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martes, 14 de mayo de 2013

LA ADMIRABLE CAMPAÑA Y GENIO DE BOLÍVAR




 Se llama Admirable Campaña, a los hechos que traducen la inteligencia, estrategia y comando militar del brigadier Simón Bolívar, dirigida cuando tenía 29 años de edad. Fue durante los meses de enero-agosto de 1813, precisamente cuando se desarrollaron las heroicas acciones bélicas por la independencia de Venezuela. Simón Bolívar demostró no solo el genio militar que poseía, sino que con la liberación las provincias de Mérida, Barinas, Trujillo y Caracas que sumados a los triunfos en el Oriente por Santiago Mariño, consiguió la conformación y consolidación de la Segunda República de Venezuela.
     La capitulación de San Mateo significó la desmoralización de oficiales, soldados y del pueblo por haber llegado a su fin de modo imprevisto la Primera República de Venezuela. Por lo que políticos, civiles, intelectuales y militares, tuvieron que migar para evadir las represalias de terrible militar realista Domingo Monteverde. José Fermín de Sata y Bussy llegó a Trinidad, otros militares se refugiaron en las Antillas.  Simón Bolívar y Félix Ribas llegaron a Nueva Granada, siendo inmediatamente enrolados en los ejércitos granadinos.
     Es evidente que la formación ideológica de Simón Bolívar, además de sus viajes a Roma y periplos por Europa, sobre todo haber contemplado la coronación de Napoleón Bonaparte como emperador, le permitió actuar desde un principio con una gran cultura política republicana para edificar una obra imperecedera. La visión del mundo, las lecturas de filósofos griegos clásicos, de los poetas latinos y los enciclopedistas. Pero mucho más su predilección por Juan Jacobo Rousseau, le facilitaron desde un principio hablar y escribir con elocuencia y propiedad. Los otros brigadieres eran igualmente notables como militares, pero no tuvieron la capacidad intelectual creadora, ni talento militar de Bolívar.     
    La Admirable Campaña empezó desde el momento en que el brigadier Simón Bolívar se puso al mando de una fuerza de 800 soldados, con una formación de dos divisiones, la vanguardia al mando del teniente coronel Atanasio Girardot, apoyado del mayor Luciano D’Elhuyar como segundo comandante. En la retaguardia el coronel José Félix Ribas, José Tejada como jefe de artillería y el mayor Rafael Urdaneta como mayor general. Briceño Méndez fue designado secretario general y como edecanes Juan José Pulido, Fermín Ribón y José Jugo.
      Así empezó todo el 14 de mayo de 1813, en San José de Cúcuta. Pero antes habría que decir que ninguna campaña de Simón Bolívar se realizó sin previo estudio y análisis, toda acción fue inteligentemente preparada, además se encargaba de estudiar la composición social de los ejércitos realistas. Conocía la mentalidad de cada pueblo, los actores políticos y religiosos, tan influyentes en la guerra por la independencia americana. Por eso, la campaña de Bolívar se inició con el desplazamiento en dos columnas en territorio venezolano, una al mando de Ribas que marchó hacia San Cristóbal-Selva de San Camilo-Barinas para luego unirse a las tropas en Guanare o en Araure y dirigirse a Barinas para conseguir alimentos y dinero para las tropas patriotas.           
   Simón Bolívar tenía que marchar con destino a San Cristóbal-La Grita-Mérida-Trujillo para adelantarse al coronel Ribas y recibirlo con soldados de Cundinamarca y  Cartagena. Pero aplazó esa estrategia porque no estaba autorizado para llevar sus fuerzas hasta Trujillo. Por eso, el 17 de mayo arribó a La Grita con sus tropas frescas y el 19 siguió hacia Mérida, llegando allí el 23 de mayo. Recibió pertrechos, armas, dinero y además 500 hombres, luego entendió que era urgente entrar en acción para impedir que las fuerzas realistas se unieran y conformaran un ejército mayor.
    Determinó que Atanasio Girardot entrara a Trujillo a cargo de los batallones 2°, 4° y 5° de la Unión con soldados de artillería, caballería y 488 efectivos. La tropa de Hermógenes Maza y del capitán José María Ricaurte, marcharon hacia Mendoza-Betijoque y el capitán Manuel Gorgorza a Niquitao. La idea era unirse en Trujillo con las tropas de Girardot por lo que el coronel José Félix Ribas, marchó desde San Cristóbal. La tarde del 3 de junio, D'Elhuyar y Maza derrotaron al coronel Ramón Correa quien perdió la posesión de Ponomesa y facilitó que Girardot llegara a Trujillo el 9 de junio.
    Fue allí donde después de analizar adecuadamente el tiempo histórico, siendo necesario comprometer al pueblo oprimido, sabiendo que solo las masas persuadidas mediante un mensaje claro y sencillo, son capaces de cambiar el rumbo de la historia. Persuadido que era el momento de apelar a los sentimientos más hondos de los seres humanos, para que solo luchando a muerte contra un enemigo poderoso, se podía conquistar un mundo con justicia y libertad. Así, avizorando las dificultades que se presentarían en el futuro, Simón Bolívar escribió una de los textos más hermosos y desafiantes, para hacer posible la construcción de un universo capaz de eliminar los insondables abismos sociales y abolir el dolor humano:
