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miércoles, 26 de octubre de 2016

CARLOS MORE, AMIGO DE CÉSAR VALLEJO.

                                                         
César Vallejo y Carlos More
                                      
    Los hermanos Federico, Ernesto, Gonzalo y Carlos More Barrionuevo, todavía no tienen un biógrafo común para conocer mejor lo que hicieron a lo largo de sus existencias llenas de magia, poesía, música, periodismo, política y bohemia. Sin embargo, estuvieron dotados para ser grandes escritores, periodistas, artistas y personas vinculadas a la política. Ninguno quiso convertirse en  hacendado y hacerse cargo de la administración de los fundos de la madre. Hasta que finalmente, la Reforma Agraria devolvió a los campesinas miles de hectáreas que desde siempre fueron de ellos.
    Ninguno tampoco optó por ser un profesional e insertarse en la vida civil, acumular dinero y propiedades. La economía familiar permitía que estudiaran ya sea en universidades del Perú o el extranjero. Cuando los padres se sintieron ancianos y sin fuerzas para seguir explotando las haciendas ubicadas en Lampa, llamaron a sus hijos y ninguno regresó para ser un gamonal. Prefirieron una vida llena de aventuras, poesía, viajes, música y asistir a la Bohemia de Montparnasse del París (siglo XX). Ernesto y Carlos se fueron a París y luego llegó Gonzalo para quedarse hasta la muerte juntamente con su esposa, la bailarina Helba Huara.
     Ernesto regresó a Lima y dedicó al periodismo y política. Carlos se fue a trabajar a Vilquechico para hacerse cargo del Centro Textil Indígena. Federico desarrolló una intensa actividad periodística. En cambio Gonzalo prefirió la bohemia, la acción política, ser un militante de la República Española, un marxista emocional y gozar del intenso amor y sexo con Anaís Nin. Leer a Anaís Nin es llegar al orgasmo o siquiera alguna vez haber tenido una aventura con una mujer como ella. Voluptuosa, rica, multiorgásmica, sensual al ciento por ciento, provocativa, siempre lista para un combate personal, no le importaba la censura ni lo que dijeran de ella. Leer La casa del incesto, es francamente alucinante el desarrollo de las acciones sexuales con su padre, el músico cubano Joaquín Nin.        
    Juan Domingo Córdoba Vargas, era muy joven cuando llegó a París y conoció a los hermanos Ernesto y Carlos More. A través de ellos llegó al círculo de César Vallejo y se hicieron muy amigos. Hasta que finalmente, después de haber trabajado muchos años como magistrado en el Poder Judicial, decidió escribir un libro lleno de testimonios acerca de su amigo el poeta nacido en Santiago de Chuco. Cuando en 1995 apareció el libro César Vallejo del Perú profundo y sacrificado, fue también posible conocer varios hechos en referencia Carlos More, aunque el personaje central es César Vallejo. En determinado momento, Juan Domingo Córdova Vargas, cuenta:          
    “Una tarde fueron al hotel a visitarle los hermanos Carlos y Ernesto More y a la salida pasaron por mí, encaminándonos al café ‘Royal’ y, luego de unas cervecitas; Carlos se puso a rasgar su charango acompañando nuestros cantares; más tarde tomamos un taxi descubierto a Montparnasse y al cruzar el Sena por el puente del Carrousel, Vallejo se puso de pie y en actitud de niño engreído, altanero, golpeando el piso con su bastón y mirando desafiante a todas partes lanzó a los vientos un ‘Granputas’, ¡cabrones!, quedando a la expectativa en espera de una reacción, pero como no hubo ninguna volvió a la carga: ‘Granputas’, ¡cabrones!, pegándose un sentón al desviarse el taxi para seguir por la rue de Saintes Péres. En tanto la foule discurría sin percatarse de la existencia del terrible desfacedor de entuertos, que siguió enfurruñado el resto del trayecto a ‘La Rotonde’, de donde después de una charla con lagunas y suspensos propios de su estado,  parándose en firme a la salida se puso de declamar, con energía, los versos de Manuel Acuña:

     Pues bien yo necesito / decirte que te adoro /  decirte que te quiero / con todo el corazón / que es mucho lo que sufro /  y es mucho lo que lloro / que ya no puedo tanto  / y al grito que te imploro /  te imploro y te hablo en nombre / de mi última ilusión.
  
