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martes, 21 de agosto de 2012

CUANDO LA JUSTICIA TARDA, NO ES JUSTICIA

El alcalde Cirilo Robles, a ocho años de su muerte,
el pueblo de Ilave recuerda el horrendo crimen.

Finalmente el sistema de justicia hispano-criollo oficial, ha sentenciado a Alberto Sandoval Loza, quien fuera teniente alcalde de la municipalidad provincial de Ilave (El Collao-Puno) y lo ha condenado a 30 años de prisión efectiva, acusado por delito de homicidio calificado. También a Valentín Ramírez Chino, expresidente de la Central de Barrios de Ilave, igualmente a 30 años de prisión. Sandoval Loza, cumplirá la sentencia el 14 de enero del 2042 y Ramírez el 5 de diciembre del 2038. Los otros coacusados fueron sentenciados a cuatro años de pena preventiva de libertad con carácter suspendida, los otros 30 acusados fueron absueltos. De esa manera, culminó el largo proceso en referencia al “castigo y linchamiento” del exalcalde Cirilo Fernando Robles Callomamani, quien además fue docente en  la Universidad Nacional del Altiplano. Como sociólogo, sabía que Ilave era y sigue siendo, una urbe con fuertes conflictos sociales, políticos e ideológicos, que el Estado-nación nunca puso atención a su desarrollo armonizado y pesar de lo sucedido, ahora no le interesa absolutamente nada, hasta que los aymaras, hastiados de ser cada día pobres, reclamen otra vez sus derechos ciudadanos.    
   Este doloroso hecho permite constatar que el kapkiano proceso que ha durado ocho interminables años, resulta ser un verdadero laberinto del averno, donde se pierde la fe en los plazos y celeridad en la justicia. Ha demostrado que el sistema de administración de justicia ordinaria en el Perú, no solo es lento sino engorroso. Además, que es costoso y por el tiempo transcurrido, los agraviados no sienten que la justicia tenga la capacidad de reparar el daño ocasionado. La esposa del exalcalde Cirilo Fernando Robles Callomamani, luchó contra el tiempo letal, el sistema judicial lleno de inútiles papaleos, pagó coimas y constató que no se cumplen  los ofrecimientos de gratuidad y transparencia en los trámites judiciales. Hasta finalmente quedar pobre y sin posibilidades de educar a sus hijos. Ocho años es mucho tiempo para cualquier proceso judicial, significa que los interesados tienen permanentemente que darle “impulso” a los trámites y como nada es gratis, hacer un  desembolso de dinero para cada “estación” y solo así el juicio avance.      
    Nosotros, desde el primer momento sostuvimos la inocencia de Fernando Robles Callomamani frente a los graves cargos que se le hicieron. El exalcalde primero no cedió ni aceptó pagar cupos ante los chantajes de dos hermanos que tenían en Puno un programa de noticias en televisión. “Ratman” y “Roben” le pidieron dos mil soles mensuales para “no decir nada” y así no sumarse a la campaña de desprestigio. Le ofrecieron “limpiar la imagen” en el menor tiempo posible. Tampoco aceptó pagar mensualmente un cupo de mil quinientos soles para no ser “vacado”. A final, mataron a un hombre justo y honrado, eso fue lo que dijimos y lo decimos ahora. No fueron los aymaras organizados en comunidades, ayllus y estancias, si no tal como ha quedado demostrado, fue un grupo de aymaras acriollados que azuzaron a las masas para liquidar a un intelectual, quien nunca se apropió de los dineros del pueblo de Ilave.     
    En efecto, en el libro “Morir en Ilave” (Editorial San Marcos, 2005), publicamos las resoluciones de la Contraloría General de la República y demostramos que Robles no había tocado nada de las arcas del Concejo Provincial de Ilave (El Collao).  La acusación contra Robles fue que había tomado dinero para hacer viajes a Lima y beneficiarse de manera dolosa. Los otros cargos eran que había corrupción en la administración municipal y, falta de acciones concretas en favor de la población en materia de electricidad. Un asunto grave fue el hecho que la prensa limeña, hispana-criolla le echara la culpa a los tenientes gobernadores aymaras, no faltaron “informes secretos”, en el sentido de que los aymaras bolivianos se habían desplazado secretamente hasta Ilave para causar desmanes en territorio peruano.
     Y sucedió que millones de personas vieron el asesinato de Robles a través de Canal N y de CNN en español. El ministro del Interior de entonces un converso de la izquierda marxista y ahora convertido en “analista” en el poder mediático, no ordenó que la policía impidiera un crimen tan atroz. Pero seguramente que desde su despacho, ese día, vio todo. Desgraciadamente el tiempo nos ha dado la razón. No se produjo una acción de “Fuente ovejuna” si no más bien una conjura y venganza personal. Los aymaras si bien en un principio se plegaron a la huelga, no intervinieron en el crimen de Robles. Sin embargo, fueron satanizados, tratados como salvajes, como seres primitivos que practicaban una “justicia atroz”, de modo permanente e inhumano.         
