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martes, 28 de octubre de 2014

CÉSAR VALLEJO: SABIDURÍA, UNA NOVELA TRUNCA E INCONCLUSA.



José Carlos Mariátegui acogió con especial atención y entusiasmo, un texto de ficción enviado desde París por su amigo César Vallejo. Debido al prestigio del poeta nacido en Santiago de Chuco, Mariátegui lo publicó en la revista Amauta Nº 8, correspondiente al mes de abril de 1927 en las páginas 17-18.  Se trata del texto titulado Sabiduría y al pie de la página 18, apareció una advertencia que indicaba: “Capítulo de una novela inédita”. Lo que indujo a pensar tanto a Mariátegui como a los lectores de Amauta, que se trataba de un adelanto referente a una novela en plena elaboración o de un nuevo libro de narración, que habiendo sido concluido, era posible tener después acceso a su corpus total.
    En ese entonces, no había editoras transnacionales como ahora que imponían una industria destinada al consumo masivo de la literatura, de acuerdo a los cánones de la globalización, cultura oficial y coloniedad. Era usual que los novelistas publicaran capítulos tras capítulos sus novelas y que, se coleccionaran sus textos hasta la aparición del libro en una editora mayor. Se hacía ese trabajo para suscitar interés, entregar el desarrollo del texto parte por parte y, después editar el libro completo con la debida publicidad. Muchas veces los novelistas escribían por partes sus textos, de acuerdo a la acogida de los lectores o decisión de las revistas literarias. Había revistas especializadas en publicar variados temas de distintos novelistas, en algunas varios de ellos llegaron escribir hasta cincuenta libros, sin embargo, han quedado pocos en el registro de la novelística del siglo XX.
    Mariátegui no se extrañó que César Vallejo escribiera una novela, teniendo como antecedente que el poeta, entonces refugiado en París, había publicado en 1923 en Lima, Escalas Melografiadas, que tiene doce relatos, a su vez distribuidos en dos secciones: seis estampas narrativas alimentadas por la fina lírica vallejiana (Cuneiformes), más seis textos de carácter sicopatológicos (Coro de vientos). Es posible que por entonces, Vallejo hubiera leído algunos textos vanguardistas, pero que debido a su talento, esa corriente literaria apareció en su relato, como original y propio.  
    Otro libro fue Fabla salvaje, publicado también en 1923, se trata en realidad de una novela corta, que indaga las profundidades abismales y sorprendentes de la psicología humana. Entre ficción y fantasía, Vallejo presentó el drama de un campesino atrapado en las garras de la locura y el delirio. También en 1923, publicó el cuento Más allá de la vida y de la muerte. Entonces, que Vallejo escribiera una novela de largo aliento sí era una novedad grata, así lo entendió especialmente Mariátegui y lectores de su revista. Hasta entonces, Vallejo no se había dedicado a escribir concretamente una novela sino poesía y prosa menor. Pero bastó el hecho que se anunciara una novela suya para esperar con impaciencia, que algún día llegara al Perú un texto de ficción de proyección mayor, escrito por un importante poeta peruano.
      Sabiduría durante mucho tiempo también fue tomado como si se tratara de un cuento, aunque no tuviera las características técnicas ni académicas para ser tal. Esta aparente confusión se debió en parte a la insurgencia de la literatura vanguardista. Había entonces, un marcado deseo de romper los géneros, desobedecer las normas y reglas literarias establecidas para instaurar otras. Es de suponer que ese  criterio debió haber sido también con el que Alberto Tauro del Pino (Tauro 1979: 39) y otros críticos literarios, haya clasificado a Sabiduría como si se tratara de un cuento.
      Pero ahora que se conocen todos textos en prosa de César Vallejo, es posible decir contundentemente que Sabiduría no era ni es cuento. Se trató sin duda de un capítulo de una novela que escribió antes de abril de 1927. Sabiduría, no es ni podía ser el comienzo ni el final, porque carece de las peculiaridades inherentes. No tenía los dones de un primer capítulo destinado a presentar a los personajes, a la sociedad, al tiempo histórico-literario, la geografía y mucho menos a un drama humano por desarrollar. No era tampoco un capítulo de la parte final de una novela. Sabiduría en síntesis describe y desarrolla la desesperación de un personaje atrapado entre la conciencia cristiana, la culpabilidad y autocrítica destructiva. En consecuencia, pudo haber sido un capítulo del proyecto efectivamente de una novela.   
