo, esta experiencia para el poeta fue vital porque recibió la docencia política de Manuel González Prada.      
   La Tea para Aurelio Martínez fue un laboratorio y medio de expresión literaria sin una marcada tendencia ideológica. Sin embargo, escribió crónicas literarias. En el
número cuatro  del 28 de julio de 1918, firma un texto denominado Cenotafio. Es un artículo que traduce el dolor que le causó la muerte de Manuel González Prada. Y sucedió que en octubre de 1917 Arturo Peralta viajó a Bolivia, donde participó en la formación del grupo Gesta Bárbara. A su regreso a Puno lideró la formación del Grupo Literario Orqopata en el que militó Aurelio Martínez. Pero después de una revisión exhaustiva del Boletín Titikaka, nos hemos dado con la ingrata sorpresa que Churata nunca publicó ni un solo texto de Martínez.
      Fue Juan Eduardo Fournier Barrionuevo, quien acogió a Aurelio Martínez como trabajador en su tipografía y a la vez redactor. Hay que leer “La voz del obrero” para conocer las grandes batallas por la cultura puneña tanto de parte de Fournier como de Martínez. Antes que Mariátegui publicara “Labor”, Fournier fundó un diario para defender los derechos de los trabajadores. Nació en Puno, el día 18 de setiembre de 1881 y falleció el 12 de octubre de 1957.  El padre de Eduardo fue el ciudadano francés José Fournier, que casó con Catalina Barrionuevo, descendiente de antiguas familias puneña. Estudió primaria en la Escuela Municipal de Puno, a cargo de  José María Miranda. Forjó la conciencia política de los trabajadores y obreros,
 "La Voz del Obrero"  desarrolló una férrea defensa de la cultura y la democracia con participación de redactores obreros: Alejandro Cáceres, Manuel Z. Aragón, José Manuel Sierra, Jacinto Gamero, Daniel Franco Serruto y Modesto Flores. En los 76


10.- Elizabeth Monasterios. Vanguardia plebeya del Titicaca. Gamaliel Churata y otras beligerancias estéticas en Los Andes.. Universidad Nacional del Altiplano. Pág. 102. 20º5. Puno.                                                                                                                                 
                                                                                                                                                                                                                                                                                         
números editados, Aurelio Martínez tiene un lugar importante como defensor de los derechos de los trabajadores. Fournier alentaba la autoeducación de los trabajadores, Aurelio Martínez incidía en la necesidad de conocer las doctrinas políticas y les permita tener una conciencia clara para no traicionar los intereses de clase social. Fournier falleció el 12 de octubre de 1957. Debido a Fournier en “La Voz del Obrero" empezaron a trabajar como periodistas Arturo Peralta, Alejandro Peralta y Aurelio Martínez. El surgimiento de "Bohemia Andina", fue alentado por Fournier, imprimió "Báquica Febril" (1921) de Dante Nava. En 1926 publicó el “Boletín Titikaka”, edición que tuvo 20 números hasta que fue censurado por el gobierno fascista de Sánchez Cerro. El Boletín circuló de 1930 a 33.
   Un personaje poco mencionado es José G. Herrera. Llegó a Puno para instalar una imprenta moderna y a la vez una librería. La amistad con Churata hizo que Herrera se convirtiera en el librero más atento a las publicaciones de carácter vanguardista. Herrera desde Puno hacía pedidos de libros tanto a las principales librerías de Buenos Aires como de Madrid. Churata pagaba puntualmente y Herrera podía tener los libros más importantes de la vanguardia de España, México y Buenos Aires. Herrera también publicó el Boletín Titikaka y fue ganado por la literatura vanguardista de la época. En ese entonces, Aurelio Martínez era ya un declarado activista político y se dedicó durante mucho tiempo a organizar juntamente con “Chaflú” Díaz y Demetrio Peralta, el Partido Comunista. Recuerdo nítidamente que Aurelio encabezada juntamente con Vicente Mendoza  Díaz y Rosendo Aza Huirse, secretario de la C.G.T.P., los mítines políticos pidiendo por ejemplo la nacionalización de la Brea y Pariñas, acompañó a José Macedo Mendoza, Ernesto More y Fernando Manrique Enríquez, así como al general César Pando Egúsquiza y al cura Salomón Hidalgo, en un mitin de izquierda en Puno, ambos dirigentes del Frente de Liberación Nacional.
     Aurelio Martínez fue sin duda un poeta de su tiempo histórico, un hombre de izquierda comprometido  con el destino de una parte de la humanidad abolida por un sistema injusto, que solo le interesa la sistemática acumulación de capital. He  tenido la suerte de ser sin duda uno de sus amigos más cercanos y gracias a él es que he podido escribir la biografía de Alberto Mostajo, Gamaliel Churata y Carlos Oquendo de Amat. Lo conocí cuando era bibliotecario en San Carlos, frecuenté su casa o venía a la casa de Mateo Jaika a conversar sobre política o literatura. Dimos  recitales, viajamos y compartimos una amistad fecunda con Alberto Valcárcel, Jesualdo Portugal y Teodoro Núñez Ureta, hasta en 1970 en que  me fui a París y al regreso lo encontré muy deteriorado a causa de su difícil situación económica.

