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jueves, 16 de agosto de 2012

Ser Maestro en el Perú

Paulo Freire, educador y filósfo, 1921-1997
   Siendo alumno de Paulo Freire, en una de las conversaciones académicas  que solía sostener con sus alumnos, le preguntamos: “¿Qué significa ser maestro en América Latina?” Freire contestó que podía diseñar un seminario como respuesta a esa pregunta, que era un tema amplio como complejo y difícil de responder con pocas palabras. Pero insistimos en y como era director del Instituto Internacional de Investigación para el Desarrollo Armonizado IRFED, (París, 1971), frente a más de treinta alumnos becarios de los “los países subdesarrollados”, dijo más o menos así: “La educación es una acción política e ideológica con contenido filosófico, en la que intervienen cinco factores: El Estado, la sociedad, la economía, los maestros y los políticos. No hay recetas, cada país tiene que crear su propio sistema educativo. Pero es necesario definir qué clase de sociedad se trata de construir, en qué tiempo, con qué medios y sobre todo con qué clase de maestros. Es básico conocer la historia, la memoria social cultura de cada país.

   En lo que se refiere a América Latina, la educación en general debería estar orientada a liquidar la pobreza, formar a los niños y jóvenes con una conciencia crítica para que se eduquen y formen para gobernar. Un criterio absolutamente básico es que no hay desarrollo sin cambios sociales y no hay necesidad de recurrir a la violencia para transformar una determinada realidad social. Un defecto de la educación en América Latina es que los niños y jóvenes los forman para ser gobernados, para obedecer, para ser siempre la masa que se calla y debe sufrir por miles de años más la dolorosa pobreza. No para gobernar ni transformar el país que gobiernen.

    Cualquiera que sea el país en América Latina y en general en los países subdesarrollados, el maestro tiene que ser un líder, un conductor de ideas, alguien que vaya adelante enseñando con el ejemplo. No hay una vida más heroica y fecunda que la un maestro que contribuye con la liberación de su pueblo”.

   No se trata de repetir exactamente las palabras sino más bien citar lo más fidedigno posible la emisión de ideas. Un alumno de Argelia intervino y dijo: “Entonces, díganos también en pocas palabras: ¿Cómo debe ser un maestro?” Paulo Freire respondió que había llegado a la conclusión que un tema importante era la necesidad de discutir acerca de la libertad, que los oprimidos tenían mucho temor, más que a rebelarse, a ser libres y sustituir al gobierno que los oprime. “Por eso es que la educación está destinada a formar a hombres y mujeres libres. No a personas con mentalidad de esclavos, de ciudadanos sumisos, extremadamente hipotecados a una mentalidad anclada en el pasado colonial”.

    Es verdad que las ideas de Paulo Freire fueron recogidas e influenciaron de modo especial durante la última década del siglo pasado, en algunos sistemas educativos de países que se propusieron llevar a cabo reformas sociales. Pero frente a la “revolucionaria” propuesta pedagógica de una “educación para la liberación del oprimido” de Paulo Freire, se produjo una enorme acometida, una evidente ingerencia política e ideológica de organismos internacionales como el Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional. El Perú aceptó esas “recetas educativas” y ese es el sistema pedagógico vigente, no es el resultado de un debate en el que hayan participado como decía Paulo Freire, “cinco factores: El Estado, la sociedad, la economía, los maestros y los políticos”. Es verdad que no hay modelos ni  recetas, cada país está en la obligación moral y ética de crear su propio sistema educativo, de acuerdo a su problemática social.

     Ahora que asistimos a un inesperado debate sobre la reforma de una ley sobre la educación en el Perú, lo primero que se observa es que la señora Ministra de Educación, Patricia Salas, no entiende que su función es otra, menos sus viceministros y asesores que hablan en los medios y se muestran afanosos como tecnócratas, pero sin ideas respecto a la complejidad del sistema educativo. Hay congresistas, políticos y sobre todos periodistas que no saben nada de educación y opinan. Lo más grave es la orfandad ideológica, así como la vigencia de criterios políticos pedagógicos coloniales, de quienes lamentablemente han redactado la nueva Ley de Reforma Magisterial en reemplazo de otro mamotreto, como es la Ley de Carrera Pública Magisterial.

     Por esa razón y otras de menor cuantía, la Ministra de Educación será interpelada en el Congreso de la República. Es decir, por decidir sin la necesaria aprobación congresal que una ley sustituya a otra, además debido a la “escasa ejecución presupuestal en lo que va del año y los limitados resultados de la política educativa”. Se ha preparado 31 preguntas sesudas que tienen que ver no solo con la nueva ley propuesta, sino con temas concomitantes pero intrascendentes. Una primera pregunta que no aparece en ese texto es: ¿De qué clase sociedad y educación se trata? ¿Han participado los maestros, padres de familia, políticos, el Ministro de Economía y el Ministro de Cultura? No. Entonces: ¿quiénes han redactado una ley que no empieza definiendo qué clase de sociedad se ha construir y cómo debe ser el sistema educativo Peruano?

   Para quienes hemos ejercido el magisterio cualquiera haya sido la modalidad, sabemos lo que decimos por experiencia propia, la llamada nueva Ley de Reforma Magisterial no es más un remiendo de las todas las anteriores. El criterio de la carrera magisterial propiamente dicho, así como la  aplicación de medidas en la meritocracia dependerá de los directores, que aunque no todos, son los más acérrimos enemigos del magisterio, de la cultura y la inteligencia. Finalmente se trata de contentar con exámenes cada cierto tiempo y cada año expulsar a miles de maestros “si es que no estudian” y sino pasan de una escala a otra. Con la nueva ley, los nuevos maestros peruanos que empiecen a trabajar al año, llegarán a tener un suelo adecuado, acorde a sus méritos y estudios, una remuneración decorosa cuando cumplan 25 años de servicios y hayan vencido a todas las vallas que salten como una especie de olimpiadas del conocimiento pero a largo plazo. Estamos hablando del año 2037, cuando muchos de los congresistas, la Ministra de Educación y sus inteligentes asesores, hayan pasado al más oscuro anonimato o tal vez, a un mejor estado de existencia metafísica por los siglos de los siglos.

