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miércoles, 25 de noviembre de 2015

ENTREVISTA A LEA BARBA

  Lea Barba y su esposo Felix Arias Schreiber.
     Este es solo un fragmento de una entrevista realizada a Lea Barba el 15 de marzo del presente año, quien ha fallecido ayer. La terrible noticia me la hizo conocer por teléfono Gloria Zegarra Encinas, fue terrible  porque quedé consternado y en la tarde fui al velorio. No había personas vinculadas a la izquierda peruana, ¿por qué?, después que Lea Barba y Félix Arias Schreiber lucharon tanto durante tantos años. A Lea barba la conocí hace muchos años en casa de la señora Aurora Encinas Franco. Así supe que Lea Barba había estudiado primaria y secundaria en el Colegio Dalton, había sido alumna de José Antonio Encinas, Enrique Encinas, Aurora Encinas, Julián Rivera del Mar y Alejandro Peralta. Estudió en San Marcos Derecho y Educación. Luego fue profesora de Gloria y varias promociones hoy convertidas en profesionales y, ocupan importante labores en la vida cultural del país.
    La entrevista completa como extensa trata de temas políticos como literarios y pertenece a un libro referente a Mario Vargas Llosa. El escritor hispano-peruano declaró: “Yo fui marxista”. Entonces, a partir de esa afirmación he trabajado en relación al Grupo Cahuide de San Marcos y su militancia en la izquierda latinoamericana hasta su ruptura con la Revolución Cubana, poniendo como pretexto el Caso Padilla. La tesis es simple: Si Vargas Llosa no hubiera recibido lecciones de marxismo elemental nunca hubiera escrito Conversación en la catedral. Menos Los cachorros y La ciudad y los perros.
  El libro será editado en Lima en febrero del año 2016. Todo está oleado y sacramentado. Ahora trabajo el texto que se refiere a Desirée Lieven y el Perú, que seguramente lo terminaré en los primeros días de diciembre, para enseguida volver a mi novela sobre Vallejo. Después me ocuparé sobre mis contraensayos referentes a la Refundación del Perú con ocasión del Bicentenario.
                      

-¿Todo lo que dice Vargas Llosa en El pez en el agua es cierto?                
-No, no, no, no. Por ejemplo él desaparece, borra del grupo a Rafael Merino (éramos tres amigos íntimos), Vargas Llosa, como es lógico en una biografía novelada no dice nada de Merino. Si yo escribo una novela también puedo poner lo que me dé la gana ¿no?, también intercambiar personajes. Entonces, Vargas Llosa no menciona a Rafael para nada, lo desaparece de la realidad y a quien pone en la biografía novelada y dice que había un triunvirato es a Félix. (Arias Schreiber)

-Lo cual en la vida real no fue cierto.   
-No, no, no es cierto, no es cierto, aunque teníamos afinidades pero como aparece en el libro, no, no, no. Con quien formamos un triunvirato fue con Rafael Merino. Pero ¿sabe por qué insisto tanto en Rafael Merino?, porque Rafael había sido oficial de policía y nosotros no sabíamos nada, nunca nos dijo nada, es que no sabíamos nada,  jamás nos dijo que trabajaba para la policía. Bueno, a mí no me interesaba lo que fuera, era un muchacho bastante culto, hablaba francés, leía mucho y nos miraba por sobre el hombro ¿no?, como quien dice: “estos polluelos recién salidos del cascarón”. El hecho es que pasado el tiempo, Merino llegó a ser el brazo derecho de Vladimiro Montesinos, como tenía muchos contactos con la policía, seguramente que con Montesinos armó un aparato eficiente al servicio de Fujimori.
    Cuando se produjo la intervención del gobierno de Velasco en los diarios, a Merino lo nombraron como director de un periódico. Bueno, nosotros sabíamos lo que estaba pasando y podíamos analizar la situación grave, luego apareció con Montesinos, pero no lo he vuelto a ver nunca más, ahora es una persona de mucho dinero. Pero cuando cae Fujimori le dieron el cargo de informante privilegiado.