    Pero la literatura puneña no solo se ha robustecido durante los últimos 20 años con la contribución de nuevos escritores que radican en Puno o que han llegado de otros lares como es el caso de Feliciano Padilla, sino que además aparecerá un libro valioso de Emilio Vásquez sobre Carlos Oquendo de Amat. Circulará “El ángel iluminado”, que viene a ser una antología de ensayos de Churata, además de una serie de documentos valiosos. La Universidad Nacional del Altiplano ha publicado 100 libros más como lo hizo anteriormente. Estoy en condiciones de anunciar la publicación del libro “Los abismos de Vargas Llosa”, que es un ensayo referente a la aseveración del novelista peruano-hispano cuando dijo: “Yo fui marxista”. He terminado de escribir la biografía de Desirée Lieven, princesa rusa revolucionaria  vinculada al Perú a través de César Vallejo y defensa de la vida de guerrilleros encarcelados. He concluido de escribir también un libro intertextual que se refiere a la agonía de César Vallejo, recoge testimonios que escuché cuando radiqué en París.  
     Sería injusto no citar la actividad editora de la Universidad Nacional del Altiplano, que ha publicado no solamente facsimilares, sino libros valiosos que no era posible encontrar aun en las bibliotecas más selectas. El trabajo de José Luis Velásquez Garambel es altamente valioso porque además trasciende las fronteras de Puno, permite tener una visión más amplia de la literatura puneña. La labor cumplida en referencia a una política cultural universitaria de los rectores Lucio Ávila Rojas y Eduardo Pineda Quispe, es ejemplar y trascendente. Estoy seguro que si se prepara un libro en referencia a Aurelio Martínez, sería sin duda publicado con especial cuidado debido a su poesía vanguardista como por ejemplo su poema Paseo en cicle, que francamente resulta genial. La UNA ha publicado por ejemplo, los libros de Mateo Jaika, Saturnino Corimayhua y Héctor Estrada Serrano.     
  Siempre he afirmado que soy un escritor afortunado por haber conocido a Gamaliel Churata, Emilio Romero, Emilio Vásquez, Emilio Armaza, Alejandro Peralta,  Alberto Cuentas Zavala, Ricardo Arbulú Vargas, Luis de Rodrigo, Adrián Cáceres Olazo, Inocencio Mamani. Natalio y Augusto Calderón (Conima), Enrique Cuentas Ormachea, Alejandro Franco y Mario Franco Inojosa,  Sacarías Puntaca, José Andrés “Pupa” Dávila,  Miguel  N. Angles, Julián Palacios Ríos y Virgilio Palacios. Cipriano Angles, Ernesto More,  José Portugal Catacora, Efraín Miranda, Samuel Frisancho Pineda, Rosendo Aza Huirse, Teobaldo Loayza Obando, David Frisancho Pineda, Alberto Paniagua Daniels, Mariano Coacalla, Mariano Larico, Aurora Encinas, Gustavo Zegarra Villar, Alberto Zúniga Álvarez, Mateo Jaika, Alberto Parodi Isolabella, José Patrón Candela, Augusto Martínez Aparicio, Fermín Aguilar, Heriberto Luza Bretel,  Benjamín Dueñas Tovar, Aurora Encinas, Lizandro Amat Machicao, Vladimiro Bermejo, Mariano Paqo Mamani,  Aurora Encinas Franco, Pablo Apaza Toque, César Cano Patiño, Víctor Humareda, Mercedes Bueno Morales, Alberto Paniagua Daniels, Augusto Ramos Zambrano, Reynaldo Chuquihuanca Ayulo, Vicente y Julio Mendoza Díaz, Vicente Benavente Calla, Juanito y Abraham de la Riva Bermejo, Alberto Valcárcel y Edgar Valcárcel. Tengo que adicionar los nombres de Carlos Calderón Fajardo, Estrella Peralta y Héctor Aguilar. No me olvido de Wilfredo Melo a quien conocí en París y tomó el nombre de Huáscar Amaru. (Le debo una extensa crónica sin omitir a Pablo Manuel Cadenillas ni a Óscar Gutiérrez).     
  
    Por Aurelio Martínez guardo un gran cariño y recuerdo. Sus conversaciones eran una cátedra de historia e identidad andina. Nunca olvidé la vez que viajamos a Tintiri, esa maravillosa reliquia de adobe que destruye el tiempo. Leninista hasta el tuétano, bolchevique y enemigo mortal de Stalin y Trotski, admiraba a Fidel Castro, al Che Guevara, Luis de la Puente Uceda. Ahora falta hacer un gran esfuerzo para  recuperar su producción dispersa, sobre todo rescatar sus cuadernos en los que tenía registrada toda su producción literaria en español, aymara y quechua. Ojalá la familia de Américo Francés, seudónimo de Aurelio Martínez, decida realizar esa acción ineludible y si así fuera, seré el primero en sumarme a esa importante como histórica cruzada (2016)



miércoles, 26 de octubre de 2016

CARLOS MORE, AMIGO DE CÉSAR VALLEJO.

