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viernes, 28 de noviembre de 2014

GONZALO BULNES: PERMANENTE BÚSQUEDA DEL PERÚ


                  Vallejo en el mar de Barranco



Cuando muere un querido amigo escritor con evidente calidad humana y cultura literaria, también se pierde para siempre, una parte esencial de uno mismo. Cuando todos quienes lo conocieron, coinciden en decir que era un peruano excepcional, su ausencia es mucho más dolorosa. Gonzalo Bulnes Mallea, periodista, investigador y hombre culto,  nació en Puerto Maldonado pero se afincó en Barranco y nadie como él conocía tanto la historia de ese distrito. Nadie tampoco como Gonzalo para trabajar en archivos públicos y particulares, para exhumar datos esenciales en antiguos diarios, hallar fotografías y textos desconocidos.
    En la revista literaria “Barranco, La ciudad de los molinos”, desarrolló una intensa labor de difusión en referencia a José Carlos Mariátegui, Manuel González Prada, Marga Portal, Catalina Recavarren, Juan Ríos. Fernando de Szyszlo, Raúl Porras Barrenechea, Chabuca Granda, José María Eguren, entre otros personajes. Solía contar que cuando terminó su libro sobre Chabuca Granda y, estaba listo para la impresión, se lo llevó a la autora del vals “La flor de la canela” y ella le contestó que no le tomara fotos porque estaba muy gorda y su semblante no daba para esos detalles. Chabuca Granda viajó para hacerse curar, pero falleció. Gonzalo Bulnes no tuvo más que terminar de escribir el texto con gran tristeza.
    Cada uno de los textos de “Barranco, La ciudad de los molinos”, tiene una gran riqueza e información, no solo fotografías inhallables y documentos valiosos, sino  resulta indispensable su legado para escribir biografías de escritores, pintores, músicos y periodistas peruanos. Así, Gonzalo se dedicaba a trabajar su revista con una pasión infinita y una vez editada, recorría todas las oficinas públicas de Lima para recuperar su capital. Llegaba puntual con las ediciones de “Barranco”, pero hablar con él era aprender mucho, porque no solo se aprende leyendo o viajando, sino también escuchando como cuando un amigo como Gonzalo Bulnes, que conocía a tantos intelectuales peruanos y latinoamericanos, contaba acerca de sus viajes por los cinco continentes, tenía mucho que contar.
     En 1996, Gonzalo dedicó un número especial de su revista “Barranco” a César Vallejo y demostró que el poeta, antes de viajar a Europa visitó las playas de  Barranco. En efecto, Vallejo aparece en una extraña fotografía con las mangas remangadas así como el pantalón hasta las canillas y es, sin duda, la última que se le tomó en el Perú antes que viajara a Europa. Quienes han escrito acerca de esa fotografía y los últimos días de Vallejo en el Perú, han tenido como fuente de información el texto que aparece en la página 82, y que en una parte Gonzalo dice:
    “Es cuando los amigos que acompañaron  a Vallejo por la playa, sin lugar a dudas estaba Juan Espejo, pero nos hubiera gustado saber quiénes eran los otros con los que entró a almorzar  a los Baños de Barranco. Precisamente en el verano de 1919 que fue la etapa por la que Vallejo pasaba difícil situación económica, en que frecuentó la amistad íntima de los hermanos More (Carlos, Gonzalo y Ernesto). Los Zuleta, los León Guzmán, de Adán Felipe Mejía (‘El Corregidor’), César Alzamora, Augusto Aguirre Morales, Carlos Parra del Riego, Abraham Valdelomar, Fabio Camacho y Junio Castilla, entre otros. También el verano de 1920, Vallejo y sus amigos visitaban además de Barranco, las playas de La Punta y Magdalena”.
    En cuanto a la famosa fotografía, Gonzalo Bulnes escribió: “También se desconoce quién le tomó la fotografía a Vallejo en la playa de Barranco en el verano de 1919. Presumiblemente haya sido uno de sus acompañantes cuando paseaban por el litoral  admirando y disfrutando la brisa y cerúleo mar barranquino. En la foto apreciamos a Vallejo descalzo con los pantalones remangados y con camisa: en típica actitud  del provinciano  que por primera vez toma contacto con el mar. Como quien con cierta timidez y miedo, pero al mismo tiempo desafiante enfrenta a las olas que van diluidas y convertidas en espuma, acarician y refrescan sus cansados pies. Me imagino que esa ocasión los compañeros de la clásica picardía limeña del limeño o provinciano alimemeñado, le harían chacota ante tan inusitada escena”.