    Ninguna ley del magisterio ha durado en el Perú más de cinco años, todas han sido modificadas en cada gobierno solo para demostrar cierta preocupación “por la educación de nuestros hijos”, pero ninguna de ellas han significado un cambio de mentalidad y otra forma de educación.  Todas las normas referidas al magisterio han sido coyunturales, ninguna fue debatida por los actores responsables y esa es la razón por la que han durado poco. La historia es más o menos así. Cada gobierno mejora las mejoras anteriores, modifica las modificaciones necesarias, corrige las correcciones erradas, reforma las reformas urgentes, cambia los cambios mal hechos, enmienda de nuevo las enmendaduras, transforma algo del contenido por otra transformación, sustituye con otra sustitución, cambia de nuevo el cambio anterior, añade otros añadidos, sustituye con otra necesaria sustitución, etc., etc.

    ¿Y la dignidad y respeto al maestro? ¿Cuándo se le ha dado el lugar que le corresponde? ¿Cuántos años más tiene que esperar para que se le pague todo cuanto se le debe? A causa de un Estado-nación ajeno a la educación, ser maestro en el Perú es un enorme sacrificio. Es vivir sumido en la desesperanza y permanente agresión. Ser maestro en el Perú significa no tener derecho a una vida digna, a una salud mental equilibrada, a una forma de vida acorde con la dignidad humana. Ser maestro en el Perú también ha significado luchar contra todos los gobiernos, contra el sistema que solo le interesa la acumulación de capital, contra todas las formas de represión, no solo para tener sueldos dignos sino para defender la dignidad del magisterio.

    ¿Y los maestros y maestras peruanas jubiladas? ¿Y quienes han quedado discapacitados? Para el Estado-nación, los ministros, congresistas, políticos, asesores e ideólogos de la coloniedad del sistema educativo, no existen. ¿Cómo? ¿A quién se le ocurre que les debe pagar igual que a un docente en actividad? ¿Qué cosa? Hay que hacer de cuenta que ya no existen y si viven es por riesgo y cuenta de cada uno de ellos. Y sino pregunten al Instituto Nacional de Estadística e Informática INEI, los  jubilados están en la obligación de morir lo más antes posible, porque desde ahora ya no aparecen en la estadísticas de sobrevivientes.

Lima, 13 de agosto del 2012.

