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domingo, 13 de marzo de 2011

CHURATA: GENIO DE LA CULTURA LITERARIA AMERICANA

   

Gamaliel Churata desde la niñez, cuando todavía era alumno del maestro y director José Antonio Encinas, en el Centro Escolar 881 de Puno (1907-1911), se propuso escribir una gran enciclopedia. Es con ese criterio que decidió trabajar primero El pez de oro y ahora que se publica Resurrección de los muertos, viene a ser una secuencia de un proyecto literario histórico mayor en varios tomos. Solo cuando se haya publicado todos sus libros, será posible entender a cabalidad la idea de la gran duración en el tiempo, la proyección genial de su propuesta y significado de su obra que representa una distinta forma de pensar desde los orígenes, cimientos y el fondo de América.
   Por eso y debido, la lectura de este libro no solo a otras razones desconcierta desde el principio. Sucede que está necesariamente ligado al primero publicado en la versión de Editorial Canata ( La Paz-Cochabamba , Bolivia, 1957) con un pórtico del mismo Churata y señala que fue escrito entre 1927 a 1957. Se trata en realidad de otra edición, toda vez que la primera cuando estaba casi en su totalidad impresa, al ser incendiada la imprenta, el libro fue convertido en cenizas.   
    La segunda edición oficial corresponde a los tomos I y II del II Festival del Libro Puneño (1987), editado con el auspicio de la Corporación de Fomento y Promoción Social y Económica de Puno CORPUNO (1), cuyo presidente José Luis Lescano Rivero, como buen humanista entendió el histórico valor del libro de Churata. Fuimos los promotores de esa edición y le pedimos a científicos sociales cuyos nombres no vamos a revelar, que escribieran el prólogo. Ambos insignes académicos arguyeron que no tenían tiempo para hacer un estudio analítico, pero por las conversaciones que tuvimos podemos respetuosamente aseverar, nunca leyeron ni entendieron a Gamaliel Churata.
    La segunda edición de El pez de oro, cayó en Lima en el más grande vacío y silencio sepulcral. El poder mediático no dijo ni una sola palabra. Al contrario, no faltaron quienes volvieron a decir que Churata era oscuro, demasiado barroco, un indigenista a ultranza cuya literatura estaba destinada solo a una especie de secta o logia oscurantista. No han faltado intelectualoides, diletantes y batracios envidiosos que desde la zaga en vano escupieron a la luna. Pero poco a poco, Churata fue leído y entendido. Hoy es el escritor que más interés suscita no solo en los países de habla hispana y está predestinado a permanecer como un ícono, como un genio de la literatura universal.
     Mucho tiene que ver la infancia como la atormentada biografía del autor de El pez de oro, las lecturas de La Biblia más otros textos religiosos y la formación que recibió de parte de Encinas y, el taller de talabartería de sus padres. Pero sobre todo las lecturas que hizo durante el tiempo que se desempeñó como bibliotecario práctico en la Biblioteca Pública de la municipalidad de Puno. De donde fue subrogado por haber auspiciado un homenaje con ocasión de la muerte de José Carlos Mariátegui (16/4/1930),  luego debido a la represión del régimen de Luis M. Sánchez Cerro, tuvo que huir a La Paz , Bolivia (1931), donde a salto de mata escribió Resurrección de los muertos, como todos sus inéditos que en buena hora permanecen en manos de un celador ejemplar y honesto churatólogo como es Riccardo Badini.
   Muchas preguntas sin duda se harán los lectores y algunas son: ¿Quién escribió este libro tan extraño y distante de la lógica cartesiana? ¿Cuándo fue escrito este texto tan cautivante? ¿Qué significa finalmente Resurrección de los muertos? ¿Cómo se lee este texto? ¿Cuál es en realidad su valor literario? ¿Por qué crear precisamente un Profesor Analfabeto para establecer un largo diálogo y discusión con Platón? ¿Para qué recurre a neologismos? ¿Por qué la insistencia en usar palabras quechuas y aymaras? ¿En vez de la trama de un texto teatral por qué no escribió un ensayo? ¿No es acaso el tema para un libro de la historia del pensamiento humano?   