    Agregando con exaltación: ‘Así se canta, así se abre el pecho a la mujer amada, cara a cara, rotundamente’.
    Nos sorprendía la pasividad y tolerancia con que en estas circunstancias nos trataban los taxistas, tan celosos guardianes del correcto comportamiento  que debía observarse en sus vehículos, que al menor desmán de sus pasajeros los hacían descender sin contemplaciones y en caso necesario con ayuda de la policía, lo mismo que nos ocurría con el personal y parroquianos del café ‘Royal’ que soportaban sin llamarnos la atención ni alterarse por el alboroto que armaba Vallejo y su conjunto de voces destempladas y el rasgar infantil y disonante del charango de Carlos More, siendo como era un establecimiento en pleno centro de París, diferente a los barrios de clientela bohemia o turística, nada atentos a la rigidez de las costumbres observadas de acuerdo al espíritu severo e intolerante del francés, Celoso guardián del prestigio ciudadano de París.
    ……
    Y venían las evocaciones típicamente vallejianas, de resabios pueblerinos, melancólicos, tristes, de llanto y clamores desolados, y cantares tiernos e ingenuos, interrumpidos de rato en rato para fijar la mirada en el firmamento en la noche cerrada o en la naciente claridad del amanecer, quedándose en actitud contemplativa  para volver a su llanto de niño abandonado y perplejo.

    Al río de la Huanchaca  /  me voy a mandar echar / cosa que ni sufra ni sienta
ni sepa lo que es amar, / cosa que ni sufra ni sienta / ni sepa lo que es querer.
   Un corazón de madera / me voy mandar hacer / cosa que ni sufra ni sienta / ni sepa lo que esa amar / cosa que ni sufra ni sienta / ni sepa lo que es querer.
    Un corazón de madera / me voy a mandar hacer / cosa que ni sufre ni sienta / ni sepa lo que es amar / cosa que ni sufra ni sienta / ni sepa lo que es querer.
    Tú me enseñaste a querer /  y también a aborrecer. / No me enseñes a olvidar / porque eso no he de aprender.
    No se puede, no se puede /  olvidar a quien se quiere /  porque el amor verdadero / al pie de la tumba muere.
    ¡Ay! Tú no llorarás, / mañana cuando me vaya /  ya no tendré quine me llore / sino una triste campana.
    ¿Quién toca la puerta? / ¡Señora, soy yo! / ¡Vengo por las cartas / mañana me voy!
    Arbolito, ¿qué haces en la playa?/ préstame tu sombra / antes que me vaya.      

        Ya rendido por el agotamiento volvía a sus clamores  por la madre y el hogar  imposible de Santiago de Chuco. ‘!Yo quiero ir a mi casa! ¡Llévenme a mi casa! ¡Yo me voy a mi casa! Y se echaba a caminar rezongando no sé qué cosas. A veces en una reacción violenta se detenía gritando, beligerante: ‘Cómanselo todo, no me dejen nada. Yo no quiero nada’, y lloraba zapateando sobre un solo pie, apoyado en el brazo de Henriette o en el mío”. 1  
    Pocos biógrafos de Vallejo señalan la amistad de Henriette Masse con Carlos More. Pero Henriette amó intensamente a Vallejo y no lo abandonó cuando cayó enfermo. En varias cartas de Vallejo a su amigo Pablo Abril de Vivero, nacido en Lima el 28 de octubre de 1892 y fallecido en Montevideo el 11 de abril de 1987, hermano del poeta Xavier, se queja de su pobreza. Pero al mismo tiempo reconoce la generosidad de Henriette. Córdova dice: “En Vallejo el sentimiento de amistad procedía del ancestro y de las arraigadas costumbres lugareñas, que establecían una unidad familiar, de afecto, respeto y consideración en el arraigo con el amigo y este sentimiento es el que primaba en el mundo vallejiano en París, en el que solo reservaba sus confidencias sobre lo más íntimo y entrañable, para el amigo que sentía más cerca.  Ese amigo era yo, serrano de sus serranías andinas, compañero inseparable. Sus reuniones se desenvolvían, por lo general, en grato ambiente nativo, animado por las maneras y dichos de Vallejo, sin que faltaran las celebraciones con los brindis de estilo como el de la ‘la vida es una …. ¡Bebámosla!’
    El mundo vallejiano estaba constituido por Julo Gálvez Orrego, Osmán del Barco, José Varela Arias, Armando Bazán, Macedonio de la Torre, los hermanos Ernesto y Carlos More, Raúl de Verneuil, Alfonso de Silva, Jorge Seoane, Demetrio Tello, Manuel Chávez Lazo, José Macedo Mendoza, Xavier  Abril  en sus ocasionales  visitas a París y Juan Luis Velásquez. Unos integraban el núcleo y otros giraban por la periferia, pero todos unidos en el afecto  y admiración a Vallejo.  Se destacaba en el grupo con caracteres propios de su alta calidad personal e intelectual, el escritor y poeta Juan Larrea, el amigo que lo lanzó a la fama, colocándolo en el lugar que corresponde a su gloria poética” 2 

1.- Juan Domingo Córdoba Vargas. César Vallejo del Perú profundo y sacrificado. Págs. 127-128. Jaime Campodónico editor. 1995. Lima.   
2.- Juan Domingo Córdoba Vargas. César Vallejo del Perú profundo y sacrificado. Págs. 177. Jaime Campodónico editor. 1995. Lima.   





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