-¿Cómo se formó el Grupo Cahuide?
- Ya, ellos me contactan cuando ingresé al primer año de San Marcos, tenían muchísimo cuidado en seleccionar a la gente, la persona encargada era precisamente Washington Durán Abarca. El grupo Cahuide trató de captar nuevos cuadros de  jóvenes para trabajar en San Marcos. Ahí aparece un pequeño periódico ¿no?, que se podía repartir prácticamente en forma clandestina. Yo no me ocupaba de eso, mi tarea era asistir a los presos, pero también vendía y repartía Cahuide, tratábamos de ubicar a un simpatizante pero siempre dentro de la máxima clandestinidad para evitar que llegara otra redada y no quedara nadie. Así funcionaba.
    Hubo un momento en que se creó un comité de reestructuración del Partido Comunista, estaba formado por Isaac Humala precisamente y otros dirigentes más, cuando nosotros estábamos empezando a estudiar, él estaba terminando la carrera, estaba en plan de presentación de tesis y otras tareas burocráticas.   
    Nosotros estuvimos con él, Félix y yo. No recuerdo cómo fue que llegó un momento en que Cahuide desapareció, aun así Cahuide cumplió con su rol histórico de formar nuevos cuadros y dar vida al Partido Comunista. Jorge Rendón Vásquez estaba más adelantado que nosotros y permanecía preso en el Panóptico, yo tenía un novio ficticio  que se llamaba Gabriel Alegre, a quien no vi nunca después pero le llevaba alimentos. Rendón estuvo preso durante ese tiempo y él sí pertenecía al grupo organizador de Cahuide.
    Antes que me haga otra pregunta, quiero decir que siendo usted un  escritor sabe  qué es la ficción literaria, cómo se puede crear una novela con plena libertad.

-Le escucho.
-Bueno, Vargas Llosa narra de que él estuvo enamorado de mi persona. Pero eso no es verdad en la realidad, es totalmente falso, absolutamente falso, no es verdad. Yo le tenía un gran cariño de amiga a Mario, éramos muchachos con los mismos ideales, teníamos casi la misma edad, teníamos sueños sociales en común, compartíamos digamos los mismos intereses, pero de ahí a pensar que hubo algo sentimental, eso no existió nunca. Todo es ficción literaria. Ahora, la gente de mi entorno comentaba: “Vargas Llosa dice que estaba enamorado de ti”. Yo les decía: “Un novelista tiene derecho a escribir lo que le dé la gana en una biografía novelada”. Me decían: “Eso no es cierto, tú sabías que estaba enamorado de ti”. No es cierto lo que dice Vargas Llosa, no corresponde a la realidad, es una ficción. No sé cuántas veces lo tengo que decir.

-Señora Lea, no sabía cómo preguntarle porque es un tema muy delicado ¿no? Pero ya que usted lo toca, Vargas Llosa dice que una noche usted le llamó para hablar urgentemente y cuando se vieron, le dijo que Félix Arias Schreiber le había declarado su amor. Vargas Llosa estaba “templado” pero como ya nada se podía hacer, quedó muy herido.
- Yo le voy a decir con toda sinceridad que en ningún momento lo tuve a Vargas Llosa como proyecto de enamorado, para mí en ese entonces no existía esa idea.  Ahora, cuando conocí a Félix ya fue un sentimiento distinto, siento atracción por él, es inteligente, es comunista, capaz de hablar en una asamblea y defender sus puntos de vista. Yo sí me enamoré de Félix, pero pensar que con Mario tuve otro tipo de relación en absoluto, eso no existió. Ya me da risa cuando alguien me habla de mi “enamorado” Vargas Llosa, pero francamente me cansé de decir a mucha gente que nunca hubo nada entre Vargas Llosa y yo. Él tiene perfecto derecho a decir lo que quiera porque es pura ficción literaria. Muchas veces he dicho: “Bueno pues, si ustedes creen que la ficción es una verdad es problema de ustedes. No voy a dedicarme a decir lo mismo, siempre. De modo que si ustedes creen, no saben  diferenciar ficción y verdad”. 