     En ese entonces, las novelas clásicas más leídas con grades tirajes, tenían tres partes: Presentación, se llamaba así a la primera estación, cuando el novelista presentaba o hacía conocer a los personajes literarios, remarcando desde la entrada, tanto sus grandezas y miserias humanas. La segunda se llamaba nudo, cuando se desarrollaba el drama propiamente dicho, haciendo que el lector quedara atrapado en medio de catástrofes, guerras, pestes, golpes de Estado, traiciones, amores imposibles, maremotos, terremotos y otras desgracias humanas increíbles e imprevistas. La tercera se llamaba desenlace, cuando cada personaje cumplía un destino fatal o feliz, irremediablemente.              
       A la luz de esta tradición novelística muy arraigada en el siglo pasado, Sabiduría resultaba sin embargo, un texto suelto, flotante, inubicable, raro, francamente inexplicable en referencia a un personaje llamado Benites que trabaja en la mina Mining Societed y que delira enloquecido por una fiebre destructora, frente a la imagen de Jesús de Nazaret. Pero el anuncio de una novela de Vallejo alegró a Mariátegui como a la audiencia de sus lectores. El texto de hecho era cautivante por el estilo del poeta, escrito con un lenguaje proveniente de su lírica y conscientemente desgranado de su poesía metafísica. Era el Vallejo, que sin embargo estaba comprometido en plena lectura de textos marxistas y empezaba su militancia política en París.
     Pero un poeta como Vallejo, no podía ser ajeno ni sustraerse a su condición humana, a sus circunstancias personales, su vida afectiva y mucho menos de la imposibilidad de tener un trabajo que le permitiera ganar una remuneración y vivir con dignidad. Esos son hechos que es preciso tener en cuenta para explicar y ubicar adecuadamente la creación de Sabiduría. Aunque según Georgette, Vallejo tenía un antiguo proyecto desde 1921 para escribir una novela ubicada en una mina del Perú y que fue desarrollándola a salto de mata, entre enfermedades, hambres, amores y penurias económicas. Pero es imposible dejar de afirmar que durante los años 1926 y 1927, Vallejo se interesó por textos y libros de Carlos Marx, los leyó con fervor y alejó de sus amigos que desarrollaban una intensa como infecunda bohemia, especialmente en los cafés y bistrós de Montparnasse. Esta aseveración es posible constatar a través de las crónicas que escribe desde París, en referencia a temas concretos: ideología y literatura, cultura y política, surrealismo y marxismo, publicados a través de sus colaboraciones remuneradas, aunque con poco monto y pagadas siempre con tardanza.            
    Pero al leer Sabiduría, los lectores de Amauta sin duda asociaron el estilo y lenguaje propio de Vallejo a sus poemas provenientes de su libro Los heraldos negros, publicado en Lima, en 1919. El registro poético es el mismo, así como los recursos semánticos y fuerte acento metafísico. Por ejemplo: “Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé! / Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, /  la resaca de todo lo sufrido / se empozara en el alma... ¡Yo no sé! / Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras / en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. /  Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas; / o los heraldos negros que nos manda la Muerte”. (Los heraldos negros) (Vallejo1970: 7). Como también: “Amada, esta noche tú te has crucificado / sobre los maderos curvos de mi beso; y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado, / y que hay un viernes santo más dulce que ese beso”. (El poeta a su amada) (Vallejo 1970: 16-17). Pero además en otras metáforas más significativas: “Dios mío, estoy llorando el ser que vivo; / me pesa haber tomado tu pan; / pero este pobre barro pensativo / no es costra fermentada en tu costado: / ¡tú no tienes Marías que se van!” (Los dados eternos).  (Vallejo 1970: 53).
