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lunes, 17 de febrero de 2014

SIGNIFICADO DE LA RESISTENCIA CULTURAL DE LAS ZAMPOÑAS DE QAIRANI



        
 Hace exactamente 204 años, que Dionisio Inca Yupanqui, el 16 de diciembre de 1810 en las Cortes de Cádiz dijera: “Un pueblo que sojuzga a otro no puede ser libre”. Se refería no solo a las crueldades, genocidio y explotación inmisericorde de parte de los españoles, sino a la bárbara represión después de que fuera degollado vivo José Gabriel Túpac Amaru II, el verdadero “Padre de la Libertad del Perú y América del Sur”, en la plaza de Cusco el 18 de mayo de 1781. Entre las tantas medidas represivas dictadas por el cruel visitador José Antonio de Areche, la administración colonial desde Madrid, por Cédula Real del 21 de abril de 1782, prohibió la circulación y lectura de Los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega, por considerarlos muy peligrosos para el sistema colonial porque recordaba la grandeza, equidad y religiosidad del sistema de gobierno incaico.
       Quedaron prohibidas igualmente las celebraciones de la religiosidad andina, pero sobre todo la concurrencia de quechuas y aymaras de cacicasgos, ayllus y comunidades, a los acontecimientos de orden agrario y religiosidad comunal. Consecuentemente se prohibió el uso de instrumentos musicales ancestrales creados por las antiguas culturas peruanas. Este hecho no ha sido debidamente registrado por quienes se han ocupado acerca de los orígenes, desarrollo y modernización de la música quechua y aymara, particularmente en la evolución de los sikus o zampoñas. Este instrumento maravilloso, aparte de las virtudes estéticas y técnicas que posee, tiene que ver también con la lucha de resistencia cultural durante muchos siglos, pero ha sobrevivido por su grandeza, contenido sincrético, magia sideral y fuerza cósmica a la ideología dominante. Es un admirable instrumento en el sentido más amplio de la semántica y está destinado en el futuro, a tener un rol central en el histórico proceso de descolonización cultural de las ideas dominantes.   
      Dionisio Inca Yupanqui, no ocupa el lugar que le corresponde en la historia del Perú de corte colonial y derrotista. Es una visión de los vencedores para formar una mentalidad fraccionaria, humillante con evidente falta de auto estima y acentuadamente discriminatoria. Hace falta una historia inteligente, dialéctica y crítica, con una distinta ideología pedagógica que se proponga acabar con la coloniedad y educar para cambiar al Perú. Perso sobte todo para que incorpore a tantos personajes injustamente olvidados, como Fernando Túpac Amaru Bastidas, Juan Bautista Túpac Amaru Monjarrás, Micaela Bastidas, Tomasa Tito Condemayta, Rita Puma, naturalmente a Dionisio Inca Yupanqui, José Faustino Sánchez Carrión, etc., etc. Entre tanto, habrá que esperar la llegada de nuevos historiadores que revisen todo cuanto hasta aquí se ha escrito y se propongan responder a tres preguntas básicas: ¿Qué hemos sido? ¿Qué somos? ¿Qué debemos ser?       
   Dionisio Inca Yupanqui se autodenominó como: “Inca, indio y americano”, dijo que como coronel de caballería participó en batallas de Panzacola (México). Cuando en 1810 España fue invadida por Napoleón Bonaparte se formaron las Cortes Generales y Extraordinarias reuniéndose en la Isla de León y en la Plebeya, Cádiz. En 1812 aprobaron una Constitución para fijar el poder del monarca español. Dionisio Inca Yupanqui fue uno de los 49 diputados de América. Representó la  más auténtica voz de los humillados, de los pobres y millones de peruanos como americanos expoliados durante más de trescientos años.  
    Dionisio Inca Yupanqui, descendiente del inca Huayna Cápac, tenía una gran herencia histórica por su memoria social y atávica, estudió en el colegio para caciques del Cusco y luego se trasladó a España donde adquirió conocimientos en Derecho. Pero no se adscribió al Derecho Eclesiástico ni al Derecho de las Gentes en boga en ese tiempo, sino al pensamiento de Juan Jacobo Rousseau. Inteligente, hábil y breve en el uso de la palabra, sus discursos son claros, concretos y convincentes, no necesitaba de mucho tiempo para exponer sus ideas o leer sus breves y pocos discursos que ahora tienen una enorme importancia. Tal parecería que los hubiera escrito pensando para nuestro tiempo.