    Este libro corresponde a la madurez intelectual, al conocimiento pleno de la cosmovisión, de las ciencias sociales, a la reflexión fecunda, a la práctica de la necrademia, al deseo de construir y deconstruir el idioma, a la madurez de escritor y ejercicio de una cultura literaria universal. Sin embargo, en el fondo se trata de una propuesta filosofante de Gamaliel Churata (seudónimo de Arturo Peralta Miranda). Nació por accidente en Arequipa el 19 de junio de 1897 (2) y murió en Lima, el 8 de noviembre de 1969. Zapatero en la niñez, lector zahorí de La Biblia , alumno de Encinas. Linotipista en Potosí (Bolivia) con el cura franciscano José Zampa, cofundador de Gesta Bárbara (1917), bibliotecario (3) en Puno (1920-1930), lector voraz, director de revista La Tea (1917-1919), fundador de la Generación Orqopata (1925) y el Boletín Titikaka (1926-1930). Periodista y político por convicción, necesidad económica y vocación en La Paz , Bolivia, donde en total vivió exilado 32 años.
    Desagraciadamente su vida personal estuvo marcada por una permanente y penosa tragedia humana como por constantes penurias económicas, por lo que alguna vez quiso dedicarse sin éxito a la minería. Fue director de una empresa periodística que fracasó, cuyo promotor fue Huayna Chuquihuanca (4). Se vio en la necesidad  de escribir libros de ensayo, discursos para políticos mediocres de turno en el poder, textos literarios, artículos para diarios y revistas, poemas y discursos fúnebres, todo por encargo. Por eso, alguien debería rastrear esa ingrata tarea para Churata pero que se vio obligado a realizar, porque cada vez que se producían cambios en la política boliviana, repercutían en los diarios y revistas que trabajaba. Pero más pudo su vocación literaria, escribió varios libros propios con la ilusión de publicarlos y formar una biblioteca capaz de exponer el curso del pensamiento humano, varios asedios a lo incognoscible, concepto tan grato para él y que se repite a lo largo de toda su obra. 
     La lógica intelectual, estética literaria y sobre todo dialéctica y textos filosofantes que se aprecian durante el desarrollo de los diálogos, corresponden al modo de pensar ligado a la cultura universal y humanista de Churata. Sin embargo, gran parte de sus reflexiones provienen más de la cultura aymara que de la quechua. De allí su originalidad y necesidad de recurrir a palabras y frases en esos idiomas, cuya traducción al español empobrece su significado y riqueza expresiva. Se trata a la vez de un escritor con una innata vocación y convicción de ser un subversivo semántico.   
   Acostumbrados como estamos a leer textos comprometidos con discursos escritos en los moldes de la lógica cartesiana, Churata desarrolla otra clase de escritura nada lineal, para que más bien sea una expresión literaria elíptica, tenga distintos ejes, sea libre y a la vez libertaria. La construcción de frases largas, el uso constante de otras categorías lingüísticas en otros idiomas, enriquece el pensamiento cosmogónico para contraponerlo al extremadamente racional de Occidente. Así, se trata de un destructor y reconstructor del pensamiento humano, no es exactamente un filósofo sino un creador filosofante. Es al mismo tiempo, un dramaturgo que expresa una realidad distinta y por tanto, la lectura produce una sensación cosmogónica, un análisis desde el otro lado del tiempo y diferente visión del mundo.     
    Ese libro por los hechos que se mencionan y relacionan, por los nombres de escritores y científicos, por las referencias al famoso Almanaque Bristol y debido a los acontecimientos que aparecen en el centro de la redacción, posiblemente pudo haber sido escrito en la Paz (Bolivia) entre 1950 y 1959. Aunque el proyecto haya nacido durante su permanencia en la Biblioteca Municipal Pública de Puno.   
   Pero, ¿qué significa formalmente Resurrección de los muertos? Se trata de un libro precursor con textos de descolonización cultural, pero al mismo tiempo, el inicio de lo que fue después lo real maravilloso y la interculturalidad. Servirá de modelo para que otros escritores escriban libros liberadores desde el eje a la periferia y de la periferia al eje. Demuestra que los muertos que resultan de la agresión cultural finalmente no mueren, están presentes en la cultura y devenir del tiempo. Es decir, amarrados a los orígenes y siguen viviendo en las manifestaciones diarias y permanentes. Además Churata teoriza sobre la supervivencia de los muertos en las diferentes culturas humanas.    