      En el entendido que Vallejo, como toda persona tenía que conseguir un trabajo para vivir y tener cierta comodidad para escribir, como es sabido, no pudo conseguir una forma de trabajar para dedicarse a escribir cómodamente. Desde que llegó a París acompañado por el “Chino” Julio Gálvez Orrego, sobrino de Antenor Orrego, el 13 de abril de 1923, empezó su calvario que no terminó hasta ser crucificado por el dolor, la pobreza y víctima de paludismo, el 15 de abril de 1938. En un principio colaboró con la revista España de Madrid y vivió en el bulevar Raspail 207 (Hotel Carlton) en el Barrio Latino o de los intelectuales. En 1924 soportó un hambre terrible y una infinita pobreza. Fue entonces que le escribió a Pablo Abril de Vivero, el 26 de mayo de ese año y dijo: “Yo no tengo, en verdad oficio, profesión ni nada. Sin embargo, tengo afán de trabajar y de vivir mi vida con dignidad, Pablo. Yo no soy bohemio, a mí me duele mucho la miseria, y ella no es una fiesta para mí, como lo es para otros. Usted ha visto mi situación en París. ¿Es que no quiero trabajar? A las usinas he ido muchas veces. ¿Será que he nacido desarmado del todo para luchar con el mundo? Pueda ser”. (Vallejo. 2002:72) Como consecuencia de una situación económica terrible y deterioro de su salud, el 4 de octubre de ese año fue internado en el hospital de la Clarité, habiendo salido de alta el día 21. Pero el 26 nuevamente fue internado de emergencia y salió el 28. Fue entonces que Henriette Maisse lo trasladó a una casa de campo, cerca de Versalles, donde Vallejo recuperó su salud.
    Vallejo le escribió a Abril de Vivero en los siguientes términos, texto que asevera lo anteriormente dicho: “Abril, 19 de octubre 1924. Parece que la suerte sigue empecinándose en herirme. Esta carta le escribo desde el hospital de la Clarité, Sala Boyer, cama 22, donde acabo se ser operado de una hemorragia intestinal. He sufrido  mi querido amigo, 20 días de horribles dolores físicos y abatimientos espirituales increíbles. Hoy, querido Pablo, lo es de negrura negra y cerrada a todo consuelo. Hay horas más, acaso, mucho más siniestras y tremendas que la propia tumba”. (Vallejo. 2002:87).
   Luego escribió varios poemas en prosa que se publicaron al final de Poemas Humanos. El 5 de noviembre de 1924 volvió a escribirle a Abril: “Mi querido Pablo: Mi enfermedad se ha alargado más y más. Ayer hizo un mes que estoy en cama. Después de la operación, me vino una nueva hemorragia, por poco carga conmigo. La noche de mayo 27, pudo haber sido fatal. ¡Horrible! Pero hoy estoy otra vez mejor. Ya estoy desde el martes, en mi cuarto, pero siempre en cama. El médico me ha dicho que guarde cama todavía y que me cuide... Cornejo, viendo mi situación desesperada, por fin ha pedido un pasaje de regreso al Perú. Con fecha 30 de octubre marchó la gestión por correo. Yo le he mandado a decir que sí, que volveré al Perú”.
   En efecto, Vallejo frente a una permanente depresión, pobreza y sentirse mal de salud, decidió regresar al Perú en calidad de repatriado. Por esa razón presentó una solicitud que fue atendida por Mariano Cornejo Centeno, abogado, diplomático e ideólogo del régimen de Augusto B. Leguía, autor del texto “Patria nueva”. En 1925 trabajó como secretario de los Grandes Periódicos Iberoamericanos ubicados en la Avenida La ópera, por ese entonces concurría al atelier de la calle Vercingetorix, cerca de Montparnasse.  Vivió en el Hotel Richeliu y trabajó como traductor de las ediciones de Pierre Roger, afrontó una grave crisis económica y su salud se deterioró aceleradamente. Viajó por primera vez a España para cobrar el monto de una beca. No asistía a la universidad para estudiar Derecho, como exigían los cursos, por lo que dos años después renunció, además no estaba de acuerdo con la dictadura del general Primo de Rivera.
