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domingo, 18 de octubre de 2015

RICARDO PALMA, BOLÍVAR Y ROA BASTOS



    
Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia. “El Supremo Dictador de Paraguay”

 Después de leer el texto de Ricardo Palma titulado Entre el Libertador y el Dictador, el lector se pregunta si el novelista Raúl Roa Bastos, habría conocido o no el texto del escritor peruano, antes de escribir: Yo, el supremo, novela que inauguró el Bom literario del siglo XX. En efecto, el personaje de Ricardo Palma y Raúl Roa Bastos, es el dictador de Paraguay, José Gaspar Rodríguez de Francia. El propósito de escribir una novela tiene un largo proceso de concepción y madurez del tema, el desarrollo puede tomar varios años, además es preciso determinar cuánto se debe o puede narrar, además considerar otros temas que no vienen al caso mencionar. Pero más allá de todos los recursos que se deben contar para escribir una novela de largo aliento, está presente el hecho de conocer, leer y analizar todos los libros que se hayan escrito sobre el tema que el novelista se propone desarrollar.
    Sin duda Ricardo Palma, leyó los libros que menciona en su tradición titulada Entre el libertador y el dictador, antes de escribir la anécdota que cuenta haber sucedido entre el Libertador Simón Bolívar y el dictador José Gaspar Rodríguez de Francia. Ricardo Palma se refiere con propiedad a la personalidad autoritaria,  régimen déspota y gobierno con mano de hierro, contra el pueblo paraguayo de parte del doctor Francia, que logró convertir a ese país en una hacienda feudal personal.
    “La biografía del dictador paraguayo – dice Ricardo Palma- y las vagas noticias de las atrocidades que ejecutó han llegado hasta nosotros los peruanos, dan a ese personaje y a su pueblo un no sé qué de inverosímil y fabuloso. El libro del médico suizo Rengger, el del literato español D. Ildefonso Bermejo, el del inglés Robertson y el opúsculo del argentino D. Pedro Somellera, enemigo político y personal del doctor Francia, era cuanto medianamente autorizado podíamos consultar para formarnos un concepto del Paraguay y del régimen dictatorial que, a poco de la caída en 1811 del gobernador español D. Bernardo Velasco, implantara un doctor en teología”.
    Todos los estudios críticos que se refieren al Bom literario han omitido señalar el texto de Ricardo Palma, como el precursor de haber citado los libros que se publicaron antes que lo hiciera Raúl Rosa Bastos teniendo como personaje al sanguinario dictador latinoamericano Dr. Francia. Así, Ricardo Palma cita autores que antes de Roa Bastos escribiera su novela, ya se habían publicado libros en los que retrataron al Doctor Francia como el “Eterno dictador del Paraguay”. Sin embargo, es necesario recordar que el libro de Roa Bastos, es una novela escrita en 1974 y a diferencia de escritores citados por Palma, Roa Bastos decidió narrar desde la historia, los mitos y realidad social, un texto de contenido morfológico-sintáctico.
    La novela Yo, el supremo fue escrita después de varios años que Miguel Ángel Asturias publicara El señor Presidente (1946). Luego en 1974 Alejo Carpentier  publicó El recurso del método, ambos narradores describieron a dictadores latinoamericanos incapaces de entender los derechos de sus pueblos a vivir en libertad y ejercicio de la dignidad humana. Habría necesariamente que añadir, la novela El otoño del patriarca, cuyo autor es Gabriel García Márquez publicada en 1975. Finalmente Mario Vargas Llosa, se sumó a esta zaga de novelas referidas a  dictadores de América Latina con La fiesta del chivo, publicada en el año 2000, se refiere al asesinato Rafael Leónidas Trujillo, dictador de la República Dominicana.
     Ricardo Palma escribe que: “Estando de sobremesa el Libertador Bolívar en Chuquisaca, allá por los años de 1825, versó la conversación sobre las excentricidades del doctor Francia, el temerario dictador del Paraguay. Lo que algunos comensales referían sobre aquel sombrío tirano, que se asemejaba a Luis XI en lo de tener por favorito a su barbero Bejarano, despertó en el más alto grado la curiosidad de Bolívar.
    -Señores - dijo el Libertador -, daré un ascenso al oficial que se anime a llevar una carta mía para el gobernador del Paraguay, entregarla en propia mano y traerme la respuesta. El capitán Ruiz se puso de pie y contestó:
    -Estoy a las órdenes de vuecelencia”.