lunes, 13 de agosto de 2012

El congresista Condori, Rosa Mavila y la cultura aymara


Se trata de un hecho penoso, censurable y vergonzoso. Nadie tiene derecho a votar por otra persona contra su voluntad en ninguna circunstancia, cualesquiera sean las elecciones. No hay delegaturas, comisiones y menos encargos para que otra persona vote en vez de alguien por ninguna razón, aunque se aduzca una justificada ausencia. Cuando alguien resulta votando en vez de otra persona, no solo usurpa un derecho cívico, sino que además de ser una impostura, traduce una personalidad, una conducta, una forma de ser ciudadana. Pero sobre todo está en observación la cultura de la que proviene la persona que comete esa impostura. Y es en ese terreno que es preciso situarnos para analizar mejor un hecho tan grave.
  Las culturas quechua, aymara, así como los pueblos de la Amazonía, se rigen por códigos de ética y moral que se practican a través de una conducta personal y colectiva, enmarcada dentro del Derecho Consuetudinario. Peruanos que viven en la selva como en el medio rural, conviven pacíficamente organizados en pueblos ancestrales, etnias, ayllus, comunidades campesinas, estancias, markas o pueblos. Los niños y niñas aprenden de los mayores formas de comportamiento y conducta, pero esa sociedades humanas tampoco son islas, están inmersas en la dinámica de una dolorosa  colonialidad de la que no será fácil se puedan liberar.
    Sin embargo, la democracia que se practica en los ayllus y comunidades para elegir a los  representantes que los gobiernan, así como ante el Estado-nación, tiene miles de años de vigencia y funciona, sin necesidad de que para que las elecciones sean limpias y transparentes, intervenga un ente extraño. No hay necesidad por ejemplo, se invite a la Oficina Nacional de Procesos Electorales, verifique, garantice la limpidez del proceso electoral y menos para entrega de credenciales. Después de la propuesta de candidatos o candidatas y exposición de ideas, la elección es a mano alzada. Así es como han sobrevivido las organizaciones democráticas andinas y amazónicas de peruanos marginados e invisibilizados durante muchos siglos. 
    Es así como también los pueblos amazónicos eligen a sus apus, representantes  y dirigentes. Los quechuas y aymaras, lo hacen en asambleas de ayllus, estancias, comunidades y markas, eligen cada año a un mallku, jilaqata o marani, al   presidente de la comunidad. Así también se elige a las personas que se hacen  cargo del funcionamiento y apoyo a las escuelas, se le llama patronato. También son elegidas las autoridades que se encargan de cuidar los sembríos, la rotación de los cultivos, de la paz social, de la armonía entre familias y familiares como vigilancia y defensa de linderos. Controlan e intervienen en el desarrollo del calendario agrícola, ejecución de las fiestas patronales como de la religiosidad andina. Nada se impone, no se ordena ni improvisa. Pero los fundamentos de la democracia real andina, tiene mucho que ver con la conducta de las personas para ser elegidas autoridades.
    Si alguien ha cometido una impostura, una afrenta o un acto de violencia familiar en su comunidad, no puede ser elegido como autoridad. Menos si ha cometido un delito. Para ser presidente de una comunidad campesina, hay que tener una conducta ética intachable además virtudes personales como sentido de equidad, respeto a los derechos ciudadanos, limpidez en actos personales y sobre todo ser digno. La dignidad y el honor, son valores que practican todo quechua y aymara, si es que alguna vez quisiera tener el honor que lo elijan como autoridad o no.
    Pero sucede que una vez que los jóvenes salen de sus comunidades, no todos por supuesto, empiezan sin querer un proceso de asimilación de la cultura hispana-criolla, se ven atrapados por un continuo proceso de acriollamiento, achoramiento y adaptación a una sociedad ajena como enajenante. Si regresan a sus comunidades tratan de imponer otras formas de comportamiento aprendidas en las ciudades. Como también si emigran, no son recibidos como mistis (mestizos) en las ciudades, sino como cholos, serranos y de hecho son personas marginadas y marginales. Hay quienes llaman a esta evolución de la sociedad peruana como el desarrollo de la cholificación o la choledad en plena posmodernidad. Depende quién defina los conceptos, hasta ahora lo han hecho los científicos sociales de la sociedad dominante, generalmente académicos, para demostrar y decirnos que no van a permitir que así porque así nomás,  serán desplazados.   
     Teniendo en cuenta los valores ciudadanos, así como la representavidad andina que tiene que ver con la ética y conducta ciudadana, con seguridad que el congresista Rubén Condori Cusi, no sería elegido como apu, mallku, jilaqata, marani, representante de ningún pueblo amazónico y menos presidente de una comunidad campesina de donde proceden sus ancestros. En cambio, sí puede ser elegido como congresista en una sociedad hispano, criolla, achorada; ocultar o simplemente no declarar ante el Jurado Nacional de Elecciones, que fue sentenciado a dos años de pena privativa contra la libertad, con carácter suspendido, por el periodo de prueba de un año, sujeto a reglas de conducta, así como al pago de cinco mil nuevos soles.
   Es más, el congresista Rubén Condori Cusi, siendo parte del Comité Electoral, fue denunciado penalmente, junto con el presidente y demás miembros de ese mismo ente de elección en la Universidad Nacional del Altiplano (Puno).
Así aparece de la lectura del expediente penal, Nº 2003 – 0319, con Resolución Nº 09-2005, del 13 de setiembre del 2005. Luego se confirmó la sentencia apelada y,  reafirmó la acusación fiscal por la comisión del delito contra la Administración Pública, en la modalidad de Abuso de Autoridad. Así, el congresista Rubén Condori Cusi, no podría postular para ningún cargo en la comunidad de donde procede y donde seguramente aún viven sus parientes más cercanos.
   Este “ilustre padre de patria”, como lo hemos visto por televisión millones de peruanos, aprovechó unos segundos de distracción de la congresista Rosa Mavila para votar por ella, luego del debate sobre la delegación de facultades del Congreso de República al Ejecutivo. Fue un hecho increíble e inaceptable porque sin duda significa una impostura y sin duda a una absoluta falta de respeto al Congreso de la República, por más que se diga que se trata del peor de todos en la Historia de la República. ¿Qué sucederá ahora? ¿Habrá lo que se llama “blindaje” como lo hacía el celebérrimo Chauchiller, creyendo que así se podía abrochar para vivir facilongo del y en el Congreso muchos años? Ese es un personaje fabuloso, maravilloso, auténtico, único e intransferible, del que alguna vez alguien debería escribir una novela, varios cuentos, un ensayo sobre política o simplemente recopilar esa fraseología ecuménica como disparada y ya está el libro. El tema está esperando a un  escritor imaginativo y zahorí. Ya llegará.
      Si el congresista aludido fuera solamente un hispano criollo más, tal vez ni siquiera nos ocuparíamos del tema por ser un ilustre desconocido. Pero no, se trata de una persona que ha emergido de la sociedad andina, específicamente porque proviene de la Nación Aymara. Los aymaras no son así, tienen una distinta visión del mundo y se adaptan muy bien a una sociedad que los discrimina y segrega, pero de ninguna manera toman actitudes reñidas con la ética y la moral, aunque la mayoría de ellos sean tomados en cuenta solo cuando hay elecciones. No es cierto que cualquier aymaras o quechua se pueda tomar la libertad de “hacer una broma”, votando en el Congreso por otra persona.
     Parafraseando a Mario Vargas Llosa, sería lícito preguntar ¿en qué momento se jodió Rubén Condori Cusi? Difícil saber cuándo y dónde. Lo que sí debe quedar claro es que sin duda en su niñez y adolescencia recibió una educación llena de valores humanos, culturales y ligados a la memoria social, ancestral y atávica. Fue la sociedad hispana criolla en la que se desarrolló y, le hizo creer que así se puede ser y actuar. Pero tampoco nadie tiene derecho a motejarnos a todos a quienes procedemos de la cultura andina. No estamos juzgando a nadie porque nadie se puede irrogar esa atribución sino los órganos jurisdiccionales. Lo único que hemos tratado de decir y demostrar es que los auténticos aymaras, tienen una distinta forma de ser, actuar, pensar y hablar.        