   El libro es mucho más claro que El pez de oro porque se trata de una obra de teatro, pero hay pasajes en los que elabora discursos filosofantes. Esa idea central proviene de la cultura aymara porque los aymaras tenemos tres almas. Cuando muere una persona adulta, a los ocho días, una de las almas regresa a la vivienda para convertirse en uywiri (vigilante, cuidante, celador). Se ocupa de vigilar para que no haya robos, nunca duerme, observa todo lo que sucede. La segunda alma regresa a la comunidad a los dos años, se asiste a la misa del pueblo para que sea purificada. A ese acto religioso se llama cabo de años, la familia se reúne para rememorar al difunto y celebrar el hecho de que habite en la comunidad convertido en una fuerza mágica y, gracias a ella madure los productos. La tercera alma regresa a los cinco años para convertirse en el aire que se respira, en lluvia, en una lejana estrella, habita el cosmos convertido en polvo sideral invisible. De modo que los muertos nunca mueren, se transforman, viven en los vivos y con los vivos. Están amarrados a la vida, a la eternidad. Entonces, la muerte sideral no existe. En ese pensamiento andino y cosmogónico no cabe la posibilidad de una reflexión judeo cristiana, aunque ahora la Iglesia Católica hace grandes esfuerzos para borrar esa forma de pensar, acepta la existencia de las tres almas, siempre y cuando que para cada una de ellas se haga hacer una misa y se pague “los derechos”.     
Otro valor literario que este libro tiene, es que se inscribe en la corriente de la escritura híbrida que empieza con Guaman Poma de Ayala y continúa con José María Arguedas. El uso de la escritura y en consecuencia de la literatura híbrida en este libro, consiste en el uso de un lenguaje que finalmente de la conjunción de elementos de distinta naturaleza idiomática. Viene a ser el proceso de composición y recomposición de la masa lingüística, en cualquier sociedad humana donde concurren varias culturas. Como en este caso los idiomas aymara, quechua, español y otros términos que impone la cultura dominante. En consecuencia, nada es definido. Todo se reelabora, todo está en ebullición debido a que cada idioma aporta, destruye, asimila y suma conceptos. Entonces, el idioma cambia permanentemente, tal como lo dijo Antonio de Nebrija. Así también el español cambia y tampoco permanece estático.
   Entonces, bien podríamos decir que Churata escribe en español andino híbrido, en español americano en plena formación y cambio. De modo que  nunca será definitivo. La hibridez idiomática es el resultado de la presencia desigual de distintas formas del habla porque provienen de diferentes vertientes. A modo de testimonio bien podríamos decir, así se habla el español andino con palabras y pensamientos cosmogónicos y metafísicos que provienen de distintos idiomas. Es un libro elaborado con el sumo de la cultura americana, pero además alimentado por la lectura de libros esenciales de la cultura occidental.           
   La creación de un Profesor Analfabeto para establecer un largo diálogo y discutir con Platón es sencillamente genial. Pero el Profesor es un personaje con una vasta cultura porque ha leído a los más importantes filósofos griegos, latinos, europeos, norteamericanos, etc., etc. Conoce toda la riqueza de la cultura occidental e irónicamente se guía por los escuetos conceptos del Almanaque Bristol. Churata se burla de Platón con razón y respeto, entiende su distinta forma de pensar frente a la vida y a la muerte, respecto a esta parte del mundo. Pero no sólo discute con Platón, lo llama  en aymara chua, chuita, que en español es plato, platito. Además, usa los recursos que brinda la trama teatral para demostrar que la cultura oficial es pobre, en cuanto no reconoce la personalidad colectiva de una sociedad distinta, la otredad cultural.
      Habría que preguntarse ¿quién es más analfabeto en referencia al universo que recrea Churata? El Profesor Analfabeto o Platón, no olvidemos que ahora no solo abundan profesores analfabetos, sino también académicos ignorantes, catedráticos ignaros, eruditos iletrados, intelectuales chambrías, críticos sin crítica, doctores incultos, decanos trafas, poetas chantajistas, licenciados profanos, antólogos fatuos, rectores indoctos, etc., etc. Pero ninguno de ellos sabe más que el Profesor Analfabeto de Churata. Ya quisieran tener esa vasta cultura, forma de hablar y escribir.
     Hay momentos en que el esquema del discurso y el lenguaje que proviene de la mentalidad y oralidad andina, seguramente es extraña a personas que no conocen el contenido de muchas palabras. Precisamente por esa razón, esta edición crítica permite al lector, debido a los conceptos e información el pie de cada página, tener datos para penetrar en el valor universal de esta obra. No han faltado quienes dijeron que ese hecho le quita jerarquía literaria a la obra de Churata. Pero cuando Ezra Pound escribe en sánscrito, español, inglés, latín, hebreo, etc., etc., nadie dice nada. A él sí se le dice poeta universal pero no a Churata. ¿Por qué?, sencillamente porque no pertenece a la cultura anglo sajona dominante.         