    Conocimos a Cirilo Fernando Robles Callomamani, cuando en su condición de alcalde electo por Ilave (Collao-Puno), una mañana se presentó en el Jurado Nacional de Elecciones para hacer una consulta legal concreta: si podía renunciar a la alcaldía o ser vacado sin que haya abandonado el cargo, estuviera enfermo y menos cometido un delito. El secretario general del J.N.E. le respondió que su renuncia no sería aceptada. Le obsequió la Ley Orgánica de Municipalidades como la norma correspondiente al máximo organismo electoral y, recomendó que afrontara la grave situación de acuerdo a ley. Cirilo Robles respondió que había sido amenazado de muerte, pero además dos hermanos que operaban en Puno, querían cobrarle cupos para no hacerle problemas. Frente a esa versión, el secretario general le aconsejó que acumulara pruebas y denunciara a los responsables.
      Cirilo Robles se sentía jaqueado, acorralado, agraviado en su honor por las acusaciones de ser un funcionario deshonesto, pero sobre todo chantajeado por los injustos ataques que se le hacía: corrupción, apropiación del fondos municipales, inasistencias injustificadas e incapacidad para solucionar problemas sociales del pasado. Como sociólogo, analista marxista, dirigente político y docente universitario, estaba convencido que su honor estaba siendo mancillado. Hasta que en el 2004 los pobladores de Ilave se declararon en  huelga indefinida contra él y tanto Sandoval como Ramírez, alentaron acciones violentas.  Cirilo Robles llegó repentinamente a Ilave, a pesar de que sabía que podían matarlo. Entonces, la población ebria de alcohol y furia fue a buscarlo y lo sacó de su casa a golpes con palos, a pedradas y castigos corporales.
   Es preciso recordar que el sacerdote Gastón Garatea, entonces presidente nacional de las Mesas de Concertación de Lucha contra la Pobreza viajó a Ilave para mediar entre las partes que eran los dirigentes de la huelga y el alcalde. Entonces dijo: “Mi lectura de lo ocurrido en Ilave es la mala lectura del gobierno, la mala lectura del país aún imperante entre los limeños. Además de una politización extrema de algunos grupitos. Lo de Ilave no es una cosa inocente. Hay corrupción, gente que tiene problemas muy serios. También vemos los vacíos tan solemnes del sistema municipal que aparecen por estos lugares. No aparecen en San Isidro o Miraflores: aparecen aquí. El Estado tiene que re estudiar la cultura, saber dónde está pisando”. Se equivocó, no había corrupción, politización, vacíos legales ni latrocinio, simplemente no conocía la realidad, no iba a ver diálogo de ninguna manera, todos los hechos estaban destinados a que Robles dejara la alcaldía a como diera lugar. Garatea debió decir: “Aquí no hay Estado, nunca esta gente recibió atención, hay miseria, abandono y desidia de gobernantes. Quieren matar al alcalde y el presidente de la República que más está en Punta Sal, debería ver este caso, así como el Ministro del Interior siempre ocupado en todo menos en sus deberes y su sector”.       
  En la contratapa del libro “Morir en Ilave” (2005) y que fuera elegido como el mejor libro del año, escribimos: “El 26 de abril del 2004, después de haber sido martirizado desde las 8:30 a. m., hasta las 3.00 p.m., murió el profesor universitario, magíster, Fernando Cirilo Robles Callomamani, a consecuencia un shock hipovolémico. Con ese hecho cruel se inició la historia social del Perú en el siglo XXI, pero la violencia siguió creciendo mucho más” Y otra vez lamentablemente no nos equivocamos. El año pasado publicamos: “¡Mata a la chola de la waraqa! ¡Mata a esa chola carajo! (Arteidea Editores, 2011, Lima), que es también una crónica de los sucesos referente a la huelga antiminera de los aymaras peruanos.    
    Muchas personas no sabían que había un pueblo en el Perú un pueblo llamado Ilave, pero preguntaron dónde quedaba y por qué las autoridades permitían que se televisara un crimen tan horrendo. ¿Se pudo detener acaso un hecho tan inhumano y cruel? Por supuesto, pero a las autoridades del Estado-nación oficial, no les importó que los “indios” ajusticiaran a un “alcalde corrupto”. ¿Por qué durante el juicio no se tomó en cuenta la inacción del subprefecto, del prefecto de Puno y el Ministro del Interior? ¿Acaso no hay también culpabilidad en la omisión de funciones?
    Treinta años no pasan tan fácilmente y mientras cumplan la carcelería quienes fueron sentenciados, nadie podrá devolverle la vida al profesor universitario, magíster, Fernando Cirilo Robles Callomamani. ¿Qué se debe hacer para restituirle el honor por respeto a su memoria y sacrificio? ¿Quiénes son las personas llamadas a realizar un desagravio post morten? Sin duda primero el Municipio Provincial de Ilave y la sociedad civil para que nunca más, una autoridad electa o nombrada, cualquiera sea la acusación o el delito, sea ajusticiada de una forma pública tan cruel. Ojalá que esta muerte sirva para reflexionar para quienes escribieron tantos textos y se rectifiquen. No vuelvan a equivocase y hagan más daño a personas honestas, dignas e inocentes como Fernando Cirilo Robles Callomamani..   (19/8/2002).          

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