                                                         
César Vallejo y Carlos More
                                      
    Los hermanos Federico, Ernesto, Gonzalo y Carlos More Barrionuevo, todavía no tienen un biógrafo común para conocer mejor lo que hicieron a lo largo de sus existencias llenas de magia, poesía, música, periodismo, política y bohemia. Sin embargo, estuvieron dotados para ser grandes escritores, periodistas, artistas y personas vinculadas a la política. Ninguno quiso convertirse en  hacendado y hacerse cargo de la administración de los fundos de la madre. Hasta que finalmente, la Reforma Agraria devolvió a los campesinas miles de hectáreas que desde siempre fueron de ellos.
    Ninguno tampoco optó por ser un profesional e insertarse en la vida civil, acumular dinero y propiedades. La economía familiar permitía que estudiaran ya sea en universidades del Perú o el extranjero. Cuando los padres se sintieron ancianos y sin fuerzas para seguir explotando las haciendas ubicadas en Lampa, llamaron a sus hijos y ninguno regresó para ser un gamonal. Prefirieron una vida llena de aventuras, poesía, viajes, música y asistir a la Bohemia de Montparnasse del París (siglo XX). Ernesto y Carlos se fueron a París y luego llegó Gonzalo para quedarse hasta la muerte juntamente con su esposa, la bailarina Helba Huara.
     Ernesto regresó a Lima y dedicó al periodismo y política. Carlos se fue a trabajar a Vilquechico para hacerse cargo del Centro Textil Indígena. Federico desarrolló una intensa actividad periodística. En cambio Gonzalo prefirió la bohemia, la acción política, ser un militante de la República Española, un marxista emocional y gozar del intenso amor y sexo con Anaís Nin. Leer a Anaís Nin es llegar al orgasmo o siquiera alguna vez haber tenido una aventura con una mujer como ella. Voluptuosa, rica, multiorgásmica, sensual al ciento por ciento, provocativa, siempre lista para un combate personal, no le importaba la censura ni lo que dijeran de ella. Leer La casa del incesto, es francamente alucinante el desarrollo de las acciones sexuales con su padre, el músico cubano Joaquín Nin.        
    Juan Domingo Córdoba Vargas, era muy joven cuando llegó a París y conoció a los hermanos Ernesto y Carlos More. A través de ellos llegó al círculo de César Vallejo y se hicieron muy amigos. Hasta que finalmente, después de haber trabajado muchos años como magistrado en el Poder Judicial, decidió escribir un libro lleno de testimonios acerca de su amigo el poeta nacido en Santiago de Chuco. Cuando en 1995 apareció el libro César Vallejo del Perú profundo y sacrificado, fue también posible conocer varios hechos en referencia Carlos More, aunque el personaje central es César Vallejo. En determinado momento, Juan Domingo Córdova Vargas, cuenta:          
    “Una tarde fueron al hotel a visitarle los hermanos Carlos y Ernesto More y a la salida pasaron por mí, encaminándonos al café ‘Royal’ y, luego de unas cervecitas; Carlos se puso a rasgar su charango acompañando nuestros cantares; más tarde tomamos un taxi descubierto a Montparnasse y al cruzar el Sena por el puente del Carrousel, Vallejo se puso de pie y en actitud de niño engreído, altanero, golpeando el piso con su bastón y mirando desafiante a todas partes lanzó a los vientos un ‘Granputas’, ¡cabrones!, quedando a la expectativa en espera de una reacción, pero como no hubo ninguna volvió a la carga: ‘Granputas’, ¡cabrones!, pegándose un sentón al desviarse el taxi para seguir por la rue de Saintes Péres. En tanto la foule discurría sin percatarse de la existencia del terrible desfacedor de entuertos, que siguió enfurruñado el resto del trayecto a ‘La Rotonde’, de donde después de una charla con lagunas y suspensos propios de su estado,  parándose en firme a la salida se puso de declamar, con energía, los versos de Manuel Acuña:

     Pues bien yo necesito / decirte que te adoro /  decirte que te quiero / con todo el corazón / que es mucho lo que sufro /  y es mucho lo que lloro / que ya no puedo tanto  / y al grito que te imploro /  te imploro y te hablo en nombre / de mi última ilusión.
  
    Agregando con exaltación: ‘Así se canta, así se abre el pecho a la mujer amada, cara a cara, rotundamente’.
    Nos sorprendía la pasividad y tolerancia con que en estas circunstancias nos trataban los taxistas, tan celosos guardianes del correcto comportamiento  que debía observarse en sus vehículos, que al menor desmán de sus pasajeros los hacían descender sin contemplaciones y en caso necesario con ayuda de la policía, lo mismo que nos ocurría con el personal y parroquianos del café ‘Royal’ que soportaban sin llamarnos la atención ni alterarse por el alboroto que armaba Vallejo y su conjunto de voces destempladas y el rasgar infantil y disonante del charango de Carlos More, siendo como era un establecimiento en pleno centro de París, diferente a los barrios de clientela bohemia o turística, nada atentos a la rigidez de las costumbres observadas de acuerdo al espíritu severo e intolerante del francés, Celoso guardián del prestigio ciudadano de París.
    ……
    Y venían las evocaciones típicamente vallejianas, de resabios pueblerinos, melancólicos, tristes, de llanto y clamores desolados, y cantares tiernos e ingenuos, interrumpidos de rato en rato para fijar la mirada en el firmamento en la noche cerrada o en la naciente claridad del amanecer, quedándose en actitud contemplativa  para volver a su llanto de niño abandonado y perplejo.

