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martes, 25 de octubre de 2016

       CREAR UN PERÚ NUEVO DENTRO DEL MUNDO NUEVO

                                        
                                       

José Carlos Mariátegui 

     La creación de la revista Amauta tuvo un génesis de largo aliento, un proceso de análisis previo, conocimiento y reflexión en referencia a la nueva realidad y, necesidad de dotar al Perú, de una revista histórica. José Carlos Mariátegui lo primero que hizo a su regreso de Europa, fue analizar las expresiones literarias que se publicaban entonces. Entendió que era necesario, reunir todas las voces para darles un cauce dialéctico y renovador. Las revistas que le llegaban constantemente, no tenían una identidad manifiesta, carecían de una ideología definida. Entonces, el hecho que Amauta naciera con una genuina vocación peruanista y amplia cobertura latinoamericana como europea, fue el resultado de una decisión inteligente después de conocer la realidad cultural de entonces.
    Mariátegui viajó a Europa convencido que debía aprender, leer, asimilar  y adquirir nuevos instrumentos de análisis. En efecto, así lo hizo, se dedicó a conocer en el propio terreno los hechos y acontecimientos históricos más importantes. Sus lecturas le permitieron adquirir una sólida convicción dialéctica. Su convicción determinante fue haber sido antes un periodista hispano criollo y luego convertirse en un intelectual marxista. Su clara inteligencia, cultura literaria, vocación humanista y convicción política, hizo posible que la palabra Amauta, otra vez volviera a significar una actitud pedagógica. Por eso y con razón se llama a Mariátegui  Amauta, porque no solo le dio un contenido visionario a su revista, sino que la dotó de una doctrina, identidad, pluralidad y fe en el futuro.
    Sin la capacidad de creación, inteligencia, análisis y convicción de Mariátegui, no sería posible hablar del Perú como lo hacemos ahora. Su aporte para reconocernos como una sociedad en formación y además sus claras reflexiones, ha sido determinantes y lo seguirán siendo, mientras no se haga realidad la utopía. En otras palabras, pese a los cambios sociales que se han dado, somos todavía la nación que Mariátegui conoció y analizó para darnos una visión de futuro. Entonces, ¿cuánto ha cambiado el Perú desde 1926? Para tener una respuesta y visión de la historia reciente, habría que empezar leyendo la revista Amauta y los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana.
    La experiencia europea de Mariátegui marcó profundamente su vocación política y conducta de intelectual dialéctico, para desarrollar después una permanente actividad de creación heroica. En efecto, el 17 de marzo de 1923 retornó al Perú casado con Anna Chiapee y acompañado de su hijo mayor. Conocedor de la Primera Guerra Mundial, dictó conferencias en la Universidad Popular Manuel González Prada. A fin tener una empresa propia, en 1925 fundó con su hermano Julio César la Editorial Minerva. El primer libro que publicó en 1925 fue La escena contemporánea. Pero al mismo tiempo para sostener a su familia escribía para los semanarios Variedades y Mundial.
    Después de varios meses de preparación y envío de cartas de invitación a futuros colaboradores, tanto del Perú como del extranjero, finalmente en el mes de setiembre de 1926, apareció el primer número de la revista Amauta. Aunque su circulación ya era conocida por un grupo de periodistas y amigos, sin embargo, cuando fue leída causó un impacto no solo innovador, sino se convirtió en un hecho sin precedentes. Sus páginas tradujeron la visión histórica y genio de Mariátegui. De hecho la editorial diseñó la futura ruta definida y convicción de una generación, destinada a cambiar el curso de la historia cultural del Perú. Pero además de la convicción y conducta doctrinaria, Amauta sería después una fuente de información y reflexión respecto a hechos históricos peruanos, latinoamericanos y mundiales más importantes.