    Dionisio Inca Yupanqui defendió la cultura peruana, particularmente a lo que se ha venido a llamar ahora la cultura andina.  Otro hecho que demuestra la capacidad de sobrevivencia, tenacidad, perseverancia, constancia, tesón, obstinación, subsistencia y a la vez permanencia y cambio, así como subsistencia a la política de exterminio contra la zampoña o siku es la prohibición de su ejecución durante muchos años. Venció a la horrenda campaña llamada Exterminio de ideolatrias. Todo empezó cuando los ideólogos de la colonia creyeron que la discutible “obra evangelizadora” había borrado el sincretismo dialéctico andino y la mentalidad mágico-religiosa, entre otras virtudes de la cultura peruana. Por lo que entre 1607 y 1610 el cura de San Damián del pueblo de Huarochirí, Francisco de Ávila, hizo saber acerca de la sobrevivencia de adivinos, curanderos, así como de ídolos y amuletos. Se requisó centenares de objetos mágicos pero sobre todo instrumentos musicales.
     Durante la era de la República hispano criolla, limeño centrista, la ejecución de las zampoñas o siku tuvo una tácita prohibición para su presencia y ejecución, por lo que mantuvo su espíritu de resistencia comunal en medio de una sociedad discriminante y segregacionista. Hasta fines de los años 50 del siglo pasado, en Puno estaba prohibido que los conjuntos musicales andinos ejecutaran sus melodías y danzas en las calles y la Plaza de Armas, solo podían llegar hasta el Parque Pino. Fue Enrique Cuentas Ormachea que en su condición de presidente del Instituto Americano de Arte, se enfrentó a una sociedad con mentalidad colonial que lamentablemente subsiste en algunos sectores.
    La primera diablada boliviana que se ejecutó en Puno fue en Moho, a mediados de los años 50 del siglo pasado. Los jóvenes moheños bajo el liderazgo de “Cascajo” Valdez, representaron el relato de la biablada de Oruro en la Festividad del Señor de la Exaltación, en el atrio del templo de Moho. Así llegó la biablada boliviana a Puno, más tarde el empresario Ernesto Núñez Reyes, hacia 1965 llevó a Puno la biablada boliviana para que se presentara antes del encuentro de un clásico del fútbol entre Alianza Muelle y la Unión Carolina. Los espectadores quedaron asombrados por la belleza de los movimientos, coreografía, música ejecutada por la banda de músicos con instrumentos de metal bajo la dirección del famoso Primo Aranda.
    Desde entonces hay en Puno un lento pero persistente proceso de bolivianización de las danzas y música que pertenecen a un segmento social, distinto a los danzarines y músicos que proceden de las comunidades campesinas, ayllus y estancias quechuas como aymaras. Los instrumentos musicales como las zampoñas o sikus, tarqas, pinkillos, charangos y guitarras quedaron relegados para ser llamados autóctonos en detrimento a las danzas erradamente denominadas trajes de luces. Pero nuevamente las zampoñas o siku emergió del fondo del tiempo y discriminación cultural, para imponerse acorde a su invencible espíritu cósmico aguerrido, no individualista, composición étnica comunal y participación dialogal anónima para conseguir una melodía de ejecución circular, en permanente volición a través de distintas órbitas musicales en permanente movimientos de notas musicales.
      Sin embargo, la bibliografía acerca de los estudios de la zampoña o siku no es abundante, pero no se puede negar las contribuciones de Policarpo Caballero Farfán, José Díaz Ganiza, Alan Douglas, Jorge Flores Ochoa, Rodolfo Holzmann, Enrique Cuentas Ormachea, Arturo Jiménez Borja, Josafat Roel Pineda, José María Arguedas, Max Baumann, Edgar Valcárcel Arce, Oscar Bueno Ramírez, Ernesto Cavour, Fernando Montes Ruiz, Félix Paniagua Loza, José Pérez de Arce, Jürgen Golte, Virgilio Palacios, Abdón Yaranga. Tanto Enrique Cuentas Ormachea como Ernesto More merecen un homenaje y reconocimiento. Ernesto More en Lima a través de una fecunda acción política, periodística y cultural del Instituto Nacional Andino, institución que fundó y sostuvo hasta los últimos días de su existencia, defendió especialmente a las zampoñas. Propició estudios de la música andina acompañado de Virgilio Roel Pineda, Milder Merino, Waldemar Espinoza Soriano y Hernán Amat Olazával. Menos mal que su nieto Daniel Sáenz More, trabaja la biografía de Federico More, Gonzalo More, Helva Huara y Anais Nïn, del pintor Carlos More y naturalmente acerca de la obra literaria se su abuelo inmortal.          