domingo, 5 de agosto de 2012

LA MINISTRA, LA EDUCACIÓN Y LOS MEDIOS


Ministra de Educación Patricia Salas y Ministro de Cultura Luis Peirano.
   Toda Constitución Política, cualquiera sea la sociedad que la elabore, expresa  su dinámica y cambiante realidad social, política, económica, educativa y cultural, porque le es propia como distinta a cualquier otro Estado. En otras palabras, es el resultado de un debate analítico, ideológico, social y económico. Pero sobre todo educativo y cultural en el que intervienen diversas agrupaciones políticas para aprobar un proyecto histórico, con metas que se proponen alcanzar. En consecuencia, es un acto de creación para cada realidad y no hay ni debe haber “calco ni copia”. Finalmente constituye “la norma de las normas”, pero tampoco es eterna porque los acelerados cambios sociales, exigen una permanente revisión, adaptación y proyección al futuro.     Entonces, la Carta Magna es el conjunto de normas que aprobada y promulgada se traduce en reglas que establece, la manera cómo se debe vivir y el comportamiento de social todos los ciudadanos. Uno de los principales objetivos es que construya y proteja a una sociedad en la que se pueda ejercer todas las libertades y, mantenga una convivencia humana en paz. Hay derechos importantes que deben ser respetados, entre otros, el derecho a una vida digna, atención a la salud y acceso de todos los ciudadanos a la educación y a la cultura. Pero así como la Constitución garantiza los derechos, también estipula deberes y obligaciones. Además considera el rol del Estado, las labores de los poderes públicos y funciones que cada entidad debe cumplir.
    Así, la Constitución Política de una determinada República no es parecida a otra porque tiene distintos fines sociales y diferentes objetivos concretos. En el caso del Perú, la pregunta es que si la actual Carta Magna es un proyecto histórico, en la cual es posible o no reconocer los objetivos nacionales. Pero más concretamente, si existe o no un sistema educativo y cultural peruano, destinado a un histórico como sistemático proceso de descolonización ideológica. Si la cultura es parte o no de la educación o si la educación constituye acaso, el émbolo de lo que debe ser el Perú en el siglo XXI. Ese es un tema que se elude discutir en el Congreso de la República, en los medios que ejercen el poder mediático y que tienen una gran (i) responsabilidad.               
     ¿Qué relación hay entre educación y cultura? ¿La educación no es acaso parte de la cultura de un pueblo? ¿La cultura de un pueblo no es el resultado de la educación pública y privada? ¿Qué distancia y diferencia hay entre educación y cultura? ¿Un pueblo bien educado carece de la cultura? ¿Hay alguna cultura que no tenga como base un sistema educativo propio, plural y científico? ¿Qué nación ha alcanzado un desarrollo social sin un sistema educativo basado en la identidad, cambios sociales, la ciencia y la tecnología? Entonces: ¿Cómo debe ser la educación y el fomento a la cultura en el Perú? Ese es en realidad un tema crucial que la ministra de educación y los medios, deberían propiciar establecer un debate nacional. Todo lo demás es simplemente coyuntural y responde a las presiones políticas del momento. 
   En efecto, la actual Constitución Política del Perú, en el Artículo 13, respecto a Educación y libertad de enseñanza, señala expresamente: “La educación tiene como finalidad el desarrollo integral de la persona humana. El Estado reconoce y garantiza la libertad de enseñanza. Los padres de familia tienen el deber de educar a sus hijos y el derecho de escoger los centros de educación y de participar en el proceso educativo”. La Ley Orgánica del fantasmal Ministerio de Cultura estipula en el capítulo I, referente a las Áreas Programáticas de Acción: “Artículo 4.- El Ministerio de Cultura ejerce sus competencias, funciones y atribuciones para el logro de los objetivos y metas del Estado y son las siguientes: a) Patrimonio Cultural de la Nación, Material e Inmaterial. b) Creación cultural contemporánea y artes vivas. c) Gestión cultural e industrias culturales. d) Pluralidad étnica y cultural de la Nación”.
      Es decir, una intencionalmente desarticulada acción de dos ministerios que no coordinan ni dialogan entre sí. Lo cierto es que el Ministerio de Cultura debería tener a su cargo la creación de una política educativa y cultural, de una política para la educación y la cultura. Debe ser un acto de creación para establecer un sistema educativo y cultural que comprenda a todos los niveles educativos, desde la primaria hasta la universidad. Impulse por ejemplo la formación de bibliotecas escolares como públicas, a base de una editora que publique libros de autores clásicos y peruanos. Ese es otro tema que tampoco se quiere debatir porque no solo se desconoce la realidad educativa y cultural, porque hace años que se no se lee la dolorosa realidad social, política, económica, educativa ni cultural. Menos el impacto de la globalización sesgada, la aplicación de una economía neoliberal destinada a la acumulación de capital y, saqueo de las riquezas naturales del Perú.  
   Precisamente con ocasión de la posible promulgación de la Ley de Desarrollo Docente por el Congreso Nacional, además de los remiendos que reciba pero que tiene por objeto “liquidar” la Ley de Profesorado como la Ley de la Carrera Pública Magisterial, se ha podido apreciar que la ministra, como muchos “periodistas” hablan sin conocer ni haber analizado la realidad educativa y cultural nacional. Tampoco el problema es la presencia del MOVADEF y sus dirigentes, quienes no tienen ni idea de un sistema educativo que forme a los educandos con valores humanos, cívicos y patrióticos. Menos una sociedad basada en la democracia, la libertad, respeto a la vida y los derechos humanos. Ahí hace falta un deslinde ideológico entre los gremios magisteriales. 
    No se trata solamente de defender un proyecto redactado contra el tiempo para sustentar la nueva Ley de Reforma Magisterial, con un extraño criterio “inclusivo”, aplicar un discutible sistema de “meritocracia” y ciclos de capacitación. Tampoco ofrecer a los maestros activos del Perú, aumentos a sus paupérrimas remuneraciones, no de inmediato sino según el “comportamiento intelectual” que tengan a partir de la aprobación de la ley. Y ¿los miles de maestros jubilados que algunos casos ganan solamente para sobrevivir? “los come echados” como dijo el celebérrimo honrado Alan García, incluyendo respetuosamente a su señora madre, están destinados a morirse de hambre.
     Quienes hemos ejercido la docencia por muchos años, seguramente que conocemos los problemas educativos por experiencia propia más que muchos ministros de educación, con algunas excepciones. La meritocracia en muchos casos es una arbitrariedad y un abuso. Los anunciados exámenes están destinados a aliviar el presupuesto nacional. Las escalas remunerativas serán alcanzadas de acuerdo al criterio político del gobierno de turno. La ministra finalmente habrá sido relevada cuando el gabinete sea nuevamente cambiado de acuerdo al “síndrome de Conga” y las protestas sociales que se vienen se acrecienten. Todo indica que el problema de la educación y la cultura en el Perú, que tiene muchos años no sido adecuadamente tratado por varios ministros. La actual ministra de educación no lo entiende y menos los “periodistas” de los medios, que a diario propalan antivalores y criterios absolutamente errados en materia de educación y cultura.
    El problema de fondo es que hasta ahora no hemos sido capaces de crear una política educativa ni cultural y menos una política para la educación y la cultura peruana. Es decir, un sistema que desarrolle un proceso educativo en todos los niveles y que tenga que ver con el acceso a la educación y a la cultura, como a los bienes materiales y espirituales a las grandes mayorías de niños y jóvenes del Perú. Estamos hablando de una ideología, de una forma de pensar y una política salarial miserable que dura desde la instalación del sistema republicano. La educación y la cultura tienen un marcado criterio colonial y lo que hay que hacer es cambiar la mentalidad de los niños y jóvenes precisamente a través de la educación y la cultura. Hay que educar y formar nuevos actores políticos, que estudien para llegar al poder y transformen el Perú. Esa es una verdadera reforma educativa porque una ley no soluciona nada. Siempre se dice que la educación está en crisis y eso no verdad, es el Estado Peruano, que está en una crisis profunda desde su fundación. 