-Pero han conservado la amistad siempre ¿no? 
- Sí, hasta ahora. He sido muy amiga de Mario hasta la época en que estuvo en el campo de la Revolución Cubana, pero después todo cambió y no estoy de acuerdo con sus actitudes actuales de ninguna manera ¿no? Nunca hemos hablado de ese tema, cuando nos hemos encontrado comentamos los años juveniles en que éramos tan amigos y no había nada de enamoramiento. Él lo dice en uno de sus textos al referirse a esos años, afirma que era una amistad asexuada. No había una cuestión de sexo ni nada, el hecho de ser de la misma generación no era para enamorarse. Yo no he sentido nada de eso, podíamos conversar de lo que sea. Yo no he sentido nada y tampoco Mario Vargas Llosa, con seguridad. Que en su libro haya acomodado los hechos ficcionados, eso es otra cosa. Hemos estado cientos de veces juntos, hemos ido al cine juntos, hemos hecho una vida de camaradas, de estudiantes y en ningún momento pasó por mi cabeza ser su enamorada o convertirlo en mi enamorado, digamos por lo menos platónico. Le voy a contar una cosa curiosa ¿no? Entre mis compañeros de clase nos conocían como amigos que éramos íntimos entre Mario, Rafael y yo. Mario era muy simpático, pero no había nada conmigo, las chicas de la promoción se acercaban a mí para que yo les presentara a Mario, la mayor parte de ellas estaban templadas de Mario, yo no tenía el menor reparo en presentarlo en absoluto porque no tenía ningún interés en él.
    Pero después de la ruptura de Mario con Cuba ya no fue igual. Ya no, ya no, ya no. Cuando me encuentro hablamos de los años aurorales de San Marcos. Yo siento que Mario se acuerda de nuestra juventud, pero de allí a otra clase de relación, nada de nada, en absoluto, como dice la gente, ni hablar.

-Antes de pasar a otro tema. Hay un hecho que es preciso aclarar. Vargas Llosa dice que llegó a ser instructor en el Grupo Cahuide. ¿Eso es verdad?
- No, no, no. Mario era lo que se llama un simpatizante y nada más. No era un militante, nunca quiso militar debido a sus limitaciones muy respetables, trabajaba, leía y estudiaba. Para ser instructor había que gozar de la confianza de Durán Abarca, que era digamos el responsable de la dirección del Partido en la clandestinidad. Todos los dirigentes estaban presos, en la clandestinidad o el exilio, Jorge del Prado estaba amenazado de ser asesinado por los esbirros. Mario no hubiera militado nunca, lo digo con franqueza porque lo conocí muy bien. Además una cuestión de fondo, a pesar de conocer los libros que se nos entregaba para leer, puedo asegurar que nunca fue realmente marxista.

-Ese testimonio es valioso viniendo de usted.
-Bueno pues, qué más. No creo que se ofenda Mario, no habría razón, es cuestión de principios ¿no?, una cuestión es ser simpatizante y muy distinto es ser marxista por convicción. Una cuestión es querer y muy distinto es ser.

- ¿Cree usted que Vargas Llosa haya recibido clases de marxismo cuando militó en Cahuide?
-No, no, no. Yo sí era militante, por tanto, tenía más información. Mario era solo un simpatizante, creo que ya lo afirmé antes. ¿Quién pudo haberle enseñado marxismo? Cada uno de nosotros teníamos que leer por nuestra cuenta. Aunque es verdad que circulaban folletos y libros.