    Según el testimonio de Georgette de Vallejo: “En el Café de la Régence, frente a la Comedia Francesa, conoce a Henriette Maisse, quien viene a vivir con él y de la que se separará en octubre del 28, en víspera de su primer viaje a la Unión Soviética. En julio aparece el primer número de Favorables pequeña revista que emprende y financia Juan Larrea que muere en su segundo número. Vallejo colabora con esta empresa con la más buena voluntad que real entusiasmo. Obvio, es de agregar que más de 25 años después, y hasta hoy Juan Larrea se felicita de haber, una vez más, ayudado a Vallejo, abriéndole las páginas de su mínima revista”. (Georgette. 1978: 24). De modo que con su contribución es posible aseverar que durante ese tiempo, Vallejo efectivamente convivió con una mujer generosa como fue Henriette, de oficio costurera, quien lo salvó de una muerte segura. Como dice Luis Monguio: “En este mismo año de mil novecientos veintiséis  y en París -  días en que Vallejo tenía por compañera a una joven Henriette, el escritor publicó junto con el poeta español Juan Larrea dos números de una revista literaria Favorables París Poema, el número uno en julio y el número dos y último en octubre”. (Monguio: 1957.  61-62).  Sus  amigos entre ellos Gonzalo y Carlos More se reunían en el café de la Régence, frente a la Comedie Francaise, pero Vallejo asistió pocas veces.
    En 1927 renunció a los Grandes Periódicos Latinoamericanos y viajó a España, después de terminar con Henriette, empezó a vivir con Georgette Philippard Traves. De modo que es válido suponer que Henriette vio a Vallejo escribir Sabiduría porque durante ese tiempo vivía con él. Ahora, es una ocasión para decir que Henriette Maisse ha sido y es injustamente maltratada por varios biógrafos de Vallejo, quizá porque Vallejo no la menciona y nunca le dedicó algunas líneas o un poema como debió haber sido. Ya sea como homenaje o agradecimiento.      
      Pero, ¿qué tiene que ver Henriette Maisse con la biografía, producción literaria y el texto Sabiduría de Vallejo? Mucho, sino veamos. Lo salvó de una muerte segura y ayudó a recuperar su salud, hizo que regresara a París sano, le dio por tanto comodidad, tranquilidad y alimentos por varias semanas, haciendo un gran esfuerzo, trabajando denodadamente para cubrir tanto los gastos de la enfermedad como su retorno a una modesta habitación del Mary Hotel, número 32 de la rue Saint Ana, en la que vivían. Henriette se portó demostrando un amor infinito a Vallejo en el momento más crítico y decisivo de su existencia. Hay una pregunta que se han formulado muchos estudiosos de la biografía del poeta: ¿Hubo ingratitud de parte del poeta con Henriette? Ese es un tema muy delicado porque, tal como afirman quienes conocieron este hecho de cerca, aseguran que Henriette se sintió desplazada por la llegada de una “pequeña burguesita parisina”, descendiente de tradicionales familias francesas acomodadas. Siendo Henriette una trabajadora manual, una proletaria aunque muy agraciada y dotada de un encanto especial de su clase social, pero sin mayor preparación intelectual. Se ha dicho también que no hubiera cumplido el rol que tuvo Georgette, en relación a los originales y defensa de Vallejo después de su muerte.
