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martes, 11 de diciembre de 2012

El AGENTE DEL GOBIERNO Y EL PONGUEAJE POLÍTICO




                                                                                        
     El 27 de noviembre en horas de la noche, el ministro de trabajo José Andrés Villena Petrosino, llegó muy retrasado al aeropuerto Alfredo Rodríguez Ballón de Arequipa para viajar a Lima. Cuando se cerraron las puertas del avión, las turbinas estaban encendidas, de un avión de la Compañía LAN que iba a despegar, se presentó y exigió que lo dejaran pasar los controles para viajar a como diera lugar. Frente a la imposibilidad de “detener” el avión, fue presa de una profunda frustración y cólera, enseguida actuó como un energúmeno, desaforado y fuera de sí, inventó varias mentiras y además comprometió al gabinete como al gobierno, demostrando la vigencia de una actitud propia de una mentalidad colonial del poder como del pongueaje político, tan arraigado en el Perú.
    Frente a la imposibilidad de “parar” al avión para abordarlo o subir al vuelo, (“pie derecho, pie derecho”), como si se tratara de una combi o un ómnibus que se detiene en cualquier parte, el ministro se presentó tarde, con rostro adusto, furioso y  prepotentemente exigió que lo dejaran pasar para subir de todos modos al avión. No respetó a los trabajadores y trató de entrar hasta la sala de embarque para correr hacia el avión. Fue en ese momento que la trabajadora Ana Lucía Ramos, trató de explicarle que era imposible “detener” el avión, por lo que el ministro le dijo: “Soy agente del gobierno”. Amargado por haber perdido el vuelo, le ofrecieron darle la facilidad para que viajara en el siguiente vuelo.
   Pero nada detuvo al ministro y agredió físicamente a la trabajadora Ana Lucía Ramos, quien después procedió a interponer la denuncia correspondiente en la comisaría del aeropuerto. Enseguida el ministro amenazó a todos los trabajadores con hacerlos despedir de sus puestos laborales: “Voy hacerlos despedir a todos, este es el último día que trabajan” – le gritó a todos. Y al ver que era imposible subir al avión, no tuvo más que retirarse amargado. Pero ese hecho se puede analizar desde la conducta de un ministro que actúa con mentalidad coloniedad del ejercicio del poder y también desde el pongueaje político.
    El certificado del médico legista otorgado a Ana Lucía Ramos, ha permitido probar que efectivamente el ministro le causó daños físicos. Pese a que después viajó a Arequipa para disculparse, repentinamente el presidente del Consejo de Ministros Juan Federico Jiménez Mayor, ofreció una conferencia de prensa para decir que todo había sido superado. ¿Esa es la función del encargado del Consejo de Ministros? ¿Por qué tenía que salir al frente y defender a quien había cometido una falta tan grave?  ¿Por qué no anunció que había sido destituido?
  Es bueno saber por lo menos algunas obligaciones que tiene el Ministro de Trabajo y Promoción del Empleo, según el reglamento de organización y funciones. De acuerdo al capítulo III, respecto a las funciones específicas el Artículo 8º señala:
   “a) Definir, formular, dirigir, supervisar y evaluar la política socio-laboral de los sectores de Trabajo y de Promoción del Empleo y la Micro y Pequeña Empresa, en función de la política general del Gobierno y en coordinación con los sectores e instituciones vinculados a su ámbito; así como con los Gobiernos Regionales u  órganos que los sustituyan, estableciendo la normas que las promueva.
b) Evaluar y supervisar la política laboral con énfasis en la promoción y prevención laboral, concertando con las organizaciones representativas de los trabajadores y empleadores, estableciendo los procedimientos de supervisión, control e inspección, promoviendo asimismo los servicios de asesoría, conciliación y defensa legal gratuita del trabajador, impulsando relaciones laborales justas y promoviendo la difusión de la legislación laboral como mecanismo de prevención y diálogo social.
c) Regular los procedimientos laborales, incluyendo los mecanismos de conciliación, mediación y arbitraje y evaluar su cumplimiento.
d) Definir, concertar, coordinar, dirigir, supervisar y evaluar la política de seguridad y salud en el trabajo. Establecer las normas de prevención y protección contra riesgos ocupacionales que signifiquen la alteración de la salud integral de los  trabajadores, en aras al mejoramiento de las condiciones y el medio ambiente de trabajo”.
     Tal como estamos acostumbrados, pese a la intensa campaña de los medios controlados y parametrados por el poder mediático, el presidente Ollanta Humala Tasso no dijo ni una sola palabra. De pronto el presidente del Consejo de Ministros Juan Federico Jiménez Mayor, dijo que la destitución de Villena dependía del presidente de la República. Durante varios días, como siempre, de ausencia insoportable respecto a un pronunciamiento del presidente Humala, la señora Nadine Heredia finalmente habló. Como nunca estuvo confusa pero dejó entender que no se podía sostener por más tiempo a un ministro que debía tener una conducta ejemplar. Para no comprometer a su esposo, evadió responder si Villena debería renunciar de mutuo propio e irse a su casa.