-Pero Vargas Llosa ha dicho: “Yo fui marxista”.
- Bueno, yo doy mi testimonio de acuerdo a la verdad histórica. Vargas Llosa no fue marxista nunca, nunca, un marxista es una persona que lee a Marx y tiene una conducta limpia. Fue un simpatizante eventual de un grupo de jóvenes que trataban de entender lo que ocurría en el Perú, nada más. Habría que analizar en el contexto que aseveró haber sido marxista, es una frase que no dice nada. Importa mucho más la conducta ciudadana, los principios morales, la ética, más que las palabras.
-Ahora cuéntenos la historia del Negro-Negro.
- Bueno, cuando yo tenía quince años se fundó el Negro-Negro y surgió de una forma curiosa como increíble. En los portales de la Plaza San Martín había un señor apellidado Batanero que tenía una serie de negocios, se le presentó la oportunidad de alquilar un sótano, era muy amigo de mi tío Adriano. Más o menos empezó con la venta de alfombras que las mandaba fabricar en Pacasmayo, era un tejido de paja muy vistoso para casas de la clase media alta y usar en la playa. Necesitaba un ambiente donde depositar su mercancía y para eso alquiló el sótano que daba al lado de la librería Ruiz & Britto, o sea que habían dos puertas, una para la oficina de Batanero y la otra para esa librería.
    El tío era muy marketero, siempre estaba buscando negocios y tenía un amigo apellidado Pardo de Zela, era arquitecto o algo así. El asunto es que de buenas a primaras se acordó fundar una empresa, pero el sótano estaba ocupado prácticamente con alfombras y nada más, decidieron que podía ser un lugar donde se reunieran artistas, intelectuales, periodistas, gente con interés por el arte. Ese depósito, entonces se convirtió en un lugar mágico y atractivo, este trío formado por mi tío Adriano, el señor Pardo de Zela y el comerciante Batanero, pensó en la necesidad de fundar una boite, donde se pudiera hacer algo por el arte, aprovechando naturalmente el negocio. Pardo de Zela creó el ambiente, le dotó de muebles y luces adecuadas. No conozco el origen de los fondos económicos, pero sé que el tío Leonidas (que trabajaba en un Banco) y Adriano aportaron la mayor parte del capital, Pardo era muy bohemio y poco a poco se retiró del negocio.
    Y así se fue formalizando la empresa y llegaron a decidir que se llamara Negro-Negro. ¿Sabe por qué le llamaron así? Había una estatua de ébano de un negro que llevaba en sus hombros a un negrito, era como una columna, tenía su pedestal. Cuando se preguntaron ¿qué nombre le ponemos? Ahí estaba la estatua mirándolos, por eso le pusieron ese nombre.
    Ahora, el Negro-Negro se convirtió rápidamente en un lugar de moda donde iban artistas, intelectuales, periodistas, pintores como Sérvulo Gutiérrez que era un perfecto anfitrión  allí. Como mi papá y tío necesitaban gente que pudiera administrar porque los demás no tenían esa capacidad ni preparación para la boîte, se formó una asociación prácticamente de los hermanos Barba. Llegó un tío de Trujillo que tenía sus ahorros, los otros hermanos se hicieron cargo de las comidas, las bebidas y así se formó una empresa familiar, los hermanos Barba empezaron a trabajar con entusiasmo y fe. Mi papá se destacaba como dirigente de la empresa, pero seguía siendo gráfico, cuando le pidieron que se dedicara a trabajar en el Negro-Negro no aceptó, pidió que respetaran su vocación y además sus contactos políticos. De modo que trabajaba en el día como gráfico y en la noche iba a Negro-Negro, estaba adaptado al trabajo nocturno, como era un hombre culto, se hizo amigo de Sérvulo, de los intelectuales y se formó un grupo muy interesante. Allí nació el Club de teatro y cuando llegó Reynaldo Damore, tomó un local en La Colmena, entonces acordaron con la empresa del Negro-Negro que allí se iban a dar funciones de teatro, cada semana se presentaba una obra con la dirección de Damore. Había exposiciones de pintura de Sérvulo, también de Alberto Dávila, Aitor Castillo, toda una generación de pintores y así el Negro-Negro se convirtió en el centro del movimiento cultural de la época.
    El Negro-Negro funcionó hasta el 5 de febrero de 1975, día en que se produjo una movilización para desestabilizar el gobierno de Velasco Alvarado, azuzada por el APRA y la CIA, la extrema izquierda y grupos delincuenciales. Se sumaron grupos de asaltantes e incendiaron el Casino Militar, lamentablemente el fuego alcanzó al Negro-Negro y todo se quemó, todo se destruyó, así acabó un centro de actividades culturales y de bohemia del siglo XX en el Perú. Pero además los delincuentes entraron al local del Negro-Negro y arrasaron con todo, hasta la estatua del negro que llevaba a un negrito se la llevaron. Había un pianito muy lindo, se robaron todos los muebles, hasta cables de electricidad, sillas, mesas, documentos y archivos. No quedó nada servible, destrozaron todo. Mi papá en esa ápoca resultó elegido secretario general de los gráficos del diario Expreso pero ya estaba mal de salud, murió en 1970.
 