     Cuando Churata se refiere a los fenómenos sicológicos, a la imaginación, a las alucinaciones, específicamente a la vida interior de la persona y a lo incognoscible, hace una exploración aguda. Recurre a largos párrafos para sostener mejor lo que quiere decir. Así se explica la mayoría de los periodos semánticos, pues trata de romper con las sintaxis del español y alimenta el texto con otra que procede del sustrato de las lenguas andinas. Conocedor de la hipnosis, de los más profundos mares que subyacen en la subconciencia humana, dice por ejemplo:      
            “El proceso del fenómeno hipnótico, como fenómeno del magnetismo animal, no ha explicado su naturaleza y, prácticamente, hásele rechazado.
El estado hipnótico es de dos estadios:
a) Aquel en que se consuma la inhibición de un ego receptivo.
b) Aquel en que se produce la sustitución de un ego receptivo por el polutivo.
Es operación básica para que la cópula dé como resultado la adopción por el receptivo de la ideación del polutivo. En ese punto el receptivo ha entrado en estado cataléptico y (p. 340) revelará ignorancia absoluta de él, pues cuanto pasó fueron expresiones del ego polutivo. En lengua americana este fenómeno se llama ahayu-watan. Ahayu es el alma de un muerto: un muerto te ha atado a su voluntad. El ego polutivo parte, como la voluntad hipnótica, del ego operador, pero ya el área del ego receptivo es aquél quien impone su voluntad dramática o plástica, o simplemente volitiva. El mundo que vive el hipnotizado es neutro, pues es el ego polutivo quien adquiere somática en la naturaleza del receptivo.
El poseso místico o el simplemente psicótico, son sujetos en quienes ese proceso se ha llevado a cabo veces sin intervención de ego operador alguno, acción directa de Íncubo o Súcubo. Lo que dice que ese agente posee conciencia individuada, no es fuerza de energía magnética, sino ego consciente de naturaleza más bien genética.”
     La creación y necesaria utilización de neologismos para Churata es esencial, es como el acto de respirar mientras escribe. Se trata de un escritor con tan prodigiosa imaginación que se ve en la necesidad de crear palabras para expresarse mejor. Como el idioma es pobre y el diccionario una tumba llena de palabras y definiciones arcaicas, a fin de elaborar nuevos conceptos se ve en la necesidad de buscar raíces y darle a la nueva palabra un sentido lógico y armonioso. Si se hace una lista de neologismos de Churata, se podrá apreciar que todos renuevan y enriquecen el idioma, los conceptos son propios y corresponden a la necesidad de expresarse mejor, con absoluta propiedad. 
    La insistencia en el uso de palabras que provienen del quechua y el aymara es esencial para darle riqueza cultural e idiomática al texto. Hay palabras en estos idiomas como en otros, que no son traducibles al español y cuando se buscan sinónimos o traducen pierden calidad, riqueza, belleza y armonía. Por eso, Churata no se preocupó de consignar la traducción al español de las palabras que aparecen en el original de este libro y que provienen de distintos idiomas. Entendió que así el texto tendría más riqueza y es verdad. No se trata de un fácil recurso literario, es más bien la más profunda convicción de un escritor conciente de la evolución del idioma, de la cultura cambiante en América y el mundo.
    En cuanto a la construcción y deconstrucción permanente de la semántica a lo largo del libro, viene a ser una voluntad para establecer una adecuada forma de expresarse. Es decir, cuando las reglas del español son demasiado rígidas y no permiten el vuelo del ícaro verbal, el desarrollo de la imaginación ni la ficción, se ve precisado en establecer otro campo semántico, creando y destruyendo a la vez. El libro se convierte en un permanente campo de batalla, de búsqueda y hallazgo, de un modo de expresarse libremente para liberar a las palabras del yugo canónigo establecido, de la dictadura oficial de la Real Academia de la Lengua Española y el diccionario.            
    Churata optó por desarrollar un texto teatral porque ya había escrito un libro que se alimenta de otros géneros como El pez de oro. De allí que insistamos en que para entender a cabalidad este libro es indispensable leer el primero. Muchas son las referencias, las citas, las indicaciones que hace el escritor para ubicar mejor al lector en el contexto narrado. Churata solía decir que quería atar, amarrar al lector para que leyera todos sus libros y así tenga una visión del desarrollo de la inteligencia humana.        
   En el fondo se trata de un libro que desarrolla la historia del pensamiento universal en relación a la vida y a la muerte en todos los tiempos. La Biblia , el Corán, El libro de los muertos, el Popol Vuh, el Zend-Avesta, etc. etc., su militancia en la necrademia, su correspondencia y cercanía con la Sociedad Teosófica. Pero sobre todo la práctica del culto según el mundo andino con los muertos como fue cuando murió su compañera llamada Rosa Calderón, a quien le puso el nombre de Brunilda y después fallecieron sus menores hijos llamados Teófano y Quemencia. La muerte de sus seres queridos lo marcó para siempre y por eso los hizo enterrar entrando a la izquierda en el cementerio de Laycacota de Puno (5).