     En efecto, al amanecer del día siguiente, el capitán Ruiz partió con dirección a Asunción, acompañado por una escolta compuesta de veinticinco soldados con alimentos para varios días y adecuadamente armados. Atravesó el territorio del Chaco que no solamente es extremadamente inhóspito, sino lleno de desiertos, fangos y una enmarañada jungla, hasta que llegó a un lugar de la frontera denominado Candelaria. Allí fue desarmado, los jinetes que los acompañaron quedaron confinados y vigilados. Hasta que finalmente el capitán Ruiz llegó a Asunción. Durante el viaje no pudo comunicarse con nadie, puesto que los soldados paraguayos no hablaban español sino guaraní.    
    Ricardo Palma narra que: “Pasó Ruiz por algunas calles de la capital hasta llegar al palacio del dictador, donde sin permitírsele apear del caballo, tuvo que entregar al oficial de guardia el pliego de que era conductor. Una hora después salió éste. Dio a Ruiz una carta sellada y lacrada, que contenía la respuesta del dictador a Bolívar, y el sobre del oficio, con estas palabras de letra del autócrata paraguayo: Llegó a las doce.
    -Despachado a la una, con oficio-. FRANCIA.
    El capitán volvió grupa, escoltado por los dos vigilantes paraguayos, que no se apartaron un minuto de su lado hasta llegar a Candelaria, donde lo esperaban los veinticinco hombres de su escolta. Después de mil contratiempos, naturales a camino tan penoso como el del desierto Chaco, puso Ruiz en manos del Libertador la ansiada correspondencia, y obtuvo el ascenso, leal y honrosamente merecido.
    Los compañeros de armas de Ruiz acudieron presurosos a su alojamiento, esperando oír de su boca descripciones pintorescas del país paraguayo y estupendos informes sobre la persona del enigmático dictador”.
    Todos sus compañeros de armas querían saber qué aspecto físico tenía el Supremo dictador de Paraguay. Le preguntaron si era alto, feo o buen mozo, qué clase de persona era. Qué clase de pueblos había visto durante el viaje y qué pensaban los paraguayos de peruanos, colombianos y venezolanos. Frente a tanto asedio respondió que fue y regresó vigilado y no tardó en regresar porque así fue la orden. Ruiz  añadió:     
    -¿Qué les he de decir, si yo no he conocido al dictador, ni he pasado del patio de su casa, ni visto de la ciudad sino cuatro o cinco calles, y eso al galope, más tristes que un cementerio”.
    Ricardo Palma anota en referencia a este hecho: “El despotismo extravagante del doctor Francia estuvo más arriba que la curiosidad burlesca del Libertador”.
   El abogado-dictador José Gaspar Rodríguez de Francia, no era como algunos gobernantes déspotas que gobernaron algunos países de América latina. Era un hombre ilustrado que estudió en el Colegio de Nuestra Señora de Montserrat en Córdoba, obtuvo el grado de licenciado y maestro en Filosofía, Cánones y Teología. Cuando regresó a Asunción en 1785, se hizo cargo de las cátedras en el Real Colegio y Seminario San Carlos. En 1792 decidió instalar su estudio de abogado y desde  1808, se dedicó a trabajar en el cabildo de Asunción. Fue diputado del Río de la Plata ante las Cortes de Cádiz, pero no ejerció dicho cargo para convertirse en un dirigente visible a favor de la independencia de las colonias de América, frente al yugo español.
    Nació en Asunción el 6 de enero de 1766 y murió en 1840, fue el Dictador Supremo de Paraguay durante 26 años (1814-1840). El 17 de junio de 1811 fue designado vocal en la Primera Junta de Gobierno. En 1813 fue elegido para formar un Consulado con Fulgencio Yegros. En 1812 fue elegido por el Congreso como  Dictador por cuatro años, y en 1816, otro congreso le otorgó el título de Dictador perpetuo. Durante sus primeros años de gobierno fue tolerante, pero tuvo que hacer frente a las constantes amenazas del gobierno de Buenos Aires, de invadir y anexar su territorio. El Supremo se jactaba de conocer el pensamiento político del filósofo Jean Jacques Rousseau, como de Benjamín Franklin.
     En efecto, Ricardo Palma afirma que al comienzo del gobierno: “el dictador profesaba la doctrina de la inviolabilidad de la vida humana: no levantaba cadalsos, pero aplicaba el tormento a sus enemigos, y hacía ostentación de refinada crueldad. Pidió un preso que se le mandase cambiar de grillos, y Francia contestó: ‘¿Si quiere esa comodidad, que se los haga fabricar y que le cuesten su plata’. Corriendo los tiempos, rara fue la semana en que, por lo menos, no decretara un fusilamiento. Llama la atención que habiéndose Francia educado para sacerdote, hubiera estimado en poco a la gente de iglesia; si bien la mayoría de ésta, en el Paraguay, era corrompidísima”.