-¿Quién era Rosita Barba?   
-Su verdadero nombre es otro, sino que se puso Rosita Barba debido al cariño que le tenía a mi papá. Su verdadero nombre era Rosa Coello, era pianista, pero además tocaba el bajo, tuvo su relación amorosa con mi papá, es un hecho humano que yo comprendo.

-¿De qué murió Félix?
-Murió en 1992 de un cáncer al páncreas, se enfermó en 1991 cuando ya mis hijos estaban en el colegio. Hay quienes dicen que me divorcié de él, pero eso no es verdad. Lo que sucedió con Félix, es que no tengo por qué hablar mal de los muertos y menos del padre de mis hijos ¿no? Pero se abandonó mucho al último, había que mantener a los hijos, sacarlos adelante. Entonces, él era un fanático de los toros y en buena cuenta trabajaba como cronista taurino y yo soy todo lo contrario, fui una vez pero no soporté una corrida de toros. Era un taurófilo a muerte. De modo que quedamos en eso ¿no? “Tú con tus toros y tus vacas y yo con la familia”. Ahora, yo sé que él ha tenido un amor al final de la vida. Yo no sabía nada, me enteré el día que murió e incluso tenía una hija. Con Félix hemos vivido juntos treinta años pero me falló, porque mientras yo trabajaba deslomándome por mantener a la familia, él se pasaba la gran vida, se iba a su peña taurina, se reunía con sus amigos y eso nos distanció mucho, yo no podía en absoluto tratarlo mal, sin embargo, en una ocasión le dije: “El día que quieras irte, te vas”. Jamás pensamos en divorcio ni nada, nunca se fue. No sabía que tenía otra mujer, si lo hubiera sabido seguramente que la historia hubiera sido otra. Yo no creo que un camarada deba maltratar a una camarada o viceversa, es una cuestión de principios. Cuando se sintió mal lo atendí, lo apoyé y murió en mi casa.             
         
- Ha leído usted Conversación en la catedral en cuyas páginas aparece, ¿en qué medida se siente retratada o no?
-Bueno, yo creo que en la primera parte, en el momento del ingreso de Vargas Llosa a San Marcos, cuenta lo que realmente sucedió. Vargas Llosa tiene una memoria de elefante y es admirable, porque hay párrafos de conversación que tuvimos con él y aparece tal cual. Leyendo el libro empecé a recordar lo que discutíamos, lo que hablábamos acerca de los libros. Pero cuando desarrolla la ficción literaria, es un momento en que comienza a hablar del enamoramiento ¿no?, eso aparece en El pez en el agua. En el caso de Merino (debo insistir), no fue Félix sino Merino con quien formábamos un triunvirato, aunque sé que Mario tiene todo el derecho de decir lo que dice ¿no? Yo no tengo por qué enojarme de eso, debo decir que ese libro me gusta, me gusta también la novela, sí me gusta. A veces me pongo sentimental y me gusta leer esa parte del ingreso a San Marcos.

-Pero además han sido años de luchas terribles.  
-Sí, sí, sí. La verdad es que tenía el deber de participar en política, para mí era una obligación moral, sentía la obligación de luchar por la clase obrera, luchar en su Partido. A mí también me expulsaron del Partido Comunista, también, por supuesto. Cuando el Partido Comunista se manifestó por el pleno apoyo al gobierno de Velasco y se produjo la ruptura con los maestros, ellos fueron los primeros en luchar contra Velasco a pesar de todas las reformas que había realizado. Al menos mi idea no era apoyar solo las reformas, primero estaba la clase obrera o la clase trabajadora, pero apoyar así sin ninguna otra perspectiva política a ese gobierno, yo no estuve de acuerdo con ese hecho. Y así lo hice saber. Me expulsaron.