domingo, 29 de julio de 2012

ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA


     Con ocasión del Aniversario de la Independencia del Perú, el día 28 de julio y en varias plazas públicas de Lima, a varios estudiantes universitarios se les preguntó concretamente: ¿Qué significan las alegorías que aparecen en el escudo nacional? Las respuestas fueron no solo disparatas y de una indigna manera de tratar a un símbolo patrio, sino que además demuestra una absoluta ignorancia y falta de una educación imbuida de valores cívicos y patrióticos. No sabían que se trata de la vicuña, dijeron que era una llama. De los once entrevistados solo uno sabía que se trata del árbol de la quina. Ninguno hizo referencia a la cornucopia de la abundancia. Dijeron que se trataba de oro, de monedas y la riqueza minera del Perú.
    Cualquiera que sea la universidad que estudien esos jóvenes tanto hombres como mujeres, significa que tampoco les imparten una formación humanista, tan necesaria para que tengan una visión de la realidad y un comportamiento adecuado como ciudadanos. ¿En qué colegio estudiaron? ¿En qué escuela primaria? El problema de fondo no es precisamente juzgarlos ni condenar a los centros educativos en que tan mal se formaron. La cuestión de fondo es que viene a ser una muestra del sistema colonial educativo tan arraigado en el Perú.
     Ese es un tema que debería preocuparnos mucho más, se trata de una cuestión  ideológica, de un proceso político a largo plazo, relacionado con la mentalidad, formación moral y cultural de los futuros ciudadanos peruanos. Es un compromiso histórico que debería asumir el Estado Peruano, pero que ha renunciado expresamente para dejar esa histórica tarea a organismos internacionales, cuyo único compromiso es la sistemática y permanente acumulación de capitales. Viene a ser en otras palabras, la formulación de una política cultural que comprenda, sobre todo al sistema educativo para transformar la dolorosa realidad peruana.
     Desde la invasión española al Perú y durante la vigencia de la Colonia, la Iglesia Católica como entidad ideológica-educativa, se encargó de enajenar a los adultos, jóvenes y niños, haciéndoles creer que el poder provenía de Dios. Sobre todo que el rey tenía el derecho divino de mantener la esclavitud y formas inhumanas de trabajo. Declarada la Independencia del Perú el 28 de julio de 1821, desgraciadamente el sistema de educción colonial quedó intacto y más aún, después de la ausencia del general San Martín y del retiro del Libertador Simón Bolívar, nada cambió.
    Los criollos y mestizos limeños, descendientes de españoles, muchos de ellos de padres funcionarios de la Colonia, de la noche a la mañana se vieron beneficiados con la creación de la República Peruana. No tuvieron necesidad de ir a la guerra, ni apoyar ya sea a San Martín o a Bolívar, solo tenían que esperar que ambos se fueran para siempre y les dejaran una herencia que no merecían. Nunca se ha discutido ni analizado un documento tan perverso para los intereses del Perú como es el Acta de Capitulación de Ayacucho. Ese es el punto de partida para que no se produjeran cambios sociales y organizara un distinto sistema político y educativo para el Perú.                 
      Durante los primeros ochenta años de la República, continuó vigente el sistema educativo colonial, hasta que finalmente los municipios y el Estado Peruano se hicieron cargo del sistema educativo. Manuel Pardo (padre) fue el primer gobernante civil, liberal y civilista que se preocupó por la educación laica y gratuita. Pero la nueva oligarquía peruana del siglo XX, con Guillermo Leguía como gobernante e ideólogo, se dio maña para retener el poder, diseñar un sistema educativo colonial para mantener sin derechos civiles, menos políticos y educativos a las grandes mayorías pauperizadas. Tampoco iba a permitir que se le encargara diseñar un sistema educativo a políticos y maestros como por ejemplo Manuel González Prada y menos a José Antonio Encinas.
    ¿En qué medida ha cambiado la mentalidad educativa colonial en el Perú? ¿El sistema educativo está destinado a contribuir con la transformación de la realidad? ¿A qué intereses económicos obedece que el sistema educativo carezca de investigación científica? ¿Por qué las universidades no están diseñadas para responder a cada realidad social y retos históricos? ¿Hacia dónde va el Perú cuya educación no está diseñada para el siglo XX? ¿Cuántas universidades fabrican alumnos y después profesionales que después no saben lo que significan “los dibujos” del Escudo Nacional?  ¿Hace acaso falta más preguntas? No.                     
    Quienes hemos ejercido el magisterio, sabemos por experiencia propia que es un delito pensar y opinar como maestro peruano en actividad. Debe ser una persona que cumpla con los planes y programas, ni una palabra más y ni una de menos. Prohibido pensar, ser culto, menos inteligente y estar imbuido de ciencias sociales. Tampoco hablar acerca de la necesidad de un nuevo como distinto sistema educativo, destinado a contribuir con los cambios sociales que necesariamente se deben dar. Un país que no realiza cada cierto tiempo cambios sustanciales, está destinado a ser una colonia política en nombre de ls posmodernidad, de la inversión privada como extranjera, de la globalización y la falacia del desarrollo.
    A propósito, con ocasión del aniversario de la Independencia del Perú, creímos que el presidente señor Ollanta Humala Tasso, en su mensaje en el Congreso de República, iba a referirse por qué decidió cambiar de rumbo político su gobierno. Todo indica que durante cinco años estaremos regidos por un gobierno de carácter asistencialista, paternalista, caritativo y como dijo el inefable, autócrata y ahora minero Óscar Valdés Dancuart: “El presidente Humala tiene que olvidarse de sus promesas electorales”. Nadie le creyó pero era cierto.
   ¿Se puede pedir que haya un debate nacional sobre la educación peruana? Por ahora, no. Se ha anunciado que habrá un nuevo sistema de meritocracia y aumento según una nueva escala remunerativa. No hubo ni una sola palabra en referencia a la cultura y a la educación propiamente dicha, menos sobre la creación de una política cultural. ¿Hasta cuando? ¿Cuántos años más tendremos que esperar? Entre tanto no cambie el sistema educativo de carácter colonial y no se retenga las materias primas para transformarlas o siquiera para conseguir un valor agregado, el Perú seguirá siendo un país dependiente hasta que finalmente, llegue el día en que el Estado Peruano, en vez de donar unos soles, se haga cargo de una equitativa distribución social de los bienes materiales y espirituales. (28 de julio del 2012).