      Han transcurrido varios días y el Ministro de Trabajo y Promoción nada más y nada menos que del Empleo, se mantiene firme, entornillado, clavado, soldado con soldadura autógena a su silla, se ríe, está esperando que le entreguen dos cheques en diciembre más el aguinaldo y sus viáticos por haber viajado a Arequipa, en misión oficial a pedir disculpas. No escucha la radio, no ve la televisión, no lee los diarios ni abre su correspondencia por Internet, para no saber qué opiniones circulan  en las redes sociales. Asiste al Consejo de Ministros y no habla, no dice nada para no irritar a sus colegas. Sabe que asistirá al Congreso de la República para ser humillado y tal vez frente a una inminente censura, se enferme o antes renuncie, pero esa palabra además de los términos dignidad y honra no existen su diccionario.
   ¿De qué sirve hacer un recuento de estos hechos si no se reflexiona sobre un tema tan penoso y vergonzoso? En efecto, trataremos a sacar algunas conclusiones para acercarnos sobre todo al ejercicio del poder con una carga colonial muy fuerte y al pongueje político vigente. No se trata solamente de una anécdota que pasará a la historia con frases como: “Soy agente del gobierno”. “Tú no sabes con quién te estás metiendo”. “Este es el último día que trabajan aquí”. “Soy el Ministro de trabajo y los voy a hacer botar a todos”. “Qué tal raza, qué tales atrevidos, qué igualados”. “¿Quiénes son ustedes? Nadie, son nadie”. “Esta es la última vez que se atreven a tratar a una persona superior de esta manera”.
   1ro: Se trata de un comportamiento marcado por una mentalidad colonial. Es decir, de parte de un miembro de un Estado-nación al servicio de un sistema social que desprecia a los trabajadores, a los provincianos, quechuas, aymaras y ciudadanos de la Amazonía.
   2do: Viene a ser la expresión de la coloniedad del poder con toda una carga ruda y prepotente. En otras palabras, es una forma de hablar y actuar de parte de un miembro del gobierno, sabe que no le pasará nada, haga lo que haga, diga lo que diga. Para eso tiene padrinos.
   3ro: Es la expresión de un acto usual con mentalidad virreinal, centralista y ministerial. El virrey tenía todo el poder en nombre del rey. El ministro goza de la “confianza” del presidente del Consejo de Ministros y es él quien pide disculpas y dice que no ha pasado nada.
   4to: Es una actitud abusiva cuyas raíces están profundamente enraizadas en  la forma de comportamiento social de la oligarquía republicana peruana. La derecha sabe que si desprecia o mata, dispone del poder político y el Poder Judicial que lo exculpará de todo delito a sus miembros más engreídos.
   5to: El abuso del poder resulta de un hecho histórico grave. La oligarquía peruana no ha construido una República, una Nación y menos un Estado en el que todos los ciudadanos ejerzan los mismos derechos y obligaciones. El pueblo peruano resulta así un vasallo de un gobierno con mentalidad discriminante, racista, segregacionista.
   6to: Es el resultado de las estructuras del poder oligárquico y centralista. Pero sobre todo viene a ser una muestra del sistema de educación colonial, que establece diferencias entre quienes tienen mucho y quienes no tienen nada, por tanto son siervos aunque se llamen ciudadanos.
   Lo más grave de este hecho es que el ponguejae político ha alcanzado la expresión más cruel y palpable. Un pongo político al servicio del poder es incondicional, obedece a ciegas siempre contra su voluntad. Hubo pongos culturales  que criticaron muy solapa al ministro. Villena por supuesto, no renunciará porque sabe que en hechos más graves como el caso de Chejade y congresistas proxenetas, no les han hecho nada. Así, el pongueaje ha cumplido con una tarea de criticar a medias pero de ninguna manera referirse al núcleo de donde se generan los nombramientos de ministros.
   Entonces, frente a la conducta colonial y pongueaje político, para sintetizar el pulso de los hechos, bien podríamos decir que estamos frente a un gobierno con rasgos de coloniedad, cuya expresión pública puede resumirse de la siguiente manera: “Callo, luego existo” o “callo y dejo hablar”, mejor todavía: “callo y habla por  mí”. Hasta que luego de varios días tampoco se sabe lo que pueda suceder después. Entre tanto, la radio mediática, la televisión criolla, los diarios de grandes tirajes y los periódicos chicha distraen al “soberano”. Así, el Ministro de Trabajo y Promoción del Empleo, no trabaja ni deja trabajar y tampoco promociona el Empleo. ¿Hasta cuándo? Hasta que el hedor a cadáver político sea insoportable y no haya más que cambiar por otro mejor pongo político.    
(8/12/2012).

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