-Usted discrepó en el Partido.                 
- Sí, sí, sí, discrepé en el Partido. Llegó un momento en que tenía bajo mi responsabilidad el Comité de Lima. Pero no, yo manifesté mi absoluto rechazo a ese apoyo incondicional a Juan Velasco Alvarado, estuve en contra de esa forma de hacer política. Pero nos expulsaron a los dos, a Félix y a mí, a los dos juntos con el mote de maoístas. Félix se unió a algunos grupos que empezaron a formarse en esa época, él estuvo allí pero yo ya no, tenía mucho que hacer en mi casa, me dediqué a trabajar para mantener a los cinco hijos que teníamos. Malú, Félix, Milena, Gelga y Luis Carlos. Ahora tengo ocho nietos.

-¿Cómo era la relación de Mario Vargas Llosa con Félix Arias Schreiber?
-Bueno, Félix era sumamente celoso, muy celoso. Sin embargo, Vargas Llosa sabe muy bien que nunca hubo nada entre él y yo, ya sea de parte de él o de mi parte. Como conocíamos mucho a Mario, lo conocíamos a fondo y sabíamos que primaba en él más que el pensamiento socialista, ser un liberal, tal como es ahora pues ¿no?, pero un liberal que saca provecho de lo que dice o escribe.

-Perdone que insista. ¿Por qué Vargas Llosa ha dicho: “Yo fui marxista”.  ¿Usted cree que realmente fue marxista?   
-Ya le respondí, pero bueno. Yo creo que no, yo creo que no. Estuvo llevado, mejor dicho, arrastrado por la corriente política de la época universitaria ¿no? Fue cuando apoyó por ejemplo plenamente a la Revolución Cubana, pero por ahí estaba el Premio Casa de las Américas, los viajes, la publicación de sus obras, etc. Yo creo que nunca fue marxista, porque un marxista piensa de otro modo y actúa de una distinta manera. Cuando eso dice Vargas Llosa es para marketearse mejor, es para hacer ver a los jóvenes que se puede cambiar fácilmente de opinión y comportamiento político.   

- ¿Cree usted que la militancia en Cahuide le hizo bien a Vargas Llosa?   
- Él aprovecha muy bien todo, aprovecha muy bien su experiencia, viajes y lecturas, ya ve que hasta la amistad que tuvimos como jóvenes, él aprovechó muy bien y creó un personaje de literatura ¿no? A pesar de que éramos amigos y que teníamos muchas ideas en común. Yo sé que él no fue nunca realmente un socialista ni marxista. Estaba viendo lo que más le convenía, ahora ese deseo de crecer unido a un gran talento literario, a una disciplina de hierro ha hecho que llegue a donde ha llegado ¿no? Ha ganado el Premio Nobel de Literatura. Pero en cuanto a socialismo, a marxismo, yo que he militado tengo autoridad moral para decir que nunca fue marxista. Más bien resulta un uso indebido de una ideología respetable y distinta a la suya, ese juicio en Vargas Llosa resulta una impostura.
    Siempre lo notaba demasiado individualista, es decir que en cualquier momento dejaba la causa por lo que él quería lograr ¿no? Para mí eso era inconcebible en una persona íntegra, yo voy a terminar ya mis años y voy a seguir siendo comunista. Por supuesto que reconozco los miles de errores que he podido cometer, pero para mí siempre hubo una ideología que se enfrentó al fascismo y al imperialismo. Esa lucha puedo decir que valía la pena seguirla, pero si ahora ya no puedo por mi edad o limitaciones propias, yo creo que de nacer nuevamente seguiría siendo también comunista, como lo fue mi padre hasta el último día de su vida, como lo seré yo hasta cuando viva. Soy comunista y me siento muy orgullosa de serlo.

1 comentario:

  1. Me impresiona este relato, esta entrevista. Conoci a estas personas mas nunca supe de su historia.Es sorprendente la vida que cada persona encierra y lo circular que puede ser la vida.Nunca te imaginas de que manera te puede volver a encontrar y hoy volvi a encontrar parte de la mia,en mis recuerdos que aparecen a traves de esta lectura.

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