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viernes, 3 de junio de 2011

El Perú en la hora más grave.


   
    Nunca como ahora el Perú se ha visto en una encrucijada tan grave. Los electores peruanos, el 5 de junio están atrapados entre dos alternativas contrapuestas e irreconciliables: Votarán por el pasado oprobioso, cuyo régimen de Alberto Kenya Fujimori Fujimori y Vladimiro Montesinos, lo representa ahora Keiko Sofía Fujimori, o por la posibilidad de elegir a un mandatario, capaz de llevar a cabo reformas sociales, destinadas a eliminar el autoritarismo, el  poder de la corrupción generalizada, el narcotráfico y el terrorismo de Estado.
    Frente a esta situación, lo preocupante es que, algunos medios de comunicación, hayan tomado la decisión de hacer una permanente campaña a favor de la señora Fujimori. Para cual han dispuesto que diaria como sistemáticamente, se realice una campaña de demolición y desfiguración de imagen del candidato Ollanta Humala. De modo que a la gran masa del electorado peruano, se le induzca no solo a no votar por él, sino a rechazarlo sin escuchar argumentos.
    Así, es posible aseverar que en el Perú, como en ningún país de América Latina, la hija de un exdictador que purga condena por 25 años por delitos de violación de Derechos Humanos, goce del apoyo de un poder mediático que ha despedido a varios periodistas que se han negado a apoyar, una candidatura que resulta una impostura política. La campaña millonaria a favor de la señora Fujimori, sin duda representa los intereses de los monopolios y las transnacionales.
     El marco legal con el que se llevarán cabo las elecciones de junio, fue diseñado por el gobierno de Alberto Fujimori-Vladimiro Montesinos, de modo que no existe de parte de los órganos electorales, la capacidad de intervenir frente a este panorama desolador. Habiéndose nombrado un Tribunal de Ética, esta entidad inoperante, inocua como ilegal, carece de poder, fuerza jurídica y ética para llamar la atención a los dueños de los medios, que han decidido apostar por el pasado, sin duda con el propósito de seguir medrando del poder.
     Cuando se pensaba que nunca más regresarían los programas asistencialistas y menos los clientelistas, el fujimontecinismo ha puesto de moda otra vez, la entrega de un plato de lentejas a cambio de un voto. Pero también se alquilan “habladores” para direccionar el voto y se amenaza a periodistas honestos con echarlos a la calle. De esa manera, el proceso está viciado porque no hay transparencia ni equidad en la información. Tampoco hay ninguna entidad capaz de llamar a la reflexión a la mayoría de “habladores” que han enrarecido el ambiente.
    Como siempre, se induce a los pobres a votar por los ricos. Se les hace creer que perderán los privilegios que nunca han tenido. Los ricos no van a decir: “Voten por nosotros para que ustedes sigan igual y después peor”. Es decir, que a fin de mantener la coloniedad del poder y la manipulación política en la que está sumida la mayoría de los electores, tampoco hay voces que adviertan el grave peligro que significa el retorno del gobierno de la cleptocracia que solo beneficia a los actores de la corrupción.             
    De allí que no es posible callar frente a esta realidad porque sería un acto de traición al Perú y a nuestras conciencias. Por eso, llama la atención que no se prenuncien públicamente los intelectuales, escritores, artistas, periodistas, investigadores sociales y personas vinculadas a la vida cultural nacional. Callarse en este momento es convertirse en cómplice, espectar desde lejos que el Perú avanza hacia el abismo y no decir nada, es un acto de cobardía histórica. 
    La recuperación de la democracia y los valores humanos, han costado muchas vidas y mantenerla a través de un voto consciente contra el fujimontecinismo, es un deber ineludible. Jamás el Perú se ha visto en una trampa oscura que algunos los medios pretende hacerla transparente. La señora Keiko Fujimori, de ser electa presidenta, será solo una pantalla, porque el reo Alberto Fijimori Fujimori, (quien probadamente no es peruano), desgraciadamente volvería a gobernar el Perú.         
    El fujimontecinismo no tiene una ideología política peruana, no es una creación histórica para encarar problemas irresueltos del pasado, ni para gobernar con honestidad si llega nuevamente al gobierno. En síntesis, si no somos capaces de respondernos a las preguntas: ¿Qué hemos sido? ¿Qué somos? ¿Qué queremos ser?, será imposible encarar el futuro y de hecho aceptar que el Perú otra vez, se convierta en una inmensa fosa común y un Narco-Estado.
    La repentina presencia en plena campaña electoral de Hernando de Soto, al lado de la señora Fujimori, es una señal de que con el pretexto de la titulación de tierras, se pueda enajenar la propiedad y hábitat de las comunidades humanas amazónicas. Es decir, cuando todo el mundo crea que tiene propiedad del lugar en que vive, se pueda comprar extensos bosques a precio irrisorio para explotar petróleo y luego, poseer importantes cuencas de agua pura. En el fondo, se trata de un proyecto que tiene por objeto apropiarse mucho más de la Amazonía y, luego desarrollar una acción de extinción humana paulatina.           
    Propiciar el voto en blanco o viciado es una irresponsabilidad cívica. Nosotros expresamos nuestra preocupación por el futuro, porque en el Perú ya hemos vivido una década de crímenes, saqueo del erario nacional y se comprobó la existencia del avión presidencial lleno de drogas. Por eso, instamos a votar por un gobierno que haga del Perú una nación pluricultural y multilingüe, un Estado-nación donde se pueda vivir sin miedo al terror del Estado, a la pobreza, la estilización de mujeres y, la muerte de miles de familias campesinas como urbanas, sobre todo de niños condenados a la más horrenda pobreza.

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