Hacia los años 60 del siglo XX, en Puno y cuando cursábamos estudios de secundaria, el nombre de Churata era repetido con fervor por sus discípulos y amigos como Mateo Jaika, Inocencio Mamani, Aurelio Martínez y Mario Franco Inojosa. En Lima con admiración y respeto por Alejandro Peralta, Diego Kunurana, Luis de Rodrigo, Ernesto More, Emilio Vásquez, Emilio Romero y Ricardo Arbulú Vargas. Pero no así Emilio Armaza, quien estaba francamente resentido y sentía una gran envidia por el talento de Churata.
   
    Hasta que conocimos circunstancialmente a Churata y después cuando trabajamos como conserje de la oficina de impresiones de la CORPUNO , veíamos a Churata todos los días de enero a abril (1965). Nos consta el trato inhumano y agresivo que le dio un periodista puneño. De modo que es verdad la denuncia que hiciera José Tamayo Herrera sobre este caso poco conocido. Hasta que debido a la confianza que teníamos, un domingo lo acompañé a visitar las tumbas de Brunilda, Teófano y Quemencia. Cuando entramos al cementerio a Churata casi le dio un infarto cardiaco. Todo había desaparecido, sobre las tumbas de sus seres queridos habían construido otras tumbas grandes y deformes.    
    Después, durante varios domingos visitamos a Churata. Hasta que sus hijos menores llegaron a Puno procedentes de La Paz , sus otros hijos mayores, Nina y Mario llegaron de Lima. Una hija que vivía en Juliaca a quien conocían como La Churata , iba a verlo de vez en cuando, sus sobrinos lo rodearon y dejamos de verlo. Sin embargo, observamos que Churata estaba aburrido, maltratado, arrinconado, sin nadie que lo ayude en su trabajo de periodista en CORPUNO. No había duda, el periodista puneño había logrado que Churata renunciara, se alejara para viajar a Lima y ser protegido por sus hermanos y amigos, a una ciudad donde había jurado no ir nunca. Pero así es el destino y el azar que tiene la vida.  
    Sin embargo, más allá de los testimonios que sin duda sirven para tener una visión de las circunstancias que le tocó vivir a Churata, el libro Resurrección de los muertos, es una obra que recuerda al teatro de la cultura dominante en la época de la colonia. Los curas casi en todos los pueblos obligaban a construir templos y a un costado del atrio, un espacio con un proscenio para representar obras de teatro religioso con fines de imposición espiritual. En otras palabras, el teatro servía para enajenar, para imponer ideas metafísicas y destruir la personalidad colectiva, la cosmovisión, la dialéctica elaborada de una distinta forma a la expresión occidental. Churata usa ese recurso técnico pero el discurso es distinto. La idea de los invasores hispanos era no dejar vestigios de las culturas americanas. En este caso, el teatro sirve para liberar, alguna vez se llevará a la escena esta obra y recién entonces, se comprenderá el valor universal de tan genial creación literaria.
   A través de toda la obra, Gamaliel Churata desarrolla un extenso diálogo valiéndose de un interlocutor como es el Profesor Analfabeto para discutir  especialmente con Platón. Le demuestra que no hay una sola verdad filosófica, que más bien la cosmovisión, que precedió al pensamiento filosófico sigue vigente y tiene más sentido para explicar y responder a las preocupaciones trascendentales de los seres humanos. Pero no sólo es evidente la preocupación de responder y cuestionar constantemente a él, sino que llega al extremo de hacerle bromas y en algunos pasajes a ridiculizarlo, debido a que es un ser extraño en un universo en el que la concepción de la vida y la muerte, difiere del mito de la civilización occidental y cristiana.
     Uno de los filósofos que sin duda influyó más que ningún otro en Churata y su permanente discurso de descolonización cultural, fue Frederic Nietzsche. Pero no estuvo de acuerdo con la teoría del superhombre como sí lo hizo el poeta Carlos Dante Nava (6), discípulo de Churata. En vez del superhombre Churata dice el superasno. Pero Nietzsche ayudó a Churata a descifrar su entorno y aplicar esa experiencia para refutarlo y decirle que no hay razas superiores ni inferiores, que ninguna cultura es superior a otra. Lo que sí existe según sostiene Churata, es la capacidad de las culturas humanas a través del tiempo, para crear sus propias respuestas a sus  preocupaciones metafísicas.
