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martes, 8 de marzo de 2016

EL ILIMITADO ODIO DE VARGAS LLOSA



    

 ¿Por qué Mario Vargas Llosa odia tanto a los movimientos políticos de América Latina que tratan de hacer cambios sociales?, ¿Por qué se ha convertido en el enemigo mortal de reivindicaciones sociales de las grandes mayorías empobrecidas? ¿Por qué defiende tanto un sistema colonial injusto como inhumano? ¿Por qué destila tanto aborrecimiento, inquina, aversión, tirria, rabia, desprecio, fobia, ojeriza, antipatía, asco y desprecio por las movilizaciones sociales que defienden sus riquezas naturales? La respuesta es que los sicólogos y siquiatras del establishment, tienen miedo hacer un estudio analítico para dar una respuesta coherente.
    Max Silva Tuesta, ha tratado de explicar la personalidad de Vargas Llosa en un ensayo cargado de temor y alabanza, pero no de instrumentos de análisis sicoanalíticos. Ha dicho que Vargas Llosa fue un niño “apocado” y que a partir de ese trauma, es posible explicar su comportamiento sobre todo sicológico. ¿Apocado? Todos los niños en el Perú hemos sido apocados, unos más y otros menos. Sin embargo, esa deleznable tesis además de ser una farsa para congraciarse con el autor de “Cinco esquinas”, no aporta nada. Alguien debería realizar un trabajo serio para entender mejor por ejemplo el disimulado y gratuito rencor de Vargas Llosa por el  Perú.
     Al comentar con especial regocijo respecto a la Derrota de Evo (La República, 6/03/2016) dice: “Quienes creen que un personaje como Evo Morales está bien para Bolivia (aunque nunca lo estaría en Francia o España) tienen una pobre e injusta idea de aquel país del altiplano. Un país que yo quiero mucho, pues allí, en Cochabamba, pasé nueve años de mi infancia, una época que recuerdo como un paraíso. Bolivia no un país pobre, sino, como muchas repúblicas latinoamericanas, empobrecido por los malos gobiernos y las políticas equivocadas de sus gobernantes-muchos de ellos tan poco informados y tan demagogos como Evo Morales- que ha desaprovechado los pocos recursos de su gente y su suelo, -sobre todo, cerros y montañas-y permitido que una pequeña oligarquía prosperara en tanto que la base de la pirámide, las grandes masas quechuas  y aymara,  y la población mestiza, que es el grueso de sus clases  medias, vivieran en la pobreza”
   Es verdad que Bolivia como muchos países no es un país pobre sino que ha sido sistemáticamente empobrecido. También es cierto que los gobiernos serviles no han sabido aprovechar los dones de la naturaleza y se han puesto al servicio de las transnacionales. También coincidimos con Vargas Llosa en afirmar que las masas quechua y aymara como las clases medias bolivianas, han vivido en la pobreza. Pero todo lo que dice  Vargas Llosa no es una verdad histórica. Se trata de un país sistemáticamente saqueado en complicidad con sus gobernantes, pero que de modo permanente luchó por defender sus derechos a una vida digna.
    El agrio texto del ideólogo ultraderechista Mario Vargas Llosa, va mucho más del odio personal a Evo Morales. Se refiere a la necesidad de enfrentar a toda clase de movilizaciones y surgimiento de líderes populares, dispuestos a defender los intereses de sus países agredidos por la política neoliberal y acumulación de capital. No le interesa ni duele los niños hambrientos de comunidades del Perú esencial, los explotados jóvenes de las minas, el paupérrimo salario mínimo de miles de familias que sí saben lo qué es el hambre y pobreza. Vargas Llosa escribe para las élites del poder económico y no es nada raro que dentro de algunos meses, otra universidad le otorgue otro premio. La transnacional de los premios a Vargas Llosa, es una empresa muy bien manejada, debe estar craneando qué distinción se le puede otorgar ahora que ha escrito con acumulada y refinada bilis contra Evo Morales.
     La tesis más coherente para explicar los odios políticos de Vargas Llosa y en particular a los líderes de las izquierdas de América Latina, parte de la idea de que se trata de un converso. ¿Qué es un converso? Es una persona con determinada ideología pero que por diversas razones, decide asumir otra absolutamente contraria. De modo que un converso es al mismo tiempo, un enemigo tenaz, mortal, constante y provocador, sabe que no tiene razón, pero su ilimitado odio lo lleva a escribir permanentemente contra el militante fantasma del pasado.
    Para sustentar esta afirmación partimos de una declaración de Vargas Llosa, el novelista dijo: “Yo fui marxista”. En efecto, primero habría que remitirnos a “El pez en el agua” (1993) para conocer parcialmente su militancia en el grupo Cahuide, cuando ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y fue compañero de estudios de Lea Barba, Félix Arias Schereiber y José Merino Bartet. Luego militó en la izquierda latinoamericana y defendió con gran pasión a la Revolución Cubana, participó en París cuando en Maubert Mutualité, con Sartre, Simon de Beuveard y otros intelectuales franceses, salvaron del paredón a Hugo Blanco. Además suscribió un manifiesto de adhesión a las guerrillas de Luis de la Puente Uceda.
   Hasta que con el pretexto del “Caso padilla” rompió con Cuba y se quedó con los dólares del Premio Rómulo Gallegos (Caracas, 1967, por la novela La casa verde), que habría ofrecido para apoyar a las guerrillas del Che Guevara en Bolivia. Desde entonces, Vargas Llosa en un converso que ha combatido sistemáticamente a todos los intentos de gobiernos para reivindicar la dignidad de sus pueblos. Vargas Llosa se ocupó también en París de hacer firmar un documento de censura contra el gobierno cubano y consiguió firmas de Julio Cortázar (aunque después la retiró)  Simone de Beauvoir, Marguerite Duras, Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Alberto Moravia, Octavio Paz, Juan Rulfo, Jean Paúl Sartre y Susan Sontag.
    Como todo detestable converso, Vargas Llosa además de ser un vocero oficial del neoliberalismo, se opone a toda forma de gobierno que luche contra el saqueo de América Latina en detrimento de sus grandes mayorías, cada día más empobrecidas. Pero no hay mal que dure cien años ni hay cuerpo (países) que lo resista. La lucha por la defensa de las riquezas naturales es también una forma de protección de la integridad física del planeta. En mi libro “Los abismos de Vargas Llosa”, que circulará muy pronto, desarrollo la tesis del político converso y está debidamente documentado, debe ser el primer análisis serio en referencia a los desaciertos y odios políticos del autor de la reciente novela  “Cinco esquinas”.

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