     Pero los libros más importantes son sin duda los de Óscar Bueno Ramírez por la capacidad didáctica, dominio de la musicología y sobre todo por la limpidez en la enseñanza del siku o zampoña. Sin embargo, Américo Valencia Chacón, es quien empezó a realizar un trabajo serio con la aplicación de la cibernética a los estudios y análisis del siku o zampoña, mereciendo el Premio Continental de Musicología Casa de las Américas en la Habana, Cuba, en 1982. Pero un trabajo mucho más amplio complejo y completo es un texto que titula: “Sikus y sikuris del Titiqaqa. Apuntes atnomusicológicos”, firmado por José Domingo Calisaya Mamani y Fernando Medrano Verano.
    No es nuestra intención teorizar acerca de la historia, formas de ejecución,  relación que tienen los distintos sikus o zampoñas con el calendario agrícola, los ciclos de vida vital y festividades propias como impuestas. Lo que sí debemos expresar es que el Congreso de la República, debería aprobar una ley específica de Política Cultural y Política para la Cultura, que comprenda además al sistema educativo peruano en general. No se ocupe solamente de discutir la nueva ley referente a la educación universitaria. Lo que parece no entenderse es que no está en crisis el sistema educativo, ni los maestros tienen la culpa de que en relación al último informe PISA 2013, los niños peruanos no entienden lo que leen y el Perú ocupe uno de los últimos lugares en América y el mundo en comprensión lectora. Está en crisis el Estado Peruano colonial, la República lobista, la Nación secuestrada, (tal como lo aseverara Jorge Basadre ante una pregunta de Pablo Macera). La política cultural está en manos de comerciantes de los medios de comunicación, quienes nos han atrapados en una putrefacta y permanente cacosmia. Los niños y jóvenes no están en crisis, son más bien las víctimas de una permanente acción de enajenación y mensajes de anti valores. Lo que hay que cambiar es la Constitución Política del Estado, no a los pobres fusibles ministros de Educación y Cultura ni poderosos ministros de Economía. Porque así como hay niños que no entienden lo que leen, los últimos presidentes de la República tienen miedo hacer una nueva lectura de la situación social, política, económica y cultural del Perú. Si lo hicieran, seguramente que no entenderían la lectura de lo que es y significa el milenario Perú de ayer, el Perú de hoy presa de una espantosa crisis y menos de lo que deber ser el Perú del futuro.                       
    La Festividad de la Virgen de la Candelaria merece un estudio amplio y multidisciplinario por la complejidad de su significado económico, social y cultural. Se ha convertido en una de las fiestas andinas más importantes de América en los últimos veinte años. Pero, ¿qué beneficio la deja a Puno? Esa es la pregunta que deberían contestar los científicos sociales sin detrimento de la importante significación de la religiosidad andina y expresión cultural multiétnica. Después de un gasto de millones de dólares, Puno sigue sumido en una pobreza desesperante y espantosa. Mientras tanto hay una frase que cada día cobra más dramatismo y veracidad: “Mientras Puno y Juliaca danzan, el narcotráfico, la informalidad y la pobreza avanzan”. En la provincia de Moho hace muchos años que el 2 de febrero de cada año, se ejecuta la festividad del Qurawasiri, consiste en la representación de la lucha de los urus, aymaras, pukinas y últimos ancianos de los reinos aymaras contra la invasión del inca del Cusco. Finalmente el inca vence, por eso es que en las eras de la memoria social de los aymaras, el inca es un invasor que después se convierte en hermano y aliado. Ojalá que alguna vez esta representación del inca, tenga el apoyo del turismo porque significa sin duda el último lugar donde se conmemora la presencia del inca del Perú.
     La actividad convocada por el congresista Juan Pari, a fin de que los zampoñistas más viejos entreguen en el Congreso de la República, sus zampoñas a los niños de Cairani, tiene un gran significado. Las zampoñas son de lata, no de carrizo. Entonces es una adaptación al medio cultural, pero el contenido es el mismo. Cairani, es un distrito de la provincia de Candarave del departamento de Tacna. Cairani en aymara significa lugar donde abundan las ranas. Así, las zampoñas ya no están prohibidas, ahora el siku o zampoña ocupa un lugar indiscutible en el desarrollo de la música contemporánea. Su capacidad de resistencia ha hecho que podamos escuchar sus melodías, pese a la ausencia de una inteligente como coherente política cultural que habrá que crearla desde cero.    

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