    Por eso Mariátegui escribió: “Esta revista en el campo intelectual, no representa un grupo. Representa, más bien, un movimiento, un espíritu. En el Perú se siente desde hace algún tiempo una corriente, cada día más vigorosa y definida de renovación. A los fautores de esta renovación se les llama vanguardistas, socialistas, revolucionarios, etc. La historia no los ha bautizado definitivamente todavía. Existen entre ellos algunas discrepancias formales, algunas diferencias psicológicas”.
    En el primer número de Amauta, después de una determinación dialéctica y diseñar  una visión de lo que sería después la revista, Mariátegui, decidió publicar Tempestad en los Andes de Luis E. Valcárcel, textos de Carlos Sánchez Viamonte, José María Eguren, Antenor Orrego, Sigmud Freud. Alberto Hidalgo, Carlos Roe. Carta a los maestros del Perú de Guillermo Mercado, un artículo de Panait Strati. Poemas de Armando Bazán, Alejandro Peralta y Alcides Spelucín. Un hecho importante fue publicar Lo que ha significado la Pro-Indígena de Dora Mayer de Zulen. También textos de George Grosz, de Ramiro Pérez Reynoso y César Falcón. Incluyó la sección Libros y revistas.     
    Ricardo Arbulú Vargas, funcionario y docente durante muchos años de la Biblioteca Nacional, contaba que Jorge Basadre visitaba a Mariátegui por las tardes. En una ocasión Basadre vio que Mariátegui tenía sobre su mesa de trabajo varias revistas editadas en distintas ciudades del Perú y el extranjero. Basadre preguntó: “¿Cómo hace para recibir tanta información?”  Mariátegui respondió: “He invitado a varios escritores para fundar una revista, como por ejemplo a usted”. Luego Mariátegui dijo: “Esta revista sí que es una novedad, el Boletín Titikaka. ¿Sabe usted quien es Gamaliel Churata?” Basadre respondió: “Es un amauta”. Arbulú decía que Basadre se sorprendió gratamente cuando recibió la revista de Mariátegui con ese nombre.             
    Las revistas de la época eran disímiles, carecían de una evidente orientación y visión política definida. Por eso, Mariátegui se propuso canalizar las convicciones y propuestas señalando: “Pero por encima de lo que los diferencia, todos estos espíritus ponen lo que los aproxima y mancomuna: su voluntad de crear un Perú nuevo dentro del mundo nuevo. La inteligencia, la coordinación de los más volitivos de estos elementos, progresan gradualmente. El movimiento—intelectual y espiritual—adquiere poco a poco organicidad. Con la aparición de Amauta entra en una fase de definición”.
    Lamentablemente Mariátegui luego de su regreso de Europa, cayó enfermo como consecuencia de una antigua enfermedad mal curada, por lo que debió ser operado. El doctor Enrique Encinas, (hermano de José Antonio Encinas Franco), solía decir que operó a Mariátegui en una época en que la medicina no tenía las propiedades que después adquirió. Enrique Encinas que durante muchos años protegió a Martín Adán en el Hospital Víctor Largo Herrera, decía que no había otra forma de salvar a Mariátegui, quien era absolutamente consciente que la amputación de una pierna era la única forma que siguiera con vida.           
    Ese hecho retrasó la aparición de su revista, por eso Mariátegui afirmó: “Amauta ha tenido un proceso normal de gestación. No nace de súbito por determinación exclusivamente mía. Yo vine de Europa con el propósito de fundar una revista. Dolorosas vicisitudes personales no me permitieron cumplirlo. Pero este tiempo no ha transcurrido en balde. Mi esfuerzo se ha vinculado con el de otros intelectuales y artistas que piensan y sienten parecidamente a mí. Hace dos años, esta revista habría sido una voz un tanto personal. Ahora es la voz de un movimiento y de una generación”.