    No ha faltado un gratuito exégeta de Vallejo que haya inventado un hecho que ofende tanto la dignidad de Georgette como de Henriette. Ha afirmado que Georgette buscó a Henriette para decirle que se alejara de Vallejo, que lo dejara porque había empezado con él un romance. Henriette sorprendida  por la noticia y petición formal, pidió que fuera el propio Vallejo quien se lo dijera y no una mujer. La leyenda negra dice que Georgette le entregó una fuerte suma de francos para que dejara a Vallejo y solo así Henriette aceptó retirarse sin decir nada de la habitación del Mary Hotel. Eso significa que Georgette compró a Vallejo, que Henriette lo vendió como si se tratara de una mercancía de amor y que Henriette se habría ido contenta. Nadie podría aceptar esta versión porque si bien Henriette era una obrera, era sin embargo una mujer digna y jamás hubiera vendido a un hombre que amaba y así lo demostró por cuanto hizo por Vallejo. De ser cierta esta versión, el poeta no hubiera podido vivir tranquilo, debido a su conciencia política y altura moral. La idea es inventar un cargo inaceptable a Henriette, como si al vender a Vallejo hubiera vivido después tranquila. Nadie vende a un hombre o a una mujer que ama, nunca. Se trata de una patraña para causarle a Henriette un daño moral ante la inusitada llegada de Georgette en la vida de Vallejo. Seguramente que tampoco Georgette hubiera vivido con la conciencia tranquila, si es que hubiera procedido a tratar a Vallejo como una mercancía amorosa, conociendo su carácter, esa oscura anécdota inventada, no soporta el menor análisis. Vallejo nunca se expresó mal de Henriette, estaba agradecido. Sin embargo, en referencia a sus dos mujeres de entonces, le escribió a Juan Larrea, el 5 de de mayo de 1927 diciéndole. “En cuanto a zorrillas, peleé con Georgette y le he hecho volver a Henriette. Así son las cosas de inesperadas. En todo caso, estoy más tranquilo, porque, además, me he vuelto al hotel Garibaldi, para evitarme complicaciones mujeriles”.  (Vallejo 2002: 234) 
     Una prueba de lealtad, humanismo y amor a Vallejo de parte de Henriette, fue que haciendo un gran sacrificio, lo trasladó a una casa de campo que alquiló para que recuperara allí la salud. La carta de Vallejo a Pablo Abril de Vivero del 8 de setiembre de 1928, es un testimonio formidable: “Voy a continuar, pues, en el campo el mayor tiempo posible. No sabe usted el beneficio que me ha hecho el aire campesino. He ganado en un mes cinco kilos. Mi espíritu se ha fortalecido y, hoy más que nunca, advierto lo mal que he estado en París. Fue una crisis terrible y muy grave. Hoy me siento como un resucitado. Los meses de junio y mayo han sido verdaderamente trágicos para mí y para la pobre chica que me acompaña y que, dicho sea de paso, se ha portado con mucha nobleza en este trance”. (Vallejo 2002: 299).
    “La chica” es Henriette, pero quien ha dejado una versión fidedigna de la relación a ella, Georgette y Vallejo, es Juan Domingo Córdova Vargas. Córdova afirma que Vallejo le dijo: “Hemos acordado con la chiquilla de la que te estuve hablando y que se llama Georgette, unirnos y vivir en su departamento, aquí a la vuelta del rue Golbert, siendo Henriette el único obstáculo que tenemos que salvar y, la persona que nos puede ayudar eres tú porque ustedes se llevan bien, se quieren y se estiman, y te escuchará para separarnos amigablemente, ella comprenderá. Tú puedes ayudarme”. Me negué – escribe – Córdova. “Precisamente por la razones de amistad con Henriette, que acabas de recalcar, justificaría mi intervención para unirlos pero no para separarlos, sin herir la consideración que me merece”. (Vallejo) se retiró sin insistir. “Bueno pues, qué vamos a hacer, ¡veré cómo me las arreglo”. Cuando nos volvimos a ver, me puso al tanto que cómo había llegado a la separación. “En vista de tu negativa a intervenir, Georgette habló con Henriette y lo arregló todo”. Me preguntó si Henriette se había despedido de mí al retirare del hotel, le respondí que no. Siendo tan femenina y delicada, es natural que se sintiera cohibida para un adiós por súbita separación que rozó su sensibilidad”. (Córdova: 1994: 213-214). Nosotros tratamos de indagar más acerca de la relación entre Vallejo con Henriette, pero esta no es ocasión para repetir lo que ya escrito (Ayala: 1994: Ver separata). 