      Dijimos que Churata se propuso desde la niñez escribir una enciclopedia, por esa razón, durante su permanencia como bibliotecario leyó por ejemplo a Tales de Mileto, Heráclito, Hobbes, Heidegger, Kant, Spencer, Pawlow, Hartmann, Buffon, Darwin, Leibnitz, Hegel, Tomás de Aquino, San Agustín, Jung, Shakespeare, Pitágoras, Einstein, Confucio, Laose, Rousseau, Aristóteles, Pascal, Lenin, Schopenhauer, Blas Valera, Sepúlveda, Anatole France, Waldo Frank, Papini, Miguel de Cervantes Saavedra, Bocaccio, Miguel de Unamuno, et., etc., En fin, la lista es larga a quienes Churata analizó en sus disertaciones en Orqopata (7)  por eso tiene la capacidad de corregir, reconocer o volver a pensar lo que dijeron o escribieron, no solo estos autores sino a quienes el lector pudo encontrar.
   Un rasgo esencial es que Churata se alimenta de mitos andinos para exponer su pensamiento esencial en contraposición a las verdades consagradas por la enseñanza oficial en América. Para demostrar la veracidad de su pensamiento se refiere a la cultura Tiahuanaco, a los mitos del Titicaca, a las sirenas y seres cosmogónicos vivos en la cultura andina. La Atlántida (7) es un tema que fascinó a Churata a tal punto que según Ricardo Arbulú, Inocencio Mamani, Enrique Cuentas y Mateo Jaika, se propuso escribir una obra sobre ese tema. De  todos modos se trata de un discurso ácrata, nada metafísico, de ninguna manera complaciente con la conducta y fraseo platónico. Pero no deja de citar parábolas o pasajes por ejemplo de La Biblia.
   Ese es un tema que es preciso estudiar adecuadamente. El texto que Churata leyó tres veces en voz alta fue La Biblia y ese hecho le dejó una profunda convicción para convertirse en un apóstol pero a la vez es un escritor ácrata, de allí la adopción de ese nombre. Habría también que revisar las sucesivas ediciones del Almanaque Bristol para encontrar las referencias culturales que hace Churata. Se trata de una pequeña revista publicada anualmente y que traía textos curiosos, efemérides, citas de grandes filósofos y eran aprendidas de memoria para después adoptar una conducta personal. Para Churata el hombre-letra es la persona que proviene de la educación oficial y hombre-no-letra es la que pertenece a la cultura iletrada; es decir, que al establecerse la diferencia cultural entre ellos, hace que se produzca un permanente choque y el diálogo se convierta violento.
    Aún así, para Churata la resurrección de los muertos, es la resurrección de las culturas vencidas. El hecho humano es que el tema de la muerte desde el fallecimiento de sus seres amados, se convirtió en un campo de reflexión, pero también lo llenó de soledad y profunda tristeza. De acuerdo a la cosmovisión andina, Churata optó por acompañar y ser acompañado por Brunilda (8) y sus hijos (9). Entre los aymaras y quechuas, el ajayu viene en el cuerpo del niño o niña que nace y cuando muere, el espíritu, el alma, no se va sino renace en un ciclo infinito y movimiento, en otras personas. El ajayu subsiste a los tres mundos metafísicos: el mundo de arriba donde mora el Padre Creador. El mundo de la realidad o sea el mundo real y el mundo de abajo donde mora el supay, los seres malignos que producen males y enfermedades a la humanidad. La muerte habita el mundo de la realidad cotidiana, con y en nosotros mismos, de modo que la muerte es la propia vida y está amarrada a la existencia, es semilla y a la vez gen.     
    En cuanto a las grafías respecto al quechua y al aymara que  Churata usa en este libro, son las mismas que se usaban durante los años veinte del siglo XX. Mucho se ha avanzado desde entonces, ahora usamos el Alfabeto Fonémico Universal y es el sistema para enseñar los idiomas ancestrales en varios países del área andina de América. Hay una pregunta que de todos modos llega sin que se le convoque: ¿Dios existe? Churata reiteradamente afirma la muerte de dios. Pero no solamente se refiere a ese tema que apasionó a muchos intelectuales del siglo XX. También señala la muerte de otros mitos como el progreso, la educación, la justicia y sobre todo la libertad. No es extraño que el lector a veces se sienta desconcertado, quizá desorientado porque Churata se deja ganar por ideas que provienen de su libro El pez de oro, por eso la necesidad de saber que también allí hace funciona el pensamiento del ajawu watan (el espíritu amarra). Churata amarra al primer libro, con éste y con los que después se publicarán. Ajayu watan, Chullpa thullu. Ajayu: genes. El alma, la primigenia semilla del ser humano.