miércoles, 25 de julio de 2012

LOS PERROS Y OTROS INSULTOS POSMODERNOS


Detención del Padre Marco Arana (foto: Internet)
La violenta detención del sacerdote Marco Arana, mientras estaba sentado en la Plaza de Armas de Cajamarca, sin duda demuestra una vez más, la deshumanización y coloniedad del poder en el Perú. No será necesario añadir, la injuriosa frase contra el honor de su dignísima y seguramente orgullosa progenitora. Pero es preciso decir que se enmarca dentro de un evidente desprecio y odio por quienes, con razón reclaman un derecho social. Así, todos los ciudadanos peruanos que rechazan la violencia oficial, resultan también vástagos de prostitutas, todos somos nacidos de madres indignas.
     Llamar “perro” a un sacerdote con mentalidad cristiana y equidad frente a la depredación de la naturaleza, no tiene precedentes. Reclamar la dignidad y honra de la madre del sacerdote Marco Arana parecería inútil y además ingenuo, en un mundo donde un insulto tan grave a nadie parece interesar ni indignar.   Sin embargo, el hecho de que los escritores, intelectuales y sobre todo los académicos no hayan dicho nada, es grave. Es la expresión de un insoportable silencio y una actitud vergonzosamente cómplice. Es también la aceptación y vigencia de un lenguaje ofensivo, injuriante, calumnioso y deshonesto.                   
    Este insulto tan horrendo coincide con los cincuenta años de la edición de la novela de Mario Vargas Llosa “La ciudad y los perros”. En la narración del Premio Novel de Literatura 2010, “los perros” son alumnos provincianos que ingresan al Colegio Militar “Leoncio Prado”, para cursar el tercer año de secundaria y seguir la carrera militar, según la vocación y perspectivas sociales. Son tratados como perros no como seres humanos “para domesticarlos” y se “hagan hombres”, sepan obedecer y estén siempre listos para cumplir toda orden que reciban de arriba. Vargas Llosa presentó los originales a varias editoriales españolas y latinoamericanas, hasta que finalmente en París se la dio a leer a Claude Couffon y el crítico francés, quedó francamente fascinado.
    Luego, el manuscrito de “La ciudad y los perros” fue leído por Carlos Barral y sugirió que fuera presentado al concurso “Premio Biblioteca Breve”. Barral tuvo razón, la novela fue premiada, José Valverde, miembro del jurado dijo que desde “Don Segundo Sombra” no había leído un texto tan interesante. Pero una vez publicada, la novela fue quemada en el patio del Colegio Militar Leoncio Prado, se dijo que nadie había agraviado tanto a un colegio que era parte del patrimonio nacional. Curiosamente, igual que el sacerdote Marco Arana, Mario Vargas Llosa, también fue agraviado en un programa de la televisión criolla, mediática, limeña y achorada. Hernando de Soto espetó una frase francamente irreproducible.
    Luego vino el abogado Alan García Pérez, “el presidente aprista más honrado de la Historia del Perú”, según sus defensores ante la Mega Comisión del Congreso de la República, que investiga los actos de corrupción de su segundo gobierno. García sorprendió con las publicaciones de sus textos referentes a “El síndrome del perro del hortelano”, al tratar de comparar a los peruanos que se oponían a su entreguismo con el perro que no come ni deja comer. Fue la perrada más grande de la historia, insultó a todos los peruanos y enseguida dijo a Jaime Bayly: “La plata viene sola, no seas cojudo”. Alan García Pérez que nunca trabajó como abogado, salvo una vez en la defensa de un narcotraficante, trató de perros a quienes rechazaron que no era posible cuadriculara el Perú, para rematar todas las riquezas nacionales. Esa frase de que nunca se sabrá cuántos millones y bienes ha acumulado, parece ser cierta.     
     Pero, ¿por qué se usa un lenguaje tan agresivo como violento? Tratar de perro a un ser humano no solo es inaceptable sino que además, después de ser  liberado Marco Arana, nadie le pidió disculpas. Menos perdón por un insulto tan grosero del honor de su respetada madre. Si no permaneció más tiempo detenido significó que no había ninguna razón legal para llevarlo a empellones a la comisaría. Pero analizar ese es un hecho corresponde a un jurista, a un abogado.
     ¿Qué relación hay entre el agravio al ciudadano Marco Arana con las siguientes expresiones? “Mata a esa chola de waraqa. Mata a esa chola de mierda. Mátala, carajo”. Sin duda un patrón de lenguaje procaz, un registro lingüístico que denota desprecio por la vida de quien está al otro lado. Pero además, una clara intención de exterminio a base de uso de armas de fuego, contra quienes tienen otra forma de pensar y actuar. Es decir, que toda persona que no se alinea es un enemigo, es un “perro” al que hay que marcar, castigar, apresar, injuriar y si es preciso matar.
       A todos debería preocuparnos el uso del lenguaje y la creciente violencia, pero no es así. El lenguaje es un instrumento humano creado y enriquecido durante muchos siglos. Es un maravilloso vehículo que permite la comunicación entre seres humanos, pero tiene que ser limpio, claro, inteligente. La conducta del lenguaje en toda sociedad no es instintiva sino más bien reflexiva. Se trata de un conjunto de signos, señales y sonidos articulados, que hacen posible una interacción, comunicación y entendimiento vital entre personas. No obstante,  traduce el pensamiento y visión del mundo, su estudio pertenece al campo de la lingüística, de la antropología social y de las ciencias de la comunicación.       
    Un ser humano no es perro, no es animal y nadie tiene derecho a insultar a nadie por más humilde que sea. Menos de mentar la madre en una plaza pública, en el centro de un conflicto social donde está en juego dos mentalidades e ideologías irreconciliables: la coloniedad y sumisión del poder; y la defensa de los recursos naturales y la vida. Ese es un tema que merece otro comentario mucho más amplio, habrá que esperar varios meses para hacer una adecuada lectura. Sin embargo, a  la acertada frase: “Ni un muerto más”, hay que agregar: “Ni un insulto más”. De allí la necesidad de un sistema de reeducación y adaptación de un lenguaje digno y limpio. Los medios transmiten e imponer una forma de hablar y pensar, lo que no pueden hacer es propalar expresiones reñidas con la dignidad y en contra de la esencia de los derechos humanos.       
(Lima, 10 de julio del 2020).