    En concordancia con su pensamiento renovador, en Amauta se tradujo lo que había afirmado antes en el artículo La Unidad de la América Indo-Española, publicado en Variedades (6 de diciembre de 1924). Entonces dijo: “La identidad del hombre hispano-americano encuentra una expresión en la vida intelectual. Las mismas ideas, los mismos sentimientos circulan por toda la América indo-española. Toda fuerte personalidad intelectual influye en la cultura continental. Sarmiento, Martí, Montalvo, no pertenecen exclusivamente a sus respectivas patrias; pertenecen a Hispano-América. Lo mismo que de estos pensadores se puede decir de Darío, Lugones, Silva, Nervo, Chocano y otros poetas. Rubén Darío está presente en toda la literatura hispanoamericana. Actualmente, el pensamiento de Vasconcelos y de Ingenieros son los maestros de una entera generación de nuestra América. Son dos directores de su mentalidad”.
    Mariátegui admonitoriamente usó la palabra cribar que es sinónimo de limpiar, diferenciar, seleccionar, separar, tamizar, elegir, escoger, etc. Es decir, publicar solo textos trascendentes después de una atenta lectura. Esta reflexión corresponde a una lectura de la Correspondencia de Mariátegui preparada por Antonio Melis, quien lamentablemente murió en La Paz (Bolivia), durante el desarrollo de Jalla 2016. Entonces, además de que nada de lo humano le era ajeno, era un exigente crítico, pero al mismo tiempo un fraterno intelectual marxista.           
    Es importante conocer cómo pensaba Mariátegui antes de publicar Amauta, es decir si se trata de rastrear el génesis cultural de su revista, es conveniente citar lo que dos meses antes le dijo a Ángela Ramos. (Mundial. Lima, 23 de julio de 1926. Entrevista a José Carlos Mariátegui).  La admirada periodista le preguntó:
     -¿Cómo cambiaron sus rumbos y aspiraciones literarias y se definieron en la forma que hoy se han definido?
    Mariátegui respondió: “He madurado más que cambiado. Lo que existe en mí ahora, existía embrionaria y larvadamente cuando yo tenía veinte años y escribía disparates de los cuales no sé por qué la gente se acuerda todavía. En mi camino, he encontrado una fe. He ahí todo. Pero la he encontrado porque mi alma había partido desde muy temprano en busca de Dios. Soy un alma agónica como diría Unamuno. (Agonía, como Unamuno con tanta razón lo remarca, no es muerte sino lucha. Agoniza el que combate.) Hace algunos años yo habría escrito que no ambicionaba sino realizar mi personalidad. Ahora, prefiero decir que no ambiciono sino cumplir mi destino. En verdad, es decir la misma cosa. Lo que siempre me habría aterrado es traicionarme a mí mismo. Mi sinceridad es la única cosa a la que no he renunciado nunca. A todo lo demás he renunciado y renunciaré siempre sin arrepentirme. ¿Es por esto por lo que se dice que mis rumbos y aspiraciones han cambiado?”
Es decir, antes de viajar a Europa, Mariátegui tenía la firme convicción de convertirse en un iluminado, en un líder capaz de aglutinar a escritores contemporáneos para realizar una gesta histórica. Lo que sucedió entonces fue que no solo alcanzó la madurez personal, sino que además asimiló una cultura de cambio. Europa hizo que descubriera el Perú real y a la vez maravilloso, el Perú esencial, el Perú trágico y de la esperanza. Pero sobre todo se convenció que podía luchar mejor  con el apoyo de intelectuales y escritores del continente americano.         
Por esa razón escribió: “El primer resultado que los escritores de Amauta nos proponemos obtener es el de acordarnos y conocernos mejor nosotros mismos. El trabajo de la revista nos solidariza más. Al mismo tiempo que atraerá a otros buenos elementos, alejará a algunos fluctuantes y desganados que por ahora coquetean con el vanguardismo, pero que apenas éste les demande un sacrificio, se apresurarán a dejarlo. Amauta cribará a los hombres de la vanguardia—militantes y simpatizantes—hasta separar la paja del grano. Producirá o precipitará un fenómeno de polarización y concentración”.