                                        Decreto de guerra a muerte.        
     Simón Bolívar, Brigadier de la Unión, General en Jefe del Ejército del Norte, Libertador de Venezuela.
    A sus conciudadanos venezolanos: Un ejército de hermanos, enviado por el Soberano Congreso de la Nueva Granada, ha venido a libertaros, y ya lo tenéis en medio de vosotros, después de haber expulsado a los opresores de las Provincias de Mérida y Trujillo.
    Nosotros somos enviados a destruir a los españoles, a proteger a los americanos y establecer los gobiernos republicanos que formaban la Confederación de Venezuela. Los Estados que cubren nuestras armas están regidos nuevamente por sus antiguas constituciones y magistrados, gozando plenamente de su libertad e independencia; porque nuestra misión sólo se dirige a romper las cadenas de la servidumbre que agobian todavía a algunos de nuestros pueblos, sin pretender dar leyes ni ejercer actos de dominio, a que el derecho de la guerra podría autorizarnos.
    Tocados de vuestros infortunios, no hemos podido ver con indiferencia las aflicciones que os hacían experimentar los bárbaros españoles, que os han aniquilado con la rapiña y os han destruido con la muerte; que han violado los derechos sagrados de las gentes; que han infringido las capitulaciones y los tratados más solemnes; y en fin han cometido todos los crímenes, reduciendo la República de Venezuela a la más espantosa desolación. Así, pues, la justicia exige la vindicta, y la necesidad nos obliga a tomarla. Que desaparezcan para siempre del suelo colombiano los monstruos que lo infestan y han cubierto de sangre; que su escarmiento sea igual a la enormidad de su perfidia, para lavar de este modo la mancha de nuestra ignominia y mostrar a las naciones del universo que no se ofende impunemente a los hijos de América.
    A pesar de nuestros justos resentimientos contra los inicuos españoles, nuestro magnánimo corazón se digna, aún, a abrirles por última vez una vía a la conciliación y a la amistad; todavía se les invita a vivir entre nosotros pacíficamente, si detestando sus crímenes y convirtiéndose de buena fe, cooperan con nosotros a la destrucción del gobierno intruso de la España y al restablecimiento de la República de Venezuela.
    Todo español que no conspire contra la tiranía en favor de la justa causa por los medios más activos y eficaces, será tenido por enemigo y castigado como traidor a la patria, y por consecuencia será irremisiblemente pasado por las armas. Por el contrario, se concede un indulto general y absoluto a los que pasen a nuestro ejército con sus armas o sin ellas; a los que presten sus auxilios a los buenos ciudadanos que se están esforzando por sacudir el yugo de la tiranía. Se conservarán en sus empleos y destinos a los oficiales de guerra y magistrados civiles que proclamen el Gobierno de Venezuela y se unan a nosotros; en una palabra, los españoles que hagan señalados servicios al Estado serán reputados y tratados como americanos.
    Y vosotros, americanos, que el error o la perfidia os ha extraviado de la senda de la justicia, sabed que vuestros hermanos os perdonan y lamentan sinceramente vuestros descarríos, en la íntima persuasión de que vosotros no podéis ser culpables y que sólo la ceguedad e ignorancia en que os han tenido hasta el presente los autores de vuestros crímenes, han podido induciros a ellos. No temáis la espada que viene a vengaros y a cortar los lazos ignominiosos con que os ligan a su suerte vuestros verdugos. Contad con una inmunidad absoluta en vuestro honor, vida y propiedades; el solo título de Americanos será vuestra garantía y salvaguardia. Nuestras armas han venido a protegeros, y no se emplearán jamás contra uno solo de vuestros hermanos.
    Esta amnistía se extiende hasta los mismos traidores que más recientemente hayan cometido actos de felonía; y será tan religiosamente cumplida que ninguna razón, causa o pretexto será suficiente para obligarnos a quebrantar nuestra oferta, por grandes y extraordinarios que sean los motivos que nos deis para excitar nuestra animadversión.
    Españoles y canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de la América. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables.
   
                                     Cuartel General de Trujillo, 15 de junio de 1813.

                                                                                                            Simón Bolívar.