    Al río de la Huanchaca  /  me voy a mandar echar / cosa que ni sufra ni sienta
ni sepa lo que es amar, / cosa que ni sufra ni sienta / ni sepa lo que es querer.
   Un corazón de madera / me voy mandar hacer / cosa que ni sufra ni sienta / ni sepa lo que esa amar / cosa que ni sufra ni sienta / ni sepa lo que es querer.
    Un corazón de madera / me voy a mandar hacer / cosa que ni sufre ni sienta / ni sepa lo que es amar / cosa que ni sufra ni sienta / ni sepa lo que es querer.
    Tú me enseñaste a querer /  y también a aborrecer. / No me enseñes a olvidar / porque eso no he de aprender.
    No se puede, no se puede /  olvidar a quien se quiere /  porque el amor verdadero / al pie de la tumba muere.
    ¡Ay! Tú no llorarás, / mañana cuando me vaya /  ya no tendré quine me llore / sino una triste campana.
    ¿Quién toca la puerta? / ¡Señora, soy yo! / ¡Vengo por las cartas / mañana me voy!
    Arbolito, ¿qué haces en la playa?/ préstame tu sombra / antes que me vaya.      

        Ya rendido por el agotamiento volvía a sus clamores  por la madre y el hogar  imposible de Santiago de Chuco. ‘!Yo quiero ir a mi casa! ¡Llévenme a mi casa! ¡Yo me voy a mi casa! Y se echaba a caminar rezongando no sé qué cosas. A veces en una reacción violenta se detenía gritando, beligerante: ‘Cómanselo todo, no me dejen nada. Yo no quiero nada’, y lloraba zapateando sobre un solo pie, apoyado en el brazo de Henriette o en el mío”. 1  
    Pocos biógrafos de Vallejo señalan la amistad de Henriette Masse con Carlos More. Pero Henriette amó intensamente a Vallejo y no lo abandonó cuando cayó enfermo. En varias cartas de Vallejo a su amigo Pablo Abril de Vivero, nacido en Lima el 28 de octubre de 1892 y fallecido en Montevideo el 11 de abril de 1987, hermano del poeta Xavier, se queja de su pobreza. Pero al mismo tiempo reconoce la generosidad de Henriette. Córdova dice: “En Vallejo el sentimiento de amistad procedía del ancestro y de las arraigadas costumbres lugareñas, que establecían una unidad familiar, de afecto, respeto y consideración en el arraigo con el amigo y este sentimiento es el que primaba en el mundo vallejiano en París, en el que solo reservaba sus confidencias sobre lo más íntimo y entrañable, para el amigo que sentía más cerca.  Ese amigo era yo, serrano de sus serranías andinas, compañero inseparable. Sus reuniones se desenvolvían, por lo general, en grato ambiente nativo, animado por las maneras y dichos de Vallejo, sin que faltaran las celebraciones con los brindis de estilo como el de la ‘la vida es una …. ¡Bebámosla!’
    El mundo vallejiano estaba constituido por Julo Gálvez Orrego, Osmán del Barco, José Varela Arias, Armando Bazán, Macedonio de la Torre, los hermanos Ernesto y Carlos More, Raúl de Verneuil, Alfonso de Silva, Jorge Seoane, Demetrio Tello, Manuel Chávez Lazo, José Macedo Mendoza, Xavier  Abril  en sus ocasionales  visitas a París y Juan Luis Velásquez. Unos integraban el núcleo y otros giraban por la periferia, pero todos unidos en el afecto  y admiración a Vallejo.  Se destacaba en el grupo con caracteres propios de su alta calidad personal e intelectual, el escritor y poeta Juan Larrea, el amigo que lo lanzó a la fama, colocándolo en el lugar que corresponde a su gloria poética” 2 

1.- Juan Domingo Córdoba Vargas. César Vallejo del Perú profundo y sacrificado. Págs. 127-128. Jaime Campodónico editor. 1995. Lima.   
2.- Juan Domingo Córdoba Vargas. César Vallejo del Perú profundo y sacrificado. Págs. 177. Jaime Campodónico editor. 1995. Lima.   





martes, 25 de octubre de 2016

       CREAR UN PERÚ NUEVO DENTRO DEL MUNDO NUEVO

                                        
                                       