      Es bueno recordar que los personajes que desfilan en esta obra teatral son: El Profesor Analfabeto, Platón (Platito, Chuwa, chuwita), el Khori puma, el Inka, El pez de oro, el Sakka aklla, catedráticos, niños, niñas y un lama, cada quien con su propio lenguaje y personalidad. Aparece una orquesta y tres clases de públicos, aclamaciones  planetarias. El teatro físico está dividido por clases sociales, la platea, intermedio y la galería, son estratos diferentes y tienen un distinto comportamiento. Interviene una orquesta que interpreta una melodía arcaica del Tahuantinsuyo. El Profesor Analfabeto se transforma en Puma, en inka y guagua puma. Cada uno de ellos tienen sus propios pensamientos pero lo más cautivante es el hecho que Churata haya creado a un personaje para decir a través de él, todo cuanto piensa no solo del tiempo histórico que le tocó vivir, sino de la historia del pensamiento de la humanidad.   
      ¿A qué se debe la persistencia en llamar al Supay, al Cheitán, a Lucifer, a Mefisto, a Daimon, al propio diablo y al anchancho? Se trata de personajes que pueblan la cosmogonía, la realidad cotidiana y la prodigiosa imaginación mágica de Churata. Así como en el mundo andino todo tiene vida, el árbol, un río, los cerros donde moran los apus, los barrancos poblados de anchanchos, los lagos, ríos y manantiales están habitados por sirenas, etc., etc. En el universo andino todo tiene vida, hasta la muerte. La muerte no es más que una palabra que significa semilla, continuidad y a la vez permanencia. El Cheitán y el anchancho se reúnen para dar vida a la muerte que no la sienten, no existe ni creen en ella.
     Entre los personajes que Churata admiraba están Manuel Z. Camacho (10) quien fundó una escuelita en su casa, en la estancia de Uta wilaya (Ácora-Puno). También Rigoberto Paredes que trabajó en Warisata (11), cada uno de ellos le revelaron muchos secretos respecto a la lucha que emprendieron contra sociedades injustas en el Perú y en Bolivia. Defendió a Manuel Z. Camacho, colaboró y se solidarizó con Rigoberto Paredes. No cabe duda que también influyeron en él como en casi todos los intelectuales del siglo XX Sigmund Freud. No así José Vasconcelos autor de Raza cósmica, Churata como respuesta crea el concepto de hombre germinal. Finalmente habrá que decir, Churata escribe acerca de la necesidad de reconocer los derechos de la mujer, aunque se refiere a otro contexto durante el Tawantinsuyo y el Tiawanacu, como dice, la edad lunar o matriarcado.
     Han escrito en un principio en el Perú acerca de Churata Nazario Chávez Aliaga, José Varallanos, Luis E. Valcárcel, Emilio Romero, César A. Rodríguez, Jorge Basadre y Ricardo Arbulú Vargas. A lo que es preciso agregar los trabajos académicos de Ricardo González Vigil, Miguel Ángel Huamán, Antonio Melis, Riccardo Badini y Manuel Pantigoso Pecero, así como la antología de textos de Churata de Guissela Gonzales Fernández, sin olvidar los ensayos de Feliciano Padilla Chalco, Jorge Flórez-Áybar, José Luis Velásquez Garambel, Yasmín López Lenci, Dorian Espezúa Salmón, Mauro Mamani Macedo y las referencias de David Sobrevilla, David Wiesse, Cyntia Vich, Gerardo Leinber y Ulises Juan Zevallos Aguilar (12).
    Si bien el teatro ahora ha quedado reducido a recintos cerrados donde es posible ver representaciones de obras clásicas, modernas y actuales, es un privilegio para de elites porque en esencia se ha convertido en patrimonio de una clase social. Churata no pensó en esa clase de espectáculos, más bien abre las puertas, rompe los esquemas de la burguesía y el público es plural, habla varios idiomas, es planetario. Pero no se olvida que entre el público hay toda clase de personas que asisten, gritan, aplauden, se rebelan, ríen e insultan, se hacen la burla tanto del Profesor Analfabeto como de Platón, los agravian y agreden. Es un teatro interactivo, un teatro en el que el público por momentos no soporta un discurso intelectual, demasiado elaborado. Pero también hay catedráticos que intervienen poco porque no están formados como el Profesor Analfabeto y menos como Platoncito.         