    El Supremo, acostumbraba llevar en libretas (ahora se llama agendas), anotaciones en referencia al diario acontecer de su gobierno. Tanto Ricardo Palma como Raúl Roa Bastos, no olvidaron de anotar ese detalle. Si tomamos en cuenta que se trata de 26 años de dictadura, en los que El Supremo anotaba nombres de personas que mandaba a encarcelar y fusilar. Además de nombrar embajadores, ministros, funcionarios y a quienes favorecía, esas agendas reales o imaginarias debieron ser documentos valiosos para realizar un juicio político al Supremo Dictador. La única diferencia es que esas agendas quizás en realidad no existieron y esa época seguramente que no había necesidad de someter, al Dr. Francia a un prueba grafotécnica por haberse muerto antes de ser sometido a un debido proceso judicial, con las debidas garantías a las que toda persona tiene derecho.  
     Pero resulta que el Dictador a partir de 1820 dejó de oír misa frente a la aparición de numerosos hijos de sacerdotes y escándalos en la iglesia del Paraguay por lo que Palma señala que el Dr. Francia dijo: “Esto de que un hereje quiera ser más papista que el Papa... no está en mi mano... ¡Vamos!... me carga, se me estomaga y me hace vomitar bilis. Como los cuákeros, el doctor Francia daba a todos el tratamiento de tú; pero ¡desgraciado de aquel que, por distracción, dejase de, decirle excelentísimo señor! Por fin, para dar una idea del terrorífico respeto que inspiró a su pueblo, bástenos copiar las palabras que dirigió un día a un centinela que había tolerado a una mujer que mirase por una ventana los muebles de una de las habitaciones de palacio. ‘Si alguno de los que pasen por la calle se detuviere fijándose en la fachada de mi casa, haz fuego sobre él; si le yerras, haz otro tiro; y si todavía le yerras, ten por seguro que mi pistola no ha de errarte’. Así, cuantos pasaban por el fatídico antro de la fiera lo hacían bajando los ojos al suelo. El 20 de septiembre de 1840, a la edad de ochenta y seis años, terminó la existencia de ese déspota verdaderamente fenomenal”.     Ricardo Palma recomendó a quienes quisieran conocer la personalidad de El Supremo leyeran el libro “escrito por el ilustrado médico bonaerense Ramos Mejía, titulado Las neurosis célebres.
    Pero la nota del Libertador Bolívar al tirano Francia, dice Palma: “se limitaba a proponerle que sacase al Paraguay del aislamiento con el resto del mundo civilizado, enviando y recibiendo agentes diplomáticos y consulares. La contestación, de que fue conductor el capitán Ruiz, no puede ser más original, empezando por el título de patricio que da al general Bolívar”. Se trata de una carta que se publicó en un diario correspondiente a 1826. El texto dice:   
    “Patricio: Los portugueses, porteños, ingleses, chilenos, brasileros y peruanos han manifestado a este gobierno iguales deseos a los de Colombia, sin otro resultado que la confirmación del principio sobre que gira el feliz régimen que ha libertado de la rapiña y de otros males a esta provincia, y que seguirá constante hasta que se restituya al Nuevo Mundo la tranquilidad que disfrutaba antes que en él apareciesen apóstoles revolucionarios, cubriendo con el ramo de oliva el pérfido puñal para regar con sangre la libertad que los ambiciosos pregonan.
    Pero el Paraguay los conoce, y en cuanto pueda no abandonará su sistema, al menos mientras yo me halle al frente de su gobierno, aunque sea preciso empuñar la espada de la justicia para hacer respetar tan santos fines. Y si Colombia me ayudase, me daría un día de placer y repartiría con el mayor agrado mis esfuerzos entre sus buenos hijos, cuya vida deseo que Dios Nuestro Señor guarde por muchos años. -Asunción 23 de agosto de 1825-. Gaspar Rodríguez de Francia”. 
    Finalmente Palma dice: “Bolívar leyó y releyó para sí; sonriose al ver que el suscriptor lo desbautizaba llamándole Patricio en vez de Simón, y pasando la carta a su secretario Estenós, murmuró:
   -¡La pim... pinela! ¡Haga usted patria con esta gente!”
(2015)

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