José Carlos Mariátegui 

     La creación de la revista Amauta tuvo un génesis de largo aliento, un proceso de análisis previo, conocimiento y reflexión en referencia a la nueva realidad y, necesidad de dotar al Perú, de una revista histórica. José Carlos Mariátegui lo primero que hizo a su regreso de Europa, fue analizar las expresiones literarias que se publicaban entonces. Entendió que era necesario, reunir todas las voces para darles un cauce dialéctico y renovador. Las revistas que le llegaban constantemente, no tenían una identidad manifiesta, carecían de una ideología definida. Entonces, el hecho que Amauta naciera con una genuina vocación peruanista y amplia cobertura latinoamericana como europea, fue el resultado de una decisión inteligente después de conocer la realidad cultural de entonces.
    Mariátegui viajó a Europa convencido que debía aprender, leer, asimilar  y adquirir nuevos instrumentos de análisis. En efecto, así lo hizo, se dedicó a conocer en el propio terreno los hechos y acontecimientos históricos más importantes. Sus lecturas le permitieron adquirir una sólida convicción dialéctica. Su convicción determinante fue haber sido antes un periodista hispano criollo y luego convertirse en un intelectual marxista. Su clara inteligencia, cultura literaria, vocación humanista y convicción política, hizo posible que la palabra Amauta, otra vez volviera a significar una actitud pedagógica. Por eso y con razón se llama a Mariátegui  Amauta, porque no solo le dio un contenido visionario a su revista, sino que la dotó de una doctrina, identidad, pluralidad y fe en el futuro.
    Sin la capacidad de creación, inteligencia, análisis y convicción de Mariátegui, no sería posible hablar del Perú como lo hacemos ahora. Su aporte para reconocernos como una sociedad en formación y además sus claras reflexiones, ha sido determinantes y lo seguirán siendo, mientras no se haga realidad la utopía. En otras palabras, pese a los cambios sociales que se han dado, somos todavía la nación que Mariátegui conoció y analizó para darnos una visión de futuro. Entonces, ¿cuánto ha cambiado el Perú desde 1926? Para tener una respuesta y visión de la historia reciente, habría que empezar leyendo la revista Amauta y los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana.
    La experiencia europea de Mariátegui marcó profundamente su vocación política y conducta de intelectual dialéctico, para desarrollar después una permanente actividad de creación heroica. En efecto, el 17 de marzo de 1923 retornó al Perú casado con Anna Chiapee y acompañado de su hijo mayor. Conocedor de la Primera Guerra Mundial, dictó conferencias en la Universidad Popular Manuel González Prada. A fin tener una empresa propia, en 1925 fundó con su hermano Julio César la Editorial Minerva. El primer libro que publicó en 1925 fue La escena contemporánea. Pero al mismo tiempo para sostener a su familia escribía para los semanarios Variedades y Mundial.
    Después de varios meses de preparación y envío de cartas de invitación a futuros colaboradores, tanto del Perú como del extranjero, finalmente en el mes de setiembre de 1926, apareció el primer número de la revista Amauta. Aunque su circulación ya era conocida por un grupo de periodistas y amigos, sin embargo, cuando fue leída causó un impacto no solo innovador, sino se convirtió en un hecho sin precedentes. Sus páginas tradujeron la visión histórica y genio de Mariátegui. De hecho la editorial diseñó la futura ruta definida y convicción de una generación, destinada a cambiar el curso de la historia cultural del Perú. Pero además de la convicción y conducta doctrinaria, Amauta sería después una fuente de información y reflexión respecto a hechos históricos peruanos, latinoamericanos y mundiales más importantes.
    Por eso Mariátegui escribió: “Esta revista en el campo intelectual, no representa un grupo. Representa, más bien, un movimiento, un espíritu. En el Perú se siente desde hace algún tiempo una corriente, cada día más vigorosa y definida de renovación. A los fautores de esta renovación se les llama vanguardistas, socialistas, revolucionarios, etc. La historia no los ha bautizado definitivamente todavía. Existen entre ellos algunas discrepancias formales, algunas diferencias psicológicas”.
    En el primer número de Amauta, después de una determinación dialéctica y diseñar  una visión de lo que sería después la revista, Mariátegui, decidió publicar Tempestad en los Andes de Luis E. Valcárcel, textos de Carlos Sánchez Viamonte, José María Eguren, Antenor Orrego, Sigmud Freud. Alberto Hidalgo, Carlos Roe. Carta a los maestros del Perú de Guillermo Mercado, un artículo de Panait Strati. Poemas de Armando Bazán, Alejandro Peralta y Alcides Spelucín. Un hecho importante fue publicar Lo que ha significado la Pro-Indígena de Dora Mayer de Zulen. También textos de George Grosz, de Ramiro Pérez Reynoso y César Falcón. Incluyó la sección Libros y revistas.     
    Ricardo Arbulú Vargas, funcionario y docente durante muchos años de la Biblioteca Nacional, contaba que Jorge Basadre visitaba a Mariátegui por las tardes. En una ocasión Basadre vio que Mariátegui tenía sobre su mesa de trabajo varias revistas editadas en distintas ciudades del Perú y el extranjero. Basadre preguntó: “¿Cómo hace para recibir tanta información?”  Mariátegui respondió: “He invitado a varios escritores para fundar una revista, como por ejemplo a usted”. Luego Mariátegui dijo: “Esta revista sí que es una novedad, el Boletín Titikaka. ¿Sabe usted quien es Gamaliel Churata?” Basadre respondió: “Es un amauta”. Arbulú decía que Basadre se sorprendió gratamente cuando recibió la revista de Mariátegui con ese nombre.             