  Nadie como Bolívar para escribir textos que deberían servir para la educación,  formación cívica y esencialmente patriótica con un concepto continentalista y solidario con todos los pueblos de América del Sur. Muy distinta sería la conducta intelectual, la calidad humana de los niños, jóvenes y adultos, especialmente de los docentes de todos los niveles, si leyeran los discursos y correspondencia de Bolívar. Muchos de sus textos oficiales como improvisaciones y correspondencia no solo tienen una extraordinaria calidad literaria sino valores humanos. Pero sobre todo defiende los derechos de los pueblos a ser libres, a tener gobiernos que se ocupen de la felicidad de sus ciudadanos, se destierre los defectos heredados del pasado, así como la insoportable mentalidad colonial, que no hemos sido capaces de liquidarla  hasta ahora.
     El 17 de junio Girardot marchó hacia Trujillo y el militar realista Manuel Cañas,  abandonó la ciudad para dirigirse a un lugar llamado Aguas el  Obispo, allí  el 18 se  dio el triunfo de Girardot. Desde Trujillo, Ribas ordenó marchara hacia Mérida y   dispuso establecer sus tropas en Trujillo. El 28 de junio, Bolívar se dirigió hacia esa ciudad con dirección a Barinas, donde el español Antonio Tíscar tenía más de 2000 hombres. El 1 de julio Bolívar llegó a Guanare. El 6 de julio entró a  Barinas y el coronel Ribas derrotó en Niquitao al coronel español José Martí.
     Luego, Bolívar llamó a Girardot y su tropa. Ribas marchó a El Tocuyo y Barquisimeto para detener a un regimiento realista. En efecto, entró a esa población el 18 de julio y pasó a Barquisimeto, derrotando el 22 de julio al coronel José Oberto, en las pampas de Los Horcones. El 26 de julio Bolívar llegó a San Carlos, pero el coronel realista Julián Izquierdo condujo sus tropas a Valencia. El 29 de julio, Bolívar supo de la llegada del coronel Izquierdo en Tinaquillo, por lo que fue a buscarlo. El 31 de julio topó con las tropas enemigas en la sabana de Pegones, enseguida Izquierdo se dirigió a Taguanes. Frente a las tropas de Bolívar, Izquierdo trató de huir pero fue derrotado.  Ese hecho permitió que Bolívar llegara a Valencia, en tanto Monteverde se replegó hacia Puerto Cabello.
    El 2 de agosto el victorioso brigadier Simón Bolívar entró a Valencia y el coronel Ribas permaneció San Carlos. El día 4 en un lugar llamado La Victoria, firmó la capitulación que pidió la  corona española. Hasta que el 6 de agosto de 1813 entró triunfante a Caracas al mando de un pequeño ejército y así culminó con gran éxito la Admirable Campaña. De esta manera empezó la gloria de Simón Bolívar y no dará paz a su brazo hasta no ver libertada la América del Sur, tal como jurara en el Monte Sacro, delante de su maestro el maravilloso e inolvidable Simón Rodríguez, llamado Róbinson Crusoe.
     Pero el Decreto de guerra a muerte está íntimamente relacionado con otro anterior que Simón Bolívar suscribió con el nombre de Manifiesto de Cartagena de Indias, el 15 de diciembre de 1812 y que termina diciendo:
    La naturaleza de la presente campaña nos proporciona la ventaja de aproximarnos a Maracaibo por Santa Marta, y a Barinas por Cúcuta. Aprovechemos, pues, instantes tan propicios; no sea que los refuerzos que incesantemente deben llegar de España, cambien absolutamente el aspecto de los negocios y perdamos, quizás para siempre, la dichosa oportunidad de asegurar la suerte de estos estados. El honor de la Nueva Granada exige imperiosamente escarmentar a esos osados invasores, persiguiéndolos hasta sus últimos atrincheramientos. Como su gloria depende de tomar a su cargo la empresa de marchar a Venezuela, a libertar la cuna de la independencia colombiana, sus mártires y aquel benemérito pueblo caraqueño, cuyos clamores sólo se dirigen a sus amados compatriotas los granadinos, que ellos aguardan con una mortal impaciencia, como a sus redentores. Corramos a romper las cadenas de aquellas víctimas que gimen en las mazmorras, siempre esperando su salvación de vosotros; no burléis su confianza; no seáis insensibles a los lamentos de vuestros hermanos. Id veloces a vengar al muerto, a dar vida al moribundo, soltura al oprimido, y libertad a todos.
     Se trata de un primer documento de orden ideológico, al que seguirán muchos otros que finalmente conforman la doctrina política que guió al Libertador, durante la campaña para libertar a una parte del continente americano y posterior formación de las Repúblicas que fundara.

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