    Cuando Vallejo le envió Sabiduría a Mariátegui, al mismo tiempo escribía textos con evidente contenido ideológico, cercanos a una franca propaganda ideológica y desafío político a los demás escritores de su época. Así lo demuestra el texto titulado Los artistas ante la política, fechado en París, en noviembre de 1927 y publicado en la revista Mundial, N° 394, del 31de diciembre de 1927. “El artista – dice - es inevitablemente, un sujeto político. Su neutralidad, su carencia de sensibilidad política, probaría chatura espiritual, mediocridad humana, inferioridad estética. Pero ¿en qué esfera deberá actuar políticamente el artista? Su campo de acción política es múltiple: puede votar, adherirse o protestar, como cualquier ciudadano; capitanear un grupo de voluntades cívicas, como cualquier estadista de barrio; dirigir un movimiento doctrinario nacional, continental, racial o universal, a lo Rolland. De todas estas maneras, puede, sin duda, militar en política el artista; pero ninguna de ellas responde a los poderes de creación política, peculiares a su naturaleza y personalidad propias”. (Vallejo 1987: 253-254)
    Vallejo se convirtió en un militante marxista, se sintió convencido que la literatura y al arte en general, deberían servir para contribuir al cambio social. Asume entonces una función pedagógica abierta, discute, analiza y predica la necesidad de que los artistas asuman un rol activo y no pasivo como lo hacían la mayoría de intelectuales neutros. “La sensibilidad política del artista se produce, - escribió - de preferencia y en su máxima autenticidad, creando inquietudes y nebulosas políticas, más vastas que cualquier catecismo o colección de ideas expresas y, por lo mismo, limitadas, de un momento político cualquiera, y más puras que cualquier cuestionario de preocupaciones o ideales periódicos de política nacionalista o universalista. El artista no ha de reducirse tampoco a orientar un voto electoral de las multitudes o a reforzar una revolución económica, sino que debe, ante todo, suscitar nueva sensibilidad política en el hombre, una nueva materia prima política en la naturaleza humana”. (Vallejo 1987: 254)
    Este texto traduce no solo la disciplinada militancia de Vallejo, sino que además es posible apreciar hasta qué punto creía que era posible crear otra clase de cultura política y tener una distinta visión del mundo a través del marxismo: “El artista debe, antes que gritar en las calles, - decía- o hacerse encarcelar, crear, dentro de un heroísmo tácito y silencioso, los profundos y grandes acueductos políticos de la humanidad, que solo con los siglos se hacen visibles y fructifican, precisamente, en esos idearios y fenómenos sociales que más tarde sueñan en la boca de los hombres de acción o en la de los apóstoles y conductores de opinión, de que hemos hablado más adelante. Si el artista renunciase a crear lo que podríamos llamar las nebulosas políticas en la naturaleza humana, reduciéndose al rol, secundario y esporádico, de la propaganda o de la propia barricada, ¿a quién le tocaría aquella gran taumaturgia del espíritu?” (Vallejo 1987: 255)
    Entonces, cuando Vallejo tenía una definida formación marxista y además se convirtió en un sacrificado militante, escribió la novela titulada  El Tungsteno en tres semanas, porque ya tenía el guión y la edición comprometida. Se adscribió conscientemente a la corriente llamada “Realismo socialista”, y empezó a escribir con un compromiso confeso, a fin de denunciar la explotación, abusos y sufrimientos de campesinos y trabajadores en una mina de tungsteno ubicada en el Perú. El mensaje y contenido político fue muy claro, advirtió la forma de penetración del capitalismo norteamericano en el Perú, con la complicidad de un régimen corrupto, en una República políticamente convertida en una moderna colonia política y económica.   
    En 1931, cuando Vallejo publicó El Tungsteno en la colección La novela proletaria en la histórica Editorial Cénit (Madrid), junto a otras novelas de carácter social y político como El don apacible de Mijail Sholojov y 100 por 100 de Upton Sinclair, apareció en plena depresión económica mundial y se produjo un avance de las ideologías marxistas. Por lo que tuvo una gran aceptación especialmente entre los jóvenes escritores de entonces. Así sucedió con Ciro Alegría quien recibió el impacto literario e ideológico, como también según la afirmación hecha por José María Arguedas, quienes tomaron conciencia del rol que debían tener frente a la realidad de la que procedían y vivían. Los pocos ejemplares que llegaron al Perú, fueron leídos especialmente en los sindicatos de trabajadores y algunos periodistas de Lima.     