Otra palabra con una específica carga semántica que usó Mariátegui es agnósticos. Si bien es cierto que este término se refiere a la existencia o no de Dios, así como a temas religiosos y metafísicos, para Mariátegui no es un asunto referido a la existencia o no de un ser supremo creador. Se refirió a quienes carecen de una evidente convicción política, en cuanto actores y creadores de una cultura viva. Es decir, Amauta se no nacía como una tribuna de libre pensamiento, sino como el eje articulador de una convicción crítica, destinada a formar un nuevo concepto de la realidad social, política, económica sobre todo cultural.           
Así entonces afirma: “No hace falta declarar expresamente que Amauta no es una tribuna libre, abierta a todos los vientos del espíritu. Los que fundamos esta revista no concebimos una cultura y un arte agnósticos. Nos sentimos una fuerza beligerante, polémica. No le hacemos ninguna concesión al criterio generalmente falaz de la tolerancia de las ideas. Para nosotros hay ideas buenas e ideas malas. En el prólogo de mi libro La escena contemporánea, escribí que soy un hombre con una filiación y una fe. Lo mismo puedo decir de esta revista, que rechaza todo lo que es contrario a su ideología así como todo lo que no traduce ideología alguna”.
    En efecto, Amauta no se explica sin el prólogo que escribió Mariátegui para el libro La escena contemporánea, publicado en 1925, precisamente un año antes de la aparición de la más importante revista literaria del siglo XX en el Perú. En otras palabras, para conocer y hablar con fundamentos fehacientes, es preciso tener como  antecedente los textos que escribió antes de 1926. En efecto, en el citado libro dice:           “Pienso que no es posible aprehender en una teoría el entero panorama del mundo contemporáneo. Que no es posible, sobre todo, fijar en una teoría su movimiento. Tenemos que explorarlo y conocerlo, episodio por episodio, faceta por faceta. Nuestro juicio y nuestra imaginación se sentirán siempre en retardo respecto de la totalidad del fenómeno. Por consiguiente, el mejor método para explicar y traducir nuestro tiempo es, tal vez, un método un poco periodístico y un poco cinematográfico. He ahí otra de las razones que me animan a dar a la imprenta estos artículos. Casi todos se han publicado en Variedades. Sólo cinco de esta serie han aparecido en Mundial. Al revisarlos y corregirlos no he tocado su sustancia”.
   La escena contemporánea, fue un libro publicado en la pequeña editora llamada Minerva, formada juntamente con su hermano Julio César, la máquina fue comprada él en 1925 en Italia. Pesaba cerca de cuatro toneladas. Para la época resultaba moderna, ágil, capaz de imprimir libros con gran calidad y magníficas  ilustraciones. En Minerva se publicaron textos de vanguardia como Una esperanza y el mar de Magda Portal (1927), Cinco metros de poemas de Carlos Oquendo de Amat (1927), Tempestad en los Andes de Luis E. Valcárcel (1927), 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana de José Carlos Mariátegui (1928) y otros textos importantes.   
    Mariátegui vio la necesidad de hacer algunos ajustes referentes a fechas, pero no tocó el contenido de lo antes publicado. Como él mismo señala: “Me he limitado a algunas enmiendas formales, como la supresión de los puntos de referencia inmediatos del instante en que fueron escritos. Para facilitar y ordenar su lectura los he asociado y ensamblado según el tema. Sé muy bien que mi visión de la época no es bastante objetiva ni bastante anastigmática. No soy un espectador indiferente del drama humano. Soy, por el contrario, un hombre con una filiación y una fe. Este libro no tiene más valor que el de ser un documento leal del espíritu y la sensibilidad de mi generación. Lo dedico, por esto, a los hombres nuevos, a los hombres jóvenes de la América indo-íbera”
     Estamos hablando de 1925, un año antes que apareciera Amauta, sin embargo es importante anotar que Mariátegui tenía diseñada ya una ruta, el itinerario que debía seguir la revista. Se trató de una propuesta política, de un diseño cultural ideológico, que se realizaría en la medida que concurrieran nuevos intelectuales. Por eso, desde el principio contó con el concurso de poetas, narradores, críticos y artistas que provenían de distintas vertientes, tanto del Perú como del extranjero. Y no se equivocó al acoger en las páginas de Amauta a jóvenes escritores, que ahora constituyen las más esclarecidas voces del siglo XX.  