CAJAMARCA, EL ORO, PERRADAS Y MUERTE


La primera extorsión, chantaje, amenaza, traición, lucro y asesinato oficial, se registró en Cajamarca con la invasión española y arbitraria detención del último inca Atahualpa. La extorsión al empezar y durante el dominio del reino de España, era un delito debidamente tipificado, penado. De modo que quienes extorsionaron al inca y después formularon “el primer histórico juicio injusto de América”, sabían muy bien lo que hacían. Tanto Francisco Pizarro, Hernando de Luque, pero mucho más el cura Vicente Valverde, eran concientes de sus acciones de carácter agresor, político y guerrero, era un pecado mortal según la mentalidad cristiana de la época. Sabían que se trataba de una injusta invasión de un pueblo contra otro, que no tenían derecho para actuar como lo hicieron.   
     Lo que no se dice es que el cura Vicente Valverde, en todo momento estuvo de acuerdo con el asesinato de Atahualpa. Como socio en un acto de lucro pactado en Panamá, no podía estar en desacuerdo con ellos. Para los tres socios, el asunto de fondo era llegar a un “imperio donde el oro y plata abundaban”. Estaban dispuestos a eliminar a quienes se opusieran a sus planes. Ellos eran cristianos, conquistadores y poderosos. Los habitantes de América y el Perú, indios, sin alma, sin derechos, eran los invadidos, los conquistados.   
   Tal como sucede ahora, un acto de extorsión era (y es) una acción que consiste en obligar a una persona usando la amenaza, violencia o intimidación, a realizar un acto contra su voluntad. Es llevar a cabo un acto ilícito con un evidente propósito de lucro. La intención final de Pizarro era perjudicar el patrimonio ajeno en beneficio personal y del rey de España. El elemento de la parte objetiva fue el uso de la violencia e intimidación. ¿Por qué un abogado, un jurista peruano inteligente no escribe un libro respecto al injusto juicio a Atahualpa? Ese sería sin duda un gran libro para reeducar la mentalidad derrotista, colonizada, con una pésima auto estima histórica en la que se deforman niños y jóvenes peruanos.    
      El cura Vicente Valverde acompañó a Pizarro al mando de ambiciosos soldados mercenarios, persuadidos que en vez de una paga miserable, recibirían oro por el arrojo y mayores muertes causadas. Llegaron a Cajamarca el 15 de noviembre de 1532 y al día siguiente el inca Atahualpa entró a la plaza, confiado en la invitación y señal de amistad que le hiciera llegar Pizarro. Nadie se presentó para recibirlo y de acuerdo a los planes de éste, (como bien asimilados consejos de Hernán Cortés con la experiencia de México), de pronto apareció Valverde vestido con hábito de dominico, llevaba una cruz de metal en su mano derecha y un  breviario en la izquierda, le acompañaba un ayudante que llevó el mensaje el día anterior a Atahualpa y un joven de origen tallán llamado Martinillo.
    Atahualpa jamás había visto a una persona y menos escuchado palabras que no entendía nada, quedó anonadado y sorprendido por la forma de andar del sacerdote y con una señal de la mano derecha, ordenó que lo dejaran avanzar para saber qué quería y quién era. Una vez frente del inca, Valverde empezó a hablar con el breviario abierto, señalando con el índice lo que aparentemente leía. De acuerdo al cronista prohispano Jerez,  Valverde dijo: “Yo soy sacerdote de Dios y enseño a los cristianos las cosas de Dios, y asimismo vengo a enseñar a vosotros. Lo que yo enseño es lo que Dios nos habló, que está en este libro; y por tanto, de parte de Dios y de los cristianos te ruego que seas su amigo, porque así lo quiere Dios y venirte ha bien de ello; y ve a hablar al Gobernador que te está esperando”.
     El inca no entendió nada y empezó a preguntar de qué se trataba, quién era ese extraño que le hablaba así. Martinillo tradujo la perorata pero para Atahualpa significó una orden. Sin duda se trataba de una cuestión imperativa frente a un soberano, a un inca victorioso y todopoderoso. Recibió el libro y muy disgustado lo arrojó al suelo. Se paró en su litera y le reclamó el maltrato que habían cometido los españoles contra algunos caciques que los habían recibido generosamente. El inca dio un paso sobre la litera y el cura Valverde retrocedió. De ponto corrió hacia donde estaba escondido Pizarro y al llegar le dijo:
     “Este perro”. Mirando a los soldados les dijo que no había otra acción más que vengar una afrenta tan grave a Dios, que absolvería a todos y se irán al cielo, que Dios iluminaba las mentes para dar una lección a los indios paganos. Pizarro ordenó que no mataran al inca y para defenderlo de un posible error o intentara escapar, aleccionó a veinte criados al mando Miguel Estete, Alonso de Mesa y Diego de Trujillo, para que preservaran su integridad a toda costa. Nunca se supo cuántos peruanos murieron en la plaza de Cajamarca, los cronistas españoles justificaron la masacre y traición. No han faltado historiadores prohispanos que inventaron el hecho de que Atahualpa, “arrojó la Biblia al suelo al sentir que no escuchaba nada,  porque Valverde le dijo que era la palabra de Dios”.
       Por supuesto que los historiadores de la coloniedad y prohispanos escriben así: “La conquista del Perú fue un hecho histórico que permitió la evangelización de los indios, así como se estableciera una Colonia próspera en ultramar. Francisco Pizarro, el conquistador del Perú fundó varias ciudades, estableció como capital del virreinato la ciudad de Lima”. ¿Para qué más? No dicen que Francisco Pizarro armó una celada y un acto de traición, que Valverde azuzó un genocidio y menos que le llamara “perro” al inca Atahualpa. La palabra perro curiosamente no está registrada en la Vigésima Segunda Edición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. No importa, ya sabemos de qué animal se trata.
      Lo que llama la atención es la coincidencia del uso de esta palabra como insulto en relación a Cajamarca y a la Historia del Perú. El cura Valverde llamó perro al inca Atahualpa hace 477 años. Un policía usó la palabra perro durante la detención del sacerdote Marco Arana. Dos curas, uno agraviando y el otro agraviado. Sin embargo, ni Atahualpa era un perro y menos Arana. ¿Quién iba a imaginar que después de tantos años, en Cajamarca se decidiría también el futuro del Perú? Ya leeremos cómo escribirán los historiadores desde la perspectiva de la descolonización ideológica o habrá quienes mantengan intacto “El síndrome de la Colonia” y sin duda el insoportable, fétido temor a decir la verdad. Ya veremos. (11 de julio del 2012). 