    Las revistas de la época eran disímiles, carecían de una evidente orientación y visión política definida. Por eso, Mariátegui se propuso canalizar las convicciones y propuestas señalando: “Pero por encima de lo que los diferencia, todos estos espíritus ponen lo que los aproxima y mancomuna: su voluntad de crear un Perú nuevo dentro del mundo nuevo. La inteligencia, la coordinación de los más volitivos de estos elementos, progresan gradualmente. El movimiento—intelectual y espiritual—adquiere poco a poco organicidad. Con la aparición de Amauta entra en una fase de definición”.
    Lamentablemente Mariátegui luego de su regreso de Europa, cayó enfermo como consecuencia de una antigua enfermedad mal curada, por lo que debió ser operado. El doctor Enrique Encinas, (hermano de José Antonio Encinas Franco), solía decir que operó a Mariátegui en una época en que la medicina no tenía las propiedades que después adquirió. Enrique Encinas que durante muchos años protegió a Martín Adán en el Hospital Víctor Largo Herrera, decía que no había otra forma de salvar a Mariátegui, quien era absolutamente consciente que la amputación de una pierna era la única forma que siguiera con vida.           
    Ese hecho retrasó la aparición de su revista, por eso Mariátegui afirmó: “Amauta ha tenido un proceso normal de gestación. No nace de súbito por determinación exclusivamente mía. Yo vine de Europa con el propósito de fundar una revista. Dolorosas vicisitudes personales no me permitieron cumplirlo. Pero este tiempo no ha transcurrido en balde. Mi esfuerzo se ha vinculado con el de otros intelectuales y artistas que piensan y sienten parecidamente a mí. Hace dos años, esta revista habría sido una voz un tanto personal. Ahora es la voz de un movimiento y de una generación”.
    En concordancia con su pensamiento renovador, en Amauta se tradujo lo que había afirmado antes en el artículo La Unidad de la América Indo-Española, publicado en Variedades (6 de diciembre de 1924). Entonces dijo: “La identidad del hombre hispano-americano encuentra una expresión en la vida intelectual. Las mismas ideas, los mismos sentimientos circulan por toda la América indo-española. Toda fuerte personalidad intelectual influye en la cultura continental. Sarmiento, Martí, Montalvo, no pertenecen exclusivamente a sus respectivas patrias; pertenecen a Hispano-América. Lo mismo que de estos pensadores se puede decir de Darío, Lugones, Silva, Nervo, Chocano y otros poetas. Rubén Darío está presente en toda la literatura hispanoamericana. Actualmente, el pensamiento de Vasconcelos y de Ingenieros son los maestros de una entera generación de nuestra América. Son dos directores de su mentalidad”.
    Mariátegui admonitoriamente usó la palabra cribar que es sinónimo de limpiar, diferenciar, seleccionar, separar, tamizar, elegir, escoger, etc. Es decir, publicar solo textos trascendentes después de una atenta lectura. Esta reflexión corresponde a una lectura de la Correspondencia de Mariátegui preparada por Antonio Melis, quien lamentablemente murió en La Paz (Bolivia), durante el desarrollo de Jalla 2016. Entonces, además de que nada de lo humano le era ajeno, era un exigente crítico, pero al mismo tiempo un fraterno intelectual marxista.           
    Es importante conocer cómo pensaba Mariátegui antes de publicar Amauta, es decir si se trata de rastrear el génesis cultural de su revista, es conveniente citar lo que dos meses antes le dijo a Ángela Ramos. (Mundial. Lima, 23 de julio de 1926. Entrevista a José Carlos Mariátegui).  La admirada periodista le preguntó:
     -¿Cómo cambiaron sus rumbos y aspiraciones literarias y se definieron en la forma que hoy se han definido?
    Mariátegui respondió: “He madurado más que cambiado. Lo que existe en mí ahora, existía embrionaria y larvadamente cuando yo tenía veinte años y escribía disparates de los cuales no sé por qué la gente se acuerda todavía. En mi camino, he encontrado una fe. He ahí todo. Pero la he encontrado porque mi alma había partido desde muy temprano en busca de Dios. Soy un alma agónica como diría Unamuno. (Agonía, como Unamuno con tanta razón lo remarca, no es muerte sino lucha. Agoniza el que combate.) Hace algunos años yo habría escrito que no ambicionaba sino realizar mi personalidad. Ahora, prefiero decir que no ambiciono sino cumplir mi destino. En verdad, es decir la misma cosa. Lo que siempre me habría aterrado es traicionarme a mí mismo. Mi sinceridad es la única cosa a la que no he renunciado nunca. A todo lo demás he renunciado y renunciaré siempre sin arrepentirme. ¿Es por esto por lo que se dice que mis rumbos y aspiraciones han cambiado?”
Es decir, antes de viajar a Europa, Mariátegui tenía la firme convicción de convertirse en un iluminado, en un líder capaz de aglutinar a escritores contemporáneos para realizar una gesta histórica. Lo que sucedió entonces fue que no solo alcanzó la madurez personal, sino que además asimiló una cultura de cambio. Europa hizo que descubriera el Perú real y a la vez maravilloso, el Perú esencial, el Perú trágico y de la esperanza. Pero sobre todo se convenció que podía luchar mejor  con el apoyo de intelectuales y escritores del continente americano.         
Por esa razón escribió: “El primer resultado que los escritores de Amauta nos proponemos obtener es el de acordarnos y conocernos mejor nosotros mismos. El trabajo de la revista nos solidariza más. Al mismo tiempo que atraerá a otros buenos elementos, alejará a algunos fluctuantes y desganados que por ahora coquetean con el vanguardismo, pero que apenas éste les demande un sacrificio, se apresurarán a dejarlo. Amauta cribará a los hombres de la vanguardia—militantes y simpatizantes—hasta separar la paja del grano. Producirá o precipitará un fenómeno de polarización y concentración”.