     Nada de pomposidad, ampulosidad, alambicamiento ni grandilocuencia era válido para Mariátegui, sino la limpidez, la idea clara y convicción más que mil palabras vacías. Fue así que con el transcurso del tiempo, se formó en torno a la revista Amauta, una generación de escritores comprometidos. El más claro ejemplo de su influencia se dio en la vocación política de Carlos Oquendo de Amat. El autor de 5 metros de poemas era un poeta esencialmente vanguardista, pero debido a la amistad y pedagogía de Mariátegui, se convirtió en un poeta marxista. Por ese hecho y haber sido elegido secretario general del Partido Comunista Peruano en Arequipa, fue detenido, torturado, enviado al Frontón y de allí desterrado a Panamá para que fuera encarcelado y muera. Pero rescatado por Diógenes de la Rosa de la Cárcel Central de Panamá, llegó a París muy enfermo para después pasar a Madrid. Murió a consecuencia de una tuberculosis terminal en el Hospital de Navacerrada (Guadarrama, España), el 6 de marzo de 1936.
    Con la convicción que proviene de una decisión política determinante, Mariátegui escribió: “Para presentar Amauta, están demás las palabras solemnes. Quiero proscribir de esta revista la retórica. Me parecen absolutamente inútiles los programas. El Perú es un país de rótulos y etiquetas. Hagamos al fin alguna cosa con contenido, vale decir con espíritu. Amauta por otra parte no tiene necesidad de un programa; tiene necesidad tan sólo de un destino, de un objeto”.
    La extraordinaria vocación de Mariátegui de ser a la vez líder y creador de un histórico movimiento cultural y político, tuvo su cauce y expresión en Amauta. En otros términos, Amauta fue una creación genial de Mariátegui. Solo Mariátegui era capaz de crear a la revista como Amauta. Es que no solo se trata de una publicación trascendente, sino que a través de sus páginas, formó una generación de escritores comprometidos. José María Arguedas dijo que leyendo Amauta no solo consolidó su vocación literaria, sino su convicción y convencimiento que un escritor no puede traicionar a la realidad social en que vive. Así nacieron sus grandes novelas debido a la pedagogía de Mariátegui, a su ejemplo y convicción revolucionaria.  
    “El título preocupará probablemente a algunos – escribió Marriátegui --. Esto se deberá a la importancia excesiva, fundamental, que tiene entre nosotros el rótulo. No se mire en este caso a la acepción estricta de la palabra. El título no traduce sino nuestra adhesión a la raza, no refleja sino nuestro homenaje al incaísmo. Pero específicamente la palabra Amauta adquiere con esta revista una nueva acepción. La vamos a crear otra vez”.
    Otra palabra clave en el lenguaje de Mariátegui es “interpretación”. De toda la información que recibía era importante analizar el contenido de los textos, no se detenía en el dato, sino que iba más allá. Sin duda recibía toda clase de revistas y libros, pero se quedaba con la sustancia, con lo trascendente. Es fácil deducir este hecho teniendo en cuenta su correspondencia, le escribían muchas personas enviándole colaboraciones y casi no publicaba todo cuanto recibía. Algunas personas afirmaban que Mariátegui recibía información de países socialistas, pero en una ocasión que Ángela Ramos (Mundial. Lima, 23 de julio de 1926. Entrevista a José Carlos Mariátegui) le preguntó:
   -¿Cómo hace usted para vivir al corriente de la actualidad internacional y referírnosla sin engañarse y sin engañarnos?