SAN MARTÍN Y LA FALTA DE IGNORANIA


El jueves 12 al promediar las cuatro de la tarde, se realizó un mitin de carácter político convocado por la Confederación General de Trabajadores del Perú CGTP, así como por gremios, partidos políticos y estudiantes universitarios. Todos los oradores coincidieron en que el gobierno debería levantar el estado de emergencia en Cajamarca, cese la violencia social e invocaron al presidente Ollanta Humala, declare la inviabilidad del proyecto Conga. Era la primera manifestación pública para saber hasta dónde llegaba la crisis política que dura ya varios meses. Los argumentos fueron la necesidad de preservar el sistema hidrológico de la zona afectada y se proceda, a revisar la política colonial minera del Estado.
      Sin embargo, el mensaje de fondo era: “Conga no va” y sobre esa idea abundaron los argumentos ideológicos, ambientalistas, ecológicos, humanos y fundamentalmente políticos. Los oradores y asistentes finalmente conformaron un conglomerado que expresó una opinión de ciudadanos, que sin duda están en contra de la forma como se ha venido tratando el tema. Se lamentó las muertes de humildes ciudadanos cajamarquinos y se pidió, se apoyara a los esfuerzos del obispo Cabrejos y el sacerdote Garatea. Todo terminaría en el ninguneo de siempre, los oradores hablarían y nadie escucharía, una tradición enraizada en la anticultura política peruana. “No se escucha padre”.
      Pero no, un pequeño grupo de estudiantes universitarios en pleno mitin, empezó a pintar con chisguetes de pintura fresca, frases alusivas al cambio de orientación política del presidente Ollanta Humala y a la inviabilidad de Conga, en las bases del monumento al general Don José de San Martín. Por supuesto que hubo detenciones de los presuntos autores. Algunos oradores y funcionarios del municipio de Lima, junto a obreros y trabajadores, empezaron a borrar las frases y la prensa mediática, por supuesto más atención le puso a las pintas, desviando  hábilmente el tema de fondo y las ideas expuestas en el mitin.
     Como era de imaginar, al día siguiente se produjeron una serie de opiniones,  censura y condena contra la inaceptable acción de algunos universitarios que se expresaron de manera inadecuada. Pero sirvió también para escuchar frases incoherentes de algunos aprendices de políticos, que no alcanzan a articular un pensamiento claro, una secuencia de palabras capaces de transmitir una idea con limpidez. Pero lo más grave no es la pobreza ni precariedad de lenguaje porque se puede adivinar lo que quieren decir, sino la sorprendente falta de ignorancia acerca de temas históricos, por ejemplo de quién fue San Martín. Es tan grave la evidencia que algunos periodistas deberían tener mucho cuidado, a quién  entrevistan sobre temas que tengan que ver con la Historia del Perú.
    Más allá del juicio, condena y multa que tendrán que afrontar los jóvenes universitarios que perpetraron esta afrenta cultural, además que de hecho truncaron sus aspiraciones profesionales, desgraciadamente hay acciones precedentes tan graves de las que nunca se ha sabido nada más, si los culpables fueron condenados repararon o no el daño causado por ejemplo al Intiwatana en Machupixchu. Una grúa mecánica cuando se filmaba un spot comercial para promocionar una bebida alcohólica, chocó accidentalmente con la parte superior y le causó un grave daño a la estructura original pétrea donde se “amarraba al sol”, de acuerdo a la cosmovisión andina. Un grupo de jóvenes extranjeros hicieron pintas en muros históricos y fueron expulsados. Todos son hechos graves, pero se han repetido con frecuencia y ese es un tema que es preciso comentar con detenimiento.
      El Estado Peruano de marcado carácter colonial, no tiene una política cultural ni política para la cultura, menos un sistema educativo cultural a cargo del Ministerio de Educación. ¿Qué entidad pública entonces está cargo del estudio, investigación, preservación y defensa del patrimonio cultural? ¿A qué entidad le compete realizar una permanente campaña para defender el patrimonio? Según las declaraciones de los estudiantes que hicieron las pintas en la Plaza San Martín, no tenían ni idea del valor cultural del monumento a San Martín, pero tampoco puede servir de argumento de defensa, porque el desconocimiento de la norma o falta de ignorancia, no implica su no cumplimiento.
     Todos creímos que con la creación del Ministerio de Cultura, por fin se establecería una novísima política cultural, creada de acuerdo a nuestra realidad cultural y con una proyección histórica para el siglo XXI. Pero no fue así porque respondió a la visión colonialista de Alan García Pérez y no hay signos que cambie su orientación ideológica ni objetivos políticos: Sus funciones rectoras son: “Formular, planificar, dirigir, coordinar, ejecutar, supervisar y evaluar las políticas nacionales y sectoriales del Estado en materia de cultura, a través de las áreas programáticas: patrimonio cultural de la nación, material e inmaterial; gestión cultural e industrias culturales, incluyendo la creación cultural contemporánea; y de pluralidad étnica y cultural de la nación, incluyendo a las artes vivas.
Dirigir, coordinar y supervisar la implementación de las políticas nacionales y sectoriales en materia de cultura, en todas las entidades del Estado y en todos los niveles de gobierno, a través de entes autónomos, ministerios, gobiernos regionales y locales, incluyendo sus organismos públicos conformantes. Diseñar, conducir y supervisar los sistemas funcionales en el ámbito de cultura, asegurando el cumplimiento de políticas públicas de acuerdo a las normas de la materia”          

    En síntesis y en otras palabras, nada que tenga que ver con el diseño de un sistema educativo peruano, su permanente análisis y renovación, para llevar a cabo una permanente interacción humana destinada a formar nuevas generaciones con una visión crítica y respeto al patrimonio cultural. ¿Basta con sancionar a los estudiantes que cometieron sin duda un delito? No, la raíz del problema está en que nunca se ha discutido acerca de una política cultural y el Ministerio de Cultura es finalmente una impostura. El análisis de la realidad nacional, suscita miedo y fundados temores porque lo primero que hay que hacer es leerla para responder a tres preguntas básicas: ¿qué hemos sido?, ¿qué somos? y ¿qué queremos ser?  La respuesta es un programa de política cultural del Estado Peruano, que debe implementar a mediano y largo plazo. Solo así se podrá formar a personas imbuidas de valores humanos, culturales, cívicos y patrióticos. (13 de julio del 2012).