     En fin, haber trabajado y colaborado en algunos temas de este libro con Riccardo Badini durante varias sesiones, ha sido una experiencia maravillosa debido a la excelente formación intelectual de un churatólogo fervoroso, honesto y con una fe inquebrantable para que sea Churata sea adecuadamente valorado. Riccardo Badini, en buena hora es poseedor de otros manuscritos de Churata, ahora puede estar tranquilo con esta edición crítica. En el futuro, la idea es seguir trabajando en todos los demás libros, hasta lograr que el niño que no terminó sus estudios primarios en la Escuela de Encinas, se convierta efectivamente como quiso Arturo Peralta Miranda, al convertirse en Gamaliel Churata, en un apóstol ácrata de la nueva humanidad solar.
 
  
1.- Corpuno. II Festival del Libro Puneño. Los otros tomos son: Cosmovisión y narrativa andina. Dos siglos de ensayistas puneños. Antología general de la poesía puneña. Cultura y tecnología altoandinas. Editorial Universo, Lima.   
2.- Churata nació en Arequipa. Jorge Flórez-Áybar fue quien encontró la partida de nacimiento de Arturo Pablo Peralta Miranda. 
3.- Bibliotecario Municipal Pública de Puno. Cuando en 1969 asumimos la dirección, después que habían servido como bibliotecarios un aficionado periodista y después un policía, nada quedaba del fondo bibliográfico organizado por Churata. Sin embargo, estaban empaquetados muchos libros “rojos” y revistas literarias publicadas entre 1920 a 1930, pero los pusimos al servicio del público. Ahora, todo ha desaparecido, la biblioteca es un recinto desorganizado y con una pésima atención al público.   
4.- Huayna Chuquihuanca. Hijo de Francisco Chuquihuanca Ayulo. Se asoció con Churata para publicar en La Paz (Bolivia) nuevos diarios, pero la empresa fracasó y Huayna Chuquihuanca se suicido delante de sus acreedores “para salvar su honor”. Reunió a sus acreedores para decirles que les cancelaría las deudas. Delante de todos secó un revólver y se metió un tiro en la boca (1939). La familia Chuquihuanca culpó a Churata de haberlo inducido a realizar un trabajo que no conocía.  
5.- Cementerio de Laycacota. Churata había pagado a perpetuidad las tumbas de Brunilda y de sus mejores hijos. Fuimos a la Beneficencia Pública de Puno y el secretario respondió que no habían recibido documentación alguna de la anterior gestión. Churata, desencantado y amargado decidió no ir nunca más al cementerio de Puno. 
6.- Carlos Dante Nava.- Se trata de un poeta que consigna a los aymaras como una raza superior, sin duda una clara influencia negativa de Frederic Nietzsche.
7.- La Atlántida.- Churata era un apasionado lector de todo texto relacionado al tema de La Atlántida. Según sus discípulos más cercanos solía asociar al Tiawanaku con esa desaparecida civilización. Según Inocencio Mamani, su padrino escribió un extenso texto referido a este tema.  
8.- Brunilda. Churata se preocupó que a Rosa Calderón, a quien puso el nombre de Brunilda, después de muerta le tomaran fotos y le hicieran una mascarilla con que solía dormir y hacerle rezar hacer celebrar pagos a la pachamama.
9.- También les hizo tomar fotos a sus hijos Teófano y Quemencia una vez que murieron. Con las mascarillas de sus tres seres queridos en la mesa, tomaba el desayuno, les prendía velas y hablaba como si estuvieran vivos. Ese es un elemento esencial de la cosmogonía en la cultura aymara. Los muertos viven en los vivos. 
10.- Manuel Z. Camacho. Su verdadero nombre fue Manuel Allqa, pero adoptó un nombre distinto para no ser discriminado. Fue quien llevó a Fernando Stall al altiplano peruano y con él se propició el arribo de  Adventistas del Sétimo Día.  
11.-  Warisata. Gamaliel Churata colaboró en varias ocasiones con Rigoberto Paredes, para que el plan de estudios de la escuela de Warisata tuviera un adecuado contenido pedagógico, destinado a formar una conciencia crítica y liberadora del educando campesino boliviano.    
12.-  En esta parte mencionamos los trabajos publicados en el Perú y no  todo cuanto se ha publicado en Bolivia y México porque sería demasiado extenso. Sin embargo, señalamos por ejemplo un libro: Arturo Pablo Peralta Miranda. Travesía de un itinerante de Arturo Vilchis Cedillo. Editorial América nuestra- Rumi maki. México, mayo 2008.





1 comentario:

  1. Muchas gracias por los aportes que hace con referencia a este autor que es de vital importancia, por favor siga publicando. Al parecer no hay muchos sitios, algunos están cerrados, sobre este gran escritor peruano.
    Una vez más le agradezco por su aporte

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