Otra palabra con una específica carga semántica que usó Mariátegui es agnósticos. Si bien es cierto que este término se refiere a la existencia o no de Dios, así como a temas religiosos y metafísicos, para Mariátegui no es un asunto referido a la existencia o no de un ser supremo creador. Se refirió a quienes carecen de una evidente convicción política, en cuanto actores y creadores de una cultura viva. Es decir, Amauta se no nacía como una tribuna de libre pensamiento, sino como el eje articulador de una convicción crítica, destinada a formar un nuevo concepto de la realidad social, política, económica sobre todo cultural.           
Así entonces afirma: “No hace falta declarar expresamente que Amauta no es una tribuna libre, abierta a todos los vientos del espíritu. Los que fundamos esta revista no concebimos una cultura y un arte agnósticos. Nos sentimos una fuerza beligerante, polémica. No le hacemos ninguna concesión al criterio generalmente falaz de la tolerancia de las ideas. Para nosotros hay ideas buenas e ideas malas. En el prólogo de mi libro La escena contemporánea, escribí que soy un hombre con una filiación y una fe. Lo mismo puedo decir de esta revista, que rechaza todo lo que es contrario a su ideología así como todo lo que no traduce ideología alguna”.
    En efecto, Amauta no se explica sin el prólogo que escribió Mariátegui para el libro La escena contemporánea, publicado en 1925, precisamente un año antes de la aparición de la más importante revista literaria del siglo XX en el Perú. En otras palabras, para conocer y hablar con fundamentos fehacientes, es preciso tener como  antecedente los textos que escribió antes de 1926. En efecto, en el citado libro dice:           “Pienso que no es posible aprehender en una teoría el entero panorama del mundo contemporáneo. Que no es posible, sobre todo, fijar en una teoría su movimiento. Tenemos que explorarlo y conocerlo, episodio por episodio, faceta por faceta. Nuestro juicio y nuestra imaginación se sentirán siempre en retardo respecto de la totalidad del fenómeno. Por consiguiente, el mejor método para explicar y traducir nuestro tiempo es, tal vez, un método un poco periodístico y un poco cinematográfico. He ahí otra de las razones que me animan a dar a la imprenta estos artículos. Casi todos se han publicado en Variedades. Sólo cinco de esta serie han aparecido en Mundial. Al revisarlos y corregirlos no he tocado su sustancia”.
   La escena contemporánea, fue un libro publicado en la pequeña editora llamada Minerva, formada juntamente con su hermano Julio César, la máquina fue comprada él en 1925 en Italia. Pesaba cerca de cuatro toneladas. Para la época resultaba moderna, ágil, capaz de imprimir libros con gran calidad y magníficas  ilustraciones. En Minerva se publicaron textos de vanguardia como Una esperanza y el mar de Magda Portal (1927), Cinco metros de poemas de Carlos Oquendo de Amat (1927), Tempestad en los Andes de Luis E. Valcárcel (1927), 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana de José Carlos Mariátegui (1928) y otros textos importantes.   
    Mariátegui vio la necesidad de hacer algunos ajustes referentes a fechas, pero no tocó el contenido de lo antes publicado. Como él mismo señala: “Me he limitado a algunas enmiendas formales, como la supresión de los puntos de referencia inmediatos del instante en que fueron escritos. Para facilitar y ordenar su lectura los he asociado y ensamblado según el tema. Sé muy bien que mi visión de la época no es bastante objetiva ni bastante anastigmática. No soy un espectador indiferente del drama humano. Soy, por el contrario, un hombre con una filiación y una fe. Este libro no tiene más valor que el de ser un documento leal del espíritu y la sensibilidad de mi generación. Lo dedico, por esto, a los hombres nuevos, a los hombres jóvenes de la América indo-íbera”
     Estamos hablando de 1925, un año antes que apareciera Amauta, sin embargo es importante anotar que Mariátegui tenía diseñada ya una ruta, el itinerario que debía seguir la revista. Se trató de una propuesta política, de un diseño cultural ideológico, que se realizaría en la medida que concurrieran nuevos intelectuales. Por eso, desde el principio contó con el concurso de poetas, narradores, críticos y artistas que provenían de distintas vertientes, tanto del Perú como del extranjero. Y no se equivocó al acoger en las páginas de Amauta a jóvenes escritores, que ahora constituyen las más esclarecidas voces del siglo XX.  
     Nada de pomposidad, ampulosidad, alambicamiento ni grandilocuencia era válido para Mariátegui, sino la limpidez, la idea clara y convicción más que mil palabras vacías. Fue así que con el transcurso del tiempo, se formó en torno a la revista Amauta, una generación de escritores comprometidos. El más claro ejemplo de su influencia se dio en la vocación política de Carlos Oquendo de Amat. El autor de 5 metros de poemas era un poeta esencialmente vanguardista, pero debido a la amistad y pedagogía de Mariátegui, se convirtió en un poeta marxista. Por ese hecho y haber sido elegido secretario general del Partido Comunista Peruano en Arequipa, fue detenido, torturado, enviado al Frontón y de allí desterrado a Panamá para que fuera encarcelado y muera. Pero rescatado por Diógenes de la Rosa de la Cárcel Central de Panamá, llegó a París muy enfermo para después pasar a Madrid. Murió a consecuencia de una tuberculosis terminal en el Hospital de Navacerrada (Guadarrama, España), el 6 de marzo de 1936.
    Con la convicción que proviene de una decisión política determinante, Mariátegui escribió: “Para presentar Amauta, están demás las palabras solemnes. Quiero proscribir de esta revista la retórica. Me parecen absolutamente inútiles los programas. El Perú es un país de rótulos y etiquetas. Hagamos al fin alguna cosa con contenido, vale decir con espíritu. Amauta por otra parte no tiene necesidad de un programa; tiene necesidad tan sólo de un destino, de un objeto”.