   La imagen de Vallejo en las playas de Barranco ha sido siempre un enigma hasta que Gonzalo Bulnes proporcionó  una información completa con la ayuda de Juan Espejo. El amigo de Vallejo le hizo saber además que habiendo almorzado en Barranco, Vallejo demostró “comer bien y bien beber”. Curiosamente, esa expresión aparece como metáfora  en el poema  LXX de Trilce. Espejo no supo en realidad quién fue la persona que tomó esa fotografía a Vallejo. Durante mucho tiempo se aseveró que era trucada, como se dice, montada.  Pero no, después de comprobarse su autenticidad, la imagen se convirtió en una estampilla de colección, hoy seguramente los coleccionistas de sellos postales o quienes la tenga, puede pedir el monto que les venga en gana.                                         
    En el mismo texto en referencia a Vallejo es posible leer gracias a Gonzalo: “Además apreciamos otras fotografías donde Vallejo está con su ‘sarita’, corbata y terno completo, acompañado por Abraham Valdelomar y Julio Gamboa, donde da la impresión de que estuviera en la bajada lateral conocida como ‘Oroya’, y que desemboca precisamente en la Bajada de los Baños. En la leyenda de la foto que publica Espejo en su libro César Vallejo, itinerario del hombre, dice simplemente, además de los nombres ‘Av. Costanera, Lima 1918”. Es decir, dos años antes que el poeta fuera acusado de incendiario a raíz de los sucesos de Santiago de Chuco. Luego de ser excarcelado partió hacia Europa en junio de 1923, debido a la generosidad de su amigo el “Chino” Julio Gálvez Orrego, quien murió fusilado en la Guerra Civil Española, al haber luchado por la causa republicana. Vallejo entonces tenía en el bolsillo una moneda de 500 soles peruanos y así llegó a París el viernes 13 de julio.
      Gonzalo Bulnes anota finalmente: “Es importante enfatizar que la primera vinculación de Vallejo con Barranco fue cuando el siempre recordado don Alfredo Muñoz Arana, director de ‘Balnearios’ con pupila de descubridor de grandes valores literarios, avizorando la valía de Vallejo, dio cabida en su periódico al ahora conocidísimo poema ‘Aldeana’, publicado en la cuarta página del Nº 240, edición dominical del 9 de enero de 1926. Vallejo en ese entonces era casi un desconocido”.
      Hace dos meses, cuando visité a Gonzalo Bulnes Mallea en su casa, por encargo de Ricardo Melgar Bao, para verificar una información sobre Vallejo, lo encontré enfermo pero estaba optimista. Me proporcionó una foto de Helba Huara y se alegró que trabajara sobre Desirée Lieven, a quien estando en París no pudo conocer. “Eso sí que es imperdonable que tú no hayas conocido a Desirée, sabiendo quién era”, le dije.  “Mira cholo –respondió-, no había a quién acudir. ¿Cómo no ir a su casa? Ernesto More me contó muchas anécdotas de su hermano Gonzalo, Vallejo, Carpentier  y Desirée. Pero no había quién me lleve. No importa, esperaré tu libro, yo te conozco cholo, seguramente será un gran libro”.
    Siempre generoso, bien informado, gran lector, un intelectual al día, crítico y decepcionado del tiempo histórico que nos tocó vivir. ¿Qué será ahora de su archivo tan nutrido? Nunca se negó a proporcionar un dato, una fotocopia de revistas ni copias de cartas. Dilecto, fino, inteligente, la diabetes sin embargo fue minando su cuerpo mas no su espíritu. Pero la muerte de Gonzalo Bulnes Mallea, no ha sido un suceso doloroso para el poder mediático en una República capturada por la cleptocracia. Habrá que esperar que alguien escriba su biografía de peruano ejemplar. Gonzalo Bulnes Mallea, sin embargo no morirá, vivirá en sus textos que serán siempre consultados.           

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