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martes, 8 de marzo de 2016

LA MORTAL AUSENCIA DE PARTIDOS POLÍTICOS




Si en el Perú el Poder Judicial cumpliera legalmente sus funciones, seguramente que varios candidatos a la presidencia de la República y a congresistas estarían presos. Pero además quienes siendo congresistas fueron condenados y cuyas sentencias tampoco se cumplen. En cambio, hay muchas personas inocentes que siguen detrás de las rejas sin poder recuperar la libertad. A nadie le llama la atención que algunos candidatos tengan sentencias firmes, sin embargo hayan sido acogidos por camarillas de amigos que se agrupan circunstancialmente para llegar al poder.
   A ese hecho se no se le puede llamar Partido Político, es una fracción de personas con intereses comunes para llegar al gobierno y disfrutar de los beneficios del poder. Pero para ese hecho político-comercial, se necesita empresas dispuestas a financiar las campañas. Entonces, aparecen magnates y empresas destinadas a mantener el curso del saqueo de las riquezas naturales, siempre y cuando también se les deje mano libre para hacer sus negocios. La inscripción en el Jurado Nacional de Elecciones es simple y fácil, nada se controla ni evalúa en su oportunidad, todo es subsanable, de modo que así aparecen partidos que en realidad no son.
   Un partido político es una entidad legal que tiene una doctrina política definida, como resultado del análisis referente a determinada realidad social, política y económica. Se sustenta en la necesidad de mantener el curso de la historia de acuerdo a las corrientes políticas de renovación del pensamiento político contemporáneo. Se reestructura  cada vez que es necesario, no solo en lo referente al análisis social sino entre sus propios cuadros. ¿Se puede llamar partido político a las agrupaciones de amigos que se organizan solo para gobernar? No. Ese es un problema básico porque si no hay partidos políticos, es imposible no solo la alternancia en el poder, sino la necesidad de renovar los conceptos que rigen la vida política pública.
    Entonces ¿qué es el fujimorismo? Keiko no representa a un partido doctrinario, es la herencia letal de un sistema cleptócrata y permanente saqueo del tesoro público, una forma de gobierno rapaz al servicio del gran capital. Pedro Pablo Kuczynski, cree que los electores le creen lo que dice, el entorno que lo guía no le explica la verdad, ¿cómo hará para recuperar todo lo que hasta ahora ha gastado? Como buen lobista, sabe que no es dinero perdido, ya puede hacer mejores negocios. Acuña se equivocó desde el principio, muy distinto pudo ser si hubiera leído sistemáticamente sobre política, economía, sociología y antropología. Nunca debió haber mentido como cancha. ¿El APRA es un partido? ¿Y el PPC? Ambas agrupaciones derechistas  han cumplido un ciclo histórico de incoherencias, falacias y traiciones. Han llegado al final de un período político y nunca más volverán a ser, la derecha política mejor organizada y controlada por sus eternas cúpulas.
     Alejandro Toledo, está convencido que vive sus últimos días de libertad y vida política, si el Poder Judicial realiza la labor que le corresponde, sabe que los días de viajes efímeros, farra y fanfarría están contados, ECOTEVA es sin duda solo una fachada de actos ilícitos que se deberían ser investigados a fondo. Frente a una evidente orfandad de ideas políticas de parte de Keiko Fujimori, Alfredo Barnechea es un intelectual-periodista, un exitoso agente de negocios que mejor conoce el tema relacionado al gas de Camisea, además ha intervenido en varios negocios jugosos. Keiko carece de ideas, sus discursos se sustentan en falacias que repite continuamente al clientelismo de Alberto Fujimori.  Los discursos de Keiko Fujimori son paupérrimos, no tiene idea de lo que es ahora el Perú y necesidad de estructurar por lo menos, algunos objetivos nacionales históricos para el siglo XXI.                                
    Verónica Mendoza es una voz solitaria que representa a una izquierda fraccionada, el poder mediático y la gran prensa de las derechas, prefiere hablar de Barnechea que de ella. Verónica Mendoza goza del apoyo de grupos politizados, en cambio Barnechea es un candidato que no cuestiona al sistema ni al poder empresarial-colonial. “Chacho” aprendió mucho durante su estadía en “Correo”, trabajando con Hugo Neira y Julio Ortega, Alan García le enseñó hacer política desde “el poder sin partido”, hasta que apareció Alfonso Barrantes Lingán y no solo lo derrotó, sino que le hizo pasar una incómoda luna de miel.    
    Como no hay partidos políticos tampoco hay debates en referencia a los grandes problemas sociales, políticos y económicos del Perú. La llamada gran prensa y televisión de masas, se ocupan de comentar anécdotas, chismes, viajes, mítines, discursos y hasta al “Gringo P.P.K.” le quitan los pantalones para ver qué color de trusa tiene ahora.  Así, los candidatos que lleguen a una confrontación final antes de la segunda vuelta, saben que nada trascendente discutirán. Entonces, no hay necesidad de haber estudiado los más graves problemas del Perú del siglo XX, sino solo tratar de defender el sistema político imperante.
    Julio Guzmán es un hecho que se veía venir, de no haber sido las acciones (legales) del  Jurado Electoral Especial (JEE) Lima Centro 1, no hubiera tenido la cobertura que necesitaba para ser el candidato que quería ser. Auspiciado, aupado, financiado y sostenido por poderosas firmas comerciales (Yambal), de pronto las derechas lo prefieren en vista del crecimiento del voto contra Keyko Fujimori. Guzmán no tiene partido político, pero tiene mucho dinero y padrinos dispuestos a gastar lo que sea con tal de recuperar después todo y ganar mucho más. Es un negocio a largo plazo, Guzmán sabe que está económica y políticamente hipotecado, es un prisionero que debe resarcir todo cuanto hasta ahora se ha invertido y seguirá gastando en él.
   Guzmán no es el Mesías, menos el Pachacuti ni el Tunupa que espera hace siglos el Perú esencial, es solo un personaje de engranaje político circunstancial, un político de recambio necesario que servirá para refrescar la hedionda atmósfera política. Todo indica que detrás de Guzmán, hay un proyecto de largo alcance para mantener el modelo, sobre todo económico y forjar en el Perú un nuevo cuño de República colonial. Ese es el significado de una candidatura que ahora goza del apoyo del poder fáctico, se trata de hace creer que no hay otra opción. Sin embargo, no es verdad, el limeño hispano, criollo, fogoso, bla bla bla, ágil, brioso, maratonista, palabreador, diligente, presto, activo Julio Guzmán no es más que la misma chuleta con distinto fustán.  

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