   Mariátegui respondió: “Trabajar, estudiar, meditar. Alguien me ha atribuido la lectura de revistas checoeslavas y yugoeslavas. Puede usted creerme si le afirmo que mis fuentes de información son menos exóticas y que no conozco lenguas eslavas. Recibo libros, revistas, periódicos de muchas partes, no tantos como quisiera. Pero el dato no es sino dato. Yo no me fío demasiado del dato. Lo empleo como material. Me esfuerzo por llegar a la interpretación”.
    La decisión de publicar Amauta llegó cuando Mariátegui se convenció que había llegado el momento decisivo como histórico. Ni un día más ni un día menos, todas las corrientes y voluntades de hombres y mujeres libres, confluyeron para que naciera una voz que uniera todas las voces dispersas. Había que empezar una labor intelectual con una evidente proyección para contribuir con la construcción del socialismo peruano. No era una tarea fácil. Menos teniendo en cuenta que el gobierno de Leguía, ejercía una constante presión para acabar cuanto antes la circulación de Amauta.
     Sin embargo, Amauta nació para conocer mejor el Perú del siglo XX. “El objeto de esta revista – escribió Mariátegui -- es el de plantear, esclarecer y conocer los problemas peruanos desde puntos de vista doctrinarios y científicos. Pero consideraremos siempre al Perú dentro del panorama del mundo. Estudiaremos todos los grandes movimientos de renovación políticos, filosóficos, artísticos, literarios, científicos. Todo lo humano es nuestro. Esta revista vinculará a los hombres nuevos del Perú, primero con los de los otros pueblos de América, enseguida con los de los otros pueblos del mundo”.
     Una pregunta que se formulan quienes escriben acerca de Mariátegui es ¿cómo hacía para tener una permanente información del Perú y extranjero? Sobre todo para leer libros de mayor trascendencia teniendo en cuenta su estado de salud y precaria economía. Lo que sucedía es que Mariátegui era absolutamente selectivo y rigurosamente crítico. Dueño entonces de una visión zahorí, Ángela Ramos le preguntó: (Mundial. Lima, 23 de julio de 1926. Entrevista a José Carlos Mariátegui).
    -¿Tiene usted comunicación directa con centros, periódicos o personas empeñadas en la labor de justicia social que preocupa a la humanidad en la hora presente?
    Mariátegui respondió: “Pero naturalmente vivo en espontánea relación con algunas gentes del extranjero. Con núcleos y revistas de Hispanoamérica sobre todo. También con algunas gentes de Estados Unidos y Europa. Los últimos correos me han traído algunas cartas interesantes. Waldo Frank, el gran norteamericano, agradece, en un artículo mío publicado en el Boletín Bibliográfico de la Universidad de Lima, un saludo de Sudamérica. Henri Barbusse me escribe: ‘Más que nunca nos ocupamos de agrupar las fuerzas intelectuales internacionales. Buscamos la fórmula amplia y humana que nos permitirá apoyarnos los unos en los otros y suscitar, entre los trabaja­dores del espíritu, defensores del porvenir. Para esto me pondré sin duda algún día en relación con usted, pues yo pienso que usted representa en su país los elementos osados y lúcidos que hay que llegar a unir en bloque”.
    Con el tiempo las proféticas palabras de Mariátegui se convirtieron en una realidad al haber cumplido con el proyecto de editar una revista que tradujera las pulsaciones históricas de la época. Aglutinó a la inteligencia más esclarecida, a escritores, intelectuales y artistas decididos a cambiar el curso de la historia cultural. A pesar de todas las dificultades económicas y abusos de la insoportable dictadura de Guillermo B. Leguía y odio a la inteligencia de parte de la derecha hispana-criolla, supo imponer su voluntad y esperanza para contribuir con un destino superior para el Perú.
    “Nada más agregaré – escribió--. Habrá que ser muy poco perspicaz para no darse cuenta de que al Perú le nace en este momento una revista histórica”.
                                                                                             (2016)

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