    César Vallejo en vista de su pobreza y dificultades para vivir en París, decidió regresar al Perú, habiendo efectivamente gestionado y recibido el dinero para ese hecho. Pero no fue así porque Vallejo usó ese monto para viajar a Rusia, tal como lo asevera su viuda. “Pronto muy seriamente enfermo, - dice - tiene que retirarse a los alrededores inmediatos de París (Ris Orangis), a fines de junio (1928), para poder restablecerse, físicamente, al menos.
    Transcurre el verano. Más o menos está repuesto en vísperas del otoño.
    Ha recibido cincuenta libras, suma que otorga el Perú a todo peruano deseoso de regresar a su país. Provisto de un mínimo de conocimientos marxistas, Vallejo viaja de frente a la Unión soviética (octubre 1928), guardando la secreta esperanza de fijarse en Moscú.
    Es necesario aclarar aquí,  de paso,  que Vallejo – contrariamente a ciertas aserciones – no tiene intención del volver al Perú; pero, ya leninista, no vacila en pedir su pasaje de regreso, lo que le representa cincuenta libras que nos recuerda al tren blindado de Lenin.
   El 19 de octubre, día de su partida, escribe a Pablo Abril: ‘Me doy cuenta que mi rol en la vida no más éste ni aquél y que aún no he hallado mi camino… Quizás en Rusia lo halle ya que en este otro lado del mundo donde vivo, se mueven por resortes más o menos semejantes a las enmohecidas tuercas de América’. Y el 29, de Moscú mismo: ‘No creo que podré quedarme en Moscú. Lo del idioma es terrible. Volveré a París dentro de pocos días y de allí le escribiré”. (Georgette: 1978: 26).
   Entonces, ¿el texto Sabiduría era parte de una novela trunca o inconclusa? Ocurrió que Vallejo decidió fundir ese texto en la novela Tungsteno, para la publicación en 1931, de modo que ahora sí se puede aseverar que en 1927 tenía varios folios avanzados de una novela que trababa sobre el impacto del desarrollo del capitalismo y un moderno colonialismo económico en el Perú. Ocurrió que  entonces decidió publicar un capítulo precisamente como un avance de un texto de largo aliento. Al encontrarse en Madrid, propuso a la Editorial Cénit escribir una novela proletaria, como expresión de una literatura comprometida, destinada a formar una evidente conciencia política izquierdista en la clase trabajadora y los intelectuales.     
Así, Sabiduría se convirtió en Tungsteno.

Ayala, José Luis.
1994.      El cholo Vallejo. Editorial Fimart S.A. Lima
Córdova Vargas, Juan Domingo.  
1995      César Vallejo del Perú profundo y sacrificado. Jaime Campodónico. Lima.
Monguio, Luis.
1952.       César Vallejo, vida y obra. Editorial Perú Nuevo. Lima.
Tauro del Pino, Alberto.
1997        Amauta y su influencia. Talleres Gráficos de la Librería Editorial Minerva. Lima.
Vallejo, César.
2002       Correspondencia completa. Pontificia Universidad Católica del Perú. Talleres
               Gráficos de Editorial e Imprenta Desa S.A. Lima.
Vallejo, de Georgette.
1978      Allá ellos. Allá ellos. Allá ellos. Editorial Zalvac. Lima.
Vallejo, César.
1987       Desde Europa. Crónicas y artículos. Recopilación, prólogo, notas y documentación de Jorge Puccinelli. (1923-1938). Ediciones Fuente de Cultura Peruana. Editorial Gráfica Labor. Lima.
Vallejo, César.
1970      Obra completa. Casa de la Américas. Colección Literatura Latinoamericana. Instituto del libro. Publicado por Casa de la Américas, La Habana.

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