    La extraordinaria vocación de Mariátegui de ser a la vez líder y creador de un histórico movimiento cultural y político, tuvo su cauce y expresión en Amauta. En otros términos, Amauta fue una creación genial de Mariátegui. Solo Mariátegui era capaz de crear a la revista como Amauta. Es que no solo se trata de una publicación trascendente, sino que a través de sus páginas, formó una generación de escritores comprometidos. José María Arguedas dijo que leyendo Amauta no solo consolidó su vocación literaria, sino su convicción y convencimiento que un escritor no puede traicionar a la realidad social en que vive. Así nacieron sus grandes novelas debido a la pedagogía de Mariátegui, a su ejemplo y convicción revolucionaria.  
    “El título preocupará probablemente a algunos – escribió Marriátegui --. Esto se deberá a la importancia excesiva, fundamental, que tiene entre nosotros el rótulo. No se mire en este caso a la acepción estricta de la palabra. El título no traduce sino nuestra adhesión a la raza, no refleja sino nuestro homenaje al incaísmo. Pero específicamente la palabra Amauta adquiere con esta revista una nueva acepción. La vamos a crear otra vez”.
    Otra palabra clave en el lenguaje de Mariátegui es “interpretación”. De toda la información que recibía era importante analizar el contenido de los textos, no se detenía en el dato, sino que iba más allá. Sin duda recibía toda clase de revistas y libros, pero se quedaba con la sustancia, con lo trascendente. Es fácil deducir este hecho teniendo en cuenta su correspondencia, le escribían muchas personas enviándole colaboraciones y casi no publicaba todo cuanto recibía. Algunas personas afirmaban que Mariátegui recibía información de países socialistas, pero en una ocasión que Ángela Ramos (Mundial. Lima, 23 de julio de 1926. Entrevista a José Carlos Mariátegui) le preguntó:
   -¿Cómo hace usted para vivir al corriente de la actualidad internacional y referírnosla sin engañarse y sin engañarnos?
   Mariátegui respondió: “Trabajar, estudiar, meditar. Alguien me ha atribuido la lectura de revistas checoeslavas y yugoeslavas. Puede usted creerme si le afirmo que mis fuentes de información son menos exóticas y que no conozco lenguas eslavas. Recibo libros, revistas, periódicos de muchas partes, no tantos como quisiera. Pero el dato no es sino dato. Yo no me fío demasiado del dato. Lo empleo como material. Me esfuerzo por llegar a la interpretación”.
    La decisión de publicar Amauta llegó cuando Mariátegui se convenció que había llegado el momento decisivo como histórico. Ni un día más ni un día menos, todas las corrientes y voluntades de hombres y mujeres libres, confluyeron para que naciera una voz que uniera todas las voces dispersas. Había que empezar una labor intelectual con una evidente proyección para contribuir con la construcción del socialismo peruano. No era una tarea fácil. Menos teniendo en cuenta que el gobierno de Leguía, ejercía una constante presión para acabar cuanto antes la circulación de Amauta.
     Sin embargo, Amauta nació para conocer mejor el Perú del siglo XX. “El objeto de esta revista – escribió Mariátegui -- es el de plantear, esclarecer y conocer los problemas peruanos desde puntos de vista doctrinarios y científicos. Pero consideraremos siempre al Perú dentro del panorama del mundo. Estudiaremos todos los grandes movimientos de renovación políticos, filosóficos, artísticos, literarios, científicos. Todo lo humano es nuestro. Esta revista vinculará a los hombres nuevos del Perú, primero con los de los otros pueblos de América, enseguida con los de los otros pueblos del mundo”.
     Una pregunta que se formulan quienes escriben acerca de Mariátegui es ¿cómo hacía para tener una permanente información del Perú y extranjero? Sobre todo para leer libros de mayor trascendencia teniendo en cuenta su estado de salud y precaria economía. Lo que sucedía es que Mariátegui era absolutamente selectivo y rigurosamente crítico. Dueño entonces de una visión zahorí, Ángela Ramos le preguntó: (Mundial. Lima, 23 de julio de 1926. Entrevista a José Carlos Mariátegui).
    -¿Tiene usted comunicación directa con centros, periódicos o personas empeñadas en la labor de justicia social que preocupa a la humanidad en la hora presente?
    Mariátegui respondió: “Pero naturalmente vivo en espontánea relación con algunas gentes del extranjero. Con núcleos y revistas de Hispanoamérica sobre todo. También con algunas gentes de Estados Unidos y Europa. Los últimos correos me han traído algunas cartas interesantes. Waldo Frank, el gran norteamericano, agradece, en un artículo mío publicado en el Boletín Bibliográfico de la Universidad de Lima, un saludo de Sudamérica. Henri Barbusse me escribe: ‘Más que nunca nos ocupamos de agrupar las fuerzas intelectuales internacionales. Buscamos la fórmula amplia y humana que nos permitirá apoyarnos los unos en los otros y suscitar, entre los trabaja­dores del espíritu, defensores del porvenir. Para esto me pondré sin duda algún día en relación con usted, pues yo pienso que usted representa en su país los elementos osados y lúcidos que hay que llegar a unir en bloque”.
    Con el tiempo las proféticas palabras de Mariátegui se convirtieron en una realidad al haber cumplido con el proyecto de editar una revista que tradujera las pulsaciones históricas de la época. Aglutinó a la inteligencia más esclarecida, a escritores, intelectuales y artistas decididos a cambiar el curso de la historia cultural. A pesar de todas las dificultades económicas y abusos de la insoportable dictadura de Guillermo B. Leguía y odio a la inteligencia de parte de la derecha hispana-criolla, supo imponer su voluntad y esperanza para contribuir con un destino superior para el Perú.
    “Nada más agregaré – escribió--. Habrá que ser muy poco perspicaz para no darse cuenta de que al Perú le nace en este momento una revista histórica”.